Capítulo 77 · 1 min de lectura · 1 min de escucha
El hombre no debe preocuparse en exceso por sus asuntos
La voz de Cristo
HIJO, encomiéndame siempre tu causa. Yo dispondré de ella rectamente a su debido tiempo. Espera mi disposición y será para tu provecho.
El discípulo
Señor, de buena gana te encomiendo todas las cosas, porque mi inquietud poco puede aprovecharme. Pero quisiera no preocuparme tanto por el futuro, y ofrecerme en cambio sin vacilar a tu beneplácito.
La voz de Cristo
Hijo, sucede a menudo que el hombre busca con ardor algo que desea, y cuando lo ha alcanzado empieza a pensar que no es nada deseable; porque los afectos no permanecen fijos en una misma cosa, sino que más bien saltan de una a otra. No es, pues, cosa pequeña que el hombre se niegue a sí mismo aun en cosas muy pequeñas.
El verdadero progreso del hombre consiste en negarse a sí mismo, y el que se ha negado a sí mismo es verdaderamente libre y está seguro. Pero el antiguo enemigo, que se opone a todo bien, nunca deja de tentarlos, sino que día y noche trama peligrosas asechanzas para hacer caer a los incautos en la red del engaño. «Velad y orad», dice el Señor, «para que no entréis en tentación».
Capítulo 77 completado
El hombre no debe preocuparse en exceso por sus asuntos