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Bendita Prosperidad

Retrato de Hudson Taylor Hudson Taylor

Texto

Salmos 1

En breve

Meditando en el primer Salmo, Taylor contrapone la prosperidad que viene de abajo —el éxito pasajero de los impíos que tanto desconcierta a los siervos de Dios— a la bienaventuranza del hombre que se deleita en la ley del Señor. Plantado junto a corrientes de aguas, ese hombre da su fruto en su tiempo, y todo lo que hace prospera.

Meditaciones sobre el primer Salmo.

INTRODUCCIÓN.

Hay una prosperidad que no es bendita: no viene de arriba sino de abajo, y conduce lejos del cielo, no hacia él. Esta prosperidad de los impíos es a menudo una penosa perplejidad para los siervos de DIOS; necesitan que se les recuerde la exhortación: "No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades." Muchos, además del Salmista, han tenido envidia de los arrogantes al ver la prosperidad de los impíos, y han sido tentados a preguntar: "¿Y hay conocimiento en el ALTÍSIMO?" Mientras Satanás siga siendo el dios de este mundo, y tenga en su poder el hacer prosperar a sus devotos, esta fuente de perplejidad continuará siempre para aquellos que no entran en el santuario y consideran el fin del hombre mundano.

Ni son solamente los impíos los tentados por la oferta de una prosperidad que viene de abajo. Nuestro mismo SALVADOR fue tentado de este modo por el archienemigo. A CRISTO se le dijo que todo lo que Él deseaba realizar en favor de los reinos de este mundo podía lograrse por un camino más fácil que la cruz —un pequeño compromiso con aquel que tenía el poder y podía otorgar los reinos, y todos serían suyos. Las mentirosas asechanzas del seductor fueron rechazadas al instante por nuestro SEÑOR; no son tan ineficaces tales asechanzas para muchos de su pueblo; un poco de astucia en lugar del proceder por el cual aboga la conciencia; una pequeña falta de integridad en los negocios; un pequeño compromiso con los caminos del mundo, seguido de una prosperidad que no trae bendición alguna: estas cosas prueban a menudo que las artes del enemigo siguen siendo las mismas.

Pero, ¡gracias a DIOS!, hay una verdadera prosperidad que viene de Él y conduce hacia Él. No solo es compatible con una integridad perfecta y una santidad de corazón y de vida sin compromisos, sino que no puede alcanzarse sin ellas, y su disfrute tiende a hacerlas más profundas. Esta prosperidad divina es el propósito de DIOS para todo creyente, en todo lo que emprende; en las cosas temporales y en las espirituales, en todas las relaciones y asuntos de esta vida, así como en toda obra para CRISTO y para la eternidad, es la voluntad de DIOS para cada hijo suyo que "todo lo que hace, prosperará."

Sin embargo, es evidente que muchos de sus hijos no gozan de esta bendición constante; algunos hallan que la regla de su vida es el fracaso antes que el éxito; mientras que otros, a veces prosperados y a veces desalentados, viven vidas de incertidumbre, en las cuales la ansiedad y aun el temor no son infrecuentes. ¿No deberíamos cada uno preguntarnos desde el principio: ¿Cómo me va a mí? ¿Es esta bendita prosperidad mi experiencia? ¿Soy guiado de tal modo por el ESPÍRITU en lo que hago, y prosperado de tal modo por DIOS en sus resultados, que como testigo suyo puedo dar testimonio de su fidelidad a esta promesa? Si no es así conmigo, ¿cuál es la razón? ¿Cuál de las condiciones necesarias he dejado de cumplir? ¡Que nuestras meditaciones sobre el primer Salmo aclaren más estas condiciones a nuestra mente, y que la fe sea capacitada para reclamar resueltamente todo lo que está incluido en esta maravillosa promesa!

LAS CONDICIONES NEGATIVAS DE LA BENDICIÓN

"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos."

Más literalmente: ¡Oh las bienaventuranzas, la múltiple felicidad del hombre cuyo carácter se describe aquí en el primero y el segundo versículos de este Salmo! Es feliz en lo que escapa o evita, y feliz y prosperado en lo que emprende.

La primera característica que se nos da es que no anda en el consejo de los impíos, de los malos. Notad que no dice simplemente que no anda en consejo malo: un hombre de DIOS claramente no haría esto; sino que lo que se dice es que "no anduvo en consejo de malos." Ahora bien, los malos tienen a menudo mucha sabiduría mundana, y llegan a ser notables por su prosperidad y su prudencia, pero el hijo de DIOS debe estar siempre en guardia contra el consejo de ellos; por bueno que parezca, está lleno de peligro.

Una de las principales características del malo es que DIOS no está en ninguno de sus pensamientos; lo ve todo desde el punto de vista del yo, o, a lo sumo, desde el punto de vista de la humanidad. Su máxima: "Cuida del número uno", sería muy buena si con ella quisiera decir que DIOS es primero, y que siempre ha de ponerse primero; pero no lo entiende así: para el impío el número uno es el yo y no DIOS. Los malos aconsejan a menudo la honradez, no sobre la base de que la honradez agrada a DIOS, sino de que es la mejor política; si en alguna transacción comercial en particular una política más provechosa parece del todo segura, los que han sido honrados simplemente porque es lo que más rinde, estarán muy propensos a dejar de serlo.

El hijo de DIOS no tiene necesidad del consejo de los impíos; si ama y estudia la Palabra de DIOS, esta le hará más sabio que todos esos consejeros. Si busca y observa todo el consejo de DIOS, por la guía del ESPÍRITU SANTO, no andará en tinieblas ni aun en cuanto a las cosas del mundo. Las indicaciones de la Palabra de DIOS pueden parecer a menudo extrañas e imprudentes, pero en la medida en que tenga fe para obedecer las indicaciones que halla en la Escritura, sin apartarse ni a diestra ni a siniestra, en esa medida hará prosperar su camino y todo le saldrá bien.

La historia de los primeros Amigos en América, que no quisieron tomar un arma para protegerse contra las tribus indias salvajes, muestra cuán seguro es seguir la Palabra de DIOS y no resistir al mal. Y su experiencia posterior en la reciente Guerra Civil, en la cual ninguno de ellos perdió la vida, aunque expuestos a los mayores peligros y penalidades por no querer pelear, confirma además la sabiduría, así como la bienaventuranza, de obedecer literalmente la Escritura. Los ojos del SEÑOR todavía contemplan toda la tierra para mostrar su poder a favor de los que en Él confían delante de los hijos de los hombres. El creyente iluminado tiene un consejo tanto mejor que ya no necesita el consejo de los impíos, como tampoco se rebaja a aceptarlo.

Y, más que esto, el hijo de DIOS sabio averiguará cuidadosamente el punto de vista de un hermano en la fe antes de dar valor a su consejo; pues aprende por la Escritura y por la experiencia que también Satanás, con no poca frecuencia, hace instrumentos suyos del pueblo de DIOS, como, por ejemplo, en el caso de Pedro. Poco sabía el asombrado Pedro de dónde venía su exhortación al SEÑOR a que tuviera compasión de sí mismo; "¡Quítate de delante de mí, Satanás!" mostró que nuestro SEÑOR había rastreado este consejo, que no buscaba primeramente el Reino de DIOS, hasta su verdadera fuente. ¡Ay, el consejo de los cristianos de mente mundana hace mucho más daño que el de los abiertamente malos! Siempre que los supuestos intereses del yo, o de la familia, o del país, o aun de la iglesia o de la misión, se ponen en primer lugar, podemos estar bien seguros de la verdadera fuente de ese consejo; es por lo menos terrenal o animal, si no diabólico.

Además, el hombre verdaderamente bienaventurado—

Ni estuvo en camino de pecadores.

Dios los cría y ellos se juntan; el camino del pecador no conviene al verdadero creyente más de lo que el camino del creyente conviene al pecador. Como testigo de su MAESTRO, con la esperanza de salvar a los perdidos, puede ir a ellos; pero no plantará, como Lot, su tienda hacia Sodoma; no sea que quede atrapado como Lot, que solo él mismo escapó, perdiendo a todos los que más amaba y todas sus posesiones. ¡Ah, cuántos padres que han revoloteado como la polilla cerca de la llama han visto a sus hijos destruidos por ella, mientras ellos mismos no han escapado ilesos! ¡Cuántas iglesias e instituciones cristianas, en el intento de atraer a los inconversos con incentivos o diversiones mundanas, han perdido ellas mismas la bendición de DIOS; y han perdido de tal modo el poder espiritual, que aquellos a quienes así han atraído en nada han sido beneficiados! En lugar de ver a los muertos vivificados, un estado de sopor y de muerte se ha apoderado de ellas mismas.

No hay necesidad ni lugar para ninguna otra atracción que la que CRISTO mismo dio, cuando dijo: "Y yo, si fuere levantado ... a todos atraeré a mí mismo." Nuestro MAESTRO fue siempre "apartado de los pecadores", y el ESPÍRITU SANTO habla inequívocamente en 2 Cor. vi.: "¿Qué compañerismo tiene la justicia con la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ... porque vosotros sois el templo del DIOS viviente; como DIOS dijo: Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su DIOS, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos ... y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por PADRE, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el SEÑOR Todopoderoso."

"Ni en silla de escarnecedores se ha sentado."

La silla de los escarnecedores es uno de los peligros especiales de esta época. El orgullo, la presunción y el escarnio están estrechamente unidos, y están muy lejos, por cierto, del sentir que hubo en CRISTO JESÚS. Este espíritu se manifiesta a menudo en nuestros días en forma de crítica irreverente. Los que espiritualmente están menos capacitados para ello se hallan sentados en la silla del juicio, en lugar de tomar el lugar del que inquiere y del que aprende. Los de Berea, en la antigüedad, no rechazaron con desdén las enseñanzas, para ellos extrañas, del apóstol Pablo, sino que escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Ahora, a fe mía, se ponen en tela de juicio las Escrituras mismas, y los fundamentos mismos de la fe cristiana son abandonados por hombres que quisieran ser tenidos por los apóstoles del pensamiento moderno. ¡Guarde DIOS a su pueblo de abandonar la fe una vez dada a los santos por las infundadas y efímeras fantasías de nuestros días!

LAS CONDICIONES POSITIVAS DE LA BENDICIÓN.

Hemos considerado las cosas que evita el hombre verdaderamente bienaventurado. ¡Oh, las miserias y las pérdidas de los que no logran evitarlas! Ahora hemos de detenernos en las características especiales del hombre de DIOS, las que son a la vez la fuente de su fuerza y su escudo de protección.

"En la ley de Jehová está su delicia,
"Y en su ley medita de día y de noche."

El no regenerado no puede deleitarse en la ley del SEÑOR. Puede ser muy religioso, y leer la Biblia como uno de sus deberes religiosos. Puede admirar mucho de lo que hay en la Biblia, y ensalzarla en voz alta —pues como mero libro es el más maravilloso del mundo. Aún más, puede ir mucho más lejos que esto; y puede imaginar, como Saulo el perseguidor, que su vida está ordenada según sus enseñanzas, mientras sigue estando lejos de DIOS. Pero cuando tales hombres se convierten, descubren que han estado ciegos; entre "todas" las cosas que son hechas nuevas, hallan que tienen una Biblia nueva; y como niños recién nacidos desean la leche no adulterada de la Palabra, para crecer por medio de ella. Bien está cuando los cristianos jóvenes son debidamente alimentados con la Palabra de DIOS, y no se les corrompe el gusto ni se les destruye la constitución espiritual alimentándose de las imaginaciones de los hombres en lugar de las verdades de DIOS.

No es difícil descubrir en qué se deleita un hombre. "De la abundancia del corazón habla la boca." La madre se deleita en hablar de su criatura, al político le encanta hablar de política, al hombre de ciencia de su ciencia favorita, y al atleta de su deporte. Del mismo modo, el cristiano ferviente y feliz manifiesta su deleite en la Palabra de DIOS; es su alimento y su consuelo; es su estudio y su guía; y a medida que el Espíritu Santo arroja nueva luz sobre sus preciosas verdades, halla en ella un gozo y un placer incomparables. De manera natural y espontánea hablará a menudo de aquello que es tan precioso para su corazón.

Por la regeneración el creyente, habiendo llegado a ser hijo de DIOS, halla nuevo interés e instrucción en todas las obras de DIOS. Su PADRE las diseñó y las creó, las sostiene y las usa, y para su gloria existen. Pero esto es particularmente cierto de la Palabra de DIOS. Poseyendo la mente de CRISTO, instruido por el ESPÍRITU de CRISTO, halla en cada parte de la Palabra de DIOS testimonio de la persona y la obra de su adorable Maestro y Amigo. La Biblia se le hace querida de mil maneras, mientras despliega la mente y los caminos de DIOS, su trato pasado con su pueblo y sus maravillosas revelaciones del porvenir.

Mientras estudia así la Palabra de DIOS, el creyente se hace consciente de una nueva fuente de deleite; no solo es precioso lo que se revela, sino que la belleza y la perfección de la revelación misma le cautivan cada vez más. Ya no tiene necesidad de pruebas externas para demostrar su inspiración; en todas partes lleva el sello de la Divinidad. Y así como el microscopio, que revela la tosquedad y los defectos de las obras del hombre, no hace sino mostrar más plenamente la perfección de las obras de DIOS, y saca a la luz bellezas nuevas e inimaginadas, así sucede con la Palabra de DIOS cuando se la examina de cerca.

¡En qué notable contraste está este Libro con las obras de los hombres! La ciencia de ayer carece de valor hoy; pero la historia y los descubrimientos de nuestro propio tiempo no hacen sino confirmar la fidelidad de estos antiguos registros sagrados. Cuanto más firme sea nuestra fe en la inspiración plenaria y verbal de la Santa Palabra de DIOS, cuanto más plenamente la hagamos nuestra guía, y cuanto más implícitamente sigamos sus enseñanzas, tanto más profunda será nuestra paz y más fructífero nuestro servicio. "Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hará tropezar." Convenciéndose cada vez más de la sabiduría divina de las indicaciones y mandamientos de la Escritura, y de la fidelidad de las promesas, la vida del creyente llegará a ser cada vez más una vida de obediencia y confianza; y así comprobará por sí mismo cuán buena, agradable y perfecta es la voluntad de DIOS, y la Biblia que la revela.

Las palabras "la ley de Jehová", que entendemos que significan toda la Palabra de DIOS, son muy sugestivas. Indican que la Biblia tiene por fin enseñarnos lo que DIOS quiere que hagamos; que no debemos buscar meramente las promesas, y tratar de obtener de DIOS todo lo que podamos; sino que debemos desear con mucho más ardor saber lo que Él quiere que seamos y hagamos para Él. Se registra de Esdras que preparó su corazón para inquirir la ley del SEÑOR, a fin de cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos. El resultado fue que la mano de su DIOS estuvo sobre él para bien, los deseos de su corazón le fueron concedidos con largueza, y llegó a ser el cauce de bendición para todo su pueblo. Todo el que escudriñe las Escrituras con el mismo espíritu recibirá y comunicará la bendición de DIOS: hallará en ellas la guía que necesita para su propio servicio, y muchas veces una palabra a su tiempo para aquellos con quienes se relaciona.

Pero la Biblia no solo llegará a ser para él la ley del SEÑOR en cuanto enseña e ilustra lo que DIOS quiere que él sea y haga, sino aún más en cuanto revela lo que DIOS mismo es y hace. Así como la ley de la gravitación nos da a conocer cómo actuará en circunstancias dadas una fuerza en la cual siempre podemos confiar, así la ley del SEÑOR nos da a conocerle a Él, y los principios de su gobierno, en los cuales podemos descansar con confianza implícita.

El hombre de DIOS se deleitará también en descubrir a DIOS en la Palabra como el gran Obrero, y se regocijará en el privilegio de ser colaborador suyo —un agente gozoso y voluntario en hacer la voluntad de DIOS, regocijándose, sin embargo, en la gracia que le ha hecho dispuesto, y en el poderoso poder divino que obra por medio de él. La Biblia le enseñará también a considerarse a sí mismo como apenas un átomo, por así decirlo, en el gran universo de DIOS; y a ver la gran obra de DIOS como un todo magnífico, llevado adelante por diez mil agentes; llevado adelante en todas las esferas, en todo tiempo, y sin posibilidad de fracaso final —¡una gloriosa manifestación de las perfecciones del gran Obrero! Él mismo, y mil más de sus consiervos, pueden pasar; pero este pensamiento no paralizará sus esfuerzos, pues sabe que todo lo que ha sido hecho en DIOS permanecerá, y que todo lo que quede incompleto cuando termine su obra, el gran Obrero lo llevará a término en su propio tiempo y a su propia manera.

No espera entender todo lo relativo a la grandiosa obra en la cual tiene el privilegio de tomar una parte bendita pero infinitesimal; puede permitirse aguardar su terminación, y ya puede regocijarse por la fe en la certeza de que el todo será hallado en todo respecto digno del gran Diseñador y Ejecutor. Bien puede estar su delicia en la ley del SEÑOR, y bien puede meditar en ella de día y de noche.

EL FRUTO EN BENDICIÓN.

Pasamos ahora a notar las notables promesas del tercer versículo de este Salmo —una de las más notables y abarcadoras que contienen las Escrituras:—

"Y será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
"Que da su fruto en su tiempo;
"Y su hoja no cae;
"Y todo lo que hace, prosperará."

Si pudiéramos ofrecer a los impíos un plan mundano que les asegurara prosperar en todo lo que emprendieran, ¡con qué avidez lo abrazarían! ¡Y sin embargo, cuando DIOS mismo revela a su pueblo un plan eficaz, qué pocos se valen de él! Muchos fallan en el lado negativo y no salen claramente del mundo; muchos fallan en el lado positivo y permiten que otros deberes o placeres ocupen el tiempo que debería dedicarse a la lectura y la meditación de la Palabra de DIOS. A algunos no les resulta nada fácil asegurarse tiempo para la vigilia de la mañana, pero nada puede compensar su pérdida. ¿Pero no hay aún una tercera clase de cristianos cuyo fracaso se debe en gran parte a no abrazar la promesa y reclamarla por la fe? De cada una de estas tres maneras puede entrar el fracaso y perderse las bendiciones del pacto.

Consideremos ahora cuáles son las bendiciones, las múltiples felicidades que la fe ha de reclamar cuando se cumplen las condiciones.

I. Estabilidad.—Será como un árbol (no una mera planta anual), de crecimiento firme y progresivo y de fruto creciente. Un árbol plantado, y que siempre se halla en su lugar, no llevado de acá para allá, juguete de las circunstancias. Las flores pueden abrirse y pasar, pero el árbol permanece.

II. Provisión independiente.—Plantado junto a corrientes de aguas. La provisión ordinaria de lluvia y rocío puede faltar: su provisión profunda y escondida no puede faltar. En el año de sequía no se fatigará, y en los días de hambre será saciado. Su provisión es el agua viva —el ESPÍRITU de DIOS—, el mismo ayer, hoy y por los siglos: por eso no depende de ningún manantial intermitente.

III. Fruto a su tiempo.—El estudiante cuidadoso de la Escritura notará el paralelismo entre la enseñanza del primer Salmo y la de nuestro SEÑOR en el Evangelio de Juan, donde en el capítulo sexto se nos enseña que el que se alimenta de CRISTO permanece en Él, y en el decimoquinto que el que permanece lleva mucho fruto. Nos alimentamos de CRISTO, el VERBO encarnado, por medio de la Palabra escrita. Así en este Salmo, el que se deleita en la ley del SEÑOR, y medita en ella de día y de noche, da su fruto en su tiempo.

Hay algo hermoso en esto. ¡La palabra dicha a su tiempo, cuán buena es; cómo aun una mirada oportuna anima o refrena, reprende o consuela! La promesa le recuerda a uno aquellas de Juan acerca del agua viva: los sedientos beben, y no solo son refrescados, sino que llegan a ser cauces por los cuales corren siempre ríos de agua viva, de modo que otros sedientos, en la hora de su necesidad, puedan hallar refrigerio oportuno. Pero la figura del Salmo no es la del agua que corre a través de nosotros como por un cauce; sino la del fruto, el producto mismo de nuestra propia vida transformada —una vida de unión con CRISTO.

Es tan misericordioso de parte de nuestro DIOS no obrar por medio de nosotros de un modo meramente mecánico, sino hacernos pámpanos de la Vid Verdadera, los órganos mismos por los cuales se produce su fruto. No somos, por tanto, obreros independientes, pues hay una diferencia fundamental entre el fruto y la obra. La obra es el producto del esfuerzo; el fruto, de la vida. Un hombre malo puede hacer una buena obra, pero un árbol malo no puede dar buen fruto. El resultado de la obra no se reproduce, pero el fruto tiene su semilla en sí mismo. El obrero tiene que buscar su material y sus herramientas, y a menudo aplicarse a su tarea con penosa perseverancia. El fruto de la Vid es el producto gozoso, libre y espontáneo de la vida interior; y se forma, crece y madura en su debido tiempo.

¿Y cuál es el fruto que el creyente debe llevar? ¿No puede expresarse con una sola palabra: semejanza a Cristo? Es interesante notar que la Escritura no habla de los frutos del ESPÍRITU, en plural, como si pudiéramos escoger a nuestro gusto entre las gracias nombradas, sino de el fruto, en singular, que es un rico racimo compuesto de amor, gozo, paz, paciencia, etc. ¡Cuán bienaventurado es dar tal fruto a su tiempo!

IV. Vigor continuo.—"Y su hoja no cae." En nuestro propio clima muchos árboles pueden conservar su vida durante todo el invierno, pero no pueden retener sus hojas. El resistente árbol de hoja perenne, sin embargo, no solo vive, sino que manifiesta su vida, y tanto más visiblemente a causa de las ramas desnudas que lo rodean. La vida interior es demasiado fuerte para temer el día acortado, el viento helado o la nieve que cae. Así sucede con el hombre de DIOS cuya vida se sostiene por la comunión escondida por medio de la Palabra; la adversidad no hace sino sacar a luz la fuerza y la realidad de la vida interior.

La hoja del árbol no es un mero adorno. Si la raíz nos sugiere el poder receptivo, en cuanto extrae del suelo la savia estimulante sin la cual la vida no podría sostenerse, las hojas no menos nos recuerdan la gracia de dar y de purificar. Imparten a la atmósfera una humedad bienhechora; proporcionan al viajero una sombra refrescante, y purifican el aire envenenado por la respiración de la vida animal.

Bien recompensado es también el árbol por todo lo que da a través de sus hojas. La savia delgada y estimulante que viene de la raíz, que por sí misma no podría edificar el árbol, se espesa al desprender su humedad, y por medio de las hojas se apropia del carbono de la atmósfera. Así enriquecida, la savia vuelve a través del árbol, edificándolo, hasta que las raicillas más diminutas son tan nutridas por las hojas como estas son alimentadas por las raíces. Mantened un árbol despojado de sus hojas el tiempo suficiente y ciertamente morirá. Así, a menos que el creyente esté dando además de recibir, purificando su vida y su influencia, no podrá crecer ni mantener debidamente su propia vitalidad. Pero el que se deleita en la ley del SEÑOR, y medita en ella de día y de noche, su hoja no caerá.

V. Prosperidad constante.—"Todo lo que hace, prosperará." ¿Podría alguna promesa ir más allá de esta? Es el privilegio del hijo de DIOS ver la mano de DIOS en todas sus circunstancias y en todo lo que le rodea, y servir a DIOS en todas sus ocupaciones y deberes. Ya sea que coma o beba, trabaje o descanse, hable o calle; en todas sus ocupaciones, espirituales, domésticas o seculares, es igualmente siervo de DIOS. Nada que le sea lícito es demasiado pequeño para ofrecerle una oportunidad de glorificar a DIOS; deberes en sí mismos triviales o fatigosos quedan exaltados y glorificados cuando el creyente reconoce su poder, por medio de ellos, de alegrar y satisfacer el corazón amoroso de su MAESTRO, que siempre le observa. Y el que en todas las cosas se reconoce como siervo de DIOS puede contar con una suficiencia de parte de DIOS para toda clase de necesidad, y mirar con confiada expectación a DIOS para que le prospere verdaderamente en todo lo que hace.

Pero esta prosperidad no siempre será manifiesta, salvo al ojo de la fe. Cuando Corazín y Betsaida rechazaron el mensaje de nuestro SEÑOR, hizo falta el ojo de la fe para regocijarse en espíritu y decir: "Sí, PADRE, porque así te agradó." Sin duda las legiones del infierno se regocijaron cuando vieron al SEÑOR de la Gloria clavado en el madero maldito; y sin embargo sabemos que nunca fue más prosperado nuestro bendito SEÑOR que cuando, como nuestro Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo como nuestro sacrificio expiatorio, y llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. Como entonces, así ahora, el camino de la verdadera prosperidad pasará a menudo por el más hondo sufrimiento; bien pueden los seguidores de CRISTO contentarse con el camino que Él pisó.

Pero aunque esta prosperidad no sea inmediatamente manifiesta, siempre será real, y siempre debe reclamarse por la fe. El ministro en su iglesia, el misionero entre los paganos, el comerciante en su escritorio, la madre en su hogar, el obrero en su labor, cada uno puede reclamarla igualmente. No en vano está escrito: "Todo lo que hace, prosperará."

VI. Finalmente, notemos que estas promesas están todas en modo indicativo, y, con tal que se cumplan las condiciones, son absolutas. No hay en ellas ningún "quizás". Y además, están hechas a creyentes individuales. Aunque otros creyentes fallen, el que las acepta no fallará; la palabra es: "Todo lo que hace, prosperará."

EL CONTRASTE.

"No así los malos."

No es necesario detenernos mucho en el contraste. Los impíos no pueden gozar de la felicidad del hijo de DIOS, porque no pueden cumplir las condiciones. Ni pueden ni desean evitar el consejo, la compañía o los caminos de sus semejantes; y carecen de esa percepción espiritual que es esencial para deleitarse en la Palabra de DIOS. En lugar de estar llenos de vida, como el grano tierno, se vuelven duros y secos; y el mismo sol que madura al uno prepara al otro para la destrucción. En lugar de estar "plantados", el viento los arrebata; y Aquel que se complace en el camino de su pueblo hace perecer la senda de los impíos.

Escritura en este sermón Salmos 1

Dominio público. Texto original de la edición original.