Sobre la encarnación
El Verbo visitó la tierra en la que siempre estaba presente

Capítulo 8 · 3 min de lectura · 3 min de escucha

El Verbo visitó la tierra en la que siempre estaba presente

§8. El Verbo, pues, visitó aquella tierra en la que, sin embargo, estaba siempre presente; y vio todos estos males. Toma un cuerpo de nuestra naturaleza, y eso de una Virgen sin mancha, en cuyo seno lo hace suyo, para revelarse en él, vencer a la muerte y restaurar la vida.

Con este fin, pues, el Verbo de Dios, incorpóreo, incorruptible e inmaterial, viene a nuestra región, aunque antes no estaba lejos de nosotros. Porque ninguna parte de la creación ha quedado vacía de él: lo ha llenado todo en todas partes, permaneciendo presente junto a su propio Padre. Pero viene con condescendencia para mostrarnos su amor y para visitarnos. 2. Y viendo que el linaje de las criaturas racionales iba camino de perecer, y que la muerte reinaba sobre ellas por la corrupción; viendo también que la amenaza contra la transgresión daba firme asidero a la corrupción que pesaba sobre nosotros, y que sería monstruoso que la ley quedara sin efecto antes de cumplirse; viendo además lo indecoroso de lo que había sucedido: que las cosas de las que él mismo era Artífice estaban desapareciendo; viendo también la extrema maldad de los hombres, y cómo poco a poco la habían aumentado contra sí mismos hasta un grado intolerable; y viendo, por último, que todos los hombres estaban bajo pena de muerte, se compadeció de nuestro linaje, tuvo misericordia de nuestra debilidad, condescendió con nuestra corrupción y, no pudiendo soportar que la muerte tuviera el dominio —para que la criatura no pereciera y la obra de su Padre en los hombres no se perdiera en vano—, toma para sí un cuerpo, y un cuerpo no distinto del nuestro. 3. Porque no quiso simplemente encarnarse, ni quiso meramente aparecer. Pues si hubiera querido solo aparecer, podría haber realizado su divina aparición también por algún otro medio más elevado. Pero toma un cuerpo de nuestra especie, y no solo eso, sino de una virgen sin mancha y sin mácula, que no conocía varón, un cuerpo limpio y verdaderamente puro de todo trato con hombres. Porque, siendo él mismo poderoso y Artífice de todo, prepara en la Virgen el cuerpo como templo para sí, y lo hace verdaderamente suyo como instrumento, manifestándose en él y habitando en él. 4. Y así, tomando de nuestros cuerpos uno de igual naturaleza, puesto que todos estaban bajo pena de la corrupción de la muerte, lo entregó a la muerte en lugar de todos y lo ofreció al Padre, haciendo esto además por su amor, a fin de que, en primer lugar, considerándose que todos habían muerto en él, quedara abolida la ley que implicaba la ruina de los hombres (por cuanto su poder se agotó por completo en el cuerpo del Señor, y ya no tenía asidero contra los hombres, sus semejantes); y, en segundo lugar, a fin de que, habiéndose vuelto los hombres hacia la corrupción, él los volviera de nuevo hacia la incorrupción y los vivificara de la muerte mediante la apropiación de su cuerpo y por la gracia de la resurrección, ahuyentando de ellos la muerte como paja del fuego.

Capítulo 8 completado

El Verbo visitó la tierra en la que siempre estaba presente

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