Cómo traer a los hombres a Cristo
Cómo tratar con los que abrigan falsas esperanzas

Capítulo 6 · 7 min de lectura · 10 min de escucha

Cómo tratar con los que abrigan falsas esperanzas

1. Entre los que abrigan falsas esperanzas, quizá la clase más numerosa sea la de los que esperan ser salvos por su vida justa. A estas personas se las reconoce fácilmente por dichos como estos: «Hago lo mejor que puedo». «Hago más bien que mal». «No soy un gran pecador». «Nunca he hecho nada muy malo». Gálatas 3:10 es un pasaje excelente para usar, porque muestra que todos los que confían en sus obras están bajo la maldición de la ley y que no hay esperanza, sobre la base de la ley, para nadie que no «permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas». Santiago 2:10 también es útil. Gálatas 2:16 y Romanos 3:19, 20 son muy eficaces, porque muestran que por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de Dios. Mateo 5:20: todos estos pasajes muestran la clase de justicia que Dios exige, que la justicia de ningún hombre alcanza la norma de Dios y que, si un hombre desea ser salvo, debe hallar otro medio de salvación que no sean sus propias obras. A veces conviene, al usar estos pasajes, decir al inquirente: «Tú no entiendes la clase de justicia que Dios exige, o no hablarías como hablas. Veamos ahora en su Palabra qué clase de justicia es la que Dios exige». Hay otra manera de tratar con esta clase, usando pasajes como Lucas 16:15; Romanos 2:16; 1 Samuel 16:7. Estos pasajes muestran que Dios mira el corazón. Mantén al inquirente firme en ese punto. Todo hombre, cuando se le pone cara a cara con eso, tiene que temblar, porque sabe que, sea cual sea su vida exterior, su corazón no resistirá el escrutinio del ojo de Dios. Por muy justo que un hombre se crea a sí mismo, no necesitamos desanimarnos, porque en algún lugar, en lo profundo del corazón de todo hombre, está la conciencia del pecado, y todo lo que tenemos que hacer es seguir trabajando hasta tocar ese punto. La conciencia de todo hombre está de nuestro lado. Mateo 22:37, 38 puede usarse cuando un hombre dice: «Hago lo mejor que puedo», o «Hago más bien que mal». Dile: «Estás muy equivocado en eso; lejos de hacer más bien que mal, ¿sabes que has quebrantado la primera y la más grande de las leyes de Dios?». Luego muéstrale el pasaje. Hebreos 11:6 y Juan 6:29 muestran que lo único que Dios exige es la fe y que sin fe es imposible agradar a Dios; y Juan 16:9 muestra que la incredulidad en Cristo es el mayor de los pecados. Juan 3:36 muestra que la cuestión de la vida eterna depende únicamente de que un hombre acepte o rechace a Jesucristo, y Hebreos 10:28, 29, que el pecado que trae el castigo más severo es el de pisotear al Hijo de Dios. Antes de usar este último pasaje, convendría decir: «Tú crees que eres muy bueno, pero ¿sabes que estás cometiendo el pecado más terrible que un hombre puede cometer a los ojos de Dios?». Si responde: «No», entonces di: «Pues déjame mostrarte por la Palabra de Dios que sí lo estás cometiendo»; luego busca este pasaje y léelo con gran solemnidad y fervor.

2. Otra clase de los que abrigan falsas esperanzas es la de los que piensan «Dios es demasiado bueno para condenar a nadie».

Cuando alguien dice esto, puedes responder: «No sabemos nada de la bondad de Dios sino lo que aprendemos en la Biblia, y tenemos que ir a ese libro para averiguar cómo es la bondad de Dios. Busquemos Romanos 2:2, 4, 5». Después de leer los versículos, puedes decir algo como esto: «Ahora, amigo mío, ves que el propósito de la bondad de Dios es guiarte al arrepentimiento, no animarte en el pecado; y cuando pisoteamos su bondad, atesoramos ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios». Juan 8:21, 24 y 3:36 le mostrarán al hombre que, por bueno que sea Dios, rechazará a todos los que rechacen a su Hijo. Otra manera más de tratar con estos hombres es mostrarles por Juan 5:40; 2 Pedro 3:9‒11 o Ezequiel 33:11 que no es tanto Dios quien condena a los hombres, como los hombres quienes se condenan a sí mismos a pesar de la bondad de Dios, porque no quieren venir a Cristo y aceptar la vida que se les ofrece gratuitamente. Puedes decir: «Dios no quiere que ninguno perezca, y te ofrece la vida gratuitamente, pero hay una dificultad en el camino. Busquemos Juan 5:40 y veamos cuál es la dificultad». Luego lee el pasaje: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida», y di: «Amigo mío, aquí está la dificultad: no quieres venir; la vida se te ofrece gratuitamente, pero si no quieres aceptarla, tienes que perecer». 2 Pedro 2:4‒6, 9 y Lucas 13:3 muestran cómo trata el Dios «bueno» a las personas que persisten en el pecado. A veces este último pasaje puede usarse eficazmente de esta manera: «Dices que Dios es demasiado bueno para condenar a nadie. Veamos ahora lo que Dios mismo dice en su Palabra». Luego busca el pasaje y lee: «Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente». Repite el pasaje una y otra vez hasta que haya calado hondo.

3. Una tercera clase de los que abrigan falsas esperanzas es la de los que dicen: «Estoy tratando de ser cristiano». Juan 1:12 les mostrará que no se trata de «tratar» de ser cristiano, ni de «tratar» de vivir una vida mejor, ni de «tratar» de hacer nada de lo que Dios nos pide, sino simplemente de recibir a Jesucristo, que lo hizo todo; y puedes preguntar al inquirente: «¿Quieres ahora dejar de tratar y simplemente recibir a Jesús como Salvador?». Hechos 16:31 muestra que Dios no nos pide que intentemos lo que nosotros podemos hacer, sino que confiemos en Jesús y en lo que él ha hecho y hará. Romanos 3:23‒25 muestra que no hemos de ser justificados tratando de hacer, sino «gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús», con la simple condición de la fe.

4. Otra clase más de los que abrigan falsas esperanzas es la de los que dicen: «Siento que voy al cielo», o «Siento que soy salvo». Muéstrales por Juan 3:36 que no se trata de lo que ellos sienten, sino de lo que Dios dice, y lo que Dios dice claramente en su Palabra es que «el que es incrédulo al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él». Una tarde hablaba yo con una señora que pocas semanas antes había perdido a su único hijo. En el momento de la muerte del niño ella se había interesado profundamente, pero sus impresiones serias la habían abandonado en gran parte. Le hice la pregunta: «¿No desea usted ir adonde ha ido su pequeño?». Ella respondió en seguida: «Espero ir». «¿Qué le hace pensar que irá?», le dije. Ella respondió: «Lo siento así; siento que iré al cielo cuando muera». Entonces le pregunté si había algo en la Palabra de Dios que pudiera señalar y que le diera una razón para creer que iría al cielo cuando muriera. «No —dijo ella—, no lo hay». Entonces se volvió hacia mí y me preguntó: «¿Espera usted ir al cielo cuando muera?». «Sí —respondí—, sé que iré». «¿Cómo lo sabe? —dijo ella—. ¿Tiene alguna palabra de Dios para ello?». «Sí», le contesté, y la llevé a Juan 3:36. Así fue llevada a ver la diferencia entre una fe que descansaba en sus sentimientos y una fe que descansaba en la Palabra de Dios.

Lucas 18:9‒14 también puede usarse de la siguiente manera; puedes decir: «Hubo en la Biblia un hombre que se sentía muy bien, pero estaba muy mal. Déjame leerte acerca de él». Luego lee acerca del fariseo que estaba tan seguro de estar bien, pero que todo el tiempo era un pecador no perdonado; y haz que el inquirente vea cuán poco dignos de confianza son nuestros sentimientos y cuál es el fundamento de la seguridad, a saber, la Palabra de Dios. Proverbios 14:12 también puede usarse, pues muestra que «hay camino que al hombre parece derecho, pero su fin es camino de muerte».

5. La última clase de los que abrigan falsas esperanzas es la de los que dicen que son salvos aunque llevan una vida de pecado. En el caso de muchas formas de pecado, un buen pasaje para usar es 1 Corintios 6:9‒10. 1 Juan 2:29 también barrerá en muchos casos esta falsa esperanza. 1 Juan 5:4‒5 es útil porque muestra que el que verdaderamente es nacido de Dios vence al mundo, y el hecho de que vivan en pecado y no venzan al mundo es prueba de que no han nacido de Dios.

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