Respuestas a la oración
Las Nuevas Casas de Huérfanos de Ashley Down

Capítulo 2 · 18 min de lectura · 23 min de escucha

Las Nuevas Casas de Huérfanos de Ashley Down


Habiendo recibido en octubre de 1845 la queja de un caballero de que algunos de los vecinos de Wilson Street se sentían molestos por estar las Casas de Huérfanos en esa calle, el señor Müller decidió finalmente, por ese y otros motivos, y tras mucha meditación en oración, construir en otro lugar una Casa de Huérfanos con capacidad para 300 niños, y comenzó a pedir al Señor los medios para hacerlo:—

«31 de enero [1846].—Hace ya 89 días que espero diariamente en Dios acerca de la construcción de una Casa de Huérfanos. Me parece que ya está cerca el momento en que el Señor nos dará un terreno, y así se lo dije esta noche a los hermanos y hermanas, después de nuestra habitual reunión de oración del sábado por la noche en las Casas de Huérfanos.

«1 de febrero.—Una viuda pobre envió hoy 10s.

«2 de febrero.—Hoy supe de un terreno adecuado y barato en Ashley Down.

«3 de febrero.—Vi el terreno. Es el más conveniente de todos los que he visto.—Alguien depositó anónimamente en una alcancía para los huérfanos, en mi casa, un soberano envuelto en un papel en el que estaba escrito: “La Nueva Casa de Huérfanos”.

«4 de febrero.—Esta tarde fui a ver al dueño del terreno de Ashley Down, del que había oído hablar el día 2, pero no estaba en casa. Sin embargo, como me habían informado de que lo encontraría en su lugar de negocios, fui allí, pero tampoco lo encontré, pues se había marchado justo antes. Podría haber vuelto a su residencia más tarde, ya que uno de los criados me había dicho que sin duda estaría en casa hacia las ocho; pero no lo hice, juzgando que la mano de Dios estaba en que no lo hubiera encontrado en ninguno de los dos lugares; y por eso juzgué mejor no forzar el asunto, sino dejar que “tenga la paciencia perfecta su obra”.

«5 de febrero.—Esta mañana vi al dueño del terreno. Me contó que se había despertado a las tres de la madrugada y no pudo volver a dormirse hasta las cinco. Mientras estaba así despierto, su mente estuvo todo el tiempo ocupada en el terreno acerca del cual, a petición mía, se le había preguntado para construir una Casa de Huérfanos; y resolvió que, si yo lo solicitaba, no solo me lo dejaría, sino que me lo dejaría a £120 el acre, en lugar de £200, el precio que antes había pedido por él. ¡Qué bueno es el Señor! El acuerdo se hizo esta mañana, y compré un campo de casi siete acres, a £120 el acre.

«¡Observa la mano de Dios en que no encontrara al dueño en casa anoche! El Señor quería hablar primero a su siervo sobre este asunto, durante una noche de insomnio, y llevarlo a decidirse por completo antes de que yo lo viera».


«POR SU IMPORTUNIDAD».

«19 de noviembre [1846].—Ahora me siento llevado cada vez más a importunar al Señor para que me envíe los medios necesarios para poder comenzar la construcción. Porque (1) desde hace algún tiempo se ha declarado públicamente por escrito que reconozco que no sin fundamento algunos de los vecinos de Wilson Street se consideran molestos por estar las Casas de Huérfanos en esa calle, y por eso anhelo poder trasladar de allí a los huérfanos lo antes posible. (2) Cada vez estoy más convencido de que, con la bendición de Dios, sería de gran provecho para los niños, tanto física como moralmente, estar en una situación como la que han de ocupar cuando se haya construido la Nueva Casa de Huérfanos. Y (3) porque el número de huérfanos muy pobres y desamparados que esperan ser admitidos es tan grande, y constantemente llegan nuevas solicitudes. Ahora bien, aunque por la gracia de Dios no quisiera que la construcción se comenzara un solo día antes de lo que sea su voluntad, y aunque creo firmemente que él me dará, a su debido tiempo, cada chelín que necesito, sé también que él se deleita en que se le ruegue con fervor, y que se complace en la perseverancia en la oración y en que se le importune, como tan claramente se ve en la parábola de la viuda y el juez injusto, Lucas 18:1-8. Por estas razones me dediqué de nuevo anoche especialmente a la oración, pidiendo que el Señor enviara más medios, y me sentí también llevado a hacerlo, además de por las razones anteriores, porque desde el día 29 del mes pasado había entrado comparativamente poco. Esta mañana, entre las cinco y las seis, oré de nuevo, entre otros asuntos, por el Fondo de Construcción, y después tuve un largo rato de lectura de la palabra de Dios. En el curso de mi lectura llegué a Marcos 11:24: “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. La importancia de la verdad contenida en esta porción la he sentido y la he expresado a menudo; pero esta mañana la sentí de nuevo de manera muy particular y, aplicándola a la Nueva Casa de Huérfanos, dije al Señor: “Señor, creo que tú me darás todo lo que necesito para esta obra. Estoy seguro de que lo tendré todo, porque creo que recibo en respuesta a mi oración”. Así, con el corazón lleno de paz respecto a esta obra, seguí con el resto del capítulo y con el capítulo siguiente. Después de la oración familiar tuve otra vez mi habitual rato de oración por todas las muchas partes de la obra y sus diversas necesidades, pidiendo también bendiciones para mis colaboradores, para la distribución de Biblias y tratados, y para las almas preciosas de la Escuela de Adultos, las Escuelas Dominicales, las seis Escuelas Diurnas y las cuatro Casas de Huérfanos. En medio de todas estas cosas, volví a presentar mis peticiones acerca de los medios para la construcción. Y ahora observa: unos cinco minutos después de haberme levantado de mis rodillas, me entregaron una carta certificada que contenía un cheque de £300, de las cuales £280 son para el Fondo de Construcción, £10 para mis gastos personales y £10 para el hermano Craik. Alabado sea el santo nombre del Señor por este precioso estímulo, con el cual el Fondo de Construcción asciende ahora a más de seis mil libras».


LA PRIMERA CASA DE HUÉRFANOS DEL SEÑOR MÜLLER.

«25 de enero [1847].—Se acerca ya la época del año en que puede comenzarse a construir. Por eso me he entregado a la oración con más fervor, importunando al Señor para que tenga a bien intervenir a nuestro favor y envíe pronto el resto de la suma que se necesita; y últimamente he sentido cada vez más que se acerca el momento en que el Señor me dará todo lo necesario para comenzar la construcción. Todos los diversos argumentos que a menudo he presentado delante de Dios, los presenté también otra vez esta mañana delante de él. Hace ya 14 meses y 3 semanas que día tras día elevo mis peticiones a Dios a favor de esta obra. Esta mañana me levanté de mis rodillas con plena confianza, no solo de que Dios podía, sino también de que quería enviar los medios, y pronto. Jamás, durante todos estos 14 meses y 3 semanas, he tenido la menor duda de que tendría todo lo necesario.—Y ahora, querido lector creyente, regocíjate y alaba conmigo. Como una hora después de haber orado así, se me dio la suma de dos mil libras para el Fondo de Construcción. Así he recibido en total £9,285 3s. 9½d. para esta obra.—No puedo describir el gozo que tuve en Dios al recibir este donativo. Hay que conocerlo por experiencia para sentirlo. Durante 447 días he tenido que esperar en Dios día tras día antes de que la suma llegara a la cantidad mencionada. ¡Qué grande es la bendición que obtiene el alma confiando en Dios y esperando con paciencia! ¿No es evidente cuán precioso es llevar adelante la obra de Dios de esta manera, incluso en lo que se refiere a obtener los medios?»

La suma total recibida para el Fondo de Construcción fue de £15,784 18s. 10d.


CASAS DE HUÉRFANOS NÚMS. 2 Y 3.

«12 de marzo de 1862.—Fue en noviembre de 1850 cuando mi mente comenzó a ocuparse en ampliar la Obra de los Huérfanos de 300 huérfanos a 1000, y después a 1150; y fue en junio de 1851 cuando este propósito mío se dio a conocer, tras haberlo guardado en secreto durante más de siete meses, mientras oraba por él día tras día. Desde finales de noviembre de 1850 hasta hoy, 12 de marzo de 1862, no se ha dejado pasar un solo día sin presentar a Dios en oración esta ampliación proyectada, y por lo general más de una vez al día. Pero solo ahora, en este día, la Nueva Casa de Huérfanos n.º 3 ha avanzado lo suficiente para poder abrirse. Observa, pues, en primer lugar, estimado lector, cuánto tiempo puede pasar antes de que se conceda una respuesta plena a nuestras oraciones, aun a miles y decenas de miles de oraciones; sí, aunque esas oraciones sean oraciones de fe, oraciones fervientes, ofrecidas en el nombre del Señor Jesús, y aunque deseemos la respuesta únicamente por amor a la honra de nuestro Señor: porque yo, por la gracia de Dios, sin la menor duda ni vacilación, esperé durante más de once años la respuesta plena; * * * y en este asunto busqué solo la gloria de Dios».


ORANDO TRES VECES AL DÍA POR COLABORADORES.

«Como en el caso de la n.º 2, así también en el de la Nueva Casa de Huérfanos n.º 3, yo había orado diariamente por los colaboradores y ayudantes que se necesitaban para los diversos departamentos. Antes de que se pusiera una sola piedra, comencé a orar por esto; y, a medida que avanzaba la construcción, seguí presentando este asunto a Dios día tras día, con la seguridad de que, como en todo lo demás, también en este particular él tendría a bien intervenir a nuestro favor y ayudarnos, ya que toda la obra está destinada a su honra y gloria.

«Por fin se acercaba el momento en que la casa podría abrirse, y por tanto el momento de examinar, para cubrir los diversos puestos, las solicitudes que se habían hecho por escrito durante más de dos años. Pero entonces se vio que, aunque se habían presentado unas 50 solicitudes para los diversos cargos, algunos puestos no podían cubrirse, porque las personas que los habían solicitado estaban casadas o, tras examinarlas, resultaban no ser idóneas. Esta no fue pequeña prueba de fe; porque día tras día, durante años, había pedido a Dios que me ayudara en este particular, tal como lo había hecho en el caso de la Nueva Casa de Huérfanos n.º 2; también había esperado ayuda, la había esperado con confianza; y sin embargo ahora, cuando la ayuda parecía necesaria, faltaba. ¿Qué había que hacer, querido lector? ¿Habría sido correcto acusar a Dios de infidelidad? ¿Habría sido correcto desconfiar de él? ¿Habría sido correcto decir que es inútil orar? De ninguna manera. Al contrario, hice esto: di gracias a Dios por toda la ayuda que me había dado en relación con toda la ampliación; le di gracias por capacitarme para vencer tantas y tan grandes dificultades; le di gracias por los colaboradores que me había dado para la n.º 2; le di gracias también por los colaboradores que ya me había dado para la n.º 3; y en lugar de desconfiar de Dios, consideré esta demora de la respuesta plena a la oración solo como una prueba de fe, y por eso resolví que, en lugar de orar una vez al día con mi querida esposa por este asunto, como lo habíamos hecho día tras día durante años, nos reuniríamos ahora tres veces al día para presentarlo delante de Dios. También presenté el asunto a todo el personal de mis colaboradores en la obra, pidiéndoles sus oraciones. Así he continuado en oración unos cuatro meses más, clamando a Dios tres veces al día por esta necesidad, y el resultado ha sido que se nos ha dado un colaborador tras otro, sin que la ayuda llegara demasiado tarde, ni la obra cayera en desorden, ni se impidiera la admisión de los niños; y estoy plenamente seguro de que los pocos que aún se necesitan también se encontrarán cuando realmente hagan falta».


DIFICULTADES QUITADAS TRAS LA ORACIÓN Y LA PACIENCIA.

El señor Müller relata los siguientes incidentes relacionados con la compra del terreno para la cuarta y la quinta Casas de Huérfanos, después de recibir cinco mil libras para el Fondo de Construcción:

«Ahora, con todo lo que había entrado desde el 26 de mayo de 1864, incluido este último donativo mencionado, tenía en caja más de veintisiete mil libras. Había esperado con paciencia el tiempo de Dios. Había resuelto no hacer nada hasta tener la mitad completa de la suma necesaria para las dos casas. Pero ahora, teniendo más de dos mil libras por encima de la mitad, me sentí, tras buscar de nuevo el consejo de Dios, muy contento de dar pasos para la compra del terreno.

«Durante años mis ojos se habían fijado en un hermoso terreno, separado solo por la carretera de peaje del terreno en el que está levantada la Nueva Casa de Huérfanos n.º 3. El terreno tiene unos 18 acres, con una casa pequeña y dependencias construidas en uno de sus extremos. Cientos de veces había orado, en los últimos años, para que Dios, por amor de Jesús, me tuviera por digno de que se me permitiera levantar en este terreno dos Casas de Huérfanos más; y cientos de veces había mirado este terreno con ojos de oración; sí, por así decirlo, lo había regado con mis oraciones. Podría haberlo comprado hace años; pero eso habría sido adelantarme al Señor. Hace años ya tenía en caja dinero suficiente para pagarlo; pero deseaba esperar con paciencia y sumisión el tiempo de Dios, y que él señalara clara y distintamente que su tiempo había llegado y que yo daba el paso conforme a su voluntad; porque, por mucho que aparentemente lograra, si la obra fuera mía y no del Señor, no podría esperar ninguna bendición. Pero ahora la mente del Señor se había manifestado clara y distintamente. Tenía en caja dinero suficiente para pagar el terreno y construir una casa, y por eso seguí adelante, después de haber pedido aún al Señor dirección, y teniendo la seguridad de que era su voluntad que diera pasos concretos. Lo primero que hice fue ver al agente que actuaba en nombre del dueño del terreno y preguntarle si el terreno estaba en venta. Me respondió que sí, pero que estaba arrendado hasta el 25 de marzo de 1867. Dijo que escribiría para preguntar el precio. Aquí se presentó de inmediato una gran dificultad: el terreno estaba arrendado por dos años y cuatro meses más, mientras que parecía conveniente que yo pudiera tomar posesión de él en unos seis meses, es decir, tan pronto como pudiera otorgarse la escritura de traspaso, estuvieran listos los planos de la Nueva Casa de Huérfanos n.º 4 y se hicieran los arreglos con los contratistas. Pero esta dificultad no me desanimó; porque esperaba, mediante la oración, llegar a un acuerdo feliz y satisfactorio con el arrendatario, pues estaba dispuesto a darle una compensación justa por marcharse antes de que venciera su plazo. Pero, antes de que tuviera tiempo de ocuparme de esto, se presentaron otras dos grandes dificultades: una, que el dueño pedía £7,000 por el terreno, lo cual juzgué considerablemente más de lo que valía; y la otra, que supe que la Compañía de Aguas de Bristol tenía la intención de construir un depósito adicional para su agua precisamente en este terreno, y de conseguir que se aprobara una ley del Parlamento con ese fin.

«Detente aquí unos momentos, estimado lector. Has visto cómo el Señor me llevó tan lejos en cuanto a los recursos económicos que ahora me sentía autorizado a seguir adelante; y puedo añadir además que fui llevado a este punto como resultado de orar miles de veces por este objetivo, y que había también muchos cientos de niños esperando ser admitidos; y sin embargo, después de que el Señor mismo había intervenido tan manifiestamente a nuestro favor con el donativo de £5,000, permite que este aparente golpe mortal caiga sobre todo el proyecto. Pero así lo he hallado cientos de veces desde que conozco al Señor. Las dificultades que él tiene a bien permitir que surjan solo se permiten, en tales circunstancias, para el ejercicio de nuestra fe y paciencia; y más oración, más paciencia y el ejercicio de la fe quitarán las dificultades. Ahora bien, como yo conocía al Señor, estas dificultades no eran para mí insuperables, porque puse mi confianza en él, conforme a aquella palabra: “Y será el Señor refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron” (Salmo 9:9, 10). Por tanto, me entregué con fervor a la oración respecto a estas tres dificultades particulares que habían surgido en torno al terreno. Oraba varias veces al día por el asunto, y empleé los siguientes medios: 1. Vi a la Comisión Ejecutiva de los Directores de la Compañía de Aguas de Bristol respecto al depósito que pensaban construir en el terreno que yo estaba a punto de comprar, y les expuse lo que había visto impreso acerca de sus intenciones. Me dijeron cortésmente que solo se necesitaría una pequeña porción del terreno, no lo suficiente para estorbar mi propósito; y que, si podía evitarse, ni siquiera se tomaría esa pequeña porción. 2. Resuelto esto, fui a ver al arrendatario, después de muchas oraciones; porque deseaba, como cristiano, que si se compraba este terreno, se hiciera en términos amistosos con respecto a él. En la primera entrevista le expuse mis intenciones, expresándole al mismo tiempo mi deseo de que el asunto se resolviera de manera agradable para él. Dijo que lo pensaría y pidió unos días para ello. Al cabo de una semana lo vi de nuevo, y entonces me dijo amablemente que, puesto que el terreno se quería para un fin semejante, no se interpondría; pero que, como había invertido bastante en la casa y el terreno, esperaba una compensación por dejarlos antes de que se cumpliera su plazo. Como yo, por supuesto, estaba muy dispuesto a dar una compensación justa y razonable, consideré esto una preciosísima respuesta a la oración. 3. Pasé entonces a la tercera dificultad, el precio del terreno. Sabía bien cuánto valía el terreno para la Institución de Huérfanos; pero su valor para la Institución no era su valor de mercado. Por eso me entregué día tras día a la oración, pidiendo que el Señor moviera al dueño a aceptar una suma considerablemente menor que la que había pedido; también le hice ver por qué no valía tanto como pedía. Por fin consintió en aceptar £5,500 en lugar de £7,000, y acepté la oferta; porque sabía que, por ser el terreno llano, ahorraríamos una suma considerable en las dos casas, y que el nuevo alcantarillado, terminado solo unos meses antes, que corría bajo la carretera de peaje cerca del campo, nos beneficiaría considerablemente. Además de estos dos puntos, debía tener en cuenta que podemos tener gas desde Bristol, como en las tres casas que ya funcionan. Y por último, el punto más importante de todos: la cercanía de este terreno a las otras tres casas, de modo que todas pudieran estar fácilmente bajo la misma dirección y supervisión. De hecho, ningún otro terreno, cercano o lejano, nos ofrecería tanta ventaja como este lugar que el Señor tan bondadosamente nos había dado. Arreglado ya todo, hice que el terreno se traspasara a los mismos fideicomisarios que lo eran de las Nuevas Casas de Huérfanos n.º 1, n.º 2 y n.º 3.—Me he detenido así minuciosamente en estos diversos asuntos para el estímulo del lector, a fin de que no se desanime ante las dificultades, por grandes, numerosas y variadas que sean, sino que se entregue a la oración, confiando en el Señor para recibir ayuda; sí, esperando la ayuda que él, a su tiempo y a su manera, ciertamente concederá».


CASAS DE HUÉRFANOS NÚMS. 4 Y 5.

«5 de marzo de 1874.—Ambas casas, la n.º 4 y la n.º 5, llevan ya años en funcionamiento, la n.º 4 desde noviembre de 1868 y la n.º 5 desde principios del año 1870, y en ellas se han recibido ya más de 1,200 huérfanos, y mes tras mes se reciben más, a medida que salen de ellas huérfanos como aprendices o sirvientes. Además, todos los gastos relacionados con su construcción, acondicionamiento y amueblado se cubrieron por completo conforme fueron surgiendo, y, una vez pagado todo, quedó un saldo de varios miles de libras, que se está usando para mantener las casas en buen estado. Mira, estimado lector, con cuánta abundancia respondió Dios nuestras oraciones, y qué claro es que no nos equivocamos, después de haber buscado con paciencia y oración conocer su voluntad. Anímate, pues, a confiar más y más en el Dios vivo».


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