Capítulo 13 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
El gozo de la siega
«Se alegran delante de ti como se alegran en la siega» — Isaías 9:3
En tiempos de Spurgeon, la siega significaba fiesta. Meses de trabajo que por fin daban fruto, el granero lleno y todos —ricos y pobres— sentados juntos al banquete de «fin de cosecha», felices de verdad. La Biblia toma esa alegría concreta como imagen: así, dice, se siente el gozo profundo. Y Spurgeon va recorriendo los gozos de la siega que un cristiano sí llega a vivir.
Pero antes, una advertencia de labrador metida dentro de la propia palabra siega: lo que siembras, eso cosechas. Ya lo sabes; no por nada se habla de «sembrar locuras de juventud». Siembra un campo de tonterías y la cosecha llegará en forma de tonterías, puntual, lo quieras o no. La siega es así de honesta. Lo que hoy pones en la tierra es lo que aparece después. Por eso el gozo de la siega es solo para quien sembró algo que valga la pena cosechar.
Luego Spurgeon se pone personal y cuenta su propia conversión con una imagen que no vas a olvidar. Dice que sentía su alma como un campo arado por diez caballos negros, y que esos diez caballos eran los Diez Mandamientos: la verdad de Dios rompiendo la tierra dura de su corazón y mostrándole cuánto necesitaba ser rescatado. Fue duro. Pero ese arado estaba abriendo espacio. Y cuando por fin entró la buena noticia —que Jesús lo había hecho todo por él—, la esperanza brotó como una hoja verde y luego creció hasta ser una seguridad plena y firme. Primero un arado duro, después una siega de verdad. Nunca dejó de asombrarle aquel gozo.
Y enumera las siegas que todavía lo emocionaban. El gozo de contárselo a otro: la buena noticia es de esas cosas que no caben dentro y se desbordan. El gozo de la oración contestada: señala a Ana, en la Biblia, que le rogó a Dios un hijo y le puso un nombre que significa «Pedido a Dios», porque cada vez que lo llamaba recordaba que Dios la había escuchado. El gozo de vencer una tentación que estabas seguro de que te iba a vencer a ti. Y el más grande para él: el gozo de ayudar de verdad a alguien a encontrar a Dios.
Ese último le arrancó su frase más famosa. Su primer «convertido» fue la esposa de un trabajador pobre: nadie importante, sin reflectores, nada que el mundo fuera a notar. Y Spurgeon dice que aquel gozo superaba de tal manera cualquier dinero o éxito que «no envidio a Gabriel su trono ni a los ángeles sus arpas». Piénsalo. Está diciendo que no cambiaría el gozo de que una persona común y corriente llegue a Dios ni por el lugar de un ángel en el cielo, literalmente. Ese es el tamaño de esta siega.
Nos deja una imagen más que vale la pena guardar. Una espiga de trigo, cuando por fin está madura y lista, inclina la cabeza. Cuanto más pesada y madura está, más baja cuelga. Spurgeon dice que así se ve una fe adulta: no orgullosa, tiesa y presumida, sino humilde, inclinada, lista y sin miedo a la siega que viene. Madurar se parece a inclinar la cabeza.
Así que el capítulo hace dos cosas a la vez. Es una invitación al gozo verdadero —el gozo del perdón, de la oración contestada, de ayudar a otro—, que es más grande que cualquier cosa que el mundo te quiera vender. Y es un empujoncito silencioso sobre lo que estás sembrando ahora mismo, porque la siega llega de todos modos.
Algo a lo que apuntar este mes: busca a propósito uno de estos gozos de la siega; sobre todo, el gozo de ayudar a una persona a acercarse a Dios. Spurgeon asegura que eclipsa todo lo demás, y él sabía de lo que hablaba. Siembra para la cosecha que de verdad quieres recoger.
Preguntas para pensar
Piénsalo primero; luego toca una pregunta para ver una forma de responderla.
¿Qué gozos de la siega enumera Spurgeon para un cristiano?
El gozo de contárselo a otros, el de la oración contestada como la de Ana, el de vencer una tentación y, el mayor de todos, el de ayudar a alguien a encontrar a Dios.
¿Qué enseña sobre la fe madura una espiga de trigo madura que inclina la cabeza?
Cuanto más pesada y madura está, más baja cuelga. Spurgeon dice que la fe adulta se ve humilde y lista, no orgullosa ni presumida.
¿Qué estás sembrando ahora que cosecharás después?
El capítulo advierte que lo que siembras, eso cosechas, y te invita a buscar a propósito un gozo de la siega, sobre todo el de ayudar a una persona a acercarse a Dios. Spurgeon dijo que no lo cambiaría ni por el arpa de un ángel.
Capítulo 13 completado
El gozo de la siega