Capítulo 4 · 3 min de lectura

Nuevos bautismos con el Espíritu Santo, o el ser llenados de nuevo con el Espíritu Santo

Ser bautizado con el Espíritu Santo no es un acontecimiento único. Como Pedro en el libro de los Hechos, los creyentes necesitan nuevas llenuras del Espíritu Santo para cada nuevo desafío, cada nuevo día y cada acto de servicio.

Sin ellas, nuestro poder espiritual puede debilitarse; pero con ellas, permanecemos fuertes y eficaces para la obra de Dios.

En el segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles, versículo cuarto, leemos: «Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar», etc. Este fue el cumplimiento de Hechos 1:5: «Mas dentro de pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo». Uno de aquellos mencionados por nombre como «lleno del Espíritu Santo» (Hechos 2:4), o «bautizado con el Espíritu Santo» (Hechos 1:5), en aquel momento era Pedro. Pasando al capítulo cuarto, versículo octavo, leemos: «Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo», etc. Aquí Pedro experimentó una nueva llenura del Espíritu Santo.

Y de nuevo, en el versículo treinta y uno de este mismo capítulo, leemos: «Y como hubieron orado, tembló el lugar en que estaban congregados; y todos fueron llenos del Espíritu Santo».

Pedro es nombrado como uno de esta compañía (versículos 19 y 23), de modo que vemos que Pedro experimentó aquí una tercera llenura del Espíritu Santo. Es evidente que no basta con ser una sola vez «bautizado con el Espíritu Santo». A medida que surgen nuevas exigencias en el servicio, tiene que haber nuevas llenuras del Espíritu. El no comprender esto ha producido resultados muy tristes y graves en el servicio de muchos hombres. Alguno ha sido bautizado con el Espíritu Santo en cierto momento de su vida, y se esfuerza por recorrer todo el resto de su vida en el poder de aquella experiencia.

En gran medida es por esta razón que vemos a tantos hombres que en otro tiempo obraron sin duda alguna en el poder del Espíritu Santo, y que hoy dan poca evidencia de poseer aquel poder.

Para cada nuevo servicio que haya de dirigirse, para cada nueva alma con la que haya de tratarse, para cada nueva obra por Cristo que haya de realizarse, para cada nuevo día y cada nueva urgencia de la vida y el servicio cristianos, debemos buscar de manera definida una nueva llenura del Espíritu Santo. No niego que exista una «unción que permanece» (1 Juan 2:27), ni la permanencia de los dones que el Espíritu Santo concede; simplemente afirmo, con clara y abundante prueba de la Escritura, por no hablar de la prueba de la experiencia y de la observación, que este don no ha de ser «descuidado» (1 Timoteo 4:14), sino más bien reavivado, o «avivado como llama» (2 Timoteo 1:6); y que llenuras repetidas del Espíritu Santo son necesarias para la continuación y el aumento del poder.

Surge ahora la pregunta: ¿han de llamarse estas nuevas llenuras del Espíritu Santo «nuevos bautismos con el Espíritu Santo»? Si bien, por una parte, debe admitirse que en Hechos 2:4 la expresión «llenos del Espíritu Santo» se emplea para describir la experiencia prometida en Hechos 1:5, en las palabras «seréis bautizados con el Espíritu Santo», y que por tanto ambas expresiones son, hasta este punto, sinónimas; por otra parte, ha de notarse que la expresión «bautizado con el Espíritu Santo» no se usa en ninguna parte de la Biblia respecto de experiencia alguna sino la primera, y que, además, la palabra «bautizado» sugiere por sí misma una experiencia inicial.

Por tanto, aunque sostenemos la verdad a la que apuntan quienes hablan de «nuevos bautismos con el Espíritu Santo», parecería más sabio seguir el uso uniforme de la Biblia y hablar de las experiencias que suceden a la primera como un ser «llenos del Espíritu Santo», y no como un ser «bautizados con el Espíritu Santo».

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