Charlas al labrador (Para jóvenes)
El mejor trigo

Capítulo 8 · 4 min de lectura · 5 min de escucha

El mejor trigo

«¿No… pone el trigo en hileras…?» — Isaías 28:25. Spurgeon lo lee así: ¿acaso el labrador sabio no hace de su mejor trigo su cosecha principal?

Un buen labrador no trata todas las cosechas por igual. Decide qué es lo más importante —el trigo, el grano del pan, aquello de lo que su familia vive de verdad— y le da a eso el mejor campo, el mayor cuidado, el primer lugar. Las cosechitas secundarias se quedan con lo que sobra. Él pone las cosas en orden. Sabe cuál es su cosecha principal.

La pregunta que Spurgeon te hace es justo esa: ¿cuál es tu cosecha principal? Todo el mundo está cultivando algo como el gran eje que ordena su vida: su aspecto, cómo le va en los estudios o en el deporte, cuánta gente lo quiere, alguna meta, afición o relación. Algo ocupa el mejor campo de tu atención. La pregunta no es si tienes una cosecha principal. Es cuál es, y si de verdad la elegiste o simplemente dejaste que creciera ahí sola.

Su respuesta sobre lo que debe ocupar el mejor campo es esta: conocer a Dios. Estar a cuentas con él. Y sostiene que es el «trigo principal» por razones sólidas, no solo porque lo diga un predicador. Es lo más necesario: el pan es la única cosecha sin la que no puedes vivir, y estar a cuentas con Dios es lo único sin lo que tu alma no puede vivir. Y es lo más provechoso, porque, como dice la Biblia, la piedad vale la pena «para la vida presente y para la vida venidera». Es la única cosecha que da fruto en los dos mundos. Todo lo demás que persigues tiene fecha de caducidad, y se mide en años como mucho.

Lo que Spurgeon busca de verdad no es que añadas a Dios a tu lista. Es que le des el mejor sitio: el «lugar principal». Tus mejores pensamientos, no los minutos cansados que te sobran. Amor de verdad, no cumplir por cumplir. Y nada de una frontera falsa entre «las cosas religiosas» y «la vida real», como si Dios se quedara con el domingo y tú con el resto. Un labrador no cultiva el campo bueno solo los fines de semana.

Cuenta una historia pequeña que duele de la forma más suave. Alguien le pregunta a un niño: «¿Tu papá es cristiano?». Y el niño responde: «Sí… pero últimamente no le ha dedicado mucho trabajo». Ahí está todo el peligro en una sola frase. No alguien que rechazó a Dios, sino alguien que, en teoría, lo conservó, pero dejó de cuidar el campo, hasta que la fe se volvió el rincón más lleno de maleza y más olvidado de la granja, mientras todo lo demás se llevaba el agua y el sol. Eso lo puedes hacer perfectamente con tu mejor cosecha: conservarla y, sin hacer ruido, dejarla morir de hambre.

La respuesta de Spurgeon al plan de «vivir para el mundo» no se olvida fácilmente. Llama al éxito mundano «solo humo», como niños pequeños que se pelean en la calle por unas monedas o unas conchas, felices con un tesoro que casi no vale nada. No está diciendo que los estudios, los amigos o las metas no importen. Está diciendo: no hagas del humo tu cosecha principal. No le des el mejor campo a lo que se lleva el viento.

Y hay una razón por la que merece tanto cuidado: fuiste hecho para eso. Spurgeon dice que una persona que intenta encontrar la vida verdadera en el mundo es como un pez fuera del agua, dando coletazos en la orilla: hecho para otro elemento. Tú estás hecho para conocer a Dios. Por eso nada más pequeño llega nunca a llenar ese espacio; es el elemento equivocado para alguien de tu tamaño.

Algo que descubrir esta semana: ponle nombre a tu verdadera cosecha principal; no la que dirías, sino la que demuestran tu tiempo y tu atención. Luego hazte la pregunta honesta que sigue: ¿es eso lo que quieres en el mejor campo de tu única vida? Si conocer a Dios no está recibiendo tu mejor tierra, esta es la semana para empezar a llevarlo allí.

Preguntas para pensar

Piénsalo primero; luego toca una pregunta para ver una forma de responderla.

¿Cómo trata un labrador sabio su «trigo principal» en comparación con sus otras cosechas?

Decide que es lo más importante —es el pan del que vive su familia—, así que le da el mejor campo, el mayor cuidado y el primer lugar, mientras que las cosechas secundarias se quedan con lo que sobra.

¿Por qué dice Spurgeon que conocer a Dios debe ocupar el mejor campo?

Porque es lo más necesario, como el pan, y lo más provechoso, bueno para esta vida y para la venidera. Al éxito mundano lo llama «solo humo», y estamos hechos para Dios como el pez para el agua.

¿Cuál es tu verdadera cosecha principal, la que demuestran tu tiempo y tu atención?

El capítulo te pide que le pongas nombre con honestidad y luego te preguntes si es lo que quieres en el mejor campo. Si conocer a Dios no está recibiendo tu mejor tierra, empieza a llevarlo allí esta semana.

Capítulo 8 completado

El mejor trigo

Página 1 / 1 · 4 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente