Capítulo 6 · 4 min de lectura
Hebreos 11
Si Hebreos 11 no fue escrito para nosotros como una lista de los héroes de la fe, ¿cuál es entonces su propósito? ¿Por qué el Espíritu Santo, el autor de toda la Escritura, ha colocado aquí este capítulo?
Como en todo asunto de interpretación bíblica, necesitamos considerar el contexto literario. Hasta Hebreos 10:18, el autor ha venido escribiendo acerca de las prácticas y los propósitos del pacto del Antiguo Testamento: la ley, el templo y los sacrificios. Estas cosas se contrastan con las cosas mejores que se hallan en Cristo.
Tenemos una salvación mejor (Hebreos 2), un mejor dador de la Ley (Hebreos 3), un mejor reposo (Hebreos 4), un mejor Sumo Sacerdote (Hebreos 5), un mejor pacto (Hebreos 8), una mejor promesa (Hebreos 8) y un mejor sacrificio (Hebreos 9).
A partir de Hebreos 10:19, el autor introduce un nuevo tema.
«Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús… acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe… mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza… y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:19, 22-24).
Ahora escribe para poner de relieve el estilo de vida que debe caracterizar a quienes han experimentado las «cosas mejores» que se hallan en Cristo.
«Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos… No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
Porque aún un poco, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma» (Hebreos 10:32, 35-39).
El siguiente capítulo fue escrito para darnos ejemplos de lo que es «vivir por fe». Es llamativo que falten Caleb, Eliseo y Daniel, mientras que están presentes Moisés (un homicida), Sara (que se rió de la promesa de Dios) y Rahab (una mentirosa). No hace falta ser un gigante espiritual para andar en el camino de la fe. Cualquiera, sea cual sea su madurez espiritual, puede comenzar hoy este emocionante viaje de andar en fe, sin la cual es imposible agradar a Dios. ¡Otro ejemplo de la asombrosa gracia de Dios!
«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Ya hemos considerado el versículo uno como una definición de la fe, como don y como fruto.
«Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos» (Hebreos 11:2). Los hombres y las mujeres de la antigüedad que anduvieron en fe tenían un buen testimonio, un buen reporte. Otros los miraban y sabían que tales personas andaban con Dios. Había lecciones que aprender al observar cómo obraba Dios en sus vidas. De igual manera, nuestras vidas también deberían ser un testimonio de fe, revelando la dirección de Dios y nuestra obediencia a esa dirección. El mundo no quiere oír nuestras palabras de fe, porque para ellos es algo irracional. Quieren ver el testimonio de nuestras vidas.
No somos llamados a estar de pie en el mundo dando testimonio a Cristo; somos llamados a estar de pie en Cristo dando testimonio al mundo.
«Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (Hebreos 11:3). Todas las religiones tienen sus relatos acerca de la creación.
El fundamento de nuestra fe se halla en un Dios increado que llamó a la existencia a toda la creación por Su Palabra. Esto está más allá de la comprensión humana y de la explicación científica. Todo lo que la ciencia puede hacer es investigar lo que ya existe y retroceder maravillada al comprobar la realidad de lo que está escrito. Solo es posible comprenderlo cuando Dios ha concedido una revelación interior, la fe que nos capacita para creer. Esto no reemplaza la razón; está por encima de toda razón, «porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6).
Comenzaremos ahora a considerar a cada uno de los personajes nombrados en Hebreos 11 para ver cómo el Señor los guió en el andar de la fe. Partiendo del principio de que el Espíritu Santo guió deliberadamente a Su autor humano en la elección de las personas mencionadas, me propongo leer más allá de las palabras para ver qué principios del andar con Dios ha hecho evidentes en estos ejemplos. Me emociona ver cómo van siendo reveladas las grandes verdades de La Fe.
Oro para que los siguientes capítulos os entusiasmen a medida que los consideremos juntos. Que el Autor Santo hable a vuestra alma acerca de lo que aquí ha escrito.