La vid verdadera ·La elección

Capítulo 30 · 4 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

La elección

No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto—Juan 15.16

El pámpano no escoge la vid, ni decide en cuál vid crecerá. La vid produce el pámpano, como y donde quiere. Así también dice Cristo: “No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros.” Pero alguno dirá: ¿no es precisamente esta la diferencia entre el pámpano en el mundo natural y en el espiritual, que el hombre tiene voluntad y poder de escoger, y que es en virtud de haber decidido aceptar a Cristo, de haberle escogido como Señor, que ahora es un pámpano? Esto es sin duda cierto. Y, con todo, es solo media verdad. La lección de la Vid, y la enseñanza de nuestro Señor, señalan la otra mitad, el lado más hondo, el lado divino de nuestro ser en Cristo. Si él no nos hubiera escogido, nunca le habríamos escogido nosotros. Nuestro escogerle a él fue el resultado de que él nos escogiera y se apoderara de nosotros. Por la naturaleza misma de las cosas, es prerrogativa suya, como Vid, escoger y crear su propio pámpano. Todo lo que somos lo debemos a “la elección de gracia.” Si queremos conocer a Cristo como la vid verdadera, el único origen y la única fuerza de la vida del pámpano, y a nosotros mismos como pámpanos en nuestra absoluta, bienaventuradísima y segurísima dependencia de él, bebamos hondamente de esta bendita verdad: “No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros.”

¿Y con qué fin dice Cristo esto? Para que sepan cuál es el objeto para el cual los escogió, y hallen, en su fe en la elección de él, la certeza de cumplir su destino. A lo largo de la Escritura, este es el gran objeto de la enseñanza sobre la elección. “Predestinados para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo” (para ser pámpanos a imagen y semejanza de la Vid). “Escogidos para que fuésemos santos.” “Escogidos para salvación, mediante la santificación del Espíritu.” “Elegidos en santificación del Espíritu, para obediencia.” Algunos han abusado de la doctrina de la elección, y otros, por temor a su abuso, la han rechazado, porque han pasado por alto esta enseñanza. Se han ocupado de su origen oculto en la eternidad, de los inescrutables misterios de los consejos de Dios, en vez de aceptar la revelación de su propósito en el tiempo, y las bendiciones que trae a nuestra vida cristiana.

Piensa tan solo cuáles son estas bendiciones. En nuestro versículo, Cristo revela su doble propósito al escogernos para ser sus pámpanos: que llevemos fruto en la tierra, y que tengamos poder en la oración en el cielo. ¡Qué confianza da el pensamiento de que nos ha escogido para esto, de que no dejará de capacitarnos para llevar a cabo su propósito! ¡Qué seguridad de que podemos llevar fruto que permanezca, y de que podemos orar de modo que obtengamos! ¡Qué llamado continuo a la más profunda humildad y alabanza, a la más entera dependencia y expectación! No nos escogería para aquello para lo cual no somos aptos, o para lo cual no pudiera capacitarnos. Nos ha escogido; esta es la prenda: él lo hará todo en nosotros.

Escuchemos, en el silencio del alma, a nuestra santa Vid que habla a cada uno de nosotros: “¡No me elegiste tú á mí!” Y digamos: “Sí, Señor; ¡pero yo te elegí á ti! ¡Amén, Señor!” Pídele que te muestre lo que esto significa. En él, la vid verdadera, tu vida como pámpano tiene su origen divino, su seguridad eterna, y el poder para cumplir su propósito. De aquel a cuya voluntad de amor todo lo debes, todo puedes esperar. En él, en su propósito, en su poder y en su fidelidad, en su amor, permanezca yo.

Yo os elegí. Señor, enséñame lo que esto significa: que has puesto en mí tu corazón, y me has escogido para llevar fruto que permanezca, y para orar oración que prevalezca. En este tu eterno propósito quisiera mi alma reposar y decir: “Aquello para lo cual él me escogió, eso seré, eso puedo ser, eso he de ser.”

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La vid verdadera Andrew Murray

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