Capítulo 8 · 1 h 2 min de lectura · 1 h 21 min de escucha
Agosto
1 de agosto
EL USO SABIO DEL TIEMPO
«Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos».— Efesios 5:15-16 (R.V.).
DIOS DESEA dar a cada vida su pleno desarrollo. Desde luego, hay excepciones; por ejemplo, en algunos casos las lecciones y la disciplina de la vida se agolpan en un espacio de tiempo muy breve, y el alma es llamada a la cámara de la Presencia de la eternidad. Pero, en general, cada vida humana está destinada a tocar todas las notas del órgano de la vida. Hay un tiempo señalado en que ha de nacer o morir, llorar o reír, ganar o perder, tener una paz serena o cielos cubiertos de tormenta. Estos tiempos han sido fijados para ti en el plan de Dios; no intentes adelantarte a ellos ni forzar el paso, sino espera el tiempo del Señor. A su debido tiempo todo redundará en tu bien y en su gloria. Dile: «En tu mano están mis tiempos».
Los tiempos y las sazones se suceden con gran rapidez. Milton, en su glorioso soneto sobre la huida del tiempo, le pide que invoque a las horas de paso de plomo, refiriéndose al vaivén del péndulo; y, en verdad, cuando miramos atrás a nuestra vida pasada, nos parecerá que cada experiencia duró solo un momento y luego se desvaneció para no volver jamás. Nos viene a la memoria aquel zapatero que, sentado en su cocina, pensaba que el péndulo de su reloj, al oscilar hacia la izquierda, decía: Para siempre; y hacia la derecha: ¿Dónde? Para siempre, ¿dónde? Para siempre, ¿dónde? Se levantó y lo detuvo, pero descubrió que, aunque había hecho callar al que preguntaba, no había respondido a la pregunta. Y no pudo hallar descanso hasta que, de rodillas, pudo hacer frente a la pregunta de lo eterno y darle respuesta.
Debemos estar alerta para responder a la demanda de cada hora. «Aún no ha venido mi hora», dijo nuestro Señor. Esperó con paciencia hasta oír sonar las horas en el cielo, y entonces, tomando la fuerza adecuada a su demanda, salió a hacerle frente. Cada tiempo y cada sazón los guarda el Padre en su propia mano. Él abre y ninguno cierra; cierra y ninguno abre. Pero en esa misma mano están las provisiones necesarias de sabiduría, gracia y poder. Como el tiempo, así es la fuerza. Ningún tiempo de gemido, de prueba, de tentación o de duelo carece de sus provisiones especiales y adecuadas. Toma de su mano lo que necesitas, y sal a desempeñar el papel que la hora reclama.
ORACIÓN
¡Oh, si nos dieras bendición de veras y ensancharas el territorio de nuestro servicio útil! Que tu mano esté con nosotros, y guárdanos de todo mal que te entristezca. AMÉN.
2 de agosto
EL USO SABIO DE LA INFLUENCIA
«Vosotros sois la luz del mundo.... Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».— Mateo 5:14-16.
LA INFLUENCIA puede definirse como el fluir de nuestra alma hacia otros para entusiasmarlos y ayudarlos, o para envilecerlos. La ley de acción y reacción, de atracción y repulsión, está siempre obrando, y en virtud de ella puede decirse con verdad que ninguno vive para sí, y ninguno muere para sí. La posición de cada grano de arena en la orilla del mar afecta la posición de todos los demás, y la calidad de nuestro carácter personal es más penetrante que un buen o mal olor. Lo que somos afecta a los demás mucho más hondamente que lo que decimos. Probablemente de lo más íntimo de nuestra naturaleza salen continuamente ondas de influencia espiritual, y es el impacto de estas en los que nos rodean lo que les hace más fácil o más difícil alcanzar sus más altos ideales.
El primer círculo que podemos tocar e influir es el de nuestros amigos. Nuestro consejo puede ser dulzura o amargura, pero, hagamos o digamos lo que sea, debemos cuidar de ser absolutamente veraces y fieles (Proverbios 27:6-9). Sinceridad significa estar sin la cera que el ebanista puede poner en las grietas de la madera para que parezca sana. Es el alma verdadera y pura la que ayuda a otra con más prontitud y fuerza. No seas egoísta en tu amistad; da siempre tanto o más de lo que esperas recibir. El amor es una planta tierna, y necesita cultivo. No debemos suponer que puede prosperar sin luz y sin verdad.
El segundo círculo de influencia es el de nuestros compañeros. El gran mundo de los hombres quizá no aprecie que reproduzcamos las bienaventuranzas del reino, sino que siga vituperando, persiguiendo y diciendo toda clase de mal, mintiendo; con todo, debemos seguir bendiciendo al mundo con la influencia silenciosa y llena de gracia de una vida santa. Si nos maldicen, debemos bendecir; si nos persiguen, debemos soportar; si nos difaman, debemos rogar. Debemos ser como sal para nuestros perseguidores y como luz para nuestros difamadores. Es maravilloso cómo el amor y la influencia coherente, paciente y llena de oración acaban por prevalecer.
Hemos de ser como sal; es decir, nuestra vida santa y coherente obrará como antiséptico para detener el mal. Hemos de ser la luz del mundo. La incoherencia y la cobardía son como almudes que se ponen sobre la lámpara. Quitemos todos estos estorbos, para que la luz que está en nosotros resplandezca sobre el mundo en tinieblas.
ORACIÓN
Concédenos, oh Dios, te lo suplicamos, que nuestra conducta sea como es digno del evangelio de Cristo. Que el olor de Cristo esté en nuestra influencia, su luz en nuestro rostro, su amor en nuestro corazón. AMÉN.
3 de agosto
EL USO SABIO DEL DINERO
«Cada uno haga según propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra».— 2 Corintios 9:7-8.
NO DEBEMOS considerar el dinero como nuestro, porque en cada moneda pueden distinguirse las letras D. G., «Por la gracia de Dios». Por tanto, el dinero es un don de Dios para nosotros. «Las riquezas y la gloria proceden de ti». David tenía razón cuando dijo, después de que él y su pueblo hubieron hecho una noble ofrenda para la obra de Dios: «De lo tuyo te damos».
Pero tú dices: «Gano mi dinero con el sudor de mi frente». Concedido; pero «acuérdate del Señor tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas». Es Dios quien nos permite conservar nuestros empleos; quien nos libra de enfermedades paralizantes, mantiene el equilibrio de la razón y renueva nuestras fuerzas cada día. ¿No es nuestra constante profesión que hemos consagrado a Cristo todo lo que somos y tenemos? Y sin duda esta consagración, si significa algo, significa que respecto a todo lo que nos pertenece diríamos a nuestro Señor: «¿Qué quieres que yo haga?».
Es nuestro deber proveer para los nuestros (1 Timoteo 5:8). También es justo guardar cierta cantidad como capital, para el crecimiento del negocio y para dar empleo al trabajo. Cuando un hombre usa rectamente su capital, sin tomar más que una ganancia legítima por su tiempo, su experiencia y su responsabilidad, y permitiendo que sus empleados compartan con él el excedente, está haciendo más bien real en el mundo que si regalara sus bienes repartiendo una libra a cada uno de un gran número de mendigos. Hemos de ser mayordomos del Señor Jesús. Es la comparación que él mismo hizo (Mateo 25:14).
Para guardarnos del amor al dinero, deberíamos tener cuidado de dar una proporción fija a la causa de Cristo. Puede parecer innecesario hacer esta advertencia a quienes deberían usarlo todo para Cristo. Pero nuestro corazón es tan voluble que a veces imaginamos que damos una parte de nuestros ingresos mayor de la que en realidad damos, a menos que seamos exactos al ajustar el balance entre Cristo y nosotros. No es posible que uno fije a otro la proporción debida, pero, sea cual sea la que fijemos, debería apartarse rigurosamente al recibir nuestros ingresos o nuestro salario. Ante todo, daos a vosotros mismos a Cristo, y entonces todo lo demás se pondrá en su lugar (2 Corintios 8:5).
ORACIÓN
Ayúdame, amado Señor, a andar en las pisadas de tu santa vida. Enséñame a ganar dando y a hallar perdiendo, conforme a tu palabra. AMÉN.
4 de agosto
ENTENDER LA MISERICORDIA DE DIOS
«El que es sabio y guarde estas cosas, entenderá las misericordias del Señor».— Salmos 107:43.
HAY MUCHAS maneras de entender la bondad o misericordia del Señor. Podemos conocerla como cuestión de doctrina. La mejor manera de aumentar nuestro conocimiento de la naturaleza infinita de Dios es el estudio reverente de su Palabra. Es una religión endeble la que menosprecia la doctrina. Lo que los huesos son para el cuerpo, eso es la doctrina para nuestra vida moral y espiritual. Lo que la ley es para el universo material, eso es la doctrina para el espiritual. Las doctrinas de la gracia son los cimientos enjoyados de una vida santa. ¡Busca el ministerio que edifica sobre ellas; lee los libros que las reconocen! Podemos conocerla por la meditación. ¡Ojalá rindiéramos al Espíritu Santo corazones más silenciosos, para que él fijara nuestros pensamientos errantes en el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento! ¡El amor que nos amó en la eternidad, que nunca nos ha soltado en el tiempo, y que ha mostrado su intensidad suprema en las heridas del Calvario! También podemos conocerla por la simpatía. Kepler, el gran astrónomo, exclamó un día: «He estado volviendo a pensar los primeros pensamientos de Dios»; y sin duda, cada vez que nos sacrificamos por otros o llevamos la cruz de otro, en el ardor de un corazón cálido, sentimos una diminuta pulsación de su amor.
¿Alabamos lo suficiente a Dios por su misericordia y su verdad? Somos rápidos para orar, para clamar pidiendo ayuda, pero ¿nos detenemos a enumerar sus misericordias y a dar alabanza por ellas? «¡Oh, que alaben los hombres al Señor por su bondad, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres!» (Salmos 107:8, Salmos 107:15, Salmos 107:21, Salmos 107:31). ¡Cuántas veces me he despertado cansado y desanimado, con el arpa colgada en los sauces, el alma como una alondra abatida por el viento del este; y cuando el acostumbrado estudio de la Biblia no ha logrado prender, o la oración ha parecido fría y mecánica, el corazón desconsolado ha empezado a alabar, a dar gracias por las misericordias recibidas y a adorar la majestad y la gloria de Dios! Al continuar así, el alma se ha deshelado, el espíritu ha hallado alas, el horizonte se ha despejado, y el canto de los ángeles ha irrumpido con su ¡Aleluya! Así somos transportados a la cámara de la Presencia divina; hemos alcanzado gozo y alegría, nuestra noche ha pasado, y «la tristeza y el gemido han huido».
ORACIÓN
Padre, tú nos has amado; tú nos amas; tú nos amarás para siempre. Tu amor excede a todo conocimiento. Es como un océano cálido y bañado de sol que envuelve el diminuto islote de mi vida. Me baño en él, pero nunca puedo alcanzar sus límites. Te doy gracias por su profundidad y su longitud. AMÉN.
5 de agosto
CONTAR NUESTROS DÍAS
«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Sácianos pronto de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días».— Salmos 90:12-14.
ESTE SALMO fue compuesto, evidentemente, hacia el final de la peregrinación por el desierto, y recoge algo de la tristeza que debió de oprimir el corazón de Moisés al ver cómo los compañeros de su vida anterior eran sepultados entre las dunas de arena.
Compara los siglos con el recuerdo del día de ayer, que tan pronto se borra de nuestra mente; con una vigilia pasada junto a las hogueras del campamento; con la breve embestida de la avenida de la montaña; con el sueño que destella un momento ante los ojos de la mente; con la hierba de corta vida, que florece por la mañana y es cortada por la noche. Cada emblema, lleno de una belleza significativa, tomado evidentemente de los incidentes de la larga marcha por aquellas vastas soledades. Era como si el corazón de este poderoso siervo de Dios se volviera de las edades fugaces y de la decadencia de la vida humana a Dios, cuyo ser está fuera del tiempo, es inmutable y eterno. Aquí hay tránsito y cambio; allí está la Roca de los siglos, con su estabilidad y su gloria eternas.
Contemos nuestros días frente a las edades eternas del ser de Dios; frente a la edad de las montañas y del universo; frente al auge y la caída de las grandes naciones. Es cuando comprendemos lo breve que es la vida cuando nos ponemos de veras a redimir el tiempo, a comprar cada oportunidad de oro.
El corazón sabio se mostrará dando a Dios una justa proporción de nuestro tiempo. Cada día es sabio apartar tiempo para la lectura de su Palabra, para la oración y la santa comunión; cada semana es sabio reservar una séptima parte para su santo servicio. Podemos aprender profundas lecciones de la cantidad de tiempo que los hebreos dedicaban a sus instituciones religiosas. «Rezar y dar cebada no estorban la jornada», dice el viejo refrán. Es especialmente sabio hacer de Dios nuestro Guía, para que nos muestre cómo usar esta cosa preciosa que llamamos vida. Separados de él, todo nuestro deseo de usar bien el tiempo será en vano; pero cuando el alma anda en comunión con Dios, cada acción cuenta, cada día añade algo al creciente poder e influencia de la existencia. Nada es pequeño, nada trivial, nada indigno, si tu alma mantiene comunión con Dios. Entonces vendrán la satisfacción y la alegría, y la obra de nuestra vida será confirmada por la mano divina.
ORACIÓN
Oh Señor fiel, enséñanos a confiar en ti para la vida y para la muerte, y a tomarte como nuestro todo en todo. AMÉN.
6 de agosto
EL REINO VENIDERO
«Yo he puesto mi Rey sobre Sión, mi santo monte. Bienaventurados todos los que en él se refugian».— Salmos 2:6-12 (R.V. marg.).
EL FUNDAMENTO de este magnífico salmo es el reinado de Cristo. Ningún rey del linaje de David alcanzó su sublime ideal, sino que la mente del cantor es llevada hacia adelante, al reinado del Mesías, a quien se aplica en el Nuevo Testamento (Hechos 13:33; Hebreos 1:5).
Hay cuatro estrofas de tres versículos cada una. En Salmos 2:1-3, las naciones aparecen reuniéndose y tramando una rebelión. Se ha levantado una conspiración general contra la autoridad del Señor, ejercida por medio del Mesías.
En Salmos 2:4-6, mediante una audaz metáfora, se pone de manifiesto lo absurdo de la rebelión del hombre; pero la risa del Altísimo no es incompatible con las lágrimas y el dolor de Jesús cuando miró a Jerusalén y lloró sobre ella. La tenaz resistencia del hombre jamás podrá alterar el propósito divino. ¡El martillo no puede romper el yunque!
En Salmos 2:7-9, el Rey Ungido revela su relación con el Todopoderoso y reclama el dominio universal. La filiación divina era un hecho eterno, pero fue abiertamente certificada por la resurrección (Romanos 1:3-4). Al dejar nuestra tierra para ascender a su trono, nuestro Salvador declaró que toda potestad le había sido dada en el cielo y en la tierra. Su reinado se funda no solo en la gloria de su deidad esencial, sino en su sufrimiento y su sacrificio. «Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz... por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo».
En Salmos 2:10-12, el salmista exhorta a los rebeldes a aceptar las conclusiones del sentido común. Es una locura soñar con frustrar el propósito de Dios. Besa la mano de Jesús, extendida hacia ti con amor y perdón, y refúgiate en él de la ira que ha de venir sobre los desobedientes (Apocalipsis 6:16-17).
ORACIÓN
He aquí, tú me mandas que te ame con todo mi corazón y con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas: dame lo que mandas, y manda lo que quieras. AMÉN.
7 de agosto
LA BIBLIA COMO UN DICTÁFONO
«Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Señor».— Salmos 27:8.
LA BIBLIA nos recuerda un dictáfono. Dios ha hablado en ella, y al leer sus páginas, estas nos transmiten sus palabras vivas. Hay muchas cosas en la Biblia que al principio quizá no podamos entender, porque, como son más altos los cielos que la tierra, así son los pensamientos de Dios más altos que los nuestros. El señor Spurgeon solía decir que, cuando comía pescado, no intentaba tragarse las espinas, ¡sino que las apartaba a un lado del plato! Así, cuando haya algo que esté fuera de tu comprensión, déjalo a un lado y sigue adelante disfrutando de lo que es fácil de masticar y digerir espiritualmente.
La Biblia contiene diez mil promesas. Es el libro de cheques firmados de Dios. Cuando hayas encontrado una promesa que responde a tu necesidad, no pidas a Dios que cumpla su promesa como si no estuviera dispuesto a hacerlo y hubiera que presionarlo e importunarlo. ¡Preséntala humildemente en el nombre del Señor Jesús! Asegúrate de que, hasta donde sabes, estás cumpliendo las condiciones que puedan acompañarla; luego alza los ojos al rostro de tu Padre celestial y dile que cuentas con él para que haga como ha dicho. A él le corresponde escoger el tiempo y la manera de su respuesta; pero espera en silencio, ten paciencia, y hallarás que, ni un momento antes ni un momento después, Dios dará su respuesta. «Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza» (Salmos 62:5); «Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor» (Lucas 1:45).
Ya sea para el cuerpo, para el alma o para el espíritu, no hay guía como la Sagrada Escritura; pero nunca la leas sin antes alzar los ojos a su Autor e Inspirador, pidiéndole que ilumine la página y te haga sabio para la salvación. «Habla, Señor, que tu siervo oye».
ORACIÓN
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Tu siervo soy yo; dame entendimiento para que conozca tus testimonios. AMÉN.
8 de agosto
LA VIDA VALE LA PENA
«Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús».— Colosenses 3:17.
¡NADA HAY más desastroso que ir a la deriva sin rumbo! Dios dota a cada alma para un propósito definido. Probablemente en toda vida hay un momento de lucidez en que nos orientamos y vemos brillar ante nosotros un destello de la obra de la vida para la cual fuimos enviados. Estamos en el monte de la visión, como Moisés, y vemos el modelo del tabernáculo que pronto hemos de levantar. Dios tiene un propósito para el alma, así como para el cuerpo, cuyos miembros todos fueron formados cuando aún no existía ninguno de ellos (Salmos 139:16). ¿Es concebible que dedique pensamiento y cuidado al cuerpo y no tenga ningún propósito para el alma? Pero si es así, él revelará su voluntad; irá desplegando gradualmente, paso a paso, el propósito de nuestra vida. Avancemos con firmeza, contando con nuestro Amigo Todopoderoso para que nos supla la gracia, la sabiduría y la fuerza necesarias.
Cuando el capitán de un equipo de críquet sale del pabellón hacia el wicket, con las multitudes pendientes de cada uno de sus movimientos, probablemente se dice a sí mismo: «¡Voy a hacer mis cien carreras, por lo menos!». Al enfrentarse a aquel hombre de allá, que quizá sea uno de los lanzadores más rápidos y hábiles del condado, es como si dijera: «Haz lo mejor que puedas, ¡pero voy a ganar!». Con ese mismo espíritu debería salir cada uno de nosotros a enfrentarse a la vida: «Voy a salir victorioso, por la gracia de Dios».
Nunca olvides que Dios obra contigo. «El Señor cumplirá su propósito en mí». ¡No desamparará la obra de sus propias manos! En mi larga vida de ochenta y un años he experimentado más altibajos y dificultades que los que tocan a muchos, pero afirmo sin vacilar que, donde Dios da el plan, ¡él sale Fiador del resultado! Atrévete a confiar en él y a mantener el paso con él mientras te guía hacia adelante.
ORACIÓN
Oh Dios, Dios de toda bondad y de toda gracia, que eres digno de un amor mayor del que podemos dar o comprender: llena mi corazón de tal amor hacia ti que eche fuera toda pereza y todo temor, para que nada me parezca demasiado difícil de hacer o de sufrir en obediencia a ti. AMÉN.
9 de agosto
EL PEREGRINO DE LO INVISIBLE
«Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré .... Y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre». Génesis 12:1-2.
LA CLAVE del comienzo de este capítulo se da en varias partes de la Biblia. Por Hechos 7:2-5 sabemos que el llamamiento a Abram para que saliera, que le llegó primero en Ur de los caldeos, le fue repetido en Harán, después de la muerte de su padre. Probablemente Taré demoró la obediencia de su hijo. Ayudemos a nuestros hijos a hacer suyo el llamamiento de Dios, aunque nosotros quedemos solos al otro lado del río.
En Hebreos 11:8 comprendemos que este Peregrino de lo Eterno se lanzó a la vasta extensión del desierto, conociendo su rumbo solo día a día; era como un Colón que navegaba mes tras mes por mares desconocidos, sin saber nunca en qué momento podría aparecer el tenue contorno de la costa.
En Romanos 4 se nos dice que estas promesas le fueron concedidas cuando aún era gentil. Pasaron treinta años antes de que llegara a ser el fundador de la nación hebrea. Por eso el apóstol arguye que estas promesas están garantizadas a todos sus hijos, no solo a los que están bajo la ley, sino también a nosotros, que tenemos su fe (Génesis 12:16). Vuelve, lector mío, a aquella antigua página, ¡y comprende que te incluye a ti en la amplitud de su bendición! Gálatas 3:8, Gálatas 3:9 y Gálatas 3:14 nos aseguran que todas estas bendiciones están incluidas en el único don del Espíritu Santo. La bendición de Abraham es para todos los que estamos en Cristo Jesús, al andar en las pisadas de esta gran peregrinación.
Un vasto abismo de tiempo se extiende entre nosotros y los días lejanos de la vida de Abraham; pero descubrimientos recientes han mostrado que Ur de los caldeos gozaba de un alto grado de civilización mil años antes de su partida. ¡Sus experiencias y las nuestras se encuentran a través del abismo de los siglos!
ORACIÓN
Oh Dios, que la gran nube de testigos que han recorrido antes que nosotros el Camino del Peregrino nos sea ejemplo de una vida piadosa, para que corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús. AMÉN.
10 de agosto
LA ELECCIÓN SUPREMA
«Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego.., como el huerto del Señor. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán... y se apartaron el uno del otro».— Génesis 13:10-11.
¡EL ALMA que ha tomado a Dios por su porción puede permitirse ser generosa!
Como hombre de más edad, Abraham bien podría haber reclamado el derecho de escoger primero, dejando el resto a Lot; pero se contentó con renunciar a sus derechos, puesto que su Amigo Todopoderoso había fijado el lugar que estaba destinado a recibir por heredad. Escogiera Lot como quisiera, no podría obtener ni una pulgada de la tierra que Dios había incluido en su propósito divino para su siervo fiel y obediente. «Espera en el Señor, y guarda su camino, y él te exaltará para heredar la tierra».
Fue, pues, con serena confianza como el patriarca estuvo junto a su pariente y lo observó mientras alzaba los ojos para tomar y aprovechar al máximo el inesperado ofrecimiento de su tío. Cuando Lot escogió para sí la llanura de Sodoma, que era toda de riego y hermosa como el mismo paraíso, Abraham aceptó la elección con imperturbable serenidad. Mirando al rostro de Dios, dijo en efecto: «Tú eres la porción de mi herencia; tú sustentas mi suerte; las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos; sí, hermosa es la heredad que me ha tocado».
Entonces —una vez consumada la separación— Dios llamó a su siervo de nuevo a la cumbre del monte, le dio toda la tierra en pacto para siempre y le mandó recorrer el suelo por donde quisiera, porque todo era suyo (Génesis 13:14-17).
¡Deja que Dios escoja por ti! Especialmente al comienzo de la vida, cuando estás en su umbral y contemplas la tierra, atrévete a seguir los impulsos de su voz interior. Su llamamiento sigue resonando a través de los siglos: «Sígueme». «¡He aquí, yo estoy con vosotros todos los días!».
ORACIÓN
Oh Dios, creo que tú sabes exactamente lo que es mejor para mí. No puedo pedir nada mejor que esto: estar a tu cuidado, y no al mío. Por tu gracia, te seguiré adondequiera que vayas. AMÉN.
11 de agosto
DIOS ESTÁ EN SU CIELO
«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos».— Salmos 19:1.
DIOS EN los cielos (Salmos 19:1-6). El salmista sabía poco o nada de los descubrimientos astronómicos modernos, pero sus palabras todavía pueden aplicarse a la gloriosa marcha de soles y poderosos planetas hacia su meta lejana. Voces nos siguen hablando desde la bóveda del cielo, aunque ningún sonido llegue a nuestros oídos atentos.
El sol no era un dios, sino una criatura. Solo puede seguir la senda que le ha sido trazada y retirarse de noche a la tienda de la oscuridad. Esto es evidentemente una metáfora, pero ¿no es el astro del día natural un verdadero emblema del Sol de justicia, el Esposo de las almas humanas, que una vez habitó como en tienda entre los hombres? Calentemos nuestro corazón frío al calor de sus rayos dadores de vida.
Dios en las Escrituras (Salmos 19:7-11). En la primera división del salmo se le conoce como EL; aquí, como Jehová. La naturaleza puede revelar su fuerza, pero la Biblia habla de su amor redentor. Observa que cada frase contiene un nombre para la Escritura, un atributo y uno de sus efectos. Perfecta: sin defecto; fiel: digna de confianza; recta: un camino derecho; pura: como la luz del sol; limpia: hace aborrecible la impureza; verdadera: como reflejo de Dios; justa: revela sus exigencias y el camino por el cual podemos llegar a ser justos. ¡Medita en sus efectos! El Antiguo Testamento, tal como David lo conocía, era solo un fragmento de la revelación divina. ¡Qué habría dicho de nuestra Biblia! ¡Ay de los que, en vez de disfrutar de su fragancia, se contentan con solo diseccionarla!
Dios en el corazón (Salmos 19:12-14). Él lee sus secretos más íntimos, y su bendito Espíritu anhela limpiarnos de las faltas ocultas y detenernos de los pecados de soberbia.
ORACIÓN
Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío. AMÉN.
12 de agosto
LA BONDAD IMPARCIAL DE DIOS
«Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo». «¿O es malo tu ojo, porque yo soy bueno?»— Mateo 20:7-15.
¡SÍ, DIOS es bueno! Nuestro ojo puede ser malo; la densa atmósfera de esta esfera terrenal tuerce nuestra visión, pero nuestro juicio torcido nada puede contra el veredicto del universo. Tan bueno es Dios que dará el jornal completo a quienes se habrían alegrado de llenar su vida de servicio provechoso, si tan solo hubieran tenido la oportunidad. Quizá esperaron todo el día su ocasión, pero el sol avanzó lentamente de horizonte a horizonte y no se les ofreció ninguna oportunidad. O, si por fin les llegó su ocasión, ¡duró apenas una breve hora! Sin embargo, su recompensa se contará no solo por el servicio de esa hora, sino por lo que habrían hecho si hubieran sido llamados al despuntar el alba.
Esto no es a la manera de los hombres, pero es la manera en que Dios trata con los hombres. Él da de «lo suyo» a aquellos obreros que han sido fieles a su oportunidad, ya fueran las horas más largas o más cortas. ¡«Lo suyo»! ¡Su propio amor! ¡Su propio gozo! ¡Su satisfacción completa!
Pero todos los que son admitidos en ese círculo íntimo deben estar dispuestos a beber de su copa y a ser bautizados con su bautismo (Mateo 20:23). Los que se sentarán a la derecha y a la izquierda de su trono en la gloria son los que se han inclinado más bajo en el servicio de siervos. Los seguidores de Jesús no han de ser servidos, sino que deben estar dispuestos a seguir a su Señor hasta dar su vida. Deben parecerse a su Maestro, quien, cuando iba de camino para redimir a la humanidad, estuvo dispuesto a detenerse y aliviar la miseria de dos mendigos ciegos (Mateo 20:34).
ORACIÓN
Oh Hijo de Dios, derrama tu mansedumbre en nuestro corazón, tu toque compasivo en nuestros dedos, tu tierna sensibilidad ante la necesidad y el dolor humanos en nuestros sentidos humanos, fríos e insensibles. AMÉN.
13 de agosto
EL DÍA DE RENDIR CUENTAS
«Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos».— Mateo 25:19.
LAS TRES parábolas registradas en este capítulo son de enorme importancia.
Cada una contiene un contraste notable, y en cada una existe la posibilidad de un gozo supremo o de la inevitable sentencia de privación y rechazo. En cada una hay, por un lado, instrucción y aliento, y por el otro se nos advierte solemnemente.
En la parábola de las vírgenes aprendemos la necesidad de tener reservas suficientes; de poseer algo más que la lámpara de la profesión de fe, por pura y rara que sea; y de procurarnos, sin dinero y sin precio, el aceite de la bondadosa morada e inspiración del Espíritu Santo. Carece por completo de valor la religión que no se debe a que él la encienda y la mantenga.
En la parábola de los talentos aprendemos que el peligro más grave de la experiencia cristiana no recae sobre las personas muy dotadas, ni siquiera sobre las medianamente dotadas, ¡sino sobre la gente más pobre y humilde, la de un solo talento! Como pueden hacer tan poco, a menudo no hacen nada. El único talento, que es muerte esconder, queda depositado en ellos como algo totalmente inútil. ¡Pero ante Dios las cosas más pequeñas cuentan! Él no quiebra la caña cascada ni apaga el pábilo que humea. Escoge lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte.
En el juicio de las naciones aprendemos que la prueba definitiva del cristianismo no está en la profesión ni en la doctrina, sino en nuestro cuidado por aquellos con quienes nuestro Señor siempre se ha identificado: el marginado y el desvalido, el enfermo y el afligido, el forastero y el preso. El amor a Dios tiene por reverso el amor al hombre. Aun ahora las naciones están compareciendo ante su tribunal, y algunas están siendo arrojadas al montón de escombros ante nuestros ojos.
ORACIÓN
No me dejes ser avergonzado, oh Señor mío, sino hazme amarte y temerte con todo mi corazón. Ayúdame a ser fiel en las cosas más pequeñas y a oír al final tu «bien hecho». AMÉN.
14 de agosto
LAS LLAVES DEL REINO
«Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos». — Mateo 16:19.
AUNQUE ESTAS palabras fueron dichas al apóstol Pedro, hay un sentido profundo en el que todo verdadero discípulo de Cristo puede ejercer el poder de cerrar y abrir a otra alma la puerta de la fe, la esperanza o el amor. Quizá sepas de alguien que lleva una carga pesada, que está oprimido por algún temor que lo domina o que lucha con algún pecado que lo asedia. Procuras ganarte la confianza de esa persona, te esfuerzas por hallar alguna vía de escape, prometes alguna ayuda muy necesaria, dices palabras de ánimo y aliento, y de este modo abres la puerta de la celda oscura en la que ha estado encarcelado. La muestra de tu pronta compasión y ayuda lo ha liberado. ¿No es este un uso verdadero del poder de las llaves del reino?
O puede tratarse de alguien de quien se sospechan cosas malas que no son ciertas. Escuchas con atención la historia y te esfuerzas por aclarar el asunto; das pasos para sacar a la luz la pureza y sinceridad de sus motivos ante quienes lo han malinterpretado y juzgado mal.
Tal vez sea un muchacho o una muchacha cuya vida está nublada por algún enredo del que parece imposible librarse. Por tu consejo amistoso y tu experiencia se te concede abrir la puerta de la prisión y liberar a esa alma joven.
Busca estas oportunidades de servicio cristiano, porque la vida que está escondida con Cristo en comunión constante tiene un poder extraordinario para liberar vidas que están atadas con grillos de hierro. Sobre todo, podemos señalar al alma encadenada a Cristo nuestro Señor.
ORACIÓN
Él quebranta el poder del pecado perdonado,
él pone en libertad al cautivo;
su sangre puede limpiar al más vil,
su sangre me vale a mí. AMÉN.
15 de agosto
¿QUÉ ES LA RELIGIÓN?
«Y Jesús dijo: ¿También vosotros estáis aún sin entendimiento?» — Mateo 15:16.
EN ESTE capítulo nuestro Señor enseña que la verdadera religión no es, ciertamente, cuestión de comer y beber ni de ceremonias exteriores. Es la intención del alma, el continuo sacar de Cristo el poder vital que necesitamos para nuestra obra y nuestro ministerio a los demás. Puede ilustrarse con la experiencia del buzo, que explora el lecho del océano, pero respira de la brisa que barre la superficie del mar.
Nuestro Señor no menospreció la observancia exterior de las formas de la religión; nos dio un ejemplo claro con su asistencia a los cultos de la sinagoga y del templo, con noches pasadas en oración, con su constante referencia a la Sagrada Escritura; pero todo esto era solo la expresión exterior y natural de su comunión ininterrumpida con su Padre. El amor humano no consiste meramente en la expresión exterior, sino en el propósito oculto del corazón; y, sin embargo, si no hay expresión exterior, ¡el manantial se secará!
Quizá las dos mayores definiciones de la religión pura sean estas: la primera, del Antiguo Testamento: «Hacer justicia, amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios». Y la segunda, del Nuevo Testamento: «La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo». Pero para cumplir cada una de ellas necesitamos la ayuda del Espíritu Santo.
Ser verdaderamente religioso está al alcance de todos nosotros; pero debemos valernos de lo que Jesucristo ha hecho para llevarnos a Dios. En él hay perdón absoluto para todo el pasado, y ayuda y gracia infinitas para el futuro. Él está dispuesto a ser nuestro Fiador, Amigo y Ayudador. Por medio de él podemos llegar a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
ORACIÓN
Dame, Señor misericordioso, el espíritu del peregrino, para que esté en el mundo sin ser del mundo. Dame tu gracia para abstenerme de los deseos carnales que batallan contra el alma. Que ande siempre como es digno de la vocación celestial. AMÉN.
16 de agosto
LA AVENTURA DEL ALMA
«Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca».— Génesis 8:1.
ES MUY provechoso meditar en estas palabras, pues nos dan la seguridad de que Dios no solo cuidará del ganado, de las aves y de todo ser viviente, como aprendemos de Deuteronomio 25:4; Salmos 104:11-22; Jonás 4:11; Mateo 6:26, ¡sino que mucho más pensará en nosotros, sus hijos, y cuidará de nosotros! Como Noé y su familia, puede que estés encerrado lejos de toda ayuda humana. Puede que te sea tan imposible como lo fue para él salir por ti mismo. Quizá tengas la responsabilidad de proveer para los necesitados. Tus provisiones pueden ir menguando continuamente ante tus ojos, pero Dios se acuerda de ti en medio de la inmensidad de las aguas y bajo esos cielos oscuros cubiertos de nubes. Así como una madre no puede olvidar a su niño de pecho, tampoco Dios puede olvidarte a ti.
El arca se posó en las laderas bajas del Ararat el día diecisiete del mes séptimo, y las aguas disminuyeron tan rápidamente que, como Noé había recogido la cosecha antes de que viniera el diluvio, salió del arca a tiempo para sembrar para el año siguiente. Atrévete a confiar los tiempos y las estaciones de tu vida al cuidado de tu Padre celestial. Él solo espera que confíes en él, y entonces la vida se convierte en un hermoso mosaico tejido con su amorosa previsión y cuidado.
Guárdate bien de los pensamientos como de cuervo, que son inquietos y se alimentan del mal; procura cultivar pensamientos mansos, apacibles, puros y como de paloma, que recogen de la Palabra de Dios las hojas de olivo de la promesa. Pronto el que dijo «Entra», dirá «¡Sal!». Entonces edifica tu altar de sacrificio y entrega de ti mismo.
ORACIÓN
Padre celestial, fortaléceme para que no mire la nube oscura, sino que busque tu arco iris; no lo que me has quitado o negado, sino lo que me has dejado; no las aguas tempestuosas, sino el rostro de Jesús. AMÉN.
17 de agosto
LA PROVIDENCIA EN LO PEQUEÑO
«Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, tener hoy buen encuentro.., y en esto conoceré que has hecho misericordia con mi señor».— Génesis 24:12-14.
DE ESTE hermoso episodio podemos aprender mucho acerca de cómo Dios guía al alma. Evidentemente Eliezer, el siervo fiel, había asimilado algo de la fe y del método de su amo; de modo que, al leer este sencillo relato, podemos comprender algunos de los principios con los que se gobernaba todo el campamento. Cuatro veces habla de «el Dios de mi señor Abraham». Cuando Abraham le hizo partícipe de su confianza, entró en el plan con tanto celo e interés como si fuera asunto suyo propio. ¡Ojalá estuviéramos nosotros igualmente entregados a los asuntos de nuestro Señor celestial, y ojalá los que dependen de nosotros y los que nos acompañan quedaran igualmente impresionados por la reverencia y el espíritu de oración de nuestra vida!
Cada paso lo dio en comunión con Dios; pero eso no le impidió ejercer su propio y cuidadoso juicio en los pasos sucesivos para averiguar la disposición de aquella muchacha que tan de repente fue llamada de la oscuridad de Harán para llegar a ser un eslabón de la cadena mesiánica. La fe de Eliezer en la providencia de una pequeñez es de lo más interesante e instructiva. Guardó silencio mientras la muchacha sacaba el agua; luego, con la certeza de la fe de que su oración pidiendo dirección había sido contestada, sin vacilar más le puso los brazaletes en los brazos. ¡Mantente atento para ver la mano de Dios en todo!
Cuenta las veces que este digno hombre se las arregla para introducir estas dos palabras: «¡Mi señor!». Podemos aprender de él a hablar de nuestro Salvador siempre que tengamos ocasión: «¡Raboni!, que quiere decir: ¡Maestro mío!».
Al pedir que se le concediera buen éxito, alegó como argumento que con ello se haría misericordia a su señor Abraham. Así, cuando pedimos grandes cosas a Dios, podemos alegar el nombre de Jesús y estar seguros de que él nos mostrará bondad por amor de él (Juan 15:16). Esta antigua historia es una hermosa lección para los que llaman a Jesús Maestro y Señor.
ORACIÓN
Concédeme, oh Señor, te lo pido humildemente, buen éxito en este día. Que sepa cuándo hablar y cuándo callar; cuándo actuar y cuándo abstenerme de hacerlo. En todos los detalles de la vida diaria, que te sirva fielmente a ti, mi Maestro y Amigo. AMÉN.
18 de agosto
LA RELIGIÓN Y LA BURLA
«Cuando lo oyeron Sanbalat . . . y Tobías . . . y Gesem . . ., hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos. Edificamos, pues, el muro; porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar». — Nehemías 2:19-20; Nehemías 4:6.
LA RECONSTRUCCIÓN de los muros en ruinas de Jerusalén, como muestra el relato, se emprendió en tiempos angustiosos. Algunos de los pequeños gobernantes de la comarca se regocijaban del abatimiento de la ciudad, porque les dejaba campo para ejercer su autoridad, y veían con disgusto esta renovada actividad. Tramaron la ruina de la obra, y hubo que hacerles frente con una vigilancia incesante.
Si te esfuerzas por hacer la obra de Dios en el mundo, por quitar los escombros del pecado, por reedificar los muros derribados y por procurar el bien del pueblo de Dios, no te sorprendas si tus pasos se ven acosados por el desprecio y la burla, por la malicia secreta o abierta de Sanbalat y Tobías. Para algunos es más fácil afrontar una oposición amarga que soportar la mofa y el ridículo. Si tan solo se acallaran estas lenguas desdeñosas y criticonas, podríamos avanzar más; pero tal persecución nos hace volver a Dios, lo convierte en una realidad viva en nuestra vida y abre la puerta a la manifestación de la salvación de su diestra (Nehemías 4:4, Nehemías 4:9, Nehemías 4:20). ¡Qué bueno es, en tales momentos, dejar de confiar en el hombre y acordarse del Señor, el grande y temible! (Nehemías 1:5; Isaías 51:12-13). Asegúrate bien de que estás en su plan, haciendo su obra a su manera; luego avanza en su nombre, y él convertirá todos los montes en camino.
La lección para todos nosotros es el triple aspecto de la vida cristiana. Está nuestra mirada hacia arriba, al rostro de Dios: «Oré al Dios de los cielos». Nunca debemos olvidarnos de orar, porque por la oración se obran más cosas de las que imaginamos. En segundo lugar, está nuestra mirada vigilante contra nuestros enemigos y los enemigos de Dios: «Oramos a nuestro Dios, y pusimos guarda contra ellos de día y de noche». Debemos velar además de orar. Por último, está nuestra mirada, desde el alba, hacia la obra que se nos ha confiado, en la cual debemos trabajar con una devoción que no decae, en comunión con nuestro Señor (1 Corintios 3:9). Pregúntese cada uno: «¿Estoy dentro de la ciudad, entre sus constructores, o fuera, entre sus detractores y enemigos?».
ORACIÓN
Oh Dios, enséñanos día tras día lo que quieres que hagamos, y danos gracia y poder para cumplirlo. Que nunca, por amor a la comodidad, rehusemos el camino que tú nos señalas, ni, por miedo a la vergüenza, nos apartemos de él. AMÉN.
19 de agosto
EL VALOR DE LA AMISTAD
«Mejores son dos que uno ... porque si cayeren, el uno levantará a su compañero».— Eclesiastés 4:9-10.
NO PODEMOS tener muchos amigos íntimos, pero triste es la vida que no tiene su otro yo. La amistad de David y Jonatán, de Damón y Pitias, ha pasado al habla corriente del mundo. Es especialmente bueno para el discípulo cristiano viajar al cielo con un compañero: Esperanzado con Cristiano, y Misericordia con Cristiana.
Un amigo es de un valor incalculable si tropezamos o caemos en el camino de la vida. «¡Ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante».
«Hermanos —dice el apóstol—, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado». Velemos por el alma los unos de los otros; si alguno se está apartando de la verdad o cayendo en alguna trampa sutil, levantémoslo. Ejerzamos la solicitud fraternal que Bernabé tuvo con Pablo.
La amistad debería hacer arder nuestro espíritu. «¿Cómo se calentará uno solo?». Por supuesto, en sentido espiritual hay fuentes divinas de calor. El amor de Cristo enciende un calor vehemente. Pero ciertamente es más fácil mantener la temperatura cuando tenemos a nuestro lado un corazón afín. Quizá esta fue una de las razones por las que nuestro Señor envió a sus discípulos de dos en dos (Marcos 6:7).
Sin compañía, las cosas materiales no pueden satisfacer. Los lazos de la naturaleza, de la amistad y de la comunión religiosa dan a la vida del pobre un gusto que el avaro, con toda su riqueza, pierde. Es de suma importancia, no solo en la vida ordinaria, sino muy especialmente en la peregrinación del espíritu, tener comunión con alguna alma afín.
En la tentación, un amigo verdadero nos hace más capaces de resistir al diablo. Es una ayuda real, en la hora de la prueba, tener un amigo que haga suyas las palabras de nuestro Señor y diga: «He rogado por ti, que tu fe no falte». No hay comunión como la de Jesús, nuestro Amigo fiel, que nos levanta cuando caemos, nos frota para darnos calor cuando estamos entumecidos de frío y nos socorre contra el tentador. ¿No es él el tercero en el cordón de tres dobleces: «donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20)?
ORACIÓN
Oramos por nuestros compañeros en la peregrinación de la vida. Ayúdanos a animarlos con nuestro valor, a alegrarlos con nuestro amor y a llevar sus cargas en cuanto podamos. Y que nosotros hallemos en Jesús al Amigo más unido que un hermano. AMÉN.
20 de agosto
CAVAR POZOS
«Y se apartó de allí, y abrió otro pozo... y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora el Señor nos ha dado lugar, y fructificaremos en la tierra». — Génesis 26:22.
ISAAC PARECE ser un personaje más bien decepcionante, y a veces nos extraña que se le ponga junto a Abraham, padre de todos los creyentes, ¡y junto a Jacob, que prevaleció con el Ángel y llegó a ser un príncipe! Era pasivo, tranquilo, dado a la meditación reflexiva (Génesis 24:63). El propósito de Dios incluye toda clase y tipo de hombres, e Isaac cavó pozos de los que los hombres han bebido durante miles de años.
Lo perseguían sin cesar la enemistad, los celos y la contienda, como lo atestiguan los nombres de sus pozos. Pero cada vez se retiraba con constancia del conflicto y cedía su pozo para cavar otro. Al final, sus enemigos tuvieron que reconocer que era más poderoso que ellos (Génesis 26:16). Y lo mejor de todo: Dios se le apareció «aquella noche» y le prometió que estaría con él y lo bendeciría.
Aprendamos a sublimar nuestra resistencia al mal y a elevarla del plano físico al moral y espiritual. «Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte» (Proverbios 16:32). Sigue cavando pozos: ¡los pozos de la oración en familia, del amor a la Biblia, de los santos ejercicios y hábitos! Hallarás agua viva (Génesis 26:19). Ese es el lado de Dios en tu vida. Tú estás llamado a cavar pozos, pero el Espíritu Santo de Dios brotará en tu alma, y en el alma de otros, como los géiseres de las regiones árticas (Juan 4:14). Presentémosle nuestro propio ser —nuestra alma y nuestro cuerpo— para ser los pozos y canales por los cuales su eterna Deidad y su poder, brotando de las profundidades insondables de su propia naturaleza, lleguen a este mundo sediento y reseco.
Dios es amor; el amor es darse a sí mismo; pero Dios depende de la cooperación de nosotros, los cavadores de pozos, para abrir salidas por donde fluyan su amor y su bondad.
ORACIÓN
Padre misericordiosísimo, danos gracia para que nunca nos dejemos arrastrar a hacer nada que pueda deshonrar tu nombre, sino que perseveremos en todo buen propósito y en tu santo servicio hasta el fin de nuestra vida. AMÉN.
21 de agosto
LA CLAVE DEL LABERINTO DE LA VIDA
«Hubo un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.... Satanás dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?»— Job 1:1-9.
ESTE MARAVILLOSO poema, uno de los estudios más profundos de la Biblia, trata el gran problema del mal. En algún momento de nuestra vida volvemos a estudiarlo, como clave del laberinto de la vida, como expresión del clamor de nuestro corazón y como solución del misterio de la vida en la voluntad y el amor de Dios.
De principio a fin, las preguntas supremas de esta maravillosa obra literaria son: «¿Puede Dios hacer que el hombre lo ame por sí mismo solamente, aparte de sus dones?» y «¿Por qué se permite el mal, y qué papel desempeña en la formación del alma del hombre?». Estas preguntas nos acompañan siempre. De hecho, puede decirse que el libro de Job es un compendio de la existencia y la historia de nuestra raza.
El primer capítulo rebosa de lecciones provechosas. La preocupación de los padres por sus hijos debería emplearse en una intercesión incesante a su favor. El gran adversario de las almas está siempre al acecho, observando nuestra conducta para acusarnos delante de Dios, no solo por los pecados manifiestos, sino por los motivos indignos. No podemos olvidar las palabras de nuestro Señor a Pedro: «Satanás os ha pedido para zarandearos, pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte» (Lucas 22:31, R.V.). Cristo nunca subestimó el poder de Satanás, el «príncipe de este mundo», pero él es nuestro gran Intercesor (Hebreos 4:14-16; Hebreos 7:25).
En circunstancias de prosperidad y felicidad nunca debemos olvidar que es Dios quien planta un cerco a nuestro alrededor, bendice nuestro trabajo y aumenta nuestros bienes. Es bueno comprender que, sea cual sea la malignidad de nuestros enemigos, siempre existe la restricción divina, y no somos tentados más de lo que podemos soportar. No basta con sobrellevar nuestras penas con hosquedad o con estoicismo. Nuestra meta debe ser no solo aferrarnos a nuestra integridad, sino confiar en Dios. Hay una clave para el misterio de la vida humana, y le llega al hombre que distingue entre lo real y lo irreal, entre lo visible y lo invisible.
ORACIÓN
Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. AMÉN.
22 de agosto
LAS DEMORAS DE DIOS NO SON NEGATIVAS
«Por tanto, el Señor esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque el Señor es Dios de justicia; bienaventurados todos los que esperan en él».— Isaías 30:18.
HAY MUCHAS ilustraciones de este método divino en la Palabra de Dios. El Ángel del vado de Jaboc esperó hasta que Jacob ya no pudo luchar más, completamente agotado por su forcejeo; y entonces, cuando su indefenso adversario se aferró a él buscando apoyo, le susurró al oído su nombre misterioso y lo bendijo allí.
Nuestro Señor esperó hasta que la mujer sirofenicia cayó indefensa a sus pies con el clamor: «¡Señor, socórreme!», para concederle el favor que anhelaba para su hija. Desde su trono en el cielo siguió el mismo método: esperó para tener piedad hasta que los apóstoles y los demás reunidos en el aposento alto llegaron a tal estado de impotencia que pudo darles su Pentecostés; esperó hasta que el pequeño grupo de discípulos agotó todo otro recurso, para librarles a Pedro de su prisión; esperó hasta que Pablo renunció a toda energía propia, para hacerlo fuerte en su poder omnipotente, mientras le susurraba: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad».
Con demasiada frecuencia hemos malinterpretado el trato de Dios con nosotros. Cuando se ha detenido más allá del Jordán, a pesar de nuestras súplicas de que se apresurara a salvar a Lázaro, hemos concluido que era extrañamente negligente. Pero, en realidad, estaba esperando, a no pequeño costo para su corazón, hasta que llegáramos al fin de nosotros mismos y el camino quedara libre para que obrara un milagro más asombroso de lo que nos habíamos atrevido a esperar.
Las demoras de Dios no son negativas; no son negligentes ni desconsideradas. Él espera, con ojo vigilante y atento, el momento preciso para actuar, cuando pueda dar una bendición sin mezcla, que inunde toda la vida posterior de bendiciones tan regias, tan abundantes, tan divinas, que la eternidad será demasiado corta para expresar toda nuestra alabanza.
ORACIÓN
Pedimos de los tesoros de tu gracia una confianza más filial, un espíritu más fiel, una voluntad más leal. Que nuestra obediencia nos abra todo conocimiento espiritual. AMÉN.
23 de agosto
EL EQUILIBRIO DE LA VIDA
«Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo».— Hechos 2:46-47 (R.V.).
EN TODA vida debería haber la adoración del templo y el servicio del hogar. ¿Nos damos cuenta de que Dios dirige y sitúa el plan de nuestra vida? El hogar es disposición suya para nosotros tanto como el templo, y la comida diaria puede ser una ordenanza como la Cena del Señor. ¿Tomas tu alimento «con alegría y sencillez de corazón», o refunfuñas en la mesa? ¿Realizas las tareas comunes con alegría y gratitud? Esto solo es posible cuando llegamos a entender que la grandeza de la vida no consiste tanto en hacer las llamadas grandes cosas, ¡sino en hacer grandemente las cosas pequeñas! «Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas».
Se nos ha comparado con los tejedores de los tapices de los Gobelinos, que quizá tengan que entretejer en el diseño, por el revés de la trama, una cantidad de cosas en apariencia grises y sombrías, sin interés y comunes. ¡Solo cuando el tejido está terminado pueden ver y admirar el diseño digno del palacio del rey! Así sucede con tu vida y con la mía: «Trabajamos, sufrimos, y no vemos ni el fin ni el fruto. Pero Dios lo ve, y cuando nos libere de nuestra tarea, revelará a nuestra mirada asombrada lo que él, el gran Artista, ha tejido con esos trabajos que ahora parecen tan estériles».
Había gran gozo en la vida de aquellos primeros cristianos. Se desprendieron de sus bienes terrenales, pero estaban llenos de alegría, y probablemente esto les ganó el favor del pueblo. Había entre ellos una verdadera ayuda mutua. Cada uno compartía con los demás. El dar y recibir de la vida es muy importante. Todos estamos bastante contentos de tomar lo que podemos conseguir, pero ¿qué hay de dar? Nos gusta que nos atiendan, pero ¿qué hay de servir? Sin embargo, la verdadera alegría y felicidad no dependen de ser servidos, sino de servir. Cuando hayamos aprendido el secreto de alabar a Dios en todo y por todo; cuando nos neguemos a encerrarnos en nuestras propias penas y obliguemos a nuestro espíritu apagado a entrar en las alegrías de los que nos rodean, entonces no tendremos dificultad en vivir con gozo y alegría.
ORACIÓN
Oh Señor, renueva nuestro espíritu y atrae nuestro corazón hacia ti, para que nuestro trabajo no nos sea una carga, sino un deleite; y danos un amor tan grande hacia ti que endulce toda nuestra obediencia. AMÉN.
24 de agosto
LA RESPUESTA DE DIOS A NUESTRO CLAMOR
«Tendrá gran misericordia de ti a la voz de tu clamor; al oírla, te responderá».— Isaías 30:19.
ESTE ES uno de los capítulos más exquisitos de la profecía de Isaías. Observa su profunda enseñanza. Dios permitió que viniera el asirio por las profundas lecciones que enseñaría al rey y al pueblo: que ciertos abusos debían ser frenados. El asedio vendría con toda seguridad, y conocerían algo del pan de congoja y del agua de angustia, pero el Todopoderoso estaría cerca, hablando a su pueblo no solo por medio de sus dolores, sino por medio de sus siervos y por el silbo apacible y delicado del Espíritu Santo. Así tenemos un ejemplo de la persuasiva providencia de Dios. Su gracia rodea y guarda a su pueblo, pero si pecamos deliberadamente, rompemos el cordón de su protección. Cuando nos arrepentimos y volvemos a clamar a él, la mano tierna del Señor venda nuestras heridas y calma nuestro espíritu; brotan cánticos en la noche, y nuestro corazón se llena de alegría.
La última parte de este capítulo (Isaías 30:27-33) describe la llegada de las tropas de Senaquerib. Son terribles, y sin embargo, en cierto sentido, fueron llamadas a la existencia con Dios: «He aquí que el nombre del Señor viene de lejos». Su avance se compara con una tremenda tormenta y luego con la embestida de un torrente de montaña. En Isaías 30:28 se da el freno final, como cuando a un animal salvaje se le echa el lazo y se le hace caer de rodillas. Pronto el enemigo desaparecería en silencio, y una vez más la tierra asolada sería arada para sembrar la semilla, los arroyos correrían como antes y se recogerían cosechas gozosas.
¡Qué tiernas y llenas de gracia son estas palabras para los que sufren dolor y angustia! Ten buen ánimo: ¡Dios no se ha olvidado de tener piedad de ti! Toma a pecho estas dulces promesas y pide que la contrapartida de estas bendiciones te sea concedida en tu experiencia.
ORACIÓN
Padre nuestro, comprendemos que necesitas disciplinarnos cuando dejamos de andar en tu fe y en tu temor. Haznos más sensibles y dóciles a la voz del Espíritu Santo, que dice: Este es el camino, andad por él; para que con alegría de corazón volvamos una vez más a ti. AMÉN
25 de agosto
DIOS, NUESTRO DEFENSOR Y LIBERTADOR
«Como las aves que vuelan, así amparará el Señor de los ejércitos a Jerusalén, amparando, librando, pasando y salvando».— Isaías 31:5.
TENEMOS EN este capítulo tres hermosas figuras de Dios. Él es sabio (Isaías 31:1-3). Los políticos de aquel tiempo se jactaban de su sabiduría por haber conseguido la alianza con Egipto, pero su astucia y su estrategia no habían de servirles de nada. ¿Por qué no consultaron al Santo de Israel ni buscaron la ayuda del Todopoderoso? ¿Era su sabiduría solo para los asuntos celestiales y religiosos? ¿No tenía poder para infundir en hombres como Isaías sabiduría para la política terrena y humana? Ciertamente, la jactancia de sabiduría era una burla en los dirigentes del pueblo, en aquella hora terrible de la historia de Jerusalén, cuando se apartaron de la luz y la gloria de la shejiná para buscar consejeros humanos y estratagemas mundanas. No solo en los asuntos religiosos, sino en el ordenamiento diario de nuestra vida humana, «si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. ¡Pero pida con fe, no dudando nada!» (Santiago 1:5.)
Él es como un león (Isaías 31:4). El león es más que rival para los grupos de pastores que intentan hacerle frente con sus cayados. No le asustan sus gritos y los mira con desprecio. ¿No significa esto que la poderosa presencia y el poder de Dios cobijarían al alma que confía en él? ¡Todas las naciones podrían asaltar en vano la ciudad mientras el León de la tribu de Judá montara guardia! Si tienes el corazón temeroso y temes el ataque de los hombres, huye a Dios en busca de refugio y defensa (Salmos 46:1).
Él es como el ave madre y su nido (Isaías 31:5). ¡Qué maravillosas son estas palabras! ¡Cuán cerca viene Dios a cada uno de nosotros! Nos recuerdan a nuestro Salvador, que anhelaba juntar a Jerusalén bajo sus alas. En medio de toda la inquietud, la preocupación y la ansiedad de tu vida, ¡atrévete a creer en un amor que no te dejará ir!
ORACIÓN
Oh Dios, Padre nuestro, ¿cómo podemos darte gracias por tu santa Palabra y por los muchos medios con que quieres ganar nuestra confianza y nuestro amor? ¡Danos gracia para volver a nuestro reposo bajo la sombra de tus alas! AMÉN.
26 de agosto
ANDAR CON JESÚS
«Por tanto, de la manera que habéis recibido a Cristo Jesús el Señor, así andad en él».— Colosenses 2:6.
EL ANDAR diario del alma cristiana es de una importancia tan absoluta porque es nuestro testimonio ante el mundo. Nuestro carácter, tal como se manifiesta en nuestra conducta, es la única Biblia y el único sermón que lee el mundo (2 Corintios 3:2-3). Aprendamos a andar de manera que agrademos a Dios y bendigamos a la humanidad. Andar es al principio cuestión de cuidar cada pequeño paso, pero después se convierte en un hábito del alma (Colosenses 1:10).
Recibimos a Jesús en nuestro corazón por la fe. Entró por la puerta abierta y llegó a ser nuestro Señor y Maestro. De la misma manera debemos vivir siempre y en todo lugar, recibiendo de él, por la fe, gracia sobre gracia, y dejando que lo que él obra dentro se manifieste fuera en toda clase de piedad, ternura y semejanza a Cristo. Esta práctica de mirar a Jesús en busca de gracia en toda circunstancia de la vida tiende a hacerse cada vez más habitual; y esto es lo que el apóstol quiere decir cuando dice: «Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe».
Pero tal andar solo es posible cuando hemos aprendido a «crucificar la carne con sus afectos y concupiscencias» (Gálatas 5:24). La carne es la afirmación de nuestra vida del yo, ya sea en formas más sutiles o más groseras; pero siempre que el yo se entromete, ejerce una influencia funesta sobre nuestra conducta y nuestra manera de vivir. Así como el hierro del vapor desvía la aguja de la brújula, así la intromisión de nuestra vida del yo actuará como un lastre sobre nuestro carácter y nuestro andar.
¿Cómo podemos crucificar la carne? Solo permitiendo que el Espíritu Santo tenga el control supremo. Él hace la cruz cada día más querida y más eficaz. Él vencerá los malos hábitos en nosotros y por nosotros, mientras nosotros permanecemos a su lado como más que vencedores por su gracia. Si nos dejamos guiar por él, no solo habrá liberación de la vida del yo, sino que producirá en nosotros el fruto de una vida santa que agradará a Dios y refrescará a los hombres.
ORACIÓN
Que tu Santo Espíritu esté continuamente con nosotros, y que sintamos los poderosos efectos de tu divina gracia dirigiendo y sosteniendo constantemente nuestros pasos. AMÉN.
27 de agosto
EL SACRIFICIO DE ALABANZA
«Servid al Señor con alegría; venid ante su presencia con regocijo».— Salmos 100:2 (notas).
«Ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre».— Hebreos 13:15
EL SALMO cien lleva con razón el título de «Salmo de acción de gracias» (R.V.). El salmista pide «cantar alegres», es decir, una expresión audible de adoración. No te contentes con un corazón agradecido: ¡exprésalo! Es bueno dar a Dios «el fruto de nuestros labios». Así como un pájaro despierta a todo el coro de un claro del bosque, el alma que de veras arde en amorosa adoración contagiará a otros su canto. ¡Cuántas veces los cristianos estorban el avance del cristianismo con su apatía, su tristeza y su abatimiento! Su servicio es perfecta libertad, y si nos deleitamos en el Señor, ¡debemos servirle con alegría!
Es muy importante mantener el hábito de asistir con regularidad a la iglesia, por la oportunidad que ofrece para la adoración (Hebreos 10:24, 25). «¡Entremos por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza!». Por medio de la meditación y la oración pidamos ser tenidos por dignos de estar en su presencia y de ofrecer alabanza y adoración al Dios Altísimo (El Elyón, Soberano sobre todo), mezcladas con la fragancia del nombre de nuestro Salvador (Apocalipsis 8:3, 4).
«¡El Señor es bueno!» Hay muchos misterios, y mucho dolor y tristeza en el mundo. Debemos atrevernos a creer y afirmar la bondad de Dios bajo todos los elementos angustiosos de la vida moderna. A su bondad se unen su misericordia y su verdad. Hagan los hombres lo peor que puedan: «su verdad por todas las generaciones». Es una Roca inexpugnable (notas), sobre la cual las olas del pecado no pueden hacer ninguna mella. ¡Qué consuelo hay en saber que, igualmente, su misericordia es eterna! Necesitamos tanta paciencia, tolerancia y longanimidad que, si la misericordia de Dios fuera algo menos, desesperaríamos; ¡pero se extiende a toda generación hasta que el tiempo no sea más!
ORACIÓN
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. AMÉN. (Salmos 103:4)
28 de agosto
EL HOMBRE PROPONE Y DIOS DISPONE
«Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee». — Lucas 12:15.
LOS HOMBRES a menudo están más deseosos de obtener la ayuda de Dios en lo temporal que en lo espiritual. Aquel hombre de entre la multitud que apeló a Cristo tenía más interés en que interviniera a su favor en una disputa familiar que en que le diera la vida de los siglos. Pero nuestro Señor rehusó ser juez y árbitro. Su ministerio llegaba más hondo, a las fuentes de la acción, y sabía que en cada hermano estaba la raíz de la avaricia, que llevaba a uno a agraviar al otro. Atacó el pecado que yacía en la raíz de todas esas disputas sobre la propiedad.
Nuestro Señor insistió en que la vida no consiste en la abundancia de las cosas que por casualidad poseamos. Decimos: «¡Fulano vale un millón de libras!». El cielo estima el valor de un hombre por el valor, la fe, la pureza, el dominio propio y el amor a Dios y al hombre que han crecido en el alma mediante la cuidadosa disciplina de los años. La aceptación y el rango en el reino de Dios dependen del carácter, no de las posesiones.
¡Cuántas veces el hombre propone y Dios dispone! Decimos: «Viviremos todavía muchos años y disfrutaremos del fruto de nuestros trabajos»; pero Dios dice: «¡Esta noche!». Escucha al apóstol Santiago, que habla a los que decían: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, y pasaremos allí un año, ¡y haremos un buen negocio! Y entretanto ni siquiera sabéis lo que sucederá mañana. Porque vuestra vida no es más que una neblina que aparece en la ladera del monte, pero se desvanece al toque del alba. Ciertamente deberíamos decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello» (Santiago 4:13-17).
Muchos hablan de conocer la vida y solo conocen su lado más sórdido y feo. Si alguien de veras desea ver la vida y conocer días felices, el secreto se da en 1 Pedro 3:10-19. Este es el mensaje del evangelio: «Que Dios nos ha dado la vida de los siglos, y que esta vida está en Cristo Jesús. El que tiene al Hijo, tiene la vida» (Juan 3:36; 1 Juan 5:12).
ORACIÓN
Señor, no sé lo que hay delante de mí, pero tú lo sabes. Escoge tú mi porción por mí. Guíame de tu propia mano y mantenme cerca de ti, día tras día y noche tras noche. AMÉN.
29 de agosto
NUESTRO DEBER PARA CON EL PRÓJIMO
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo». — Mateo 22:39; Levítico 19:9-18.
NUESTRO PRÓJIMO es la persona más cercana que necesita nuestra ayuda, sea hombre, mujer o niño. ¡Basta con que tu ayuda sea necesaria y con que estés cerca! Al leer este pasaje de la antigua ley judía vemos quiénes son nuestros prójimos y qué hemos de hacer por ellos.
Debemos darles la oportunidad de vivir (Levítico 19:9-10). No tenemos derecho a malgastar nada que pueda servir a otros, ni a usar para nosotros mismos todas nuestras posesiones. Siempre debe quedar un margen que podamos dar a los necesitados. Bien estaría que cada lector de estas líneas apartara cierta proporción de sus productos y ganancias, además de dinero, para la causa de Cristo y de sus pobres.
No debemos retener los pagos debidos (Levítico 19:13). ¡Cuántos comerciantes y otros se han arruinado por las largas demoras de los clientes en saldar sus cuentas! Si todos los cristianos insistieran en pagar al contado, sobre todo a los pequeños tenderos, ¡qué bendita revolución se produciría! No es honrado ni justo retener el pago a quienes se les debe.
Debemos ser muy amables y considerados con los que padecen alguna enfermedad o impedimento (Levítico 19:14). El amor de Dios siempre procura compensar de algún modo a los que están en desventaja. El ciego Milton canta al paraíso, y a Helen Keller se le ha concedido triunfar sobre obstáculos insuperables. Hemos de ser oídos para el sordo y ojos para el ciego.
No debemos vacilar en reprender el pecado (Levítico 19:17). Esto requiere profunda humildad, tacto, sacar la viga del propio ojo y el amor de Cristo por las almas; pero ¡cuánto podría hacerse si atajáramos a tiempo la pequeña grieta del laúd!
No debemos guardar rencor (Levítico 19:18). ¡Ah, esto es difícil! Sentirse herido, ofenderse, mostrarse frío y rígido, mantenerse a distancia: ¡cuántos de nosotros fallamos aquí! Pero debemos actuar y hablar a los demás en el poder del amor de Dios, como lo haríamos si no hubiera rencor dentro de nosotros.
El intérprete de la ley preguntó a Cristo: «¿Y quién es mi prójimo?», insinuando que alguien debía hacerse prójimo de él. Nuestro Señor invirtió su pregunta, diciendo en efecto: «¿De quién te harás tú prójimo?». Si vas por la vida buscando gente que se haga prójimo tuyo, la vida estará llena de desengaños; pero bienaventurado el que procura hacerse prójimo de los demás: no le faltarán quienes, en la hora de la prueba, se hagan prójimo suyo.
ORACIÓN
Oh Señor, ablanda nuestro corazón duro y acerado, calienta nuestro corazón helado y congelado, para que nos deseemos el bien unos a otros y seamos verdaderos discípulos de Jesucristo. AMÉN.
30 de agosto
VICTORIA SOBRE LA MUERTE
«Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Señor Dios toda lágrima de todos los rostros».— Isaías 25:8.
«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?»— 1 Corintios 15:55.
«Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos».— Apocalipsis 7:17.
EN ESTE maravilloso capítulo, Isaías entona un cántico de esperanza al ver el regreso del pueblo hebreo de la cautividad y la derrota de sus enemigos. El apóstol Pablo retoma este pensamiento en 1 Corintios 15. Muestra que la muerte es la pena del pecado, y que son las exigencias de la ley las que mueven al pecado a la actividad. Pero Cristo ha satisfecho y cumplido las demandas de la ley, y da el poder por el cual podemos obedecerla; por tanto, el poder del pecado está quebrantado, y el aguijón de la muerte ha desaparecido.
El cristiano no necesita temer la muerte. Para él no hay incertidumbre acerca del futuro. No hay temor de lo que pueda venir después de la muerte, porque la condenación de la ley ya ha sido satisfecha y llevada. Podemos increpar a la muerte con estas palabras triunfantes. ¡A la víbora se le han arrancado los colmillos! ¡La cárcel no puede retener a sus presos! Bunyan describe a Satanás exhortando al capitán Sepulcro a que se asegurara de retener a Cristo, pero la orden fue inútil. Ningún cerrojo ni barra, ningún sello ni centinela bastarían.
Observa que hemos de «vestirnos» de incorrupción e inmortalidad (1 Corintios 15:53-54). Es como si el cuerpo nuevo se pusiera sobre el viejo, y al suceder esto, todos los elementos del cuerpo viejo fueran sorbidos y absorbidos. Cuando el Espíritu Santo complete su obra en nuestras almas, no quedará rastro de los viejos harapos en las vestiduras resplandecientes con que seremos vestidos al salir al encuentro de la bienvenida de nuestro Señor. La muerte, para los que creen en Cristo, es ahora solo un regreso al hogar; un dormirse para abrir los ojos en la Ciudad de Dios; un soltar el ancla para dejarse llevar río abajo en la plenitud de la marea. «Y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor».
ORACIÓN
Oh Dios, siempre que tus caminos en la naturaleza o en el alma sean difíciles de entender, que sea grande entonces nuestra serena confianza, nuestra paciente esperanza y nuestra amorosa fe en ti; y que, como hijos que saben que son amados, cuidados, protegidos y guardados, pongamos en todo tiempo, con ánimo sereno, nuestra confianza en el Dios invisible. Así podremos afrontar la vida sin temor y la muerte sin desmayo. AMÉN.
31 de agosto
EL CRECIMIENTO DEL ALMA
«Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido».— Salmos 63:8.
HAY TRES notas en este salmo que señalan las etapas del crecimiento del alma: «Mi alma tiene sed de ti»; «será saciada mi alma»; «está mi alma apegada a ti». Puede que estemos atravesando un desierto de sequía espiritual, la noche oscura del alma, las épocas de aridez y abatimiento que suelen sobrevenir. En algunos casos, como cuando Elías pidió morir, o cuando Juan envió desde la cárcel su pregunta desesperada a Cristo, es el resultado de un agotamiento físico o mental. Pero en tales momentos no vacilemos nunca en seguir hablando de Dios como «Dios mío». Nada puede separarte de su amor eterno. Puede que no tengas la gozosa conciencia de él, pero nunca debes renunciar a tu fe en él. Sigue bendiciéndole mientras vivas, y alza tus manos en oración.
Pero nunca podemos darnos por satisfechos con lo que hemos alcanzado. ¡Dios siempre avanza! Sigámosle de cerca.
ORACIÓN
Viviendo o muriendo, Señor, quiero ser tuyo. Atráeme día tras día más cerca de ti, hasta que esté completamente lleno de tu amor y preparado para contemplarte cara a cara. AMÉN.
Capítulo 8 completado
Agosto