Sobre la encarnación
La encarnación no limitó la ubicuidad del Verbo

Capítulo 17 · 3 min de lectura · 4 min de escucha

La encarnación no limitó la ubicuidad del Verbo

§17. Cómo la encarnación no limitó la ubicuidad del Verbo ni disminuyó su pureza. (Símil del sol.)

Porque no estaba, como podría imaginarse, circunscrito en el cuerpo, ni, mientras estaba presente en el cuerpo, estaba ausente en otra parte; ni, mientras movía el cuerpo, quedaba el universo vacío de su acción y de su providencia; sino que, cosa maravillosísima, siendo como era el Verbo, lejos de estar contenido por cosa alguna, él más bien lo contenía todo; y así como, estando presente en toda la creación, es a la vez distinto en su ser del universo y está presente en todas las cosas por su propio poder —dando orden a todas las cosas, y revelando sobre todas y en todas su propia providencia, y dando vida a cada cosa y a todas las cosas, abarcando el todo sin ser abarcado, sino estando total y absolutamente solo en su propio Padre—, 2. así también, aun estando presente en un cuerpo humano y vivificándolo él mismo, vivificaba al mismo tiempo, sin contradicción alguna, el universo entero, y estaba en todo proceso de la naturaleza, y estaba fuera del todo; y, mientras era conocido a partir del cuerpo por sus obras, no por eso dejaba de manifestarse también por la acción del universo. 3. Ahora bien, es propio del alma contemplar, mediante actos del pensamiento, incluso lo que está fuera de su propio cuerpo, sin obrar, no obstante, fuera de su propio cuerpo, ni mover con su presencia las cosas alejadas del cuerpo. Nunca, en efecto, un hombre, por pensar en cosas que están a distancia, las mueve o las desplaza por ese hecho; ni, si un hombre se sentara en su propia casa y razonara acerca de los cuerpos celestes, movería por ello el sol ni haría girar los cielos. Sino que ve que se mueven y tienen su ser, sin ser capaz de influir realmente en ellos. 4. Pero el Verbo de Dios, en su naturaleza humana, no era así; porque no estaba atado a su cuerpo, sino que más bien era él quien lo manejaba, de modo que no solo estaba en él, sino que estaba realmente en todas las cosas, y, siendo exterior al universo, permanecía solo en su Padre. 5. Y esto era lo maravilloso: que a la vez caminaba como hombre, y como Verbo vivificaba todas las cosas, y como Hijo moraba con su Padre. De modo que ni siquiera cuando la Virgen lo dio a luz sufrió cambio alguno, ni por estar en el cuerpo se empañó [su gloria], sino que, al contrario, santificó también el cuerpo. 6. Porque ni siquiera por estar en el universo participa de su naturaleza, sino que, al contrario, todas las cosas son vivificadas y sostenidas por él. 7. Porque si también el sol, que fue hecho por él y que vemos girar en el cielo, no se contamina al tocar los cuerpos de la tierra, ni es apagado por las tinieblas, sino que, al contrario, él mismo los ilumina y los purifica también, mucho menos se contaminó el santísimo Verbo de Dios, Hacedor y Señor también del sol, por darse a conocer en el cuerpo; al contrario, siendo incorruptible, vivificó y purificó también el cuerpo, que en sí mismo era mortal: «el cual», pues así dice, «no hizo pecado, ni fue hallado engaño en su boca».

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