Capítulo 66 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
La parábola del mayordomo infiel
POR ESTE TIEMPO Jesús contó a sus discípulos la parábola de «El mayordomo infiel». Un mayordomo es un hombre que se encarga de los negocios, de las tierras o de las casas que pertenecen a otro hombre, el cual lo tiene empleado. Jesús dijo:
«Había un hombre rico que tenía un mayordomo que se encargaba de todos sus negocios. Alguien le contó al hombre rico que su mayordomo lo estaba engañando y que usaba mal su dinero. Entonces el amo mandó llamar al mayordomo y le dijo:
«“¿Qué es esto que oigo de ti? Entrégame las cuentas, porque ya no seguirás siendo mi mayordomo”.
«Al principio el mayordomo se quedó muy preocupado con esto; y no sabía cómo iba a vivir si le quitaban su puesto de mayordomo.
«“¿Qué voy a hacer —se decía a sí mismo— ahora que mi amo me quita el puesto de mayordomo? No tengo fuerzas para cavar la tierra como un labrador, y me da vergüenza mendigar por las calles. ¡Ah, ya sé lo que puedo hacer para que, cuando me quiten el puesto de mayordomo, la gente me invite a sus casas a vivir con ellos!”.
«Uno por uno, el mayordomo fue llamando a los hombres que le debían algo a su amo.
«“¿Cuánto le debes a mi amo?”, le preguntó al primero.
«“Cien barriles de aceite”, respondió el hombre.
«“Toma tu recibo —dijo el mayordomo—, y en lugar de cien barriles, pon cincuenta barriles”».
Esto, como ves, era regalarle al hombre cincuenta barriles de aceite, pero no de parte del propio mayordomo; al contrario, se los robaba a su amo para dárselos al hombre que le debía.
«Luego le dijo al siguiente: “Y tú, ¿cuánto debes?”.
«“Cien medidas de trigo”, respondió el hombre.
«“Aquí tienes tu recibo —dijo el mayordomo—; pon ochenta”.
«Y así hizo con todos los que le debían a su amo, rebajándole a cada uno una parte de su deuda, para que fueran amigos suyos y le ayudaran cuando lo necesitara.
«Cuando su amo se enteró de todo esto, alabó al mayordomo, no por haber obrado bien, sino por haber mirado hacia adelante y haberse preocupado por el tiempo que estaba por venir».
Y Jesús dijo: «La gente de este mundo muchas veces es más sabia para mirar hacia adelante y hacer planes para los días que vendrán que los que tienen la luz de Dios. Y yo os digo: usad el dinero de este mundo para haceros amigos con él, no en la tierra, sino en el cielo; para que, cuando dejéis la tierra, os reciban en moradas del cielo que nunca pasan. El que es fiel en lo poco que se le confía, también es fiel en lo mucho; y el que no es honrado, sino que trata de engañar en las cosas pequeñas, será deshonesto y tratará de engañar en las grandes. Así que, si no se os puede confiar el dinero de este mundo, ¿quién os confiará las riquezas de Dios? Y si no sois fieles con lo que pertenece a otro, ¿cómo podéis esperar tener algo para siempre como vuestro?
«Ningún siervo puede servir a dos señores a la vez; porque o aborrecerá a un señor y amará al otro, o se quedará con uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y al mismo tiempo vivir para el dinero».
Todas estas cosas se dijeron mientras los fariseos escuchaban, y ellos eran amantes del dinero y avaros. Escuchaban con desprecio y burla en el corazón.
Jesús sabía lo que pensaban, y dijo a aquellos fariseos:
«Vosotros sois los que hacéis creer a la gente que sois buenos, pero Dios ve y conoce lo que hay en vuestros corazones. Lo que es grande a los ojos de los hombres es despreciable a los ojos de Dios».
Capítulo 66 completado
La parábola del mayordomo infiel