Capítulo 8 · 11 min de lectura
Traducción por IA — pendiente de revisión
Dificultades en la Biblia
Tarde o temprano, todo cristiano joven se topa con pasajes de la Biblia que son difíciles de entender y difíciles de creer. Para muchos cristianos jóvenes, estas dificultades llegan a ser un serio estorbo en el desarrollo de su vida cristiana. Durante días, semanas y meses, la fe sufre a menudo un eclipse parcial o total. Precisamente en este punto se necesita un consejo sabio. No tenemos deseo alguno de ocultar el hecho de que estas dificultades existen. Más bien deseamos encararlas y considerarlas con franqueza. ¿Qué haremos respecto a estas dificultades con que tarde o temprano ha de tropezar todo estudioso reflexivo de la Biblia?
1. Lo primero que hemos de decir acerca de estas dificultades es que, por la naturaleza misma del caso, es de esperar que haya dificultades. Algunas personas se sorprenden y se turban porque hay dificultades en la Biblia. Yo me sorprendería más y me turbaría más si no las hubiera. ¿Qué es la Biblia? Es una revelación de la mente, la voluntad, el carácter y el ser del Dios infinitamente grande, perfectamente sabio y absolutamente santo. Pero, ¿a quién se hace esta revelación? A hombres y mujeres como tú y como yo, a seres finitos. A hombres que son imperfectos en su desarrollo intelectual y, por consiguiente, en su conocimiento; y en su carácter y, por consiguiente, en su discernimiento espiritual.
Por las necesidades mismas del caso, forzosamente ha de haber dificultades en una revelación así, hecha a tales personas. Cuando lo finito trata de comprender lo infinito, es inevitable que haya dificultad. Cuando el ignorante contempla las declaraciones de aquel que es perfecto en conocimiento, forzosamente habrá muchas cosas difíciles de entender y algunas que, a sus mentes inmaduras e inexactas, les parecen absurdas. Cuando seres pecadores escuchan las exigencias de un ser absolutamente santo, es inevitable que se turben ante algunas de sus exigencias; y cuando consideran su modo de obrar con los hombres, es inevitable que se turben ante algo de ese proceder. Ese modo de obrar les parecerá necesariamente demasiado severo, riguroso, duro, terrible. Es evidente que forzosamente ha de haber dificultades para nosotros en una revelación como la que la Biblia demuestra ser. Si alguien me entregara un libro tan sencillo como la tabla de multiplicar y dijera: “Esta es la Palabra de Dios, en la que él ha revelado toda su voluntad y sabiduría,” yo movería la cabeza y diría: “No lo puedo creer. Eso es demasiado fácil para ser una revelación perfecta de la sabiduría infinita.” Forzosamente ha de haber, en cualquier revelación completa de la mente, la voluntad, el carácter y el ser de Dios, cosas difíciles de entender para un principiante; y los más sabios y mejores de nosotros no somos sino principiantes.
2. Lo segundo que hemos de decir acerca de estas dificultades es que una dificultad en una doctrina, o una grave objeción a una doctrina, de ningún modo prueba que la doctrina sea falsa. Muchas personas irreflexivas se imaginan que sí. Si se topan con alguna dificultad que estorba el creer en el origen divino y en la absoluta inerrancia e infalibilidad de la Biblia, en seguida concluyen que la doctrina ha quedado refutada. Eso es muy ilógico. Detente un momento, piensa, y aprende a ser razonable y justo. Apenas hay una sola doctrina de la ciencia comúnmente aceptada hoy que no haya tenido alguna gran dificultad que estorbara su aceptación. Cuando la teoría copernicana, hoy tan universalmente aceptada, se proclamó por primera vez, tropezó con una dificultad muy grave. Si esta teoría era verdadera, el planeta Venus debía tener fases, como las tiene la luna. Pero no se podían descubrir fases algunas con el mejor telescopio que entonces existía. Sin embargo, el argumento positivo a favor de la teoría era tan fuerte que se aceptó a pesar de esta objeción en apariencia irrebatible. Cuando se fabricó un telescopio más potente, se descubrió que Venus, después de todo, sí tenía fases. Toda la dificultad surgió, como surgen todas las de la Biblia, de la ignorancia del hombre respecto a algunos de los hechos del caso. Según la lógica del sentido común, reconocida en todas las ramas de la ciencia, si la prueba positiva de una teoría es concluyente, los hombres racionales la creen, a pesar de cualquier número de dificultades en detalles menores. Ahora bien, la prueba positiva de que la Biblia es la Palabra de Dios, de que es una revelación absolutamente digna de confianza, hecha por Dios mismo, acerca de sí mismo, de sus propósitos y de su voluntad, del deber y del destino del hombre, de las realidades espirituales y eternas, es absolutamente concluyente. Por tanto, todo hombre y toda mujer racional debe creerla, a pesar de cualquier número de dificultades en detalles menores. Es un pensador superficial el que abandona una verdad bien comprobada por causa de algunos hechos que no puede reconciliar con esa verdad. Y es un estudioso de la Biblia muy superficial el que abandona el origen divino y la inerrancia de la Biblia porque hay algunos supuestos hechos que no puede reconciliar con esa doctrina.
3. Lo tercero que hemos de decir acerca de las dificultades de la Biblia es que hay muchas más, y mucho mayores, dificultades que estorban la doctrina que sostiene que la Biblia es de origen humano, y por ende falible, que las que estorban la doctrina que sostiene que la Biblia es de origen divino, y por ende del todo digna de confianza. Puede que alguien te presente cierta dificultad y te diga: “¿Cómo explicas eso, si la Biblia es la Palabra de Dios?,” y quizá no puedas responderle de manera satisfactoria. Entonces él cree que te ha vencido, pero de ningún modo es así. Vuélvete hacia él y pregúntale: ¿cómo explicas tú las profecías cumplidas de la Biblia, si es de origen humano? ¿Cómo explicas la maravillosa unidad del Libro? ¿Cómo explicas su inagotable profundidad? ¿Cómo explicas su poder singular para elevar a los hombres hacia Dios? ¿Cómo explicas la historia del Libro, su victoria sobre todos los ataques de los hombres?, etcétera, etcétera, etcétera. Por cada objeción insignificante que él pueda oponer a tu postura, tú puedes oponer muchas objeciones hondamente significativas a la suya; y ningún hombre sincero tendrá dificultad alguna en decidir entre las dos posturas. Las dificultades que enfrenta quien niega que la Biblia sea de origen y autoridad divinos son mucho más numerosas y de mucho más peso que las que enfrenta quien cree que es de origen y autoridad divinos.
4. Lo cuarto que hemos de decir acerca de las dificultades de la Biblia es que el hecho de que no puedas resolver una dificultad no prueba que no se pueda resolver, y el hecho de que no puedas responder a una objeción no prueba en absoluto que no se pueda responder. Es sumamente extraño cuán a menudo pasamos por alto este hecho tan evidente. Hay muchos que, al toparse con una dificultad en la Biblia y pensar un poco en ella sin ver solución posible, saltan de inmediato a la conclusión de que a nadie le es posible una solución, y así echan por tierra su fe en la fiabilidad de la Biblia y en su origen divino. Un poco más de aquella modestia que conviene a seres tan limitados en conocimiento como todos lo somos los habría llevado a decir: “Aunque yo no veo solución posible a esta dificultad, alguien un poco más sabio que yo podría hallarla con facilidad.” ¡Oh, si tan solo tuviéramos presente que no lo sabemos todo, y que hay muchísimas cosas que no podemos resolver ahora y que resolveríamos con facilidad si tan solo supiéramos un poco más! Sobre todo, nunca deberíamos olvidar que puede haber, para la sabiduría infinita, una solución muy fácil de aquello que a nuestra sabiduría finita —o ignorancia— le parece absolutamente insoluble. ¿Qué pensaríamos de un principiante en álgebra que, tras intentar en vano por media hora resolver un problema difícil, declarara que el problema no tenía solución posible porque él no la hallaba? Cierto hombre de mucha experiencia y capacidad dejó una vez su trabajo y recorrió una larga distancia para verme, en gran perturbación de espíritu, porque había descubierto lo que a él le parecía una contradicción flagrante en la Biblia. Había desafiado todos sus intentos de reconciliación, pero en pocos momentos se le mostró una solución muy sencilla y satisfactoria de la dificultad.
5. Lo quinto que hemos de decir acerca de las dificultades de la Biblia es que los aparentes defectos del libro son sumamente insignificantes cuando se comparan con sus muchas y maravillosas excelencias. Sin duda revela una gran perversidad, tanto de la mente como del corazón, que los hombres empleen tanto tiempo en explayarse sobre los puntos insignificantes que consideran defectos de la Biblia, y pasen por alto, sin notarlas en absoluto, las incomparables bellezas y maravillas que adornan y glorifican casi cada una de sus páginas. ¿Qué pensaríamos de un hombre que, al estudiar alguna gran obra maestra del arte, concentrara toda su atención en lo que a él le parecía una mota de mosca en un rincón? Buena parte de lo que se jacta de ser “estudio crítico de la Biblia” es una laboriosa y erudita investigación de supuestas motas de mosca, y un total descuido de las incontables glorias del libro.
6. Lo sexto que hemos de decir acerca de las dificultades de la Biblia es que las dificultades de la Biblia tienen mucho más peso para sus lectores superficiales que para los estudiosos profundos. Toma a un hombre totalmente ignorante del verdadero contenido y sentido de la Biblia, que dedica todas sus fuerzas a descubrir aparentes incoherencias en ella: para tales estudiosos superficiales de la Biblia, estas dificultades parecen de inmensa importancia; pero para quien ha aprendido a meditar en la Palabra de Dios de día y de noche, apenas tienen peso alguno. Aquel poderoso varón de Dios, George Müller, que había estudiado cuidadosamente la Biblia de principio a fin más de cien veces, no se inquietaba por ninguna dificultad con que tropezara. Pero para quien la lee con cuidado por primera o segunda vez, hay muchas cosas que le desconciertan y le turban.
7. Lo séptimo que hemos de decir acerca de las dificultades de la Biblia es que desaparecen con rapidez ante un estudio cuidadoso y hecho con oración. ¡Cuántas cosas hay en la Biblia que en otro tiempo nos desconcertaban y nos turbaban, y que han quedado perfectamente aclaradas, y ya no presentan dificultad alguna! ¿No es razonable suponer que las dificultades que aún quedan también desaparecerán al seguir estudiando?
¿Cómo hemos de tratar las dificultades que sí encontramos en la Biblia?
1. Ante todo, con honradez. Siempre que encuentres una dificultad en la Biblia, reconócela con franqueza. Si no puedes dar una explicación buena y honrada, no intentes por ahora dar ninguna.
2. Con humildad. Reconoce las limitaciones de tu propia mente y de tu conocimiento, y no te imagines que no hay solución solo porque tú no la has hallado. Con toda probabilidad hay una solución muy sencilla. La hallarás algún día, aunque por ahora no puedas encontrar solución alguna.
3. Con determinación. Resuélvete a encontrar la solución, si te es posible, por medio de todo el estudio y del arduo pensar que haga falta. Las dificultades de la Biblia son el reto que tu Padre celestial te lanza para que pongas tu mente a trabajar.
4. Sin temor. No te asustes cuando encuentres una dificultad, por más irrebatible que parezca a primera vista. Miles la han encontrado antes que tú. Fueron advertidas hace cientos de años, y aun así el viejo Libro sigue en pie. No es probable que descubras dificultad alguna que no fuera ya descubierta, y probablemente resuelta, mucho antes de que tú nacieras, aunque no sepas exactamente dónde poner la mano sobre la solución. La Biblia, que ha resistido dieciocho siglos de riguroso examen y de incesante y terrible embate, no va a sucumbir ante ningún descubrimiento que tú hagas ni ante ningún ataque de los incrédulos modernos. Todos los ataques de los incrédulos modernos contra la Biblia no son sino una nueva versión de viejas objeciones que han sido refutadas cien veces en el pasado. Estas viejas objeciones no resultarán más eficaces con su ropa nueva de lo que lo fueron con los gastados vestidos del pasado.
5. Con paciencia. No te desanimes porque no resuelvas todo problema en un día. Si alguna dificultad desafía tu mejor esfuerzo, déjala a un lado por un tiempo. Es muy probable que, cuando vuelvas a ella, haya desaparecido, y te asombres de cómo llegó a desconcertarte. El autor a menudo tiene que sonreír hoy cuando piensa cuán gravemente le desconcertaban en el pasado cuestiones que ahora le son claras como el día.
6. Con la Escritura. Si encuentras una dificultad en una parte de la Biblia, busca otras Escrituras que arrojen luz sobre ella y la disuelvan. Nada explica la Escritura como la Escritura. Nunca dejes que pasajes aparentemente oscuros de la Escritura oscurezcan la luz que proviene de los pasajes claros; antes bien, deja que la luz que proviene del pasaje claro ilumine las tinieblas que parecen rodear al pasaje oscuro.
7. Con oración. Es maravilloso cómo las dificultades se disuelven cuando uno las mira de rodillas. Una gran razón por la que algunos eruditos modernos han aprendido a ser críticos destructivos es que se han olvidado de cómo orar.