La caña cascada
Aquellos con quienes Cristo ha de tratar están quebrantados

Capítulo 2 · 3 min de lectura · 4 min de escucha

Aquellos con quienes Cristo ha de tratar están quebrantados

ESTE quebrantamiento se requiere antes de la conversión, para que el Espíritu se abra camino en el corazón, allanando todos los pensamientos altivos y soberbios, y para que comprendamos que somos lo que de verdad somos por naturaleza. Nos gusta andar lejos de nosotros mismos y ser extraños en nuestra propia casa, hasta que Dios nos quebranta con una cruz u otra; entonces reflexionamos, y volvemos en nosotros mismos con el hijo pródigo, Lucas 15:17. Cosa maravillosamente difícil es llevar a un corazón torpe y lleno de evasivas a clamar con sentimiento por misericordia. Nuestros corazones, como los malhechores, mientras no se les arrebata todo subterfugio, nunca claman por la misericordia del Juez. Además, este quebrantamiento nos hace estimar a Cristo en alto precio; entonces el evangelio es de veras evangelio; entonces las hojas de higuera de la moralidad no nos sirven de nada. Y nos hace más agradecidos, y por el agradecimiento más fructíferos en nuestra vida; porque ¿qué es lo que hace a tantos tan fríos y estériles, sino que el quebrantamiento por el pecado nunca les hizo preciosa la gracia de Dios? Asimismo, este trato de Dios nos afirma más en sus caminos, después de haber recibido golpes y magulladuras en los nuestros. Esta es muchas veces la causa de las recaídas y las apostasías: que los hombres nunca sintieron al principio el escozor del pecado; no estuvieron bastante tiempo bajo el látigo de la ley. De ahí que esta obra inferior del Espíritu, que abate los pensamientos altivos, sea necesaria antes de la conversión. Y, por lo general, el Espíritu Santo, para adelantar la obra de convicción, añade alguna aflicción, la cual, santificada, tiene un poder que sana y purifica.

Más aún, después de la conversión necesitamos ser quebrantados. Para que las cañas sepan que son cañas y no robles; aun las cañas necesitan ser quebrantadas, a causa del resto de orgullo que queda en nuestra naturaleza, y para que veamos que vivimos de misericordia. Y para que los cristianos más débiles no se desanimen demasiado al ver a los más fuertes sacudidos y quebrantados. Así fue quebrantado Pedro cuando lloró amargamente. Esta caña, hasta que tropezó con este golpe, tenía más viento que meollo: Aunque todos te dejen, yo no, etc., Mateo 26:35. El pueblo de Dios no puede prescindir de estos ejemplos. Las hazañas heroicas de aquellos grandes varones no consuelan tanto a la iglesia como sus caídas y sus quebrantos, Salmo 32:3, 4, 5. Así fue quebrantado David, hasta que llegó a una confesión franca, sin engaño de espíritu; más aún, sus dolores crecieron en su propio sentir hasta el dolor agudísimo de los huesos quebrantados, Salmo 51:8. Así se queja Ezequías de que Dios, como un león, había molido todos sus huesos, Isaías 38:13. Así el vaso escogido, San Pablo, 2 Corintios 12:7, necesitó al mensajero de Satanás que lo abofeteara, para que no se enalteciera sobremanera.

De aquí aprendemos que no debemos juzgar con demasiada dureza a nosotros mismos ni a otros cuando Dios nos ejercita con quebranto sobre quebranto; es necesario que haya conformidad con Cristo, nuestra cabeza, que fue molido por nosotros, Isaías 53:5, para que sepamos cuánto le debemos. Los espíritus profanos, que ignoran los caminos de Dios para llevar a sus hijos al cielo, censuran a los cristianos de corazón quebrantado como si fueran desesperados, cuando Dios está obrando en ellos una obra buena y llena de gracia. No es cosa fácil llevar a un hombre de la naturaleza a la gracia, y de la gracia a la gloria: tan obstinados e indóciles son nuestros corazones.

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