Capítulo 37 · 1 min de lectura · 1 min de escucha
Cristo es nuestro jefe, y nosotros sus soldados
Hombres y hermanos, militemos, pues, con toda energía, conforme a sus santos mandamientos. Consideremos a los que sirven bajo nuestros generales: con qué orden, obediencia y sumisión ejecutan lo que se les manda. No todos son prefectos, ni jefes de mil, ni de cien, ni de cincuenta, ni cosa semejante; sino que cada uno, en su propio rango, ejecuta lo que mandan el rey y los generales. Los grandes no pueden subsistir sin los pequeños, ni los pequeños sin los grandes. Hay una especie de mezcla en todas las cosas, y de ahí nace el provecho mutuo. Tomemos como ejemplo nuestro cuerpo. La cabeza no es nada sin los pies, ni los pies son nada sin la cabeza; más aún, los miembros más pequeños de nuestro cuerpo son necesarios y útiles para todo el cuerpo. Pero todos obran en armonía y están sujetos a una misma regla para la conservación de todo el cuerpo.
Capítulo 37 completado
Cristo es nuestro jefe, y nosotros sus soldados