Un festín a la mesa
Relaciones piadosas

Capítulo 8 · 6 min de lectura · 8 min de escucha

Relaciones piadosas

Después de desafiarnos a ser llenos del Espíritu y de darnos las tres evidencias de esa llenura, Pablo pasa ahora a mostrar cómo esto afecta nuestras relaciones con los demás.

(i) Esposos y esposas; (ii) hijos y padres; (iii) patrones y empleados.

Capítulo 5:22-33

nos muestran lo que se espera tanto del esposo como de la esposa en un buen matrimonio.

En el v. 22, con demasiada frecuencia ponemos el énfasis en la palabra «someterse» (o «estar sujetas»), ¡cuando esa palabra no aparece en el original! Se arrastra del versículo anterior, donde se aplica a todos nosotros, hombres y mujeres. Ambas partes están llamadas a someterse en el v. 21, así como ambas están llamadas a «amarse unos a otros» en el gran mandamiento que Jesús dio la noche antes de morir. Por cierto, esta palabra que traducimos «someterse» tiene el sentido de honrar más que de obedecer (véase también el v. 33). Debo confesar que se me hincha un poquito el pecho cuando otros hombres me cuentan que sus esposas comentan lo maravilloso que soy como esposo… ¡según mi esposa! Ella no se une a sus chismes negativos sobre sus propios maridos.

Creo que aquí el énfasis debería estar en la frase «a sus propios maridos». En los tiempos bíblicos, las mujeres tenían pocos derechos o ninguno; se las trataba como bienes muebles, como posesión de sus maridos, que podían hacer con ellas lo que quisieran. Sería fácil que las mujeres, al oír por primera vez el mensaje del evangelio y saber que eran preciosas para un Dios de amor, honraran al joven que predicaba estas buenas nuevas en la plaza del mercado. Pablo les recuerda que su primera «honra» es para sus propios maridos, no para el predicador.

En el v. 23, el hombre es la «cabeza» de la mujer en el sentido de ser su «cobertura» o protección. Esto conlleva una gran responsabilidad antes de que pueda ejercer cualquier autoridad. Él es responsable de la nutrición espiritual y del testimonio de su familia. Muchos estarán un día delante del Señor esperando que él los elogie por todo el trabajo que hicieron para el reino; en cambio, él les preguntará por qué descuidaron el crecimiento y la nutrición espiritual de los miembros de su propia familia, ¡su prioridad número uno!

Del mismo modo, Jesús es nuestra «cobertura» y, por eso, el «Salvador del cuerpo».

En el v. 25, los hombres han de amar a sus propias esposas así como Cristo amó a la iglesia… un amor sin condiciones.

La historia ha demostrado una y otra vez que los matrimonios más felices son aquellos en los que hay amor y sumisión (honra) mutuos. Creo que cuando un hombre ama a su esposa (como Cristo ama a su novia, la iglesia) y cuando las mujeres honran a sus maridos por encima de todos los demás hombres, su matrimonio crecerá en dulzura y en semejanza a Cristo: un «círculo delicioso», en contraste con el círculo vicioso tan común hoy en los matrimonios mundanos.

Capítulo 5:32: Un gran misterio.

Desarrollemos más este tema: en el capítulo 1:9 leemos de este misterio, revelado en el v. 10: que al final de los tiempos todas las cosas serán reunidas en Cristo; es decir, él estará sobre TODAS las cosas. Los gobiernos, la naturaleza, las organizaciones, etc., estarán bajo su control. En este momento el hombre es libre de «hacer lo que le da la gana», pero eso terminará cuando TODAS las cosas sean puestas bajo sus pies.

En el capítulo 3:9, Pablo se regocija de haber sido llamado a revelar este misterio con el propósito de que «todos en los lugares celestiales» (el mundo exterior del espíritu) conozcan los propósitos de Dios revelados por medio de su iglesia.

Cuando consideramos el «fin de los tiempos» en el libro de Apocalipsis, vemos a Jesús exaltado sobre el trono, acompañado de LA NOVIA, que antes era la iglesia. ¡El buen propósito de Dios es que ella sea exaltada con él como coheredera de todas las riquezas de Dios! Esto es lo que él ha querido hacer y lo que será revelado a «todos en los lugares celestiales». ¡Este es el misterio! (El secreto de Dios, ahora revelado).

Por eso Pablo escribe aquí acerca de un misterio en relación con su enseñanza sobre la novia y la relación del matrimonio.

En el capítulo 6, Pablo continúa con sus ejemplos de vidas «llenas del Espíritu»: cómo deben tratarse hijos y padres, y cómo deben relacionarse los patrones y sus empleados. Un hogar cristiano debería ser un ejemplo para todos los demás hogares a su alrededor. Los padres tienen la responsabilidad de derramar amor sobre sus hijos. Esto no significa solo abrazos, mimos y besos, sino también estima, valor, seguridad, metas y un carácter piadoso.

Un patrón cristiano debería dirigir su negocio con gracia y dando ánimo; sus empleados deberían ser los trabajadores más felices del lugar. Ellos, a su vez, deberían hacer su trabajo con diligencia y ser conocidos como dignos de confianza, dispuestos a ir más allá de lo que su patrón espera de ellos. Ambos están llamados a mostrar integridad en todas sus acciones.

Volvamos al capítulo 4:25-32, donde Pablo nos da cuatro principios que deberían gobernarnos en todas nuestras relaciones (he tenido muchas ocasiones de usarlos en la consejería matrimonial).

i) No digas mentiras; incluso las medias verdades son mentiras. Piensa en los encubrimientos que hacemos casi a diario.

«¿Qué te pasa?». «¡Oh, nada!», cuando por dentro estamos sufriendo. Mantén siempre abierta la comunicación entre tú y tu esposa, tu esposo, tus hijos, tus colegas.

ii) Mantente al día: no dejes que el sol se ponga sobre tu riña. Resuélvela hoy. De lo contrario, producirá una «raíz de amargura» (Hebreos 12:15).

iii) Ataca el problema, no a la otra persona. Di solo lo que edifica. Recuerda que la batalla es contra el enemigo, no contra los demás miembros del Cuerpo.

iv) ¡PROactúa, no REacciones! Busca maneras de convertir la enemistad en unidad.

Considera: i) ¿Qué son las mentiras? Palabras, silencios, acciones, etc.

ii) ¿Cuál es la clase correcta de «enojo»? El enojo justo que cambia las situaciones; por ejemplo, Wilberforce y la esclavitud.

iii) ¿Cómo «damos lugar al diablo»? Él sembrará desconfianza y confusión.

iv) ¿Por qué escribe Pablo aquí acerca de robar? Es una exigencia de honestidad e integridad en los hechos tanto como en las palabras.

v) ¿Cuáles son algunas palabras malsanas que podríamos decir?

Pablo termina el capítulo con una lista de cosas que deben desaparecer de nuestra vida: a) amargura: resentimiento de larga data.

b) enojo e ira: el enojo pasajero (el mal genio) y el enojo prolongado.

c) gritería y maledicencia: hablar fuerte (alzar la voz) y el lenguaje insultante.

d) malicia: amargura de espíritu hacia otro.

En cambio, hemos de ser benignos, lo cual se define como misericordiosos y perdonadores. Una vida así sería imposible si no fuera por el Espíritu Santo, que por su plenitud nos hace «más que vencedores» (Romanos 8:37).

Recuerda que «mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4).

Capítulo 8 completado

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