Capítulo 12 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Las recompensas de la fe y la hospitalidad
Por su fe y su hospitalidad fue salvada Rahab la ramera. Porque cuando Josué, hijo de Nun, envió espías a Jericó, el rey del país supo que habían venido a espiar su tierra, y envió hombres para prenderlos, a fin de que, una vez capturados, fueran ejecutados. Pero la hospitalaria Rahab, recibiéndolos, los escondió en el terrado de su casa bajo unos manojos de lino. Y cuando llegaron los hombres enviados por el rey y dijeron: «Vinieron a ti unos hombres para espiar nuestra tierra; sácalos fuera, porque así lo manda el rey», ella les respondió: «Los dos hombres que buscáis vinieron a mí, pero partieron enseguida y se han ido», sin descubrirles así a los espías. Luego dijo a los hombres: «Sé ciertamente que el Señor vuestro Dios os ha dado esta ciudad, porque el temor y el espanto de vosotros han caído sobre sus moradores. Cuando, pues, la hayáis tomado, guardadme a salvo a mí y la casa de mi padre». Y ellos le dijeron: «Será como nos has dicho. Así pues, en cuanto sepas que estamos cerca, reunirás a toda tu familia bajo tu techo, y serán preservados; pero todos los que se hallen fuera de tu morada perecerán». Además, le dieron una señal: que colgara de su casa un hilo de grana. Y así pusieron de manifiesto que por la sangre del Señor vendría la redención a todos los que creen y esperan en Dios. Veis, amados, que en esta mujer hubo no solo fe, sino también profecía.
Capítulo 12 completado
Las recompensas de la fe y la hospitalidad