Capítulo 55 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Todo nuestro cuidado se ha de poner en Dios
La voz de Cristo
HIJO, déjame hacer contigo lo que quiera. Yo sé lo que te conviene. Tú piensas como hombre; sientes en muchas cosas según te persuade el afecto humano.
El discípulo
Señor, verdad es lo que dices. Mayor es el cuidado que tienes de mí que todo el cuidado que yo puedo tener de mí mismo. Porque el que no echa sobre ti toda su ansiedad está muy inseguro. Con tal que mi voluntad permanezca recta y firme hacia ti, Señor, haz de mí lo que te agrade. Porque cualquier cosa que hagas conmigo no puede ser sino buena.
Si quieres que esté en tinieblas, te bendeciré. Y si quieres que esté en la luz, también te bendeciré. Si te dignas consolarme, te bendeciré; y si quieres que sea afligido, te bendeciré para siempre.
La voz de Cristo
Hijo, esta es la disposición que debes tener si quieres andar conmigo. Debes estar tan dispuesto a padecer como a gozar. Debes aceptar con la misma voluntad ser pobre y necesitado que rico y saciado.
El discípulo
Señor, por amor de ti padeceré de buena gana todo lo que quieras enviarme. Estoy dispuesto a recibir de tu mano igualmente el bien y el mal, lo dulce y lo amargo a la vez, la tristeza con la alegría; y por todo lo que me sucede te doy gracias. Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno. No me deseches para siempre ni me borres del libro de la vida, y ninguna tribulación que me sobrevenga me dañará.
Capítulo 55 completado
Todo nuestro cuidado se ha de poner en Dios