Primera epístola de Clemente a los corintios
Todas las bendiciones nos son dadas por medio de Cristo

Capítulo 36 · 1 min de lectura · 1 min de escucha

Todas las bendiciones nos son dadas por medio de Cristo

Este es el camino, amados, en el cual hallamos a nuestro Salvador, Jesucristo, el Sumo Sacerdote de todas nuestras ofrendas, el defensor y auxilio de nuestra debilidad. Por él miramos a las alturas del cielo. Por él contemplamos, como en un espejo, su rostro inmaculado y excelentísimo. Por él son abiertos los ojos de nuestro corazón. Por él nuestro entendimiento necio y entenebrecido florece de nuevo hacia su luz admirable. Por él quiso el Señor que gustáramos del conocimiento inmortal, «el cual, siendo el resplandor de su majestad, es tanto superior a los ángeles cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos». Porque así está escrito: «El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego». Pero acerca de su Hijo el Señor habló así: «Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra». Y de nuevo le dice: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies». Pero ¿quiénes son sus enemigos? Todos los malvados, y los que se empeñan en oponerse a la voluntad de Dios.

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