Sobre la encarnación
¿Por qué no sustrajo su cuerpo a los judíos?

Capítulo 22 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

¿Por qué no sustrajo su cuerpo a los judíos?

§22. Pero ¿por qué no sustrajo su cuerpo a los judíos, para guardar así su inmortalidad? (1) Le convenía no infligirse la muerte a sí mismo, y sin embargo no rehuirla. (2) Vino a recibir la muerte como lo debido por otros; por tanto, debía llegarle desde fuera. (3) Su muerte tenía que ser cierta, para garantizar la verdad de su resurrección. Además, no podía morir de enfermedad, no fuera que se burlaran de él por sanar a otros.

Pero mejor habría sido —podría decir alguno— esconderse de las maquinaciones de los judíos, para guardar su cuerpo enteramente de la muerte. Sépase, pues, quien tal diga, que también esto era impropio del Señor. Porque así como no era conveniente que el Verbo de Dios, siendo la Vida, infligiera él mismo la muerte a su propio cuerpo, tampoco era adecuado huir de la muerte que otros le ofrecían, sino más bien perseguirla hasta destruirla; por esta razón, naturalmente, ni depuso su cuerpo por propia iniciativa, ni tampoco huyó de los judíos cuando tomaron consejo contra él. 2. Pero esto no mostraba debilidad de parte del Verbo, sino, al contrario, lo mostraba Salvador y Vida, en cuanto que esperó la muerte para destruirla y se apresuró a consumar la muerte que se le ofrecía para la salvación de todos. 3. Y, además, el Salvador vino a consumar no su propia muerte, sino la muerte de los hombres; por eso no depuso su cuerpo por una muerte propia —pues él era la Vida y no la tenía—, sino que recibió la muerte que venía de los hombres, a fin de abolirla perfectamente cuando lo alcanzara en su propio cuerpo. 4. Además, también por lo siguiente podría verse cuán razonable era que el cuerpo del Señor tuviera este fin. El Señor se preocupaba especialmente por la resurrección del cuerpo que se disponía a realizar. Porque lo que había de hacer era manifestarlo como trofeo de la victoria sobre la muerte, y asegurar a todos que él había borrado la corrupción y que desde entonces sus cuerpos serían incorruptibles; como prenda de lo cual, y prueba de la resurrección reservada para todos, ha conservado incorrupto su propio cuerpo. 5. Si, pues, una vez más, su cuerpo hubiera enfermado, y el Verbo se hubiera separado de él a la vista de todos, habría sido indecoroso que aquel que sanaba las enfermedades de otros dejara que su propio instrumento se consumiera en la enfermedad. Porque ¿cómo se habría creído que expulsaba las enfermedades de otros, si su propio templo enfermaba en él? Pues, o bien se habrían burlado de él como incapaz de ahuyentar las enfermedades, o bien, si podía y no lo hacía, se le habría tenido por insensible también hacia los demás.

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