Sobre la encarnación
Introducción

Capítulo 1 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Introducción

§1. Introducción.—El tema de este tratado: la humillación y la encarnación del Verbo. Presupone la doctrina de la creación, y de la creación por medio del Verbo. El Padre ha salvado al mundo por medio de aquel por quien primero lo hizo.

Puesto que en lo que precede hemos expuesto —escogiendo unos pocos puntos entre muchos— una explicación suficiente del error de los paganos acerca de los ídolos y del culto a los ídolos, y de cómo llegaron a inventarse en su origen; es decir, cómo los hombres, por su maldad, idearon para sí la adoración de ídolos; y puesto que, por la gracia de Dios, hemos señalado también algo de la divinidad del Verbo del Padre, de su providencia y poder universales, y de que el Padre bueno ordena todas las cosas por medio de él, y todas las cosas son movidas por él y en él reciben vida: ven ahora, Macario (digno de ese nombre) y verdadero amante de Cristo, prosigamos con la fe de nuestra religión y expongamos también lo que se refiere al hacerse hombre del Verbo y a su divina aparición entre nosotros, que los judíos calumnian y los griegos ridiculizan, pero que nosotros adoramos; para que, tanto más por la aparente bajeza del Verbo, tu piedad hacia él crezca y se multiplique. 2. Porque cuanto más es escarnecido entre los incrédulos, tanto mayor testimonio da de su propia divinidad; puesto que no solo demuestra él mismo como posible lo que los hombres, equivocándose, juzgan imposible, sino que aquello que los hombres ridiculizan como indecoroso, él por su propia bondad lo reviste de decoro, y lo que los hombres, en su presunción de sabiduría, escarnecen como meramente humano, él por su propio poder demuestra que es divino, sometiendo las pretensiones de los ídolos mediante su supuesta humillación —mediante la cruz— y ganando invisiblemente a los que se burlan y no creen para que reconozcan su divinidad y su poder. 3. Pero para tratar este tema es necesario recordar lo que se ha dicho antes; a fin de que no dejes de conocer la causa de la aparición corporal del Verbo del Padre, tan alto y tan grande, ni pienses que el Salvador ha llevado un cuerpo como consecuencia de su propia naturaleza; sino que, siendo incorpóreo por naturaleza y Verbo desde el principio, se ha manifestado sin embargo a nosotros en un cuerpo humano para nuestra salvación, por el amor y la bondad de su propio Padre. 4. Conviene, pues, que comencemos a tratar este tema hablando de la creación del universo y de Dios, su Artífice, para que así se perciba debidamente que la renovación de la creación ha sido obra del mismo Verbo que la hizo al principio. Porque no parecerá incongruente que el Padre haya obrado su salvación en aquel por cuyo medio la hizo.

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