Capítulo 15 · 24 min de lectura · 31 min de escucha
¿Existe un infierno literal?
«Expuesto al infierno de fuego».—Mateo 5:22.
Mi tema es: «¿Existe un infierno literal?». Quisiera que las cosas que voy a predicaros no fueran verdad. Dios también lo quisiera: «El Señor es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3:9). Pero Dios nos ha hecho a su propia imagen, con una naturaleza moral, con capacidad de autodeterminación, con poder de elección; y los hombres, si quieren, pueden escoger las tinieblas en lugar de la luz. Pueden escoger pisotear el amor salvador de Dios. Pueden escoger rechazar a Aquel que fue herido por sus rebeliones y molido por sus pecados, y sobre quien fue puesto el castigo de su paz; y algunos así lo escogerán. Me duele que lo hagan. Estaría dispuesto a morir por salvarlos. El Señor Jesús sí murió para salvarlos. Pero ellos lo desprecian. Así que estas cosas de las que voy a hablar esta noche son verdad, y voy a predicarlas para que las conozcáis y para que estéis seguros de ellas. Voy a predicar acerca del infierno para impedir que vayan allá tantos de vosotros como sea posible.
¿Existe un infierno literal? Casi todas las personas inteligentes que creen que hay alguna vida futura creen que los hombres y mujeres que pecan en la vida presente y que mueren impenitentes y sin salvación serán castigados, al menos en cierta medida, en la vida venidera. Creen que todo el que peca tiene que sufrir, y que el sufrimiento que causa el pecado no se limitará a esta vida presente. Pero, si bien casi todas las personas inteligentes que creen en una vida futura creen que hay alguna clase de castigo futuro, hay muchos que no creen en un infierno literal, es decir, en un lugar de tormento terrible e indecible. ¿Hay un infierno? ¿Hay un lugar al que irán los hombres y mujeres impenitentes algún tiempo después de la muerte, y donde sufrirán agonías muy superiores a las que nadie sufre aquí en la tierra? Algunos dicen: «Sí», hay un infierno. Muchos, entre ellos no pocos predicadores supuestamente ortodoxos, dicen: «No, el único infierno es el infierno interior del corazón del hombre». ¿Cómo hemos de resolver esta cuestión? ¿Cómo hemos de determinar quién tiene razón? No podemos resolverla, como algunos intentan, «contando cabezas». Las mayorías no siempre tienen razón. Es especialmente cierto que las mayorías no siempre tienen razón en la ciencia, en la filosofía y en la teología. Lo que la mayoría de los científicos creía firmemente hace un siglo, la mayoría de los científicos lo ridiculiza hoy. Lo que la mayoría de los filósofos creyó en otro tiempo, la mayoría de los filósofos de hoy lo considera ridículo. Así que las mayorías no pueden tener siempre razón. Y, por tanto, no podemos resolver esta cuestión preguntando qué cree la mayoría.
No podemos resolver la cuestión razonando acerca de lo que un ser como Dios tiene que hacer, porque ¿cómo puede el hombre, finito y necio, juzgar lo que haría un Dios infinitamente santo e infinitamente sabio? El hombre nunca parece más necio que cuando intenta deducir por razonamiento lo que un Dios infinito tiene que hacer. Todos estos argumentos acerca del infierno, basados en razonar lo que Dios tiene o no tiene que hacer, son estúpidos. Un niño de siete años no puede razonar infaliblemente acerca de lo que hará un hombre sabio y bueno de cincuenta, y mucho menos pueden unas débiles criaturas del polvo (como lo somos tú y yo, como lo son los filósofos y teólogos más eruditos) razonar infaliblemente acerca de lo que tiene que hacer un Dios infinitamente sabio e infinitamente santo. Sin embargo, desde el punto de vista del puro razonamiento, hoy es mucho más fácil creer en un infierno literal, y en un infierno eterno, que hace tres años y medio. Con todo, ni siquiera hoy podemos resolver la cuestión de si existe un infierno literal razonando acerca de lo que un ser como Dios tiene que hacer.
Hay una sola manera de resolver bien esta cuestión, y es acudir a la Biblia, averiguar lo que dice y tomar posición firmemente y sin vacilar sobre ello. Hemos visto los tres últimos domingos por la noche que la Biblia es, fuera de toda duda honrada, la Palabra de Dios; por tanto, todo lo que la Biblia dice sobre este tema, o sobre cualquier otro, es verdadero y seguro. Es especialmente cierto que debemos acudir a la Biblia y averiguar lo que dice en materia de castigo futuro y de bienaventuranza futura. Todo lo que sabemos acerca del futuro es lo que la Biblia nos dice. Todo razonamiento acerca del futuro fuera de lo que la Biblia nos dice es pura conjetura, una pérdida de tiempo. No sabemos nada del cielo sino lo que la Biblia nos dice, y no sabemos nada del infierno sino lo que la Biblia nos dice. En un tema como este, una onza de revelación de Dios vale más que mil toneladas de especulación humana. Toda la cuestión es: ¿qué dice la Biblia acerca del infierno? Pero, aunque dependemos enteramente de la Biblia, la Biblia revela con claridad todo lo que necesitamos saber. La Biblia nos dice mucho acerca del cielo, y nos dice todavía más acerca del infierno; y es un hecho interesante que el Señor Jesús mismo, cuya autoridad muchos están dispuestos a aceptar aunque no aceptan la autoridad del resto de la Biblia, es quien más nos habla del infierno y quien con más claridad nos habla de él. De hecho, todo lo que voy a mostraros es lo que el Señor Jesús mismo dice sobre este tema.
I. EL INFIERNO Y EL HADES NO SON LO MISMO
En primer lugar, para despejar el camino al estudio de lo que Jesús dice sobre este tema, permitidme llamar vuestra atención al hecho de que el infierno y el Hades no son lo mismo. Hay numerosos pasajes de la Versión Autorizada inglesa donde encontramos la palabra «infierno» pero donde esa palabra no aparece en la Revised Version inglesa, que pone la palabra «Hades» en lugar de «infierno». La Revised Version tiene razón en ese punto, como sabe todo erudito en griego. El Hades no es el infierno. «Hades» es el equivalente griego de la palabra hebrea del Antiguo Testamento «Seol». Esta palabra hebrea «Seol» se traduce con frecuencia en la Versión Autorizada del Antiguo Testamento por la palabra inglesa que significa «sepulcro». Nunca debería traducirse así, pues nunca significa «sepulcro». Me he tomado el trabajo de buscar cada pasaje en que se usa esta palabra hebrea, y ni en un solo caso significa «sepulcro». Hay una palabra hebrea completamente distinta que puede traducirse propiamente de esa manera. El «Seol», o «Hades» del Nuevo Testamento, significa el lugar de los espíritus de los difuntos. El Seol (o Hades), antes de la venida, la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de nuestro Señor, era el lugar adonde iban todos los espíritus de los muertos, buenos y malos. Antes de la ascensión de Cristo, en el Hades estaba el Paraíso, el lugar de los muertos bienaventurados, y el Tártaro, el lugar de los muertos impíos. En su ascensión, Cristo vació el Paraíso del Hades y lo llevó consigo al cielo, como leemos en Efesios 4:8: «Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres». Antes de que Cristo ascendiera, el Paraíso estaba abajo; ahora está arriba. Cristo dijo al ladrón arrepentido en la cruz: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso», y Jesús mismo nos enseñó que él descendió al «corazón de la tierra» (Lucas 12:40), y el ladrón moribundo descendió con él a ese Paraíso subterráneo. Creo que Jesús mismo fue también a aquella parte del Hades donde estaban los espíritus perdidos (1 Pedro 3:18-20), pero esa es otra historia que consideraremos más adelante. Lo único importante ahora es que el ladrón arrepentido y moribundo descendió abajo, al Paraíso, pero después de la ascensión del Señor, cuando Pablo fue al Paraíso, fue «arrebatado hasta el tercer cielo, al Paraíso» (2 Corintios 12:2-4). Ya no quedan muertos bienaventurados en el Hades, y finalmente «la muerte» y «el Hades», es decir, todos los muertos que aún no han sido resucitados o arrebatados al Paraíso celestial, todos los que todavía están en el Hades, serán «lanzados al lago de fuego» (Apocalipsis 20:14). Este «lago de fuego», al que han de ser lanzados la muerte y el Hades, es el verdadero y definitivo infierno.
II. HABRÁ UN INFIERNO LITERAL
Habiendo despejado el camino al eliminar el malentendido, tan común hoy en la mente de la gente, de que el Hades y el infierno son lo mismo, digamos ahora, en segundo lugar, que habrá un infierno. La Biblia lo dice. Jesús dice en Mateo 5:22: «Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio; y cualquiera que diga a su hermano: Raca, será culpable ante el concilio; y cualquiera que diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego». En el versículo 29 del mismo capítulo, el Señor Jesús dice: «Y si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno». Y en el versículo 30 dice: «Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno». Leemos otra vez lo que dijo nuestro Señor Jesús en Marcos 9:45-48: «Y si tu pie te es ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado al infierno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga». Alguno dirá que estas palabras de nuestro Señor son figuradas. No hay el menor indicio de que lo sean. Todo el contexto se opone a que se tomen en sentido figurado. Es ciertamente un error interpretar el lenguaje figurado como si fuera literal, pero es igual de injustificado e igual de erróneo interpretar el lenguaje literal como si fuera figurado. Desde luego, la palabra «Gehena», que se traduce «infierno», deriva del valle de Hinom, donde en tiempos antiguos se ofrecían sacrificios humanos; pero el uso de la palabra es literal en todo el Nuevo Testamento, aunque su derivación sea figurada. Muchas palabras que son figuradas por su derivación son literales en su uso, y el significado de las palabras nunca se determina por la derivación, sino por el uso. Por ejemplo, nuestra palabra «eclipse» es una figura retórica. Según la figura, es un abandono, un desfallecimiento o un desmayo de la luna o del sol, según cuál sea el eclipsado. Pero, aunque es figurada en su derivación, su uso ordinario es literal. El uso universal de «Gehena», o «infierno», en el Nuevo Testamento es literal. La palabra que aquí se traduce «infierno» aparece doce veces en el Nuevo Testamento; once de esas doce veces la usa nuestro Señor Jesús mismo, y él la usa invariablemente, como en los pasajes que acabo de leer, de un infierno literal. Si no hay un infierno literal, entonces nuestro Señor Jesús fue o un necio o un impostor. Ciertamente quiso dar la impresión de que había un infierno literal. No cabe ninguna duda de ello, si acudimos a sus palabras para averiguar cuál es su sentido natural. Si no hay un infierno literal, entonces o bien Jesús pensaba que lo había cuando no lo había, en cuyo caso fue un necio; o bien sabía que no lo había, pero procuró hacer creer a los hombres que lo había, en cuyo caso fue un impostor. No hay otra alternativa: o creer que hay un infierno literal, o creer que Jesús de Nazaret, nuestro Señor y Salvador, fue un necio o un impostor. Yo sé que Jesús no fue un necio. Sé que era el unigénito Hijo de Dios, que en él habitaba corporalmente toda la plenitud de la Deidad, que él y el Padre son uno, que todos deben honrar al Hijo como honran al Padre. Sé que él habló las mismísimas palabras de Dios; por tanto, sé que hay un infierno literal, porque él lo dijo. Además, es digno de notar que la mayor parte de estas palabras sobre el infierno que os he leído esta noche están tomadas del Sermón del Monte, la única parte de la Biblia que casi todos los hombres dicen creer. Hay muchos que dicen no saber qué pensar de la Biblia en su conjunto, pero que sí aceptan el Sermón del Monte. Pues bien, estos pasajes proceden en su mayor parte del Sermón del Monte. O aceptas esta parte del Sermón del Monte, o tiras todo por la borda como palabras de un necio o de un impostor. No hay otra posición posible para ningún hombre que esté dispuesto a pensar las cosas hasta el fondo.
III. ¿ES EL FUEGO DEL INFIERNO UN FUEGO LITERAL?
La siguiente pregunta que se nos presenta es: ¿es el fuego del infierno, mencionado en algunos de los pasajes que hemos leído, un fuego literal? No es una cuestión tan vital como la de si existe un infierno literal, pero es, sin embargo, una cuestión importante, y creo que la Biblia la responde con claridad, y que Jesucristo mismo la responde con claridad. Volviendo al pasaje ya mencionado, Mateo 5:22, leemos: «Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio; y cualquiera que diga a su hermano: Raca, será culpable ante el concilio; y cualquiera que diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego». Estas son palabras del propio Cristo. No solo habla del infierno, sino de un «infierno de fuego», y esto también procede del Sermón del Monte. En Mateo 18:9 el Señor Jesús dice otra vez: «Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar a la vida con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno de fuego». Y de nuevo en Marcos 9:43-49, el pasaje leído hace unos momentos, leemos: «Y si tu mano te es ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado. Y si tu pie te es ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado al infierno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga». También aquí alguno dirá que el fuego es figurado. Vayamos a Mateo 13:30, 41, 42, donde leemos estas palabras: «Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi alfolí». Ahora bien, esto es una parábola, y en ella tenemos figuras, y si esto fuera todo lo que tuviéramos, habría fundamento para decir que el fuego es figurado, como lo son otras cosas del versículo; pero en los versículos 41 y 42 del mismo capítulo leemos: «Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes». Aquí tenemos la interpretación de la parábola. Ahora bien, en las parábolas, como ya se ha dicho, tenemos figuras, pero en la interpretación de las parábolas tenemos los hechos literales que las figuras representan; y vemos claramente que aquí, en la interpretación tanto como en la parábola, tenemos fuego. Todo lo demás de la parábola se explica, cada uno de sus elementos excepto el fuego; pero este sigue siendo fuego en la interpretación de la parábola tanto como en la parábola misma. Encontramos lo mismo en otra parábola, en los versículos 47 a 50, la parábola de la red echada en el mar. También aquí, en la interpretación de la parábola tanto como en la parábola misma, tenemos fuego. Toda otra figura de la parábola se explica mediante el hecho literal que representa, pero en la interpretación de la parábola tenemos «fuego». A la luz de estos hechos, no podemos negar el fuego literal del infierno sin violentar toda ley razonable de interpretación. Y además de esto, leemos en Apocalipsis 20:15 que en el juicio del gran trono blanco, «el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego». No hay nada en todo el contexto que sugiera una figura. Y en el capítulo 21, versículo 8, leemos: «Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda».
Recuerda, además, que los impíos en el mundo eterno no son meros espíritus sin cuerpo. Esto es claro tanto por el Antiguo Testamento como por el Nuevo. Leemos en Daniel 12:2: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua». Ahora bien, esto dice «los que duermen en el polvo de la tierra». El alma parte al Hades. Es el cuerpo el que se deshace en polvo, y es el cuerpo el que ha de ser resucitado. En el Nuevo Testamento, en Juan 5:28, 29, se registra que nuestro Señor dijo: «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán; los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de juicio». Ahora bien, no son las almas de los hombres las que están en los sepulcros; son los cuerpos de los hombres, y este pasaje enseña la resurrección de los cuerpos, tanto de los buenos como de los impíos. En 1 Corintios 15:22 leemos: «Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados». De lo que Pablo habla en todo este capítulo es de la resurrección del cuerpo, no meramente de la inmortalidad del alma, y aquí se nos dice expresamente que todo hijo de Adán obtiene en Cristo la resurrección de su cuerpo.
Además, en Mateo 5:30 Jesús dice: «Si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno». Aquí, en los términos más claros posibles, se habla del cuerpo como yendo al infierno; y de manera semejante, en Mateo 10:28, el Señor Jesús dice: «No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno». Por estas palabras claras y precisas de nuestro Señor queda claro como la luz del día que en la vida futura hemos de tener cuerpo, y que los cuerpos de los perdidos tendrán su lugar en un infierno de fuego literal y físico. Si bien los tormentos corporales del fuego del infierno no son el rasgo más espantoso del infierno, si bien la agonía mental, la agonía del remordimiento, la agonía de la vergüenza y la agonía de la desesperación es peor, inmensamente peor, con todo, el sufrimiento físico, un sufrimiento físico con el cual ningún dolor de la tierra puede compararse, es un rasgo del infierno.
IV. ¿ES EL LAGO DE FUEGO UN LUGAR DE TORMENTO CONSCIENTE, O ES UN LUGAR DE ANIQUILACIÓN, ES DECIR, UN LUGAR DE NO EXISTENCIA, O ES UN LUGAR DE EXISTENCIA INCONSCIENTE?
Queda otra pregunta por responder, y es esta: ¿es el lago de fuego un lugar de tormento consciente, o es un lugar de aniquilación, es decir, un lugar de no existencia, o es un lugar de existencia inconsciente? Hay quienes creen en un infierno literal, pero no creen que los que son condenados a él sufrirán allí conscientemente durante mucho tiempo. Sostienen o que los que son enviados al infierno son aniquilados, o bien que existen allí en un estado inconsciente. Desde luego, esto sería un infierno eterno y un castigo eterno, pero ¿es este el infierno que enseña la Biblia? ¿Es el lago de fuego un lugar de tormento consciente y continuo, o es un lugar de existencia inconsciente? En respuesta a esta pregunta, permíteme llamar tu atención al hecho de que la Biblia se refiere con mayor frecuencia al castigo de los impíos como «muerte» y «destrucción». ¿Qué significan estas palabras en el uso bíblico?
1. Veamos primero el uso bíblico de la palabra «muerte». Muchos nos dicen, una y otra vez, que la muerte significa no existencia, o al menos existencia inconsciente, y que, por tanto, eso es lo que debe significar en los pasajes donde se habla de ella como el castigo futuro de los impenitentes. Pero ¿significa la «muerte», tal como se usa en la Biblia, existencia inconsciente o aniquilación? Mira primero 1 Timoteo 5:6; aquí leemos: «La que vive en placeres, viviendo está muerta». La muerte aquí ciertamente no significa ni no existencia ni existencia inconsciente. La mujer que vive en placeres todavía existe, y ciertamente existe de manera consciente, pero está «muerta». La muerte significa existencia equivocada más bien que no existencia. Es exactamente lo opuesto de la vida, y la vida, en el uso del Nuevo Testamento, no significa mera existencia; significa existencia recta, existencia semejante a la de Dios, existencia santa. Significa el ennoblecimiento, la glorificación y la deificación de la existencia; y la muerte significa exactamente lo contrario: significa existencia equivocada, existencia degradada, la ruina, la vergüenza, la ignominia y la desesperación de la existencia. De manera semejante se nos dice en Efesios 2:1 que los hombres, hasta que son vivificados, o hechos vivos, por el poder de Dios, están «muertos en delitos y pecados». Es perfectamente claro, pues, que la muerte no significa ni no existencia ni existencia inconsciente. Pero aún más decisivo que esto es el hecho de que Dios mismo ha definido la muerte con mucha exactitud y plenitud en Apocalipsis 21:8: «Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda». Aquí se nos dice con todas sus letras que la «muerte» que es el desenlace final del pecado y la incredulidad persistentes es una parte en el lugar de tormento, el lago de fuego. Que este lago de fuego es un lugar de sufrimiento consciente se aclara en el capítulo anterior, Apocalipsis 20:10, donde se nos dice que «el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos». La bestia y el falso profeta llevaban ya mil años allí cuando el diablo fue lanzado al lago de fuego, y eran atormentados conscientemente, sin descanso.
2. Veamos ahora lo que significa «destrucción» en el Nuevo Testamento. Cierta escuela de pensamiento religioso nos dice que «destrucción» significa destrucción. Sí, «destrucción» significa destrucción, pero ¿qué significa destrucción? Dicen que significa aniquilación, o dejar de ser, pero la palabra griega así traducida nunca significa eso en la Biblia, ni siquiera fuera de la Biblia. En el mejor léxico griego-inglés del Nuevo Testamento que existe, la traducción de Thayer de la gran obra de Grimm, se nos dice que cuando se dice que una cosa «perece» (y el verbo del cual se deriva el sustantivo que comúnmente se traduce «destrucción» y «perdición» es el que se traduce «perecer»), no se quiere decir que deje de ser, sino que está «tan arruinada que ya no sirve para el uso para el cual fue destinada». Además, también aquí Dios ha tenido cuidado de definir sus términos. Él mismo nos ha dado en la Biblia una definición de «destrucción». Leemos en Apocalipsis 17:8, 11: «La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra se asombrarán . . . y la bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a perdición». Aquí se nos dice que la bestia va a «perdición». La palabra que aquí se traduce «perdición» es exactamente la misma palabra que en otros lugares se traduce «destrucción», y debería traducirse así aquí; o bien, en los demás casos, debería traducirse, como aquí, «perdición». Ahora bien, si podemos averiguar adónde va la bestia, sabremos exactamente lo que significa «destrucción», pues se nos dice que va «a destrucción». En el capítulo 19 de Apocalipsis, versículo 20, se nos dice exactamente adónde va la bestia: «Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre». Pasando ahora al capítulo siguiente, el versículo 10, que ya he citado, leemos: «Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos». Juntando estos pasajes, vemos que la bestia va «a destrucción», y la destrucción a la que va es un lugar en el lago que arde con fuego y azufre, donde durante mil años está en tormento consciente, y donde, terminados los mil años, todavía está y todavía es atormentada. Así pues, la «destrucción» se define claramente en el Nuevo Testamento del mismo modo que se define la «muerte»: como la condición de seres que están en un lugar de tormento consciente.
Otra vez, en Apocalipsis 14:10, 11, leemos acerca de los que adoran a la bestia y a su imagen y reciben su marca en la frente o en la mano: «Él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre». La Biblia deja tan claro como el lenguaje puede dejarlo que el lago de fuego al que es arrojado «el que no está inscrito en el libro de la vida del Cordero» es un lugar de tormento consciente y continuo. No hay manera de eludir la clara enseñanza de la Palabra de Dios, a menos que tiremos nuestras Biblias y desacreditemos la enseñanza de los apóstoles y la enseñanza de Jesucristo mismo.
El próximo domingo por la noche trataremos la cuestión: ¿Es eterno el castigo de los impíos? Pero esta noche debemos detenernos aquí. Sherman dijo: «La guerra es el infierno». Desde luego, en el sentido en que Sherman lo dijo, es verdad. Y es mucho más cierto de la guerra de hoy que de las fases peores y más inexcusables de nuestra guerra civil: Libby y Andersonville, por ejemplo, por parte del Sur, y la marcha a través de Georgia por parte del Norte. Pero ni siquiera la guerra de hoy, tal como la lleva a cabo Alemania con todo su espantoso horror, es el infierno. El infierno es incomparablemente más terrible que la guerra que ahora asola Europa, y este terrible infierno que hemos estado estudiando esta noche es el destino de algunos de vosotros, aquí en esta sala, a menos que pronto os arrepintáis y aceptéis al Señor Jesucristo. Otros hechos espantosos acerca del infierno los trataremos el próximo domingo por la noche, pero ya hemos visto lo suficiente para que todo verdadero cristiano se decida a trabajar con todas sus fuerzas para salvar a otros de este terrible infierno. Y hemos visto lo suficiente para que toda persona honrada y sensata que está aquí esta noche se decida a escapar de este terrible infierno a cualquier precio.
Capítulo 15 completado
¿Existe un infierno literal?