Capítulo 18 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
Cómo obra el Verbo en sus acciones humanas
§18. Cómo el Verbo y Poder de Dios obra en sus acciones humanas: expulsando demonios, por los milagros, por su nacimiento de la Virgen.
Por consiguiente, cuando los escritores inspirados hablan de él en esta materia como comiendo y naciendo, entiende que el cuerpo, en cuanto cuerpo, nació y fue sustentado con el alimento correspondiente a su naturaleza, mientras que Dios, el Verbo mismo, que estaba unido al cuerpo, a la vez que ordenaba todas las cosas, mostraba también por las obras que hacía en el cuerpo que él no era hombre, sino Dios Verbo. Pero estas cosas se dicen de él porque el cuerpo mismo que comió, nació y padeció no pertenecía a ningún otro sino al Señor; y porque, habiéndose hecho hombre, era conveniente que estas cosas se predicaran de él como hombre, para mostrar que tenía un cuerpo en verdad y no en apariencia. 2. Pero así como por estas cosas se conocía que estaba presente corporalmente, así por las obras que hacía en el cuerpo se daba a conocer como Hijo de Dios. Por eso clamó también a los judíos incrédulos: «Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque a mí no me creáis, creed a mis obras, para que conozcáis y entendáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». 3. Porque así como, siendo invisible, se le conoce por las obras de la creación, así, habiéndose hecho hombre y estando invisible en el cuerpo, puede conocerse por sus obras que quien puede hacerlas no es hombre, sino el Poder y el Verbo de Dios. 4. Porque el que él diera órdenes a los espíritus malignos, y que estos fueran expulsados, no es obra de hombre, sino de Dios. ¿O quién, viéndolo sanar las enfermedades a que está sujeto el género humano, puede seguir pensando que es hombre y no Dios? Porque limpió a los leprosos, hizo andar a los cojos, abrió el oído de los sordos, hizo ver de nuevo a los ciegos y, en una palabra, ahuyentó de los hombres todas las enfermedades y dolencias; por estos hechos era posible, aun para el observador más común, ver su divinidad. Porque ¿quién, viéndolo devolver lo que faltaba a hombres nacidos con carencias, y abrir los ojos del hombre ciego de nacimiento, habría dejado de percibir que la naturaleza de los hombres le estaba sujeta, y que él era su Artífice y Hacedor? Porque aquel que devolvió lo que el hombre no tenía desde su nacimiento debe ser, es ciertamente evidente, el Señor también del nacimiento natural de los hombres. 5. Por eso, ya desde el principio, cuando descendía a nosotros, se formó su cuerpo de una Virgen, para ofrecer así a todos una prueba no pequeña de su divinidad, puesto que quien formó este es también Hacedor de todo lo demás. Porque ¿quién, viendo un cuerpo que procede de una Virgen sola, sin varón, puede dejar de inferir que quien aparece en él es Hacedor y Señor también de los demás cuerpos? 6. ¿O quién, viendo la sustancia del agua cambiada y transformada en vino, deja de percibir que quien hizo esto es Señor y Creador de la sustancia de todas las aguas? Porque con este fin anduvo también sobre el mar como su Dueño, y caminó como sobre tierra firme, para dar a quienes lo veían prueba de su señorío sobre todas las cosas. Y al alimentar a tan inmensa multitud con poco, y producir por sí mismo abundancia donde no la había, de modo que con cinco panes se saciaron cinco mil y aún sobró tanto, ¿se mostró acaso como otro que el mismo Señor cuya providencia está sobre todas las cosas?
Capítulo 18 completado
Cómo obra el Verbo en sus acciones humanas