Capítulo 37 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
Salmo 22
§37. Salmo 22:16, etc. Majestad de su nacimiento y de su muerte. Confusión de los oráculos y de los demonios en Egipto.
¿O quién, entre los que registra la Escritura, fue traspasado en las manos y en los pies, o siquiera colgado de un madero, y sacrificado en una cruz para la salvación de todos? Porque Abraham murió terminando su vida en un lecho; Isaac y Jacob murieron también con los pies recogidos sobre un lecho; Moisés y Aarón murieron en el monte; David, en su casa, sin ser objeto de conspiración alguna por parte del pueblo; es verdad que fue perseguido por Saúl, pero fue preservado ileso. Isaías fue aserrado por la mitad, pero no colgado de un madero. Jeremías fue tratado ignominiosamente, pero no murió bajo condena; Ezequiel sufrió, mas no por el pueblo, sino para indicar lo que había de venir sobre el pueblo. 2. Además, estos, aun cuando sufrieron, eran hombres semejantes a todos en su naturaleza común; pero aquel de quien la Escritura declara que sufre en favor de todos es llamado no meramente hombre, sino la Vida de todos, aunque de hecho era semejante a los hombres en naturaleza. Porque «veréis», dice, «vuestra Vida colgada delante de vuestros ojos»; y: «su generación, ¿quién la contará?». Porque de todos los santos puede averiguarse la genealogía, y contarse desde el principio, y de quién nació cada uno; pero la generación de aquel que es la Vida, las Escrituras la presentan como algo que no puede contarse. 3. ¿Quién es, pues, aquel de quien las divinas Escrituras dicen esto? ¿O quién es tan grande que aun los profetas predicen de él cosas tan grandes? Ningún otro, en verdad, se halla en las Escrituras sino el Salvador común de todos, el Verbo de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Porque él es quien procedió de una virgen y apareció como hombre en la tierra, y cuya generación según la carne no puede contarse. Porque no hay nadie que pueda nombrar a su padre según la carne, ya que su cuerpo no procedía de un varón, sino de una virgen sola; 4. de modo que nadie puede contar la generación corporal del Salvador a partir de un varón, del mismo modo que se puede trazar una genealogía de David, de Moisés y de todos los patriarcas. Porque él es quien hizo también que la estrella señalara el nacimiento de su cuerpo; ya que era conveniente que el Verbo, al descender del cielo, tuviera también desde el cielo su astro, y era conveniente que el Rey de la creación, al salir a la luz, fuera reconocido abiertamente por toda la creación. 5. En efecto, nació en Judea, y hombres de Persia vinieron a adorarlo. Él es quien, aun antes de su aparición en el cuerpo, obtuvo la victoria sobre sus adversarios los demonios y el triunfo sobre la idolatría. Todos los paganos, al menos, de toda región, abjurando de su tradición heredada y de la impiedad de los ídolos, ponen ahora su esperanza en Cristo y se alistan bajo él, cosa que puedes ver con tus propios ojos. 6. Porque en ningún otro tiempo ha cesado la impiedad de los egipcios, sino cuando el Señor de todos, montado como sobre una nube, descendió allí en el cuerpo, abolió el engaño de los ídolos y atrajo a todos a sí mismo, y por medio de sí mismo al Padre. 7. Él es quien fue crucificado teniendo por testigos al sol y a toda la creación, y a los que le dieron muerte; y por su muerte ha llegado la salvación a todos, y toda la creación ha sido rescatada. Él es la Vida de todos, y él es quien, como oveja, entregó su cuerpo a la muerte como sustituto, para la salvación de todos, aunque los judíos no lo crean.
Capítulo 37 completado
Salmo 22