Capítulo 75 · 2 min de lectura · 2 min de escucha
La entrega pura y entera de sí mismo para alcanzar la libertad del corazón
La voz de Cristo
HIJO, renuncia a ti mismo y me hallarás. Deja tu propia voluntad y lo que posees, y siempre saldrás ganando. Porque en cuanto te entregues sin volverte atrás, se te dará una gracia mayor.
El discípulo
¿Cuántas veces, Señor, he de entregarme? ¿Y en qué he de dejarme a mí mismo?
La voz de Cristo
Siempre, a toda hora, en lo pequeño como en lo grande; no exceptúo nada. En todas las cosas quiero que estés despojado de ti mismo. ¿Cómo podrás, si no, ser mío y yo tuyo, si no estás despojado de tu propia voluntad por dentro y por fuera? Cuanto antes lo hagas, mejor te irá; y cuanto más plena y sinceramente lo hagas, más me agradarás y mayor ganancia merecerás.
Hay algunos que se entregan, pero con alguna reserva; no confían plenamente en Dios, y por eso procuran proveer por sí mismos. Otros, al principio lo ofrecen todo, pero después, asaltados por la tentación, vuelven a lo que habían renunciado, y así no adelantan en la virtud. Estos no llegarán a la verdadera libertad del corazón puro ni a la gracia de una dichosa amistad conmigo, si antes no hacen una entrega total y un sacrificio diario de sí mismos. Sin esto no dura ni durará ninguna unión fecunda.
Te lo he dicho muchísimas veces, y ahora te lo repito: déjate a ti mismo, renuncia a ti mismo y gozarás de gran paz interior. Da todo por el todo. No pidas nada, no reclames nada a cambio. Confía en mí pura y sin vacilar, y me poseerás. Tendrás libre el corazón y las tinieblas no te abrumarán.
Esfuérzate por esto, pide esto, desea esto: estar despojado de todo egoísmo y seguir desnudo a Jesús desnudo, morir a ti mismo y vivir para mí eternamente. Entonces se desvanecerán todas las vanas imaginaciones, todas las perturbaciones malas y los cuidados superfluos. Entonces también te dejará el temor desmedido y morirá el amor desordenado.
Capítulo 75 completado
La entrega pura y entera de sí mismo para alcanzar la libertad del corazón