Sobre la encarnación
La muerte de Cristo avergüenza a los sofistas

Capítulo 50 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

La muerte de Cristo avergüenza a los sofistas

§50. La impotencia y las rivalidades de los sofistas, avergonzadas por la muerte de Cristo. Su resurrección no tiene paralelo ni siquiera en la leyenda griega.

Muchos antes de este Hombre han sido reyes y tiranos del mundo; muchos constan en la historia como sabios y magos entre los caldeos, los egipcios y los indios; ¿cuál de ellos, digo, no después de muerto, sino estando todavía en vida, pudo jamás prevalecer hasta el punto de llenar toda la tierra con su enseñanza y apartar de la superstición de los ídolos a una multitud tan grande como la que nuestro Salvador ha traído de los ídolos a sí mismo? 2. Los filósofos de los griegos han compuesto muchas obras con verosimilitud y destreza verbal; ¿qué resultado, pues, han mostrado tan grande como el de la cruz de Cristo? Porque las sutilezas que enseñaban fueron bastante plausibles mientras vivieron; pero aun la influencia que parecían tener en vida estaba sujeta a sus mutuas rivalidades; y se envidiaban unos a otros y declamaban unos contra otros. 3. Pero el Verbo de Dios, hecho asombrosísimo, enseñando con un lenguaje más humilde, ha eclipsado a los sofistas más selectos; y mientras, atrayendo a todos a sí mismo, ha reducido a nada sus escuelas, ha llenado sus propias iglesias; y lo maravilloso es que, descendiendo como hombre a la muerte, ha reducido a nada las sonoras palabras de los sabios acerca de los ídolos. 4. Porque ¿la muerte de quién expulsó jamás a los demonios? ¿O a la muerte de quién temieron jamás los demonios como temieron la de Cristo? Porque donde se nombra el nombre del Salvador, allí es expulsado todo demonio. ¿O quién ha librado de tal modo a los hombres de las pasiones del hombre natural, que los fornicarios son castos, y los homicidas ya no empuñan la espada, y los que antes estaban dominados por la cobardía se portan con valentía? 5. Y, en suma, ¿quién persuadió a los hombres de países bárbaros y a los paganos de diversos lugares a dejar su locura y a ocuparse de la paz, sino la fe de Cristo y la señal de la cruz? ¿O quién más ha dado a los hombres tal certeza de la inmortalidad como la cruz de Cristo y la resurrección de su cuerpo? 6. Porque, aunque los griegos han contado toda clase de fábulas falsas, no fueron capaces de fingir una resurrección de sus ídolos, pues nunca se les pasó por la mente si es en absoluto posible que el cuerpo vuelva a existir después de la muerte. Y aquí uno aceptaría muy especialmente su testimonio, ya que con esta opinión han dejado al descubierto la debilidad de su propia idolatría, a la vez que dejaban abierta esa posibilidad a Cristo, para que también por esto fuera dado a conocer entre todos como Hijo de Dios.

Capítulo 50 completado

La muerte de Cristo avergüenza a los sofistas

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