Nuestro andar diario
Junio

Capítulo 6 · 1 h 7 min de lectura · 1 h 26 min de escucha

Junio

1 de junio

ÓRDENES DE MARCHA

«¿No te lo he mandado yo? Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas».— Josué 1:9.

ERA UNA multitud de hombres y mujeres jóvenes la que estaba a orillas del Jordán, esperando la señal para entrar en la Tierra Prometida. Dios había dicho que les daría todo lugar que pisara la planta de su pie (Josué 1:3). ¡Qué estímulo era este para seguir adelante! Cada vez que un israelita adelantaba el pie sobre el territorio de Canaán, comprendía que aquel trozo de tierra pasaría a ser posesión de su pueblo.

Hay una contrapartida de esto en nuestra propia experiencia. Debemos aprender a poner el pie sobre las promesas de la Palabra de Dios y decir: «Estas son mías por derecho, y serán mías en disfrute real». En su diario, el general Gordon nos cuenta que a menudo, antes de llegar a alguna tribu extraña u hostil, le parecía como si ya hubiera sido entregada a su fe y sometida antes de que él llegara. Al combatir a tus enemigos espirituales, atrévete a creer que Dios los ha entregado en tu mano, y avanza con la seguridad de que ninguno de ellos podrá hacerte frente. Esta es una promesa bendita: «Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: yo estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé» (Josué 1:5). No importa cuán feroz sea el tentador, cuántas veces hayas fallado, cuán arraigados estén los malos hábitos: si te atreves a creer que Dios está contigo, ninguno de toda la banda de pecados que te asedian podrá hacerte frente. Dios no puede fallar y no desamparará; ¡esfuérzate y sigue adelante!

Lo único que Dios nos pide a todos es que obedezcamos hasta el fondo.

Estas son nuestras órdenes de marcha, y debemos tenerlas bien presentes:

(1) Debemos meditar en la Escritura de día y de noche; nunca debe apartarse de nuestro corazón ni de nuestra boca.

(2) Debemos ser fuertes aun cuando la obediencia parezca imposible, y cuando todas las influencias se conjuren para debilitar nuestra resolución, debemos atrevernos aún a obedecer la voz de Dios. Y a medida que avancemos, descubriremos que las temidas formas de oposición no son más que sombras; cuando las toque la punta de la lanza de la fe, se apartarán y seguiremos nuestro camino.

ORACIÓN

Antes de emprender nuestra obra y nuestra batalla, dígnate equiparnos con las armas de luz, para que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo. Que te oigamos decir: No temas, yo estoy contigo, yo te ayudaré. AMÉN.

2 de junio

LA VIDA CRISTIANA

«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí». Gálatas 2:20.

EL CORAZÓN de la verdadera religión es creer que Cristo está literalmente dentro de nosotros. No debemos mirarlo solo como nuestro Mediador, Abogado y Ejemplo, sino sabernos poseídos por él. Él es nuestra Vida, la Fuente viva que brota en el pozo de nuestra personalidad. El apóstol Pablo nunca se cansaba de reafirmar este gran hecho de su experiencia, y sería bueno que cada uno de nosotros pudiera decir cada día, antes de salir a su deber diario: «Cristo está en mí; déjame hacerle sitio para que more».

Debemos decir no al yo, para que la vida de Cristo se manifieste en nosotros y por medio de nosotros, y nuestra posición llegue a ser una realidad en la experiencia y la conducta de cada día. Cuando nos lleguen malas sugestiones, debemos recordar que hemos entrado en un mundo donde tales cosas no tienen cabida. Ya no estamos en el dominio del dios de este siglo, sino que hemos pasado al dominio del Cristo resucitado. Que los tentados crean esto y lo afirmen frente al tentador, contando con que el Espíritu Santo convertirá su consideración en una experiencia viva.

En Efesios 6:13-17 se describe la armadura del alma cristiana; en Colosenses 3:12-14, el vestido o ropa que lleva bajo la cota de malla. Debemos tener cuidado de ir debidamente vestidos cada día. Si perdemos los estribos por nimiedades, o cedemos a palabras faltas de caridad, eso muestra que hemos olvidado ceñirnos el cinto del amor; si cedemos al orgullo, la avaricia, la envidia y los celos, no debemos limitarnos a procurar despojarnos de estos males, sino tomar del ropero las gracias opuestas. No basta con evitar el mal. Nuestro Maestro exige que siempre hagamos y seamos lo que es recto. Cuando fallamos ante alguna exigencia repentina, es porque hemos omitido revestirnos de algún rasgo de Cristo que estaba destinado a ser el complemento de nuestra necesidad. Digamos, pues, día tras día: «Señor Jesús, envuélveme en ti mismo, para que pueda salir debidamente vestido para hacer frente a las exigencias de la vida». En Cristo, para nuestra posición; Cristo en nosotros, para la vida; nosotros con él, para estar seguros.

ORACIÓN

Enciende mi corazón con el amor a ti, y entonces hacer tu voluntad y obedecer tus mandamientos no me será penoso. Porque para el que ama nada es difícil, nada es imposible; porque el amor es más fuerte que la muerte. AMÉN.

3 de junio

PASOS ORDENADOS

«Por el Señor son ordenados los pasos del hombre bueno, y él aprueba su camino. Cuando cayere, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano».— Salmos 37:23-24.

ES UN error pensar en los sufrimientos de nuestro Señor como un hecho histórico que vino y pasó, un episodio del gran pasado. Son eso, pero mucho más. Él no nos deja llevar solos y sin ayuda toda la carga de la vida. Lo comparte todo con nosotros ahora: nuestro dolor, nuestras penas, nuestro cansancio. «En toda nuestra angustia él es angustiado, y el ángel de su presencia nos salva». Como lo ha expresado otro: «No de pie frente a mí, retirando una mano que podría ayudarme, sino a mi lado; más aún, “más cerca que el aliento”. En el escondite más íntimo de mis sufrimientos, él sufre también, lleva mis penas y carga con mis dolores como si fueran suyos. Si tan solo aprovechamos su compasión y su ayuda, los que nos observan verán a Uno semejante al Hijo del Hombre caminando a nuestro lado en el horno de fuego».

Dios está ordenando todas las cosas de nuestra vida para lograr los mejores resultados aquí y en el más allá. En el cielo más oscuro hay unos centímetros de azul. ¡Dichosa el alma que los observa, se detiene en ellos y cree que se ensancharán hasta que la oscuridad haya pasado y todo el cielo esté despejado! A menudo olvidamos que lo que parece un desastre es en realidad la semilla de una cosecha gozosa. Si hubiéramos visitado nuestra tierra en una de las grandes eras del pasado, la habríamos encontrado cubierta por una densa masa de vegetación. Pero aquella era no estaba destinada a durar. Una actividad volcánica de la más feroz índole sepultó aquellos árboles poderosos y los arrojó a las oscuras cavernas y sótanos de los abismos abiertos que surcaban el planeta. Tú y yo, de haber estado allí, quizá habríamos exclamado: «¿Para qué este desperdicio?». A nuestra pobre y limitada visión le habría parecido una contradicción del progreso ordenado del plan del Creador. ¡Por qué arrojar a las entrañas de la tierra todo este hermoso crecimiento! Pero de aquel cataclismo, la profusa vegetación, comprimida en el corazón de la tierra, se convirtió en carbón para darnos luz y calor.

Una vez, estando de visita en el campo en casa de un amigo, me llevó a su jardín, me mostró la veleta que había sobre su cochera y me preguntó si podía distinguir la frase que llevaba entretejida. Descubrí que decía: «¡Dios es amor!... Sí», dijo él, «porque he descubierto que todo lo que me llega viene del lado del amor de Dios».

ORACIÓN

Ayúdame a creer, oh Señor, que todas las cosas proceden de ti, y que tienes un plan para mi vida del cual cada incidente pasajero forma parte. AMÉN.

4 de junio

COLABORAR CON DIOS

«Porque nosotros somos colaboradores de Dios».— 1 Corintios 3:9.

EN ESTE capítulo el apóstol describe la Iglesia como un huerto o una viña en la que el Espíritu divino está siempre obrando, supervisando, dirigiendo, inspirando y llamando a colaborar con él a todos sus siervos, sean Pablo, Apolos o Cefas; o como un vasto templo que se levanta a lo largo de los siglos y que necesita obreros que pongan los cimientos, otros que levanten los muros y otros que den los toques finales a la luz de un propósito cumplido. En ambos casos, el diseño, las sucesivas etapas del progreso, la contratación de los obreros, la dirección de sus labores y su recompensa dependen enteramente del Labrador y del Arquitecto. No es obra nuestra, sino suya; no somos responsables de los resultados, sino solo de hacer su voluntad; él nos paga con generosas recompensas, pero ahí termina nuestra responsabilidad. Cuando el Huerto se alce en su belleza madura y dé el abundante fruto del otoño; cuando el Edificio esté terminado y se alce en gloria armoniosa entre las ruinas del tiempo, entonces los que han colaborado se harán a un lado, y «Dios será todo en todos».

En toda la actividad humana existe esta colaboración entre Dios y el hombre. Él llena los sótanos de la tierra de oro o de carbón, y al hombre le toca extraerlo; él llena los setos y los bosques de frutos y flores silvestres, y al hombre le toca cultivarlos; él llena la tierra de hierro, cobre y otros tesoros de valor incalculable, y al hombre le toca convertirlos en toda clase de herramientas útiles. En cada campo de siega, jardín, huerto, industria y aprovechamiento de las leyes naturales para fines de la civilización, existe este esfuerzo conjunto de Dios y del hombre. La energía de Dios obra conforme a leyes que el hombre debe estudiar como la llave que abre las fuerzas que usa para transmitir sus mensajes como un relámpago, guiar el aeroplano o el automóvil, o cruzar velozmente el océano.

En la Iglesia rige la misma ley. Dios ha dado la Palabra, pero ha hecho falta la compañía de los predicadores para proclamarla. Las palabras de la inspiración arden con el fuego de Dios, pero el hombre es llamado a traducirlas a todas las lenguas que hay bajo el cielo. El poder salvador de Cristo espera para sanar y bendecir, pero necesita la colaboración de la mano y la vida humanas como el medio por el cual pasa su virtud. Aquellos a quienes Dios llama a la comunión en el servicio a los demás pueden contar con él para que supla todas sus necesidades (1 Corintios 3:21-23).

ORACIÓN

Padre celestial, muéstrame cómo puedo trabajar contigo, y en qué dirección van tus energías, para que pueda andar y trabajar en comunión contigo. AMÉN.

5 de junio

¡GLORIARSE EN LAS DEBILIDADES!

«Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, para que habite en mí el poder de Cristo».— 2 Corintios 12:9.

EL APÓSTOL parece haber gozado de revelaciones maravillosas de Dios. No una ni dos veces, sino muchas, contempló cosas que ojo no vio y oyó palabras que el oído no puede recibir, y Dios consideró necesario darle un contrapeso para que no se enalteciera desmedidamente (2 Corintios 12:7).

Qué era el aguijón o la estaca en la carne es imposible decirlo con certeza. Quizá padecía alguna penosa forma de oftalmía. Lo deducimos del afán de los convertidos gálatas por darle sus propios ojos (Gálatas 4:13-17) y de su dependencia de un amanuense. Su dolor le hacía muy consciente de su debilidad y muy sensible a la flaqueza, y lo mantenía cerca de la mayoría de aquellos a quienes servía, que no vivían en las alturas de la montaña, sino en los valles, donde los demonios poseen y atormentan a los afligidos. Acepta que tus visiones del Paraíso sean pasajeras, y da la espalda a la cumbre de la montaña, donde brilla la gloria, como lo hizo nuestro Señor, para servir a las almas angustiadas (2 Corintios 12:4; Mateo 17:14-18).

En tres ocasiones distintas el apóstol rogó al Señor que lo librara de su flaqueza, y finalmente recibió la seguridad de que, aunque el aguijón no podía ser quitado, se le daría gracia suficiente para cumplir la obra de su vida, y él quedó más que contento. Por un lado, estaban las bofetadas de este mensajero de Satanás; pero por otro, estaban las ganancias de la mansedumbre, de la humildad y de una gracia mayor de la que habría sido posible si no la hubiera necesitado tan dolorosamente; y aceptó de buena gana una flaqueza que tenía tan abundantes compensaciones.

No te quedes sentado, desconcertado por tus dificultades y flaquezas, sino huye de ellas para reclamar la abundante gracia y fuerza de Cristo, para que al final de la vida hayas hecho todo lo que se te encomendó, y más, porque la magnitud de tu necesidad te hizo apoyarte con más peso en sus recursos infinitos. «Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas».

ORACIÓN

Ayúdanos, oh Señor, a mirar el lado luminoso de las cosas; no la nube oscura, sino tu arco iris de misericordia del pacto; no las aguas tormentosas, sino el rostro de Jesús; no lo que nos has quitado o negado, sino lo que nos has dejado. Haznos capaces de comprender que tú eres todo suficiente. AMÉN.

6 de junio

CÓMO HACER FRENTE AL DESALIENTO

«Lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación nos produce un cada vez más excelente y eterno peso de gloria, al no mirar las cosas que se ven, sino las que no se ven».— 2 Corintios 4:17-18.

OBSERVA LA maravillosa antítesis de este capítulo: luz y tinieblas; vida y muerte; presión, perplejidad, persecución y acoso; pero a su lado, la victoria, la esperanza que no se rinde y el resplandor de la fe cristiana. El desgaste del hombre exterior y la renovación del interior; la tribulación leve y el peso de gloria; el breve momento de la peregrinación terrena frente a la eternidad de la realidad y de la dicha.

Es muy importante que no perdamos la inmensa bendición que está al alcance de toda alma atribulada. Desde luego, es muy posible sentarse ante las dificultades y aflicciones, sin esperanza y desesperados, confesando que estamos abrumados y vencidos; también es posible ser duros y estoicos, soportando la adversidad porque no podemos remediarla ni evitarla; pero el camino cristiano más alto es estar agradecidos de que el vaso de barro se quiebre, con tal de que la antorcha resplandezca; estar contentos de llevar en nuestro cuerpo mortal la muerte de Jesús, con tal de que así su vida se manifieste.

Cuando a través de aguas profundas te llame a pasar, los ríos de dolor no te anegarán; porque yo estaré contigo en la prueba para bendecirte, y santificaré para ti tu más honda aflicción.

ORACIÓN

Fija mi corazón en ti, oh Señor, para que en medio de los cambios y azares de esta vida mortal sea guardado firme y constante, y creciendo siempre en tu obra. AMÉN.

7 de junio

LA MORADA DE DIOS EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE

«Así dice el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y también con el quebrantado y humilde de espíritu».— Isaías 57:15.

ESTE VERSÍCULO se refiere a las dos moradas de Dios: el macrocosmos del gran universo y el microcosmos del corazón humano. Nuestro Dios es tan grande que los cielos de los cielos no lo pueden contener, pero es tan manso y humilde que se inclinará a llenar el corazón de un niño. Nos invita a aprender de él, porque es manso y humilde de corazón.

El corazón humilde y quebrantado. Parece casi demasiado maravilloso para creerlo: ¡que el Eterno quiera venir a vivir con el hijo del tiempo; que el Dios infinito y santo descienda a los estrechos límites de un corazón humano! (véase Juan 14:23).

ORACIÓN

Espíritu de pureza y de gracia,

mira con piedad nuestra flaqueza;

haz de nuestro corazón tu morada,

y más digno de ti. AMÉN.

8 de junio

UN REMEDIO PARA LA ANSIEDAD

«Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará».— Salmos 37:5.

ESTE SALMO, del que está tomado nuestro texto, respira un espíritu de optimismo. El salmista dice: «No te impacientes. El mal es pasajero, los malhechores serán cortados; dentro de poco no existirá el malo». No quitarás los males del mundo con toda tu ansiedad ni con tu ira. No vale la pena perder la paz del alma. Mantén tu corazón en calma, lleno de oración, mirando a Dios para que intervenga y libre.

En este salmo hay excelentes preservativos de la tranquilidad interior del alma cuando se encuentra cara a cara con la ansiedad o con la injusticia prepotente.

Confía en el Señor (Salmos 37:3). Cuenta con él. Espera grandes cosas de tu Guía y Amigo todopoderoso. Él no puede fallarte.

Deléitate en el Señor (Salmos 37:4). Si tu vida se enreda en torno a las cosas terrenas, desde luego quedarás a merced de lo exterior. Familiarízate con la manera de pensar de Dios y con su modo de mirar las cosas. Si esta es la inclinación de tu vida, perderás el gusto por las cosas de la tierra, mientras que tendrás grandes deseos de las cosas de la eternidad, y Dios te dará plena satisfacción en ellas, ¡porque se te dará a sí mismo! Las peticiones del corazón (R.V., margen) son muy sagradas para Dios, y él nunca, nunca las olvida. «Él te concederá las peticiones de tu corazón».

Encomienda al Señor tu camino (Salmos 37:5). El margen sugiere: «Echa tu camino sobre el Señor». No basta con echar sobre Dios la responsabilidad de escoger nuestro camino en las grandes crisis de nuestra vida. Debemos hacerlo en las pequeñas decisiones de cada hora. Nuestra vida está hecha de pequeñeces. Descuidarlas es dejarla ir a la deriva, al azar. Necesitamos mirar continuamente a nuestro Amigo celestial y decir: «No puedo ver más allá del seto; debo dejar en tus manos la decisión de si he de ir por este camino o por aquel».

Descansa en el Señor (Salmos 37:7). «Guarda silencio ante el Señor» (R.V., margen). Hay tanto clamor en el mundo, y a menudo nuestro corazón se llena de su ruido, tanto que no podemos oír su silbo apacible y delicado. Pero cuando todo sonido se haya apagado en el silencio, oiremos la voz de Dios hablándonos de cosas que responderán a nuestras preguntas y acallarán nuestras dudas. Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios, y su paz montará guardia sobre tu corazón contra todo intruso.

ORACIÓN

Dios mío y Padre mío, haz que pueda echar mi camino sobre ti, confiar en ti y creer que, cuando esté contigo a la luz del día perfecto, comprenderé lo que ahora acepto por fe. AMÉN.

9 de junio

PROMESAS QUE ANIMAN

«Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina».— 2 Pedro 1:4.

LA FE preciosa y la promesa preciosa van necesariamente unidas (2 Pedro 1:1-4). Las promesas despiertan la fe, y la fe cuenta con el cumplimiento de la promesa. A veces le preguntan a uno por qué la Palabra de Dios parece fallar, ¡y por qué los justos sí parecen desamparados! Pero sin duda la razón no es que haya fallo alguno por parte de Dios en cumplir sus promesas, sino que la promesa no se reclama. Es posible llevar encima un bolsillo lleno de billetes y cheques y morir de hambre porque no se han cobrado. Cuando hayas hallado una promesa que se ajusta justo a tu necesidad, no te quedes satisfecho hasta haberla presentado delante de Dios y haber reclamado su cumplimiento.

Observa que todo lo que necesitamos para la vida y la piedad ya nos ha sido concedido en Jesús nuestro Señor (2 Pedro 1:3). No tenemos que pedir a nuestro Padre cosas que él no haya previsto, sino reclamar las que ya nos ha dado. El único propósito de lo que Dios ha preparado es que no solo escapemos de la corrupción que hay en el mundo, sino que lleguemos a ser «participantes de su naturaleza divina». ¡Qué promesa tan maravillosa es esta, que casi sobrepasa el pensamiento y la comprensión humanos: que seamos animados y llenos de la misma naturaleza de Dios!

Observa cómo se repite la expresión «estas cosas» en los versículos siguientes. Cuando abundan en nosotros, no podemos estar ociosos ni sin fruto. La octava de cualidades que allí se enumera nos recuerda esas cajas chinas, cada una de las cuales contiene otra más pequeña, hasta que finalmente llegamos a algún objeto precioso guardado en la más interior. La fe abarca todo lo demás: valor varonil, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, bondad y, sobre todo, amor. Carecer de «estas cosas» es tener la vista corta (R.V.).

El apóstol dice que el alma que ha incorporado en sí estas cualidades de carácter será bien recibida en el Reino eterno. Entrará en el puerto regiamente, con todas las velas desplegadas y el gallardete al viento, y recibirá una entrada triunfal con cánticos de las multitudes ansiosas que esperan su llegada (2 Pedro 1:11). Seamos diligentes en apropiarnos de las grandes y preciosas promesas de Dios, para que nunca caigamos.

ORACIÓN

Concédenos, oh Señor, te lo suplicamos, buscar siempre tu reino y tu justicia; y de todo aquello que veas que necesitamos, concédenos con misericordia una porción abundante; por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.

10 de junio

EL CUIDADO PROVIDENTE DE DIOS

«No procuréis qué habéis de comer, o qué habéis de beber, ni estéis en ansiosa perplejidad. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas».— Lucas 12:29-31.

CUANDO NUESTRO Señor pronunció estas palabras, los campos de Palestina estaban alfombrados de flores silvestres, y el aire estaba impregnado de su fragancia; salpicaban los pastos, se agrupaban en los setos y se escondían en los claros del bosque. Su vida era tan despreocupada como la de los pájaros que volaban por encima. «No trabajan ni hilan». Algunas plantas, como las exóticas de los invernaderos y viveros, exigen un cuidado y un gasto extremados en su cultivo, en la provisión de calor y en la pericia experimentada del horticultor. Pero nuestro Señor no aludía a estas, sino a las flores de la hierba, que crecen en plena naturaleza salvaje o en los jardines de los pobres, y para él eran muy hermosas.

Este crecimiento prodigioso nos enseña que Dios ama las cosas hermosas y emplea pensamiento y destreza en producirlas. Podría haber hecho el mundo sin una margarita, y la vida humana sin la belleza de la niñez. Pero puesto que vistió de belleza las flores efímeras del campo, los insectos efímeros de un día de verano, las conchas de las diminutas criaturas que van formando la sólida estructura de las rocas, sin duda esta prodigalidad, esta profusión, esta fecunda sobreabundancia creadora ha de significar que él no puede ni quiere negar ningún bien a los que confían en él.

¡Por supuesto que debemos cumplir nuestra parte! No hemos de ser descuidados ni imprevisores; ciertamente debemos sembrar y segar, trabajar e hilar; pero cuando lo hayamos hecho todo, debemos descansar en nuestro Padre celestial, a quien le place dar, creyendo que en vano madrugamos, y nos acostamos tarde, y comemos pan de dolores, porque nuestro Dios nos dará todo lo que necesitamos, aun mientras dormimos. Él no permitirá que sus hijos confiados mueran de hambre, ni que queden sin techo, sin vestido y sin calzado. «No temáis, manada pequeña», dice la voz consoladora del Buen Pastor, «porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino».

ORACIÓN

Señor misericordioso, concédeme a mí, tu pobre y necesitada criatura, sentir al menos alguna vez, aunque sea una pequeña porción, tu amor entrañable y afectuoso; para que mi fe se fortalezca, mi esperanza en tu bondad aumente, y el amor, una vez encendido en mí, nunca se apague. AMÉN.

11 de junio

LA VIDA Y LA MUERTE

«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia».— Filipenses 1:21.

¡QUÉ CERCA están la vida y la muerte! En este versículo solo hay una coma entre ellas, y cada uno de nosotros está donde está esa coma, entre la vida y la muerte. La vida es el vestíbulo de la muerte, y la muerte le pisa los talones a la vida. La sístole y la diástole; el latido y el golpe del pulso; ¡el vaivén del péndulo hacia un lado o hacia el otro!

San Pablo está enamorado de los gozos de la vida. Era un trabajador y un viajero, y vivía entre la multitud atareada que lo empujaba por las calles. El filósofo, al pasar con sus rollos de saber, decía: «Para mí el vivir es el conocimiento»; el soldado, al pasar, miraba con desprecio al hombre de letras y decía: «Para mí el vivir es la fama»; el mercader, al pasar, decía con orgullo: «Para mí el vivir son las riquezas»; las masas trabajadoras pasaban diciendo: «Para nosotros el vivir es trabajo y fatiga». En medio de todos ellos, el apóstol interviene sin bajar la voz y dice gozoso: «Para mí el vivir no es la riqueza, ni el trabajo, ni la fama, ni la gloria, sino Cristo». Si le hubieras preguntado qué quería decir exactamente, probablemente habría respondido, como lo destaca Tyndale en su traducción, que «Cristo era el origen de su vida».

Si queremos llegar a ser participantes de la naturaleza divina, también nosotros debemos tener una experiencia así de definida. Podemos remontar nuestra vida natural hasta nuestros padres, y nuestra vida espiritual debe comenzar en la hora en que, en la primera infancia o más tarde, somos hechos participantes de la naturaleza del Salvador resucitado (Juan 1:12-13; 2 Pedro 1:4).

Cristo debe ser el modelo de nuestra vida. Todo hombre trabaja según un modelo. Consciente o inconscientemente, siempre estamos imitando a alguien, y todo verdadero seguidor de Cristo procura acercarse a la medida de la estatura de nuestro Señor: «Mirando, somos transformados en la misma imagen, de gloria en gloria».

Cristo debe ser la meta de la vida. Que su voluntad se haga en la tierra como en el cielo; que otros lo conozcan, lo amen y lo sirvan como nosotros; que él sea el Rey coronado de los hombres: ese debe ser nuestro propósito y nuestra meta. Las cosas externas no tienen poder sobre el que puede decir: «Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí»; entonces podemos triunfar sobre la misma muerte y decir: «El morir es ganancia».

ORACIÓN

Las cumbres de la vida de Cristo que quisiéramos vivir nos llaman, pero a menudo nos parecen demasiado empinadas y altas para alcanzarlas; mas tú lo sabes y tienes una compasión infinita por tus hijos. Cumple en nosotros el beneplácito de tu voluntad, y haz realidad en nosotros los ideales que nos has enseñado a amar. AMÉN.

12 de junio

DECIDIRSE POR CRISTO

«Cualquiera que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo».— Lucas 14:27.

OBSERVA LA triple repetición de estas solemnes palabras: no puede ser mi discípulo (Lucas 14:26, Lucas 14:27, Lucas 14:33). Hay un sentido en el que el camino de la salvación es fácil. Una sola mirada de fe a Cristo, y recibimos la vida eterna y él nos asegura que jamás pereceremos; pero esa fe debe llevar en su corazón el germen del discipulado: la tenacidad, la determinación, el propósito indomable de aprender todo lo que el Maestro tiene que enseñar. No solo somos salvados del pecado, sino salvados para aprender, redimidos para ser enseñados. La enseñanza es gratuita, pero hay ciertas cosas a las que debemos estar dispuestos a renunciar si queremos ser inscritos en su escuela. El discípulo debe presentar una mente imparcial y desembarazada a la gracia de Dios, que viene a disciplinarnos, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.

¿Qué cosas debemos cultivar para el discipulado?

Un amor supremo (Lucas 14:26). Nuestro Señor no nos pide que aborrezcamos de verdad a los que están unidos a nosotros por lazos naturales, sino que le demos a él tanto amor que, comparado con todo lo demás, sea como la luz del sol frente a la de las estrellas; que por amor a él estemos dispuestos a obrar como quien aborrece todos los demás amores cuando se oponen a la obediencia. Primero somos convertidos de lo natural a lo espiritual, y luego de lo espiritual otra vez a lo natural.

La negación del yo (Lucas 14:27). No se trata simplemente de cortar este o aquel placer, sino de poner la cruz de Cristo entre nosotros y la satisfacción de nuestra propia voluntad. Debemos estar dispuestos a seguir al Cordero, aunque el viejo Abraham clame con dolor amargo.

La renuncia (Lucas 14:33). Debemos estar dispuestos a estimar todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, nuestro Señor. En realidad, Jesús nos devuelve todo lo que es bueno y hermoso para que lo usemos para él, pero tiene que haber un soltar decidido de las cosas, y el depositarlo todo en sus manos traspasadas. Renunciando a ser dueños, debemos estar dispuestos a obrar como sus limosneros y administradores. Esto es lo que da sabor a la vida, haciéndola chispeante y resistente a la corrupción.

ORACIÓN

Acéptanos, ahora que te rendimos todo nuestro ser con todo lo que poseemos. Nuestro único deseo es ser total, únicamente y siempre para ti. AMÉN.

13 de junio

GANANCIA Y PÉRDIDA

«He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús: No hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna».— Marcos 10:28-30.

LOS PRINCIPIOS de este mundo y los de nuestro Señor son muy distintos. El mundo está empeñado en acaparar todo lo que pueda acumular, en engrandecerse a sí mismo, en amontonar fortunas, en subir lenta o rápidamente la escalera de la fama y en reunir multitud de amigos. ¡Ocuparse del «número uno» es la forma más rápida de expresar este principio de vida! Pero es insatisfactorio y decepcionante. El alma que es el centro de su propia circunferencia está condenada a descubrir que hay más pérdidas que premios, más amargura que éxito, más horas oscuras que luminosas.

Por otro lado, el principio de vida de Cristo es dar, confiar, ¡bendecir! Su medida ha de ser siempre apretada y rebosante. La capa debe seguir a la túnica; la segunda milla debe añadirse con gusto a la primera. Estar dispuesto a entregarlo todo por amor a los demás es la exigencia ordinaria del Rey a los que lo reconocen como su Señor.

En todas las épocas ha habido miles que han aceptado con gozo esta regla de vida. Pedro y los demás apóstoles fueron los primeros de una multitud que nadie puede contar, que lo han dejado todo para seguir a Jesús. Él no tenía dónde recostar su cabeza, y ellos han carecido de hogar, errantes por el mundo, sin morada fija; él era pobre, y ellos han ido entre sus semejantes diciendo: «No tenemos plata ni oro, pero lo que tenemos, eso damos». Pero ¡qué grande ha sido su recompensa! Antes de que podamos comprender lo que Cristo está dispuesto a hacer por nosotros, no solo tiene que haber un asirse, sino también un soltar. Debemos salir de la barca y retirar de ella la mano. Hasta es bueno, como san Pablo, necesitarlo todo, puesto que por la fe llegamos a poseerlo todo. Lee la maravillosa serie de paradojas que él expresa en 2 Corintios 4:1 y siguientes.

El Señor promete la vida eterna como corona de todo. Cuando nos arrodillamos ante la cruz y vemos a Jesús como nuestro propio Salvador, tenemos vida eterna, pero no podemos comprender todo lo que implica hasta que lo mortal sea absorbido por la vida.

ORACIÓN

Tú nos has llamado a servir y a testificar, a ir entre los hombres como fue nuestro Salvador, llevando en nuestras manos el bálsamo de Galaad. Que no seamos rebeldes a esta visión celestial. AMÉN.

14 de junio

EL HOMBRE DE UN SOLO TALENTO

«Y llegó también el que había recibido un talento». Mateo 25:24.

LOS HOMBRES de cinco talentos son los genios del mundo, que triunfan en todo lo que tocan. Los hombres de dos talentos, por una parte, no están expuestos a las tentaciones del genio, pero tampoco se hallan del todo en el mínimo. Pero ¿por qué hizo tan mal uso de su don el hombre que tenía un solo talento? ¡Sin duda este es un rasgo muy fiel a la vida! Las personas de un solo talento pueden hacer tan poco que no hacen nada. Se sienten aplastadas y debilitadas por la conciencia de su propia insignificancia e inferioridad. Muchos comienzan la vida con propósitos altos y puros, pero pronto encuentran sus oportunidades tan escasas, su influencia tan limitada, su capacidad tan exigua, que después de unos pocos esfuerzos se rinden desesperados.

Pero el mundo nunca será salvado ni ayudado a menos que las personas de un solo talento, que son la gran mayoría, puedan ser despertadas al sentido de su responsabilidad. Cinco hombres pueden poner toda la energía de su hombría detrás de sus talentos individuales, mientras que el único hombre de cinco talentos solo tiene la fuerza impulsora de uno. Probablemente a los ojos de Dios es algo más grande usar fielmente un talento que muchos. Nadie se fija en el hombre con su humilde talento. No hay estallido de alabanzas ni de aplausos. Es una prueba mayor de la calidad del alma seguir haciendo bien una cosa pequeña que poder pasar con brillante versatilidad de un talento a otro. La monotonía de la vida pesa duramente sobre los que solo tienen una cuerda en su arco, una melodía que tocar, una tarea que realizar en la gran fábrica donde el trabajo está cuidadosamente dividido.

Pero lo único que nuestro Señor exige de cada uno de nosotros es que seamos fieles: fieles en lo muy poco. Nos observa a cada uno con gran interés mientras vivimos nuestra vida diaria, porque sabe, como nosotros no podemos comprenderlo, cuánto depende nuestra posición en el otro mundo de nuestra fidelidad en este. Es por nuestro bien por lo que tanto desea que hagamos buen uso de nuestro único talento.

¿Tienes solo un talento? ¿Estás haciendo algo con él? Recuerda que es el peso de una onza el que puede inclinar la balanza donde se equilibran quintales; es el pequeño remolcador el que puede mover el gran transatlántico. Sé tú fiel en lo muy poco, y recibirás el «Bien hecho» de tu Señor.

ORACIÓN

Oh Señor, al final de cada día, que podamos presentarnos delante de ti para oír tu veredicto, y cuando todo el trabajo y la fatiga de nuestra vida hayan terminado, que te oigamos decir: «¡Bien, buen siervo y fiel! Sobre poco has sido fiel; entra en el gozo de tu Señor» AMÉN.

15 de junio

JESÚS, MEDIADOR DE UN NUEVO PACTO

«Él es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Fiel es el que prometió».— Hebreos 8:6; Hebreos 10:23.

ESTE ES llamado el Pacto mejor. No hay «si» condicionales; no hay mandatos de «cuidarás de hacer»; no hay condiciones de obediencia que cumplir. De principio a fin consiste en los «Yo haré» del Altísimo.

Pondré mis leyes en la mente de ellos: se refiere a la facultad intelectual, que piensa, recuerda y razona.

Y sobre su corazón las escribiré: el asiento de la vida emocional y de los afectos. Lo que un hombre ama, casi con seguridad lo seguirá y lo obedecerá. «Un poco más abajo», dijo el veterano moribundo mientras le buscaban la bala, «y encontraréis al Emperador». Así sucede con el cristiano que ha sido admitido en el pacto con Dios: la ley está inscrita en los afectos más profundos de su ser. Obedece porque ama.

Y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo. Esta última cláusula es aún mejor que la primera, porque implica el poder guardador de Dios. Si hemos de ser un pueblo de su posesión particular, eso solo puede resultar de la obra de su Espíritu lleno de gracia, que nos guarda, como el sol impide que los planetas se conviertan en estrellas errantes.

Todos me conocerán. ¡Oh, maravilla de maravillas! ¿Será posible? ¡Conocer a Dios! Conocerlo como lo conoció Abraham, a quien contaba sus secretos; como Moisés, que hablaba con él cara a cara; o como el apóstol Juan cuando lo contempló en las visiones del Apocalipsis. ¡Y que este privilegio esté al alcance del más pequeño!

Seré propicio a sus injusticias, y de sus pecados no me acordaré más. Así como se olvida una cuenta cuando se borra de la pizarra, así será borrado el pecado de la memoria de Dios. Será olvidado como una deuda pagada hace años.

¿Preguntas cómo puede Dios llamar pacto a esto, en lo que no hay una segunda parte contratante? La respuesta es fácil: Jesucristo se ha puesto en nuestro lugar, y no solo ha negociado este pacto, sino que ha cumplido en nuestro nombre y a nuestro favor todas las condiciones que eran necesarias y justas. Se ha hecho nuestro Garante y Fiador, de modo que Dios puede entrar con nosotros en estos términos tan generosos, si nos identificamos con él por una fe viva. Este es el nuevo y mejor pacto.

ORACIÓN

¡Padre santo! Reclamo de ti el cumplimiento de la promesa de tu pacto: que escribas tu ley en mi corazón y no te acuerdes más de mis pecados e iniquidades. Que te oiga decir: «Tu fe te ha salvado; ¡vete, y no peques más!». AMÉN.

16 de junio

¿ABATIDO? ¿POR QUÉ?

«Dios mío, mi alma está abatida en mí».— Salmos 42:6.

¡EL LAMENTO del alma, y su causa! Muchos han llegado a esta condición: Jacob dijo: «contra mí son todas estas cosas»; Job se quejó de que Dios se había negado a escuchar su oración y le había cercado el camino; Elías pidió morir; Juan el Bautista tuvo sus dudas; aun nuestro Señor mismo exclamó: «Dios mío, ¿por qué me has desamparado?».

Puede deberse a la debilidad física. Nuestra naturaleza es como un arpa finamente afinada, y fácilmente puede enredarse y desafinar. Cuando estamos bien de salud y el gusto por la vida es fuerte en nosotros, el alma canta canciones sin palabras y el corazón se solea en el amor de Dios conscientemente experimentado; pero cuando la lámpara de la vida arde baja, el gozo del Señor y el sentido de su amor tienden a menguar.

Puede deberse al temperamento. Algunos parecen nacidos en la oscuridad y llevan consigo durante toda la vida una predisposición a la melancolía. Su naturaleza está afinada en tono menor. Contemplan las nubes amenazadoras más que los retazos de azul. Tomás tenía un temperamento así, ¡y sin embargo nuestro Señor lo llamó a ser apóstol! La rectitud de corazón suele mostrarse en la alegría de corazón; pero hay quienes lloran en Sion, ¡y son más propensos a las lágrimas que a las sonrisas! El valle de sombra forma parte del camino real hacia la Ciudad Santa; y las almas llamadas a recorrerlo aún pueden hallar que el valle de Baca es un lugar de fuentes.

Ahora, en cuanto al remedio. ¡Da gran importancia a tu posición en Cristo! Nuestros sentimientos son tan inconstantes como el sol de abril. Pero nuestra posición en Jesús es inalterable. John Bunyan solía decir que tenía dos clases de dinero: el que estaba depositado en el banco y el que llevaba en el bolsillo. El primero era, en general, permanente, mientras que el otro cambiaba siempre. Así, decía, ocurría entre él y el Salvador. Sus sentimientos, como las monedas sueltas de su bolsillo, cambiaban siempre, pero su capital estaba depositado con seguridad bajo la firme custodia de Cristo.

Deja la introspección y vive en el avance de Cristo por el mundo. Él siempre sale a nuevas conquistas, y no debemos quedarnos como holgazanes, tomándonos el pulso. ¿Por qué te abates, oh alma mía? ¿Acaso no puedes ocupar tu lugar en su ejército siempre victorioso? ¡La señorita Débil-de-Ánimo y el señor Presto-a-Cojear, al cuidado de Gran-Corazón, cruzarán el río cantando!

ORACIÓN

Dios lleno de gracia, concédeme contemplar el arco iris de la esperanza sobre los oscuros nubarrones de tormenta que se ciernen sobre mi vida; que descanse confiado en ese pacto, ordenado en todas las cosas y seguro, que fue sellado con la preciosa sangre de Cristo. AMÉN.

17 de junio

VALOR EN LAS TORMENTAS DE LA VIDA

«Esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo”. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho».— Hechos 27:23-25.

DIJO UN niño a su madre: «¿Cómo es el miedo? Nunca lo he visto».

Pablo podría haber dicho otro tanto, porque su vida estaba escondida con Cristo en Dios. Había aprendido a distinguir la voz de Cristo. Algunos no pueden hacerlo, porque requiere el oído ejercitado y la voluntad obediente. Pero a lo largo de toda su carrera cristiana el apóstol parece haber recibido consuelo y fuerza de revelaciones especiales. A través de la tenebrosa oscuridad de la tormenta, el ángel ministrador de Cristo voló hasta su hamaca y, de pie a su lado, le dijo que tuviera buen ánimo. Y no hay tormenta que azote nuestra vida que no traiga también a los ángeles de Dios en nuestra ayuda, aunque no veamos sus formas ni oigamos su voz. La única condición para recibir la ayuda de los ángeles es que pertenezcamos a su Señor. Debemos poder decir: «De quien soy y a quien sirvo».

La oración de fe. En Hechos 27:24, la versión R.V. traduce «concedido». Significa que Pablo había pedido y que Dios había concedido su oración y le había dado lo que pedía. ¡Qué promesa es esta! Se cuenta de la señorita Havergal que fue a hospedarse con una familia en la que ninguno era decididamente de Cristo. La primera noche de su estancia escribió su conocido himno: «Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor». Y durante su breve estancia bajo aquel techo ganó para su Señor a toda la familia. Así también podemos reclamar que todos los que navegan con nosotros en la nave de nuestra vida lleguen a ser hijos de Dios.

El valor de la fe es compatible con el sentido común. Aunque Pablo tenía la seguridad de Dios, sentía que debía hacer lo que pudiera, como si todo dependiera de su sagacidad. La fe no debe llevarnos a obrar con presunción ni con insensatez. Una calma y una quietud santas reinan en el corazón de aquel cuyo pensamiento persevera en Dios.

Es probable que encontremos muchas tormentas en nuestra vida antes de echar el ancla en el Buen Puerto de la eternidad, pero en el corazón de todo ciclón hay un punto de reposo; y en la tormenta más feroz que barra nuestro mundo, podemos escondernos en el abrigo del Altísimo y cantar Salmos 46:1-11.

ORACIÓN

De día y de noche, en la vida y en la muerte, que te sea siempre fiel, oh Amante de mi alma, mi Amigo incesante, mi Salvador inmutable. ¡En tus manos encomiendo mi espíritu! AMÉN.

18 de junio

LA SALVACIÓN Y EL CONSUELO DE DIOS

«He aquí Dios es mi salvación; confiaré, y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es el Señor Dios».— Isaías 12:2.

ESTE EXQUISITO salmo de esperanza parece preparado para el día en que judíos y gentiles, reunidos en una sola Iglesia, estarán en las orillas de la eternidad con palmas de victoria. ¡Aquí está el cántico de Moisés y del Cordero!

La salvación estaba asociada de modo particular con la fiesta de los Tabernáculos, que era figura de aquella consumación del propósito de Dios que tendrá lugar cuando su tabernáculo esté con los hombres y él more con ellos (Apocalipsis 21:3). No temas: Dios está con nosotros como fortaleza, y canción, y salvación. Él comparte nuestra marcha por el desierto; estamos resguardados bajo la sombra de su tienda; se nos permite contar con él como nuestro Socio y Compañero. Observa el énfasis en la palabra mi. El santo más débil puede reclamar de Dios todo lo que necesita; y él admite la súplica, diciendo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas» (Lucas 15:31).

Provisión inagotable: «las fuentes de la salvación» (Isaías 12:3). En el último día de la fiesta de los Tabernáculos, los sacerdotes sacaban agua en un cántaro de oro del estanque de Siloé y la derramaban en el templo, mientras el coro cantaba este versículo en memoria del agua de la roca que siguió a Israel en su marcha por el desierto. Cada atributo de Dios, cada medio de gracia, cada ministerio de ayuda y de amor, cada promesa de la Escritura es un pozo, y la fe es nuestro cántaro (Juan 7:37).

Pero tenemos que sacar el agua. La fe es el cubo que bajamos a la plenitud de la provisión divina. No es simplemente la creencia general de que Dios oye y responde la oración, sino la creencia específica y concreta de que Dios ha respondido o responderá tu oración por alguna gracia especial que necesitas, y de que es tuya. Creed que lo habéis recibido. ¡Saca agua del pozo!

«Tú me consuelas» (Isaías 12:1). No hay consolador como Dios. «Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros». Se le describe expresamente como «el Dios de toda consolación». ¿No es pedir demasiado que tú te inclines desde tu alto cielo para consolarme a mí, cuyo corazón está cargado de pena y cuyos ojos están enrojecidos por el llanto? Él enjuga las lágrimas de todos los ojos y restaña los mismos manantiales del dolor. «Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría». ¡Aún te alabaré!

ORACIÓN

Haznos conocer, oh Dios, las riquezas de la gloria de tu herencia y la supereminente grandeza de tu poder para con los que creen. Quisiéramos vivir de tal manera que una dulce música suba hasta ti. AMÉN.

19 de junio

UN REFUGIO CONTRA LA TEMPESTAD

«Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión... como sombra de gran peñasco en tierra calurosa».— Isaías 32:2.

SE NOS recuerda que esta profecía fue pronunciada en un tiempo de gran inquietud. Las nubes de la guerra se amontonaban oscuras en el horizonte, e Israel buscaba ayuda en el brazo de carne. En esta emergencia se oyó la voz del profeta que decía: «No miréis a Egipto, sino a Dios» (Isaías 31:1). El reino depende del rey: «He aquí que en justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio». Cuando toda la política y el comercio, la vida social y la doméstica estén bajo el dominio y la dirección de Jesucristo, vendrá el reino de Dios, y la voluntad de Dios se hará en la tierra como en el cielo. El Señor Jesús tiene facetas suficientes para satisfacer todas las variadas necesidades de su pueblo. Unos necesitan un refugio contra la tempestad; otros, arroyos de aguas para apagar su sed; otros, la sombra de un gran peñasco en tierra calurosa. Pero él lo es todo y basta para todo. Cuando un hombre o una mujer se somete al dominio de Cristo, los ojos y los oídos son purificados, ya no hay vacilación de una confesión balbuceante, el juicio se endereza y el corazón se abre a una nueva generosidad. Primero la justicia, luego la paz: tal es el orden eterno del cielo.

¡Este es un capítulo maravilloso! Observa las palabras de advertencia a las mujeres de Jerusalén. Después de todo, la vida religiosa y política de una nación es en gran medida lo que las mujeres hacen de ella, y nunca podrá haber una profundización generalizada de la vida religiosa a menos que las mujeres, que tienen tan gran capacidad para Dios, se vuelvan a él en arrepentimiento y fe.

¿Son semejantes nuestras circunstancias? ¡Sin duda lo son! Porque si en los días de Salomón era cierto que todas las cosas estaban llenas de trabajo y de fatiga, ¡cuánto más cierto lo es en nuestro tiempo! Las mareas de la vida humana están altas y tormentosas, y no hay sensación de seguridad. ¡Bien podemos alegar que necesitamos los lugares de reposo tranquilos y las moradas seguras en que nuestras almas puedan refugiarse! La promesa se hace a «mi pueblo», a los que han oído y obedecido la voz del Buen Pastor. Si eres uno de los más débiles y humildes de ellos, puedes encontrar consuelo aquí (Isaías 32:18).

ORACIÓN

Llévanos, oh Señor, a través de las aguas turbulentas de la vida a un puerto de reposo. Escóndenos en lo secreto de tu tabernáculo, a cubierto de la contienda de lenguas y de los dardos de fuego del maligno. Que estemos en paz contigo, con nosotros mismos y con todos. AMÉN.

20 de junio

LA ROCA DE LOS SIGLOS

«Confiad en el Señor perpetuamente, porque en el Señor Dios está la roca de los siglos».— Isaías 26:4 (R.V.).

EL AMOR de Dios, como una roca hendida, es el refugio secular de su pueblo, y se alza por encima de las aguas tumultuosas del tiempo. El rayo que brotó de los nubarrones del Calvario la ha partido. Se abrió en ella una hendidura por la lanza que traspasó el corazón de nuestro Señor, y a esto siguieron, al retirarse de la herida abierta, sangre y agua. ¡Pero allí pueden esconderse las almas pecadoras! Dios había dicho a Moisés: «He aquí un lugar junto a mí, y sucederá que te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano mientras paso, porque no podrás ver mi rostro y vivir». Así nos habla a todos, y promete que el agua y la sangre serán la doble cura contra la ira y el poder del pecado.

Es gratuito. El pecador no necesita procurar el refugio de esa Roca de los siglos con el trabajo de sus manos ni cumpliendo las exigencias de la ley. No se le exige que arda con un celo que no conoce descanso, ni que derrame lágrimas que se niegan a ser restañadas. Estar indefenso y desamparado, estar en peligro de condenación, estar contrito y humillado: esto es todo lo que se requiere. No tener otro Mediador, ni otro Refugio, ni otro Ayudador, y alzar los ojos de la fe al Salvador: esa es la única condición para ser alzado por manos invisibles a la hendidura de esa Roca.

Contiene todo lo que el alma necesita. ¿Está el alma desnuda? Hay vestido para ella. ¿Está indefensa? Hay gracia para ella. ¿Está ennegrecida por el pecado? Hay limpieza para ella. ¿Está enferma? Hay sanidad para ella. Toplady, el calvinista, y Wesley, el arminiano, están de acuerdo en esto: «Tú, oh Cristo, eres todo lo que quiero; más que todo en ti encuentro».

Es para siempre. ¡Es la Roca de los siglos! El tiempo puede batir contra ella, pero no puede alterarla ni dañarla. Mientras se respira este aliento fugaz, cuando los ojos se cierran en la muerte, cuando se entra en mundos desconocidos, cuando se pone el trono del juicio, siempre y para siempre el alma puede refugiarse en la Roca hendida del Redentor inmutable; y la paz, como una doble ventana, detiene la alarma antes de que alcance el corazón cuyo pensamiento persevera en Dios y que en él confía.

ORACIÓN

¡Roca de los siglos, hendida por mí, déjame esconderme en ti! Que el agua y la sangre que brotaron de tu costado abierto sean del pecado doble cura: sálvame de su culpa y de su poder. AMÉN.

21 de junio

LA ORACIÓN QUE ALCANZA

«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá».— Lucas 11:9.

HAY MUCHAS condiciones de la verdadera oración. Por ejemplo, debe ser ferviente. Hay momentos en que sabemos que estamos en la línea de los propósitos de Dios, y entonces podemos atrevernos a ser importunos. La oración debe ofrecerse en el nombre de Cristo, es decir, debe estar en armonía con la naturaleza de Cristo, que estaba consagrada a la gloria de Dios y a la bendición de los hombres. Ese nombre eliminará el ingrediente de egoísmo que estropea cualquier oración, la ofrezca quien la ofrezca. La oración debe basarse también en alguna promesa de Dios, que se le presenta como se presenta un cheque o un pagaré en un banco.

Todos estos no son sino peldaños hacia la fe que alcanza, porque, después de todo, no es la oración sino la fe la que alcanza las promesas. Por eso nuestro Señor insiste tanto en recibir. Gran parte de nuestras oraciones fracasan porque olvidamos que él dijo: «Todo aquel que pide, recibe»; y también: «Todo lo que pidiereis orando, creed que lo habéis recibido, y os vendrá» (Marcos 11:24).

En la medida en que se puede describir el proceso, parece ser algo así. El alma se arrodilla con reverencia delante de Dios, glorificándolo y alabándolo por su grandeza y su bondad. Es consciente de necesitar algún don muy especial que está prometido. En el nombre de Cristo presenta la petición con la confianza de un niño. Con fervor de deseo y de palabra expone las razones por las que el don buscado es tan necesario. Pero no deja la oración en este punto para marcharse con incertidumbre acerca de cuál será el resultado. Por un acto del espíritu, el suplicante parece recibir de modo definido el don espiritual, o incluso el temporal; y comprende que lo ha recibido, que la gracia especial le ha sido impartida, para ser descubierta y usada bajo la presión de la necesidad; que el don temporal también ha sido recibido, aunque quizá se retenga hasta el momento preciso en que pueda ser entregado, de modo muy parecido a como un regalo puede comprarse mucho antes del momento de ponerlo en manos de su destinatario (1 Samuel 1:15, 1 Samuel 1:18, 1 Samuel 1:27).

Esto es lo que Cristo quería decir con «recibir», y tiene un efecto poderoso en la oración, porque la hace mucho más definida. Conduce a la alabanza, porque podemos dar gracias a Dios por su don. Debes tomar además de orar.

ORACIÓN

Nos regocijamos de que nuestro Salvador vive siempre para interceder como nuestro Sumo Sacerdote y Mediador. A través del velo rasgado, que nuestras oraciones suban hasta ti mezcladas con la fragancia de los méritos de aquel en quien siempre tienes complacencia. AMÉN.

22 de junio

LA ORACIÓN CONTESTADA

«Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho».— Juan 15:7.

NUESTRO SEÑOR esperaba respuestas a sus oraciones, y en toda su enseñanza nos lleva a sentir que podremos obtener por medio de la oración lo que de otro modo no llegaría a nuestras manos. Él sabía todo lo que se puede saber de la ley natural; pero, a pesar de su perfecto conocimiento de los misterios del gobierno de su Padre, dijo: «Si pidiereis algo al Padre, él os lo dará en mi nombre».

Cuando consideramos la vida de algunos que han obrado poderosamente para Dios, está claro que aprendieron un secreto que a muchos de nosotros se nos escapa. Esto es de la biografía del Dr. Burns Thomson: «Cuando estábamos mucho juntos como estudiantes», escribe su amigo, «nos pusimos de acuerdo en peticiones especiales, y el Señor nos animó dándonos respuestas tan tempranas y tan definidas que solo podían haber venido de él, de modo que no quedó lugar para la sombra de una duda de que Dios era el que oye y responde la oración. Una vez la respuesta llegó el mismo día, y otra vez mientras todavía estábamos hablando. Mi amigo hablaba a menudo de nuestro acuerdo, para gloria de aquel que cumplió con nosotros su promesa; y yo lo menciono para animar a otros». Esta no es más que una hoja de la gran biblioteca de oraciones, intercesiones y súplicas que están registradas delante de Dios.

La oración que ha de prevalecer debe ser: para la gloria del Padre. Toda petición que ofrezcamos debe probarse con este pensamiento: ¿será para la gloria de Dios? Para esto vive e intercede nuestro Salvador (Juan 14:13).

Debe ser en el nombre de Cristo, que representa su naturaleza. En otras palabras, cuando oramos no debe ser como lo indica nuestra naturaleza del yo, sino como lo indica la naturaleza de Cristo. No basta con mencionar su nombre al final de nuestra oración: su Espíritu debe impregnar cada petición.

Debemos llevar fruto (Juan 15:16). Las respuestas a la oración dependen en gran parte de nuestro ministerio a los demás. Si vivimos para el cumplimiento del propósito de Dios y la venida de su reino, podemos pedir todo lo que sea necesario para lograr nuestro empeño.

Debemos permanecer en Cristo; entonces la savia del Espíritu Santo, que sube de la raíz escondida, producirá deseos y peticiones semejantes a los que Cristo presenta siempre a su Padre (Juan 15:7).

ORACIÓN

Delante de ti está todo nuestro deseo; perfecciona, pues, lo que has comenzado, y lo que tu Espíritu nos ha despertado a pedir en oración. Buscamos tu rostro; muéstranos tu gloria. AMÉN.

23 de junio

EL PODER DE LAS COSAS PEQUEÑAS

«De cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, nada os será imposible».— Mateo 17:20.

EL GRANO de mostaza es la más pequeña de las semillas, pero Jesús dice que es un emblema adecuado del reino de Dios y de los modestos comienzos de la era cristiana. El número y la posición social de los discípulos eran insignificantes en extremo. Y el primer germen de verdad sembrado en el corazón de un hombre, una mujer o un niño es a veces igualmente insignificante. Puede ser solo una frase, un texto, un comentario de paso que da como resultado una cosecha poderosa (Marcos 4:30-32).

¿Qué es lo que permite a esta diminuta semilla un crecimiento tan prodigioso? Está en su capacidad de recibir, pues acoge en su naturaleza las poderosas fuerzas que dormitan en el suelo, el efecto de los rayos del sol, de la humedad y del aire. Mientras se mantenga abierta una pequeña abertura, no hay límite para la fertilidad y la utilidad de la planta. Puede que no seas más que un niño, y que tu vida parezca débil e ineficaz, pero si abres tu corazón a Dios por la fe, él derramará en ti su poderosa plenitud, y la diminuta semilla se convertirá en un gran árbol de fortaleza y utilidad, de gracia y de belleza.

No menospreciemos el día de las pequeñeces. La fe puede ser como un grano de mostaza, pero a medida que se usa, crecerá. Tu esfuerzo por hacer el bien puede parecer tan insignificante que apenas se echaría de menos si se interrumpiera, y sin embargo de él puede surgir alguna obra poderosa que lleve ayuda y consuelo a miles. ¡Cuántos orfanatos, escuelas y obras filantrópicas han debido su origen a los comienzos más ínfimos! Un niño desamparado, cuidado y atendido por amor a Cristo, ha llevado a otro, hasta que finalmente miles de pequeños han recibido un buen comienzo en la vida. ¿Qué podría haber más insignificante que los comienzos del mensaje del evangelio en muchos países paganos? No te desanimes. Como Gedeón, quizá no seas más que un pan de cebada, pero por la fe puedes derribar las tiendas de Madián. Como el muchacho, quizá solo puedas poner cinco panecillos y dos pececillos en las manos de Jesús, pero él los bendecirá y hará que basten para alimentar a la multitud. Una piedra puede derribar a Goliat al polvo; una flecha puede atravesar la armadura del guerrero cubierto de malla. Tened fe en Dios. ¡Cuenta con la fidelidad de Dios para contigo!

ORACIÓN

Señor, auméntanos la fe. Danos una fe de niño para recibir lo que tú ofreces, y desde este momento venga sobre nosotros, por medio del Espíritu Santo, un nuevo sentido de la presencia y del poder de Dios. AMÉN.

24 de junio

EL FUNDAMENTO DE LA PAZ

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo».— Romanos 5:1.

«Habiendo hecho la paz mediante la sangre de su cruz».— Colosenses 1:20.

EL FUNDAMENTO de la redención y de la paz fue puesto en el Calvario, cuando nuestro Señor murió por los pecados del mundo. En Levítico 17:11 aprendemos que «la vida, o el alma, de la carne está en la sangre» (R.V., margen); de lo cual deducimos que el derramamiento de la sangre de Cristo fue el derramamiento de su alma como sacrificio por el pecado.

Se puede preguntar: concedido que la sangre de Cristo representa su alma, que fue derramada por los hombres pecadores, ¿cómo constituyó este maravilloso acto de sacrificio de sí mismo un fundamento para la paz? La respuesta completa a esa pregunta es imposible con nuestro limitado conocimiento actual. Es una de las cosas secretas que pertenecen al Señor nuestro Dios, ocultas ahora para nosotros, que serán reveladas cuando hayamos llegado a la madurez.

Pero nunca supongas que el derramamiento de la sangre de Cristo fue necesario para hacer que Dios nos amara, para aplacar su ira o arrancar de su mano reacia un decreto de redención. «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo». El Padre no nos ama porque Jesús murió, sino que Jesús fue a la cruz a causa del amor de Dios por nosotros, que nos escogió para ser coherederos con su Hijo.

Pero hay una condición que cumplir. El acceso a la paz está abierto solo a los que creen. Somos justificados por la fe; tenemos paz por medio de creer. El apóstol dice que «por medio de nuestro Señor Jesucristo hemos recibido ahora la expiación» (Colosenses 1:11). La redención está cumplida; solo tenemos que recibirla. La expiación que trae la paz está hecha; solo nos toca tomarla. «Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro». Al recibir la vida eterna y el Espíritu Santo con corazones abiertos y agradecidos, confiando por la fe en la seguridad divina, entramos en la gran herencia de la paz, y los dones de Dios en la gracia y en la naturaleza llegan a ser nuestros.

ORACIÓN

Oh Señor misericordiosísimo, concédeme, por encima de todo lo que se puede desear, descansar en ti, y tener en ti mi corazón en paz. Tú eres la verdadera paz del corazón, tú su único descanso; fuera de ti todas las cosas son duras e inquietas. En esta misma paz que hay en ti, el único Dios eterno, dormiré y descansaré. AMÉN.

25 de junio

LA RECEPTIVIDAD DE LA FE

«Lleguémonos con corazón verdadero, en plena certidumbre de fe».— Hebreos 10:22.

«Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones».— Efesios 3:17.

LA FE ES nuestra facultad de apropiación. ¡Lo lamentable es que seamos tan lentos para servirnos de los recursos de nuestro Señor! Él no se impone a nosotros. Aunque trae consigo oro refinado en el fuego para que seamos enriquecidos, y vestiduras blancas para vestirnos, y colirio para nuestra ceguera; y aunque sabe con cuánta urgencia necesitamos estas cosas, no nos las impondrá. Más bien, está a la puerta y llama, como llama a la puerta un mercader ambulante que tiene mercancías que vender, y nosotros necesitamos abrir la puerta y recibir los dones que se nos ofrecen, sin dinero y sin precio (Apocalipsis 3:18-20; Isaías 55:1-2).

La fe es nuestra recepción de lo espiritual para suplir la falta de lo físico. Es un girar contra lo eterno para cubrir las deficiencias de nuestra peregrinación terrena. Probablemente, cuando miremos atrás a nuestra vida presente, descubriremos que nuestras deficiencias fueron permitidas, e incluso asignadas, para que nos viéramos impulsados a servirnos de la plenitud del Señor Jesús (Juan 1:16; Efesios 3:19). Se nos permitió vagar bajo el calor sofocante para que lo conociéramos como sombra de gran peñasco en tierra calurosa; fuimos expuestos a vientos salvajes y tormentas para que buscáramos en él refugios y puertos que de otro modo no habríamos hallado.

Se ha observado con razón que los estados de rebeldía de Job surgían cuando pensaba que Dios estaba lejos, pero que todo cambió cuando comprendió que Dios sufría con él. Recuerda que no estás separado de Dios por un profundo abismo. Él conoce tus penas. En toda tu angustia él es angustiado. No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades. Cuando Jesús vio llorar a las hermanas, no solo las socorrió, sino que entró en su aflicción y lloró con ellas.

¿Estás cansado bajo cargas que te aplastan? ¿Te ha tocado vivir con los que aborrecen la paz? ¿Está tu corazón oprimido por la soledad? Cuenta con Jesús. No enfrentes solo tus dificultades, sino hazles frente en la comunión de tu Salvador. Ten fe, es decir, cuenta con Dios. Deja que Cristo el Señor more en tu corazón, y él se hará responsable de todo, a medida que cuentes con él para todo.

ORACIÓN

Oh Señor, abro mi ser, y puesto que mi capacidad es pequeña, te ruego que por el amor y la fe, por la paciencia y el sufrimiento, ensanches mi corazón, para que sea lleno de toda la plenitud de Dios. AMÉN.

26 de junio

CRISTIANISMO PRÁCTICO

«Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta».— Santiago 2:26.

SANTIAGO ES descrito como «el hermano del Señor» en Gálatas 1:19. Tenía el sobrenombre de «el Justo», y era muy respetado, aun fuera de los límites de la Iglesia cristiana, por su vida santa. Mientras que san Pablo trata especialmente de la doctrina, Santiago se ocupa de la práctica; Pablo expone el maravilloso significado de la muerte y resurrección de Cristo; Santiago expone la enseñanza de nuestro Señor, especialmente en el Sermón del Monte. Pablo insiste en la fe como medio de justificación delante de Dios; Santiago hace hincapié en las obras a las que la fe debe conducir.

Parece probable que Santiago hubiera visto las epístolas de Pablo, pues usa muchas de las mismas expresiones y ejemplos, y probablemente se propuso combatir a los que abusaban de la enseñanza del gran apóstol. En su tiempo había muchos que creían cosas acerca de Cristo y se enorgullecían de la ortodoxia y exactitud de su credo; y Santiago sostiene que esto no basta para salvar el alma.

En cuanto a ortodoxia, ningún credo puede ser más absolutamente ortodoxo que el que sostienen los espíritus malignos. Repetidas veces, durante la vida de nuestro Señor, reconocieron que él era el Santo de Dios, pero su creencia no tuvo efecto alguno en su carácter; solo los llenaba de miedo y de terror (Santiago 2:19).

«La fe sin obras está muerta». Es bueno examinarnos a nosotros mismos. Debemos procurar que nuestro corazón sea puro y nuestro camino absolutamente transparente. En nuestro trato con los que nos rodean, debemos procurar siempre hacer realidad nuestros más altos conceptos del amor y del deber. Aun cuando nuestros esfuerzos de buena voluntad y de afecto no sean correspondidos, nunca debemos rebajar el alto nivel de nuestra conducta, sino tener siempre presente la imagen de la vida de nuestro Salvador en el hogar de Nazaret. Sé implacable contigo mismo, pero siempre misericordioso con los demás, llevando siempre las cargas de los que te rodean, acomodando siempre tu paso al de los débiles y cansados, como hacía Gran-Corazón con los peregrinos. Aun Rahab fue justificada por una fe que se tradujo en una acción hermosa y desinteresada (Santiago 2:25; Hebreos 11:31). Recuerda las palabras de nuestro Señor en Mateo 7:20-21.

ORACIÓN

Ayúdanos, te lo suplicamos, oh Señor, a añadir a nuestra fe el afecto fraternal, y perdona la palabra poco amable o el gesto impaciente; la acción dura y egoísta, el no haber prestado una ayuda bondadosa cuando tuvimos la ocasión. Haznos capaces de vivir de tal manera que cada día hagamos algo para reducir la marea del dolor y la necesidad humanos, y para añadir a la suma de la felicidad humana. AMÉN.

27 de junio

EL GRAN PASTOR

«Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad».— Hebreos 13:20-21.

ES MUY consolador que nuestro Padre celestial sea «el Dios de paz». Es el Dios del céfiro suave, del resplandor del atardecer, del cuidado solícito de la madre; y podemos confiar en que con su benignidad y su paciencia nos engrandecerá. Las cañas cascadas no son pisoteadas bajo sus pies, y el pábilo que humea es avivado hasta convertirse en llama. No tengas miedo de Dios: ¡él es el Dios de paz!

Resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran pastor de las ovejas. Cuando nuestro Señor descendió al valle de la muerte, entregó su espíritu en las manos del Padre. Sabía que la senda de la vida se abriría ante él. Sabía que la bienvenida del Padre lo esperaba. ¡Y Dios no le falló! Por muy bajo que descendiera, cuando bajó al Hades, los brazos eternos estuvieron siempre debajo de él; y a él lo levantó Dios, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

¿Y hará Dios menos por el rebaño? Hay muchas ovejas que han sido dispersadas en el día del nublado y de la oscuridad. ¿Será recuperada cada oveja y cada cordero, y conducida a los delicados pastos y junto a las aguas de reposo del Paraíso? ¡Sí, todos y cada uno! El gran Pastor no quedaría satisfecho si faltara uno solo de los que el Padre le ha dado (Juan 10:28-29). Recuerda su propia parábola del pastor que dejó las noventa y nueve para recuperar la que se había perdido. Si has venido a él por tu voluntad y elección, estás incluido en el don del Padre.

Estamos seguros en la posición que su gracia nos ha dado. Está asegurada no solo por la promesa de Dios, sino sellada con la sangre de la cruz. Ese es el significado de las palabras: «el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno». Observa la palabra eterno, que nos lleva al pasado sin tiempo, cuando se hizo este pacto. Por tanto, podemos creer humildemente que nuestros nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8; Apocalipsis 21:27). ¡Pero somos salvados para salvar a otros! Así es como hacemos firme nuestra vocación y elección (2 Pedro 1:10).

ORACIÓN

Te damos gracias, oh bendito Maestro, no solo porque nos has limpiado de nuestros pecados, sino porque has entrado en el pacto eterno, y lo has ratificado con tu preciosa sangre, que nos ha hecho tuyos para siempre. AMÉN.

28 de junio

UNA CARTA AUTÓGRAFA

«Es manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo».— 2 Corintios 3:3.

LA VIDA del apóstol Pablo se vio agobiada por la incesante oposición de sus enemigos y críticos, que sembraban discordia en las iglesias que él había fundado en Europa. Entre otros lugares, visitaron Corinto y le desafiaron a presentar cartas de recomendación de los dirigentes de la Iglesia. Con justa indignación exclama: «¿Por qué habría de llevar cartas, cuando mis convertidos, que el Señor me ha dado, circulan por todas partes con la firma de Cristo que lo atestigua?». Sin duda ellos son garantía y prueba suficiente de que he sido comisionado y enviado por el Señor mismo.

San Pablo expresó una descripción verdadera y llamativa del discípulo cristiano. Es una carta autógrafa cuyo Autor y Escritor es el Señor mismo: «carta de Cristo». La tinta es «el Espíritu del Dios vivo». La pluma es el maestro o predicador del evangelio: «expedida por nosotros». El material es el corazón y la vida: «no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón».

Deberíamos ser cristianos en letra grande, de modo que no fuera necesario pasar mucho tiempo en nuestra compañía, ni mirarnos con anteojos, para descubrir nuestro verdadero discipulado. El mensaje de nuestra vida debería parecerse a los grandes anuncios de las vallas de la calle, que pueden leer todos los que pasan. El mérito de una buena carta es decir lo que el autor quiere decir con la mayor claridad y concisión posibles. A veces tenemos que atravesar páginas largas y fatigosas antes de llegar a lo esencial de lo que quiere decir nuestro corresponsal. Procuremos que el mensaje de nuestra vida sea claro, conciso e inconfundible.

Hemos de ser plumas en la mano de Cristo: nuestra suficiencia es de Dios, el cual nos hizo ministros. La pluma de Milton no tenía más que entregarse sin reservas a la mano de la hija o del amanuense a quien el maestro ciego dictaba sus palabras inmortales. Y los mensajes que hemos de inscribir en el corazón y la vida de los hombres no se originan en nosotros, sino en Cristo. Si otros son usados más que nosotros, es porque son más útiles para su servicio (2 Timoteo 2:15-21).

ORACIÓN

Vive en nosotros, bendito Señor, por tu Espíritu Santo, para que nuestras vidas sean epístolas vivas de ayuda y de bienaventuranza. Que el nombre del Señor Jesús sea glorificado en nosotros. AMÉN.

29 de junio

CÁNTICOS DE ALABANZA

«Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Bendito el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo».— Lucas 1:46-47, Lucas 1:68.

ESTOS DOS cánticos han llegado flotando a través de los siglos, conmoviendo los corazones humanos con el éxtasis de su triunfo. No a todos se les concede expresar su júbilo con palabras tan elocuentes y musicales, pero todos pueden llegar a estar tan saturados de las palabras de la Escritura como lo estaba María, y todos pueden triunfar en Jesucristo con tanta alegría como Zacarías, y proclamar su alabanza como lo hicieron estas dos almas santas.

Lo más maravilloso para todos nosotros es que Dios mira nuestra bajeza. Cuanto mayor es su bendición, más indignos de ella nos sentimos. No hay otra razón por la que se haya inclinado a nuestra pequeñez y oscuridad sino que así lo quiso. Hace grandes cosas por los más débiles y misericordias por los más indignos, por amor de su nombre: «Santo es su nombre». En otras palabras, no hay otra explicación del despliegue del poder y del amor de Dios que su propio carácter glorioso.

Los poderosos son derribados de sus tronos porque se han vuelto orgullosos y tiránicos, mientras que los de baja condición son exaltados por Dios, porque en la oscuridad han sido educados en la virtud, que no puede sino elevarse al nivel de su peso específico. A los ricos se les despide a menudo vacíos, porque no tienen gusto ni deseo de las verdaderas riquezas, las únicas que pueden satisfacer. Sea el hambre de amor, o del poder de hacer el bien, o de los mejores dones que el Espíritu de Dios puede otorgar, todo el que cumple las condiciones de la humildad y la fe es «colmado de bienes». «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados».

El niñito, conocido después como Juan el Bautista, probablemente estaba en brazos de su padre cuando este prorrumpió en este glorioso cántico. Procuremos aprovechar toda oportunidad de dar a conocer la maravillosa salvación de Dios y de señalar a los hombres la única fuente del perdón. Nada alienta tanto la fe como la proclamación de lo que Dios está dispuesto a hacer por los que confían en él; y cuando los hombres empiecen a comprender que hay en Cristo tesoros que enriquecerán su pobreza y disiparán su desesperanza, ¡se dejarán guiar por caminos de paz aun por un niño pequeño!

ORACIÓN

Te damos gracias, oh Dios, por la vida, la luz y el amor; por la luz de tu misericordia que brilla sobre nuestro camino y nos revela tu amor infinito, sin principio ni fin. Que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en nosotros. AMÉN.

30 de junio

EL AMOR TRIUNFA SOBRE LA MUERTE

«No temas. Yo soy el que vivo, y estuve muerto; y he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén; y tengo las llaves del infierno y de la muerte».— Apocalipsis 1:18.

NO ERA posible, dijo san Pedro, que nuestro Señor fuese retenido por la muerte (Hechos 2:24). Convenía que el Cristo padeciese; pero todas las aguas amargas del sufrimiento no pudieron apagar su amor. Él fue la propiciación por los pecados de todo el mundo. Por tanto, todo hombre, aun los que lo traspasaron, está incluido en su gran amor.

Cristo murió no solo para quitar el pecado por el sacrificio de sí mismo, sino para despojar a la muerte de sus terrores y privarla de su aguijón. Por la muerte, nuestro Señor Jesús destruyó al diablo y su poder; el príncipe de este mundo ha sido juzgado y echado fuera de la sede del poder (Hebreos 2:14-15; Juan 12:31; Juan 16:11).

No tengamos miedo del misterio de la muerte. Cristo nos ha mostrado que es la puerta de entrada a otra vida. Hay el mismo espíritu, pero un ambiente diferente. Es un estado de existencia en el que se oyen las mismas voces y persiste la misma comunión humana. Durante los cuarenta días que Jesús permaneció en nuestra tierra después de su resurrección, resolvió muchos de los problemas de la vida después de la muerte e iluminó su misterio. Morir es estar con él y ser recibido en la gran compañía de los espíritus que aman (2 Pedro 1:11).

No temamos la soledad de la muerte. El alma que atraviesa el valle oscuro percibe a Otro a su lado: «Tú estarás conmigo». La muerte no puede separarnos, ni por un momento, del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Jesús murió solo; se sintió desamparado; pero ninguno de nosotros tiene que pasar por esa terrible experiencia, porque él ha dicho: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo».

No necesitamos temer lo que viene después de la muerte. La maldición y el castigo del pecado han sido quitados para siempre. «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó». Lo que otros llaman muerte no lo tememos más que al sueño. Nuestros cuerpos se acuestan agotados por nuestra larga jornada de trabajo, para despertar con la energía fresca de la Mañana eterna, mientras nuestro espíritu es presentado ante la presencia de su gloria, irreprensible y con gran alegría (Judas 1:24).

ORACIÓN

Oh Dios, que confiemos en ti de tal manera este día que, cuando el día termine, nuestra confianza sea más firme que nunca. Y luego, cuando llegue nuestro último día y nuestra obra esté hecha, que confiemos en ti en la muerte y para siempre, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor. AMÉN

Capítulo 6 completado

Junio

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