Capítulo 50 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Adquirir paciencia en la lucha contra la concupiscencia
El discípulo
LA PACIENCIA, Señor Dios, me es muy necesaria, bien lo veo, porque en esta vida hay muchas adversidades. Por más planes que haga para mi propia paz, mi vida no puede estar libre de lucha y de dolor.
La voz de Cristo
Hijo, tienes razón; pero no quiero que busques una paz libre de tentaciones o que no encuentre contradicción, sino que te tengas por quien ha hallado la paz cuando hayas sido atormentado con muchas tribulaciones y probado con muchas adversidades.
Si dices que no puedes sufrir mucho, ¿cómo soportarás el fuego del purgatorio? De dos males, siempre se ha de escoger el menor. Por tanto, para que puedas escapar de los castigos eternos venideros, procura soportar con paciencia los males presentes por amor de Dios.
¿Piensas que los hombres del mundo no tienen sufrimientos, o que tienen muy pocos? Pregunta aun a los que gozan de más deleites y aprenderás lo contrario. «Pero —dirás— gozan de muchos placeres y siguen sus propios deseos; por eso no sienten mucho sus penas.» Concedamos que tengan todo lo que quieren; ¿cuánto tiempo crees que les durará? He aquí que los que prosperan en el mundo se disiparán como humo, y no quedará memoria de sus gozos pasados. Aun en esta vida no hallan descanso en estos placeres sin amargura, hastío y temor. Porque muchas veces reciben el castigo del dolor de lo mismo de donde creen que les viene la felicidad. Y es justo. Pues ya que buscan y siguen los placeres sin razón, no deben gozarlos sin vergüenza y amargura.
¡Qué breves, qué falsos, qué desordenados y vergonzosos son todos estos placeres! Sin embargo, en su ebria ceguera los hombres no lo entienden, sino que, como bestias brutas, incurren en la muerte del alma por el mezquino goce de una vida corruptible.
Por tanto, hijo, no vayas tras tus concupiscencias, sino apártate de tu propia voluntad. «Pon tu delicia en el Señor, y él te dará las peticiones de tu corazón.» Si quieres ser verdaderamente deleitado y más abundantemente consolado por mí, he aquí que en el desprecio de todas las cosas del mundo y en el cortar todos los placeres bajos estará tu bendición, y se te dará gran consuelo. Además, cuanto más te apartes de todo alivio de las criaturas, tanto más dulce y fuerte consuelo hallarás en mí.
Al principio no alcanzarás estos bienes sin tristeza, trabajo y lucha. La costumbre ya formada te resistirá, pero será vencida por otra costumbre mejor. La carne murmurará contra ti, pero será refrenada por el fervor del espíritu. La antigua serpiente te picará y te molestará, pero la oración la pondrá en fuga, y con un trabajo constante y provechoso se le cerrará el paso.
Capítulo 50 completado
Adquirir paciencia en la lucha contra la concupiscencia