Capítulo 27 · 43 min de lectura · 56 min de escucha
Conclusión
1857-1860.
SE ABRE LA CASA PARA CUATROCIENTOS—LA ORACIÓN, MÁS QUE CONTESTADA—EL REFUGIO EN LA ANGUSTIA—UN DERRAMAMIENTO DEL ESPÍRITU SOBRE LOS HUÉRFANOS—SE COMPRA TERRENO PARA UN NUEVO EDIFICIO—«UNA SOLA VIDA QUE GASTAR PARA DIOS»—«REPARTIR, Y AUN ASÍ CRECER»—UN AÑO MEMORABLE—EL GERMEN DEL AVIVAMIENTO IRLANDÉS—CARTA DE UN HUÉRFANO—EL FRUTO DE SEIS MESES DE ORACIÓN—LOS RESULTADOS DE LA OBRA—AVIVAMIENTO ENTRE LOS HUÉRFANOS.
Con fecha del 12 de noviembre de 1857, el Sr. M. escribe:—
Había llegado por fin el día tan largamente esperado y por el que tanto había orado, en que se me concedía el deseo de mi corazón: poder abrir la casa para cuatrocientos huérfanos más. Mucho había trabajado, en oración y en diligencias activas, para llevar a cabo lo que había que hacer de antemano; y ahora las cosas estaban tan avanzadas que la nueva casa estaba lista para usarse, y pocos días después comenzamos a recibir en ella a los niños. Cuán precioso fue esto para mí, solo podrán comprenderlo quienes, habiendo orado día tras día durante siete años por una bendición, y a menudo repetidas veces en un mismo día, obtienen al fin el deseo de su corazón. Sin embargo, esta bendición no me llegó de improviso, sino que la había estado aguardando y, con plena certidumbre de fe, había esperado obtenerla en el tiempo de Dios.
17 de febrero de 1858. Hasta donde puedo juzgar, tengo ya todo lo que necesito en cuanto a medios económicos también para la tercera casa, de modo que puedo llevar a cabo la ampliación completa de la obra de los huérfanos hasta mil huérfanos.
Al concluir el año del que tratamos, el Sr. M. había recibido, de todas las procedencias, treinta y cinco mil trescientas treinta y cinco libras, nueve chelines y tres peniques para las nuevas Casas de Huérfanos, «siendo en realidad trescientas treinta y cinco libras, nueve chelines y tres peniques más de lo que yo había estado pidiendo en oración desde el principio».
El siguiente hecho, relacionado con el sustento y el cuidado de los huérfanos, muestra la confianza que se depositaba en la oración y en la fe para hallar alivio en toda necesidad apremiante:—
Hacia fines de noviembre de 1857 se me informó, de la manera más inesperada, que la caldera de nuestro aparato de calefacción de la nueva Casa de Huérfanos n.º 1 tenía una fuga muy considerable, de modo que era imposible pasar el invierno con semejante fuga. Nuestro aparato de calefacción consiste en una gran caldera cilíndrica, dentro de la cual se mantiene el fuego, y a esa caldera están conectadas las tuberías de agua que calientan las habitaciones. Al aparato va unido también un sistema de aire caliente. Esta era, pues, mi situación. Se había considerado que la caldera era apta para el trabajo del invierno; haber tenido motivos para sospechar que estaba gastada, no haber hecho nada para sustituirla por una nueva y haber dicho: «Confiaré en Dios en cuanto a ella», habría sido una presunción descuidada, y no fe en Dios. Habría sido una falsificación de la fe.
La caldera está enteramente rodeada de obra de ladrillo; por eso no se podía conocer su estado sin derribar el ladrillo, y esto, si resultaba innecesario, más bien perjudicaría a la caldera; y como, año tras año, durante ocho inviernos, no habíamos tenido dificultad alguna en este sentido, no la habíamos previsto ahora. Pero de repente, y del modo más inesperado, al comienzo del invierno, surgió esta dificultad. ¿Qué hacer, entonces? Me preocupaba hondamente que los niños, sobre todo los más pequeños, no sufrieran por falta de calor. Pero ¿cómo íbamos a obtener calor? Instalar una caldera nueva llevaría, con toda probabilidad, muchas semanas. Reparar la caldera era cosa dudosa, por lo grande de la fuga; pero, aun si no lo era, nada podía decirse de ello hasta que se quitara, al menos en parte, la cámara de ladrillo en la que está encerrada la caldera, junto con el aparato de calefacción patentado de Hazard; y eso, al menos según podíamos juzgar, llevaría días; ¿y qué se haría entretanto para tener habitaciones calientes para trescientos niños? Naturalmente se me ocurrió instalar estufas de gas provisionales; pero, al sopesar mejor el asunto, se vio que no podríamos calentar nuestras grandísimas habitaciones con gas a menos que tuviéramos muchísimas estufas, las cuales no podíamos instalar, porque no nos sobraba suficiente gas de nuestro sistema de alumbrado. Además, para cada una de esas estufas necesitábamos una pequeña chimenea que se llevara el aire viciado. Por lo tanto, este modo de calefacción, aunque aplicable a un vestíbulo, a una escalera o a una tienda, no servía para nuestros fines. Pensé también en instalar provisionalmente estufas de Arnott; pero no resultarían adecuadas, porque necesitábamos chimeneas, chimeneas largas, para ellas, y como serían de carácter provisional, tendrían que salir por las ventanas. Por esta razón, la incertidumbre de que diera resultado en nuestro caso y el afear las habitaciones casi de forma permanente me hicieron ver que era necesario abandonar también este plan. Pero ¿qué hacer? Con gusto habría pagado cien libras si con ello se hubiera podido vencer la dificultad y los niños no hubieran tenido que sufrir durante muchos días por estar en habitaciones frías. Al fin resolví ponerme enteramente en las manos de Dios, que es muy misericordioso y piadoso, y decidí que, en todo caso, se abriera la cámara de ladrillo para ver el alcance del daño y si la caldera podía repararse de manera que nos sirviera durante el invierno. Se fijó el día en que habían de venir los obreros y se hicieron todos los preparativos necesarios. Por supuesto, había que dejar apagar el fuego mientras se hacían las reparaciones. Pero ahora mira. Después de fijado el día de las reparaciones, se levantó un viento norte helado. Comenzó a soplar el jueves o el viernes anterior al miércoles por la tarde en que se debía apagar el fuego. Llegó entonces el primer tiempo verdaderamente frío que tuvimos a comienzos del invierno pasado, en los primeros días de diciembre. ¿Qué hacer? Las reparaciones no podían aplazarse. Pedí entonces al Señor dos cosas, a saber: que tuviera a bien cambiar el viento norte en viento sur, y que diera a los obreros «ánimo para obrar»; porque recordé cuánto logró Nehemías en cincuenta y dos días, mientras edificaba los muros de Jerusalén, porque «el pueblo tuvo ánimo para obrar». Pues bien, llegó el día memorable. La víspera todavía soplaba el helado viento norte; pero el miércoles sopló el viento sur, exactamente como yo había pedido. El tiempo era tan templado que no hacía falta fuego. Se quita el ladrillo, se encuentra muy pronto la fuga y los caldereros comienzan a repararla con todo empeño. Hacia las ocho y media de la noche, cuando me disponía a dejar la nueva Casa de Huérfanos para irme a mi casa, me informaron en la portería que había llegado el principal encargado de la firma de la que procedían los caldereros, para ver cómo iba el trabajo y si podía de algún modo acelerarlo. Fui inmediatamente al sótano, pues, para verlo junto con los hombres y procurar agilizar el asunto. Al hablar de ello con el encargado, este dijo en presencia de ellos: «Los hombres trabajarán hasta tarde esta noche y volverán muy temprano mañana». «Preferiríamos, señor», dijo el capataz, «trabajar toda la noche». Entonces recordé la segunda parte de mi oración: que Dios diera a los hombres «ánimo para obrar». Así fue: por la mañana la reparación de la caldera estaba terminada, la fuga quedó tapada, aunque con gran dificultad, y en unas treinta horas el ladrillo estaba otra vez levantado y el fuego encendido en la caldera; y durante todo ese tiempo el viento sur sopló tan suavemente que no hubo la menor necesidad de fuego.
He aquí, pues, una de nuestras dificultades que fue vencida por la oración y la fe.
Durante casi tres meses todo marchó bien; pero a finales de febrero apareció otra fuga, peor que la anterior. Pero también en esto fuimos ayudados por medio de la oración, de modo que, sin ninguna incomodidad real, las reparaciones se hicieron en unas treinta horas. Desde entonces el Señor no nos ha vuelto a probar de esta manera. Mientras escribo esto hace un tiempo hermoso y cálido, y he ordenado que en ambas casas se apaguen los fuegos de los aparatos de calefacción; y, si el Señor quiere, desde luego se instalará una caldera nueva.
2 de febrero de 1858. «De Newton», una libra. Hoy di los primeros pasos efectivos hacia la construcción de la tercera casa, y enseguida se me informó por carta que una señora de Londres, completamente desconocida para mí, había ordenado a sus banqueros que me enviaran trescientas libras para el sostenimiento de los huérfanos. Además, por la noche se me informó que dentro de dos semanas se me pagarían ochocientas libras para la obra del Señor. Las trescientas libras llegaron al día siguiente, y las ochocientas, dos semanas después. Mira cómo, al ampliarse la obra, el Señor va al paso de los gastos, ayudando cuando la ayuda de verdad se necesita, y a menudo dando también de antemano.
Durante el año 1857-8 se sostuvieron o ayudaron con los fondos del Instituto veinticuatro escuelas, se distribuyeron tres mil novecientas sesenta y tres Biblias y porciones de las Escrituras, y se gastaron tres mil quinientas treinta y una libras en ayudar a ochenta y dos obreros en diversas partes del mundo. De estos hombres el Sr. Müller recibió cartas con la gratísima noticia de que su labor había sido bendecida por el Señor. Después de dar abundantes extractos de esas cartas, el Sr. M. añade:—
Se podrían multiplicar mucho tales extractos y, como ya dije, fácilmente podría escribirse un grueso volumen; pero la falta de espacio me impide dar más. Sin embargo, creo que es justo hacia el lector cristiano declarar que hay buenas razones para creer que muchos cientos de almas han sido llevadas al conocimiento del Señor por medio de estos hermanos en el último año; ¿y no podemos esperar que aun lo que se sabe no sea, ni con mucho, todo lo que el Señor ha tenido a bien realizar por medio de ellos? Cuán oportunamente ha llegado a menudo a estos queridos siervos de Cristo la ayuda por la que yo había trabajado en oración, pueden mostrarlo los siguientes extractos de cartas, aunque en los últimos veinte años he recibido cientos de cartas semejantes.
19 de mayo de 1858. «Reconozco con gratitud la bondad del Señor al recibir su cheque de diez libras. Hallándonos en gran necesidad, mi querida esposa y yo, mientras esperábamos en él de manera especial anoche, rogamos al Señor que en su gracia nos enviara provisión esta mañana; y otra vez tenemos la prueba de su amor en su carta y en lo que contenía. ¡Bendice, alma mía, al Señor! Con muchas gracias a usted, a las que se une mi querida esposa, quedo», etc.
27 de febrero de 1858. «¡Oh, cómo se vuelve mi corazón hacia usted por su afectuoso recuerdo de nosotros en nuestra humilde condición! Ni un chelín teníamos en casa, ni perspectiva humana alguna de dinero, cuando nos llegó su remesa de cinco libras».
Un obrero del Continente escribe el 17 de diciembre de 1857: «Recibimos ayer su amable nota con ocho libras. El mismo día en que usted echó su carta al correo, el 12 del corriente, era un día apartado para orar, con ayuno, a fin de pedir al Señor medios».
Durante el año se distribuyeron también 1,334,791 tratados y libros. Las cartas recibidas de las personas que los repartieron muestran que fueron grandemente bendecidos para despertar y convertir almas.
Al comienzo del último período había 299 huérfanos en la nueva Casa de Huérfanos de Ashley Down, en Bristol. Durante el año pasado se admitieron en ella, y en la nueva casa para 400, 219 huérfanos en total. El número total de huérfanos que han estado a nuestro cuidado desde el 11 de abril de 1836 es de 871.
La apertura de la nueva casa para 400 huérfanos, que no es un ala de la casa que ya existía, sino un establecimiento enteramente distinto y más grande que el anterior, ha hecho necesario distinguir entre estas dos casas de este modo: la casa que se abrió el 18 de junio de 1849 se llama ahora la nueva Casa de Huérfanos n.º 1, y la que se abrió el 12 de noviembre de 1857 se llama la nueva Casa de Huérfanos n.º 2. La nueva Casa de Huérfanos n.º 1 está acondicionada para alojar a 140 niñas huérfanas mayores de siete años, 80 niños huérfanos mayores de siete años y 80 huérfanos, varones y mujeres, desde su más tierna edad hasta que tienen unos siete u ocho años. Los pequeños, una vez pasada la edad de siete u ocho años, son trasladados a los distintos departamentos para niños y niñas mayores. La nueva Casa de Huérfanos n.º 2 está acondicionada para 200 niñas huérfanas pequeñas y para 200 huérfanas mayores.
Sin que yo haya pedido personalmente nada a nadie, se me ha dado para los huérfanos, desde el comienzo de la obra, la suma de £102,714, 9s. 6d., como resultado de la oración a Dios, suma que incluye lo recibido para el fondo de construcción de las casas ya edificadas y de la que está por edificarse. Quizá también interese al lector saber que la cantidad total que se ha dado para los otros objetos, desde el comienzo de la obra, asciende a £38,297, 12s. 11½d.; que lo ingresado por la venta de Biblias desde el comienzo asciende a £2,222, 4s. 3½d.; por la venta de tratados, £2,294, 6s. 11½d.; y por los pagos de los niños en las escuelas diurnas, desde el comienzo, £2,138, 11s. 4¼d.
Durante los últimos veintidós años el Espíritu de Dios ha obrado una y otra vez entre los huérfanos que estaban a nuestro cuidado, de modo que muchísimos de ellos han sido llevados al conocimiento del Señor; pero nunca habíamos tenido una obra tan grande, y a la vez tan satisfactoria, en tan poco tiempo, como durante el año pasado. Entraré en algunos detalles para provecho del lector. Hay ciento cuarenta niñas mayores en la nueva Casa de Huérfanos n.º 1, de las cuales, al comienzo del último período, diez eran consideradas creyentes.
El 26 de mayo de 1857 murió una huérfana, Caroline Bailey. La muerte de esta amada muchacha, que había conocido al Señor varios meses antes de dormirse, parece haber sido usada por el Señor como medio para contestar en buena medida nuestras oraciones diarias por la conversión de los huérfanos. Agradó a Dios, al comienzo del último período, obrar poderosamente entre los huérfanos, de modo que de repente, en pocos días, sin causa aparente alguna, salvo quizá el fin apacible de la amada Caroline Bailey, más de cincuenta de estas muchachas comenzaron a inquietarse por sus almas, y algunas con una honda convicción de pecado, de modo que estaban sumamente angustiadas. ¿Y cómo están ahora?, pueden preguntar mis lectores; porque a menudo los jóvenes parecen muy interesados en las cosas de Dios, pero esas impresiones pasan. Es cierto, querido lector; yo mismo lo he visto, pues he tenido que ver con muchos miles de niños y jóvenes en los últimos treinta años. Por eso, si esta obra entre los huérfanos hubiera comenzado en los últimos días, o aun semanas, la habría pasado en silencio; pero ya ha transcurrido más de un año desde que comenzó, y por tanto alegrará al lector piadoso saber que, además de aquellas diez que ya eran creyentes, de las cuales una ha sido colocada en servicio, hay veintitrés muchachas de las que desde hace varios meses no hay duda de que son creyentes; dos murieron en la fe en el transcurso del año; y hay treinta y ocho más que están despertadas e inquietas por sus almas, pero de las que todavía no podemos hablar con tanta seguridad. Todo esto se refiere solo a una rama del Establecimiento de Huérfanos, las niñas mayores de la Casa n.º 1. Además de esto, me alegra también poder decir que entre las demás niñas de la Nueva Casa n.º 2, y también entre los niños, algunos se interesan por las cosas de Dios; sí, nuestras labores comienzan ya a ser de bendición para el corazón de algunos de los huérfanos recién recibidos.
Continuando el relato del avance de las nuevas Casas de Huérfanos, el Sr. M. escribe con fecha del 29 de octubre de 1858:—
En el último Informe dije que estaba buscando terreno para la tercera casa. En cuanto a esto, esperé en Dios día tras día. Pero durante muchos meses le agradó ejercitar mi fe y mi paciencia. Cuando más de una vez parecía haber obtenido lo que deseaba, de nuevo me encontraba más lejos que nunca. Sin embargo, seguí orando y ejercitando la fe, plenamente seguro de que el tiempo del Señor aún no había llegado, y de que, cuando llegara, él me ayudaría. Y así resultó. Al fin, en septiembre de 1858, obtuve once acres y medio de terreno, muy cerca de las nuevas Casas de Huérfanos n.º 1 y n.º 2, y separados de ellas solo por el camino. En estos once acres y medio hay una casa construida. El precio de la casa y el terreno fue de tres mil seiscientas treinta y una libras y quince chelines, más dinero del que habría considerado correcto gastar en el solar, si no hubiera sido de la mayor importancia que la tercera casa estuviera muy cerca de las otras dos, para facilitar la supervisión y la dirección del establecimiento. Así, por fin, también fue contestada esta oración, acerca de la cual había estado esperando en Dios durante tantos meses, y en la que las dificultades, a la vista y a la razón, parecían tan grandes, pero respecto de la cual mi mente estuvo continuamente en paz; porque estaba seguro de que, como estaba haciendo la obra de Dios, él me ayudaría, a su debido tiempo, también en este punto. Cuanto más avanzo en este servicio, más descubro que la oración y la fe pueden vencer toda dificultad.
Habiendo obtenido ya terreno, y tanto, mi deseo era aprovecharlo lo mejor posible y construir para cuatrocientos huérfanos, en lugar de para trescientos, como me había propuesto antes. Después de varias reuniones con los arquitectos, y viendo que era posible alojar, con relativamente poco gasto adicional, a cuatrocientos cincuenta huérfanos en lugar de cuatrocientos, me decidí finalmente por ese número, de modo que llegaría a tener a mi cuidado mil ciento cincuenta huérfanos, en lugar de mil, como se había previsto durante varios años. La magnitud del número de niños desamparados que habían perdido por la muerte a su padre y a su madre,—junto con la magnitud de la bendición del Señor, que durante todos estos muchos años ha reposado sobre mi servicio en este campo,—y la magnitud de la ayuda del Señor al darme colaboradores y ayudantes en la obra, así como medios,—y, sobre todo, la profunda convicción de que no tengo más que una sola vida que gastar para Dios en la tierra, y de que esa única vida no es sino una vida breve;—estas fueron las razones que me llevaron a esta nueva ampliación. A esta determinación de ampliar todavía más llegué únicamente dependiendo del Dios vivo para la ayuda, aunque el aumento del gasto para el fondo de construcción, a causa de la compra del terreno y del alojamiento que había que construir para los ciento cincuenta huérfanos adicionales, más de los que se habían previsto desde el principio, no sería menor de seis mil a siete mil quinientas libras más de lo que yo había calculado originalmente que costaría el total de los edificios que habían de levantarse; y aunque, además de esto, el gasto anual adicional para el sostenimiento de estos ciento cincuenta huérfanos, por encima del número previsto de mil, no podía ser menor de mil ochocientas libras al año. Pero ninguna de estas dificultades me desanimó.
27 de noviembre. Hoy hace un año que comenzamos a recibir nuevos niños en la nueva Casa de Huérfanos n.º 2. Desde entonces las misericordias del Señor han sido muchísimas, y su ayuda ha sido muy grande. Del 27 de noviembre de 1857 al 27 de noviembre de 1858 se han recibido en total trescientos ocho huérfanos. Nunca había pasado un año así en este servicio,—tan lleno de ayuda y de bendición en todos los sentidos.
4 de enero de 1859. Recibí siete mil libras, que se dejaron enteramente a mi disposición, según lo requiriera más especialmente la obra de Dios en la que estoy ocupado. Cuando decidí, a finales de octubre de 1858, construir para cuatrocientos cincuenta huérfanos en lugar de trescientos, necesitaba varios miles de libras más, y estaba plenamente seguro de que Dios me daría los medios necesarios, porque había resuelto esta ampliación confiando en él y para la honra de su nombre; ¡y ahora mira, estimado lector, cómo honró el Señor esta fe mía en él!
12 de enero. De Westerham, en ochenta y ocho pequeños donativos, £4, 8s. 6d. Sin que yo lo supiera se habían reunido estos ochenta y ocho pequeños donativos, y me fueron enviados.
26 de mayo. Durante el año que ahora termina se gastaron cuatro mil ciento cuarenta y nueve libras, diecisiete chelines y cinco peniques en ayudar a noventa y un hermanos que trabajan en Inglaterra, Escocia, Irlanda, Bélgica, Francia, Suiza, Cerdeña, Canadá, Nueva Escocia, las Indias Orientales, China y la Guayana Británica. Asimismo, durante el año pasado se han distribuido 1,885,401 tratados y libros.
Al comienzo del último período había cuatrocientos noventa y nueve huérfanos en las nuevas Casas de Huérfanos n.º 1 y n.º 2. El 26 de mayo de 1859 había seiscientos setenta y dos huérfanos en las dos casas, es decir, en la n.º 1, 299, y en la n.º 2, 373. El número total de huérfanos que han estado a nuestro cuidado desde el 11 de abril de 1836 es de 1,083.
Aunque durante el año pasado no hemos tenido una obra del Espíritu de Dios tan grande y tan repentina entre los huérfanos como durante el año anterior, cuando en pocos días más de cincuenta de las ciento cuarenta muchachas de un departamento fueron de repente llevadas a una honda inquietud por sus almas, con todo, la bendición del Señor no nos ha sido negada tampoco en lo espiritual. Hay ya muchos que se interesan por las cosas de Dios entre los cuatrocientos veinticuatro huérfanos recibidos en los últimos dieciocho meses, y que piden como un privilegio que se les permita, en verano, llevarse la Biblia a la cama, para que, si despiertan por la mañana antes de que suene la campana, puedan leerla. De las trece muchachas que fueron colocadas en servicio, nueve eran creyentes desde hacía algún tiempo antes de dejar el establecimiento.
Cuando comencé la obra de los huérfanos, uno de los objetivos especiales que tenía en mente era beneficiar a la iglesia de Cristo en general mediante los relatos que se me permitiera escribir en relación con este servicio; porque esperaba, desde el principio, recibir muchas respuestas a la oración, y confiaba en que dejarlas por escrito sería provechoso para los creyentes, llevándolos a esperar respuestas a sus propias oraciones y animándolos a presentar todas sus necesidades a Dios en oración. Asimismo creía firmemente que muchas personas inconversas serían llevadas, por medio de tales escritos, a ver la realidad de las cosas de Dios. Como esperaba, así ha sido. En muchísimos casos la lectura de los Informes de este Instituto, o del «Relato de los tratos del Señor» conmigo, ha sido bendecida por Dios para la conversión de quienes no conocían a nuestro Señor Jesús. En miles de casos, asimismo, los creyentes han recibido beneficio por medio de ellos, siendo así consolados, animados, llevados con más sencillez a las Santas Escrituras, llevados más plenamente a confiar en Dios para todo; en una palabra, llevados, en mayor o menor grado, a andar en la misma senda de fe por la que el autor, con la ayuda de Dios, está andando. Los miles de casos de bendición que se me han presentado durante los últimos veinticuatro años (pues casi a diario he sabido de casos nuevos, y a menudo de varios en un mismo día) no han hecho sino llevarme aún más a orar con fervor para que el Señor se digne usar todavía más estas publicaciones y hacerlas de bendición a muchas decenas de miles de sus hijos y a muchas decenas de miles de inconversos. Y ahora el lector se alegrará conmigo al leer lo que sigue. Me siento tanto más movido a relatar lo siguiente para que el lector piadoso se anime, más que nunca, a la oración, y también para que se dé una declaración exacta de este hecho, al que ya se ha hecho referencia en muchos lugares públicos en relación con reuniones de avivamiento, y que también se ha publicado varias veces.
En noviembre de 1856 un joven irlandés, el Sr. James McQuilkin, fue llevado al conocimiento del Señor. Poco después de su conversión vio anunciado mi Relato. Tuvo un gran deseo de leerlo, y en consecuencia lo consiguió, hacia enero de 1857. Dios lo bendijo grandemente para su alma, sobre todo al mostrarle lo que podía obtenerse por la oración. Se dijo a sí mismo algo así: Mira lo que el Sr. Müller obtiene sencillamente por la oración. Así también yo puedo obtener bendición por la oración. Se puso entonces a pedir al Señor que le diera un compañero espiritual, alguien que conociera al Señor. Poco después trabó amistad con un joven que conocía al Señor. Estos dos comenzaron una reunión de oración en una de las escuelas dominicales de la parroquia de Connor. Habiendo recibido respuesta a su oración al obtener un compañero espiritual, el Sr. James McQuilkin pidió al Señor que lo llevara a conocer a algunos más de sus escondidos. Poco después el Señor le dio otros dos jóvenes, que ya conocían al Señor, hasta donde él podía juzgar. En el otoño de 1857, el Sr. James McQuilkin contó a estos tres jóvenes, que le habían sido dados en respuesta a la oración de fe, la bendición que había recibido de mi Relato,—cómo lo había llevado a ver el poder de la oración de fe; y les propuso que se reunieran para orar, a fin de buscar la bendición del Señor sobre sus diversas labores en las escuelas dominicales, en las reuniones de oración y en la predicación del evangelio. Así, en el otoño de 1857, estos cuatro jóvenes se reunían para orar cada viernes por la tarde en una pequeña escuela cerca de la aldea de Kells, en la parroquia de Connor. El 1 de enero de 1858 el Señor les dio la primera respuesta notable a la oración con la conversión de un mozo de labranza. Fue admitido en el grupo, y así eran cinco los que se entregaban a la oración. Poco después se convirtió otro joven, de unos veinte años; ahora eran seis. Esto animó grandemente a los otros tres que primero se habían reunido con el Sr. James McQuilkin. Otros se convirtieron luego y también fueron admitidos en el grupo; pero solo se admitía a creyentes en estas reuniones de comunión, en las que leían, oraban y se ofrecían unos a otros algunos pensamientos de las Escrituras. Estas reuniones, y otras para la predicación del evangelio, se celebraban en la parroquia de Connor, en Antrim, Irlanda. Hasta entonces todo seguía con la mayor quietud, aunque se convertían muchas almas. No había postraciones físicas, como las hubo después. Hacia la Navidad de 1858, un joven de Ahoghill que había venido a vivir a Connor, y que se había convertido por medio de este pequeño grupo de creyentes, fue a ver a sus amigos de Ahoghill y les habló de sus propias almas y de la obra de Dios en Connor. Sus amigos desearon ver a algunos de estos convertidos. Así que el Sr. James McQuilkin, con dos de los primeros que se habían reunido para orar, fue el 2 de febrero de 1859 y celebró una reunión en Ahoghill, en una de las iglesias presbiterianas. Algunos creyeron, algunos se burlaron, y otros pensaron que había mucha presunción en estos jóvenes convertidos; aun así, muchos desearon tener otra reunión. Esta la celebraron los mismos tres jóvenes el 16 de febrero de 1859; y entonces el Espíritu de Dios comenzó a obrar, y a obrar poderosamente. Se convertían almas, y desde ese momento las conversiones se multiplicaron con rapidez. Algunos de estos convertidos fueron a otros lugares y llevaron consigo el fuego espiritual, por así decirlo. La bendita obra del Espíritu de Dios se extendió por muchos lugares. El 5 de abril de 1859 el Sr. James McQuilkin fue a Ballymena, celebró allí una reunión en una de las iglesias presbiterianas, y el 11 de abril celebró otra en otra de las iglesias presbiterianas. Varios fueron convencidos de pecado, y la obra del Espíritu de Dios avanzó en Ballymena. El 28 de mayo de 1859 fue a Belfast. Durante la primera semana se celebraron reuniones en cinco iglesias presbiterianas distintas, y desde entonces comenzó la bendita obra en Belfast. En todas estas visitas lo acompañó y ayudó el Sr. Jeremiah Meneely, uno de los tres jóvenes que primero se reunieron con él después de leer mi Relato. Desde entonces la obra del Espíritu Santo se extendió cada vez más lejos; porque el Señor usó a los jóvenes convertidos para llevar la verdad de un lugar a otro.
Tal fue el comienzo de aquella poderosa obra del Espíritu Santo que ha llevado a la conversión de muchas decenas de miles, que todavía continúa incluso en Irlanda, y cuyos benditos resultados se sienten aún en Escocia, en Inglaterra y en otros países. Casi no hace falta añadir que la honra no se debe en modo alguno a los instrumentos, sino solo al Espíritu Santo; pero se exponen estos hechos para que se vea cuánto se deleita Dios en contestar abundantemente las oraciones de fe de sus hijos.
Viendo, pues, cuánto se ha dignado él reconocer estos escritos acerca de su disposición a escuchar la oración que se le hace en el nombre del Señor Jesús, me alegra mucho, al cierre de otro año en relación con este Instituto, contar algunos de los muchísimos casos en que Dios ha tenido a bien contestar nuestras oraciones y hacer que la bendición repose sobre los diversos objetos de este Instituto; sí, una bendición mucho mayor que en cualquier otro momento de los últimos veintiséis años que lleva funcionando.
Hasta el 26 de mayo de 1860, el Sr. M. recibió para el fondo de construcción la suma de £45,113, 14s. 4½d.
En mayo de 1859 tenía en mano, para los fondos de Biblias, escuelas, tratados y misiones, £2,009, 11s. 2½d., un saldo mucho mayor que el que había tenido nunca. Esto no se debía a falta de disposición para gastar los medios que el Señor había tenido a bien confiarme, sino principalmente a que habían entrado algunos donativos grandes durante la última parte del año anterior; y, como mayordomo que desea obrar en el temor de Dios, no se me habían presentado ocasiones de gastarlo todo. Pero, por grande que fuera el saldo, todas las diversas escuelas relacionadas directa o indirectamente con el Instituto necesitaban medios; la distribución de las Santas Escrituras y de tratados, objetos que crecen más y más, requería mucho, para entrar por toda puerta abierta adecuada; y por último, y sobre todo, los noventa y un predicadores del evangelio en diversas partes del mundo que figuraban en mi lista el 26 de mayo de 1859 requerían una gran suma para ayudarlos. Todos estos diversos objetos, por tanto, necesitaban tanto que el saldo, aun siendo grande, habría durado poco tiempo, si el Dios vivo, que ha sido mi ayudador desde el principio, y a quien he mirado, y solo a él, no hubiera abierto, en respuesta a nuestras oraciones, sus manos generosas y enviado más antes de que el saldo se agotara; de modo que, aunque sin ninguna probabilidad humana de cubrir siquiera la mitad de los gastos previsibles relacionados con estos objetos, no solo he podido cubrirlos todos, sino que, tan generosamente ha ayudado Dios, que aunque los gastos fueron £1,584, 7s. 3¾d. mayores que en el año anterior, no solo tuve suficiente, sino que quedó un saldo aún mayor que al final del año anterior.
31 de enero de 1860. Este día recibí un donativo de tres mil libras, del cual tomé dos mil libras para estos objetos. Día tras día, también durante este período, había estado pidiendo al Señor medios para estos objetos; y día tras día le había estado suplicando que tuviera a bien permitirme realizar durante este período tanto como en el anterior en cuanto a distribuir las Santas Escrituras y tratados y ayudar a la obra misionera, aunque no tenía ninguna perspectiva natural de poder hacerlo. Mis ojos estaban puestos solo en el Dios vivo, que año tras año, durante muchos años, me había permitido aumentar las actividades de estos tres objetos, a pesar del continuo aumento de gastos en relación con la obra de los huérfanos; y así esperaba, esperaba plenamente, aunque todas las apariencias estaban en contra, que también durante este período Dios, el Dios vivo, me volvería a ayudar. Piensa, pues, lector cristiano, cuán grande fue mi refrigerio espiritual cuando, en gran medida por este solo donativo, vi que estas oraciones mías de cada día volvían a ser contestadas. Del mismo modo puedes tú, en tu esfera de servicio, en los asuntos de tu familia, en tu negocio, en tu profesión, en tus diversas necesidades temporales o espirituales, ver contestadas tus oraciones.
9 de diciembre de 1859. Hoy hace veinticuatro años que comenzó la obra de los huérfanos. ¡Lo que ha hecho Dios! Desde entonces se han recibido en total 1,129 huérfanos, y solo en los últimos dos años y dos meses, 469; tanto ha crecido últimamente la obra. Tenemos ahora 700 huérfanos a nuestro cuidado.
10 de diciembre. Hoy se recibió la siguiente carta de un aprendiz:—
Amadísimo señor:
Con sentimientos de gratitud y de gran agradecimiento hacia usted por toda la bondad que experimenté mientras estuve a su cuidado, y por colocarme ahora como aprendiz en un oficio adecuado con el que puedo ganarme la vida, le escribo estas pocas líneas. Llegué sano y salvo a mi destino, y mi amo y mi ama me recibieron con amabilidad. Querido señor, le doy las gracias por la educación, la comida, la ropa y por toda comodidad; pero, sobre todo, por la instrucción en la palabra de Dios que recibí en aquella feliz Casa de Huérfanos; porque fue allí donde fui llevado a conocer a Jesús como mi Salvador; y espero tenerlo como mi guía en todas mis dificultades, tentaciones y pruebas en este mundo; y, teniéndolo a él por guía, espero prosperar en mi oficio, y así mostrarle mi gratitud por toda la bondad que he recibido. Le ruego que acepte mi gratitud y mi agradecimiento; y espero que se le conceda vivir muchos, muchos años más, para cuidar de niños pobres y desamparados como yo. Estoy seguro de que a menudo recordaré con placer y con pesar el tiempo en que estuve en aquel feliz hogar;—con placer, por haber vivido allí, y con pesar, por haberlo dejado. Rogándole que acepte mi más sentido agradecimiento, y con mi cariñoso recuerdo para el Sr. L——, el Sr. B——, el Sr. W—— y el Sr. S——,
quedo, querido señor,
agradecidamente suyo,
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El lector cristiano, no lo dudo, al leer tales cartas, dará gracias a Dios con nosotros por dignarse conceder tal bendición, tan abundante bendición, a nuestras labores.
14 de febrero de 1860. Dos libras, diez chelines y seis peniques, con la siguiente carta:—
Mi querido hermano en el Señor Jesucristo:
¿Tendrá la bondad de aceptar una orden de pago por dos libras, diez chelines y seis peniques, que le envío por el mismo correo, para los queridos huérfanos a su cuidado? La historia de esta pequeña suma es la siguiente. Hace unos siete años y medio llegó a mis manos su Relato, que el Señor bendijo grandísimamente para mi alma. Hace seis años y once meses fui capacitado para echarme yo mismo, con mi esposa y mi familia, sobre el Señor, y mirar solo a él para la provisión de nuestras necesidades temporales mientras trabajaba en su gloriosa causa. Desde entonces hasta ahora no hemos tenido derecho a reclamar a nadie ni un solo penique; ni hemos dado a conocer nuestras necesidades a nadie, ni hemos pedido ayuda a persona alguna, sino solo a nuestro Padre celestial; y él ha suplido lo que nos faltaba y no ha permitido que fuéramos confundidos, ¡bendito sea su nombre! Mi querida esposa, igual que yo, tuvo desde el principio un fuerte deseo de ayudarle un poco en su bendita obra de amor y trabajo de fe; pero, durante mucho tiempo, debido a la continua mala salud de mi esposa y a los crecientes gastos de nuestra familia, nunca parecía sobrarnos dinero; así que lo único que hacíamos era desearlo, anhelarlo y hablar de ello, y decir lo felices que seríamos si el Señor nos permitiera hacerlo. Al fin, ambos sentimos que estábamos obrando mal, y el ocho de agosto pasado decidimos solemnemente devolver al Señor la décima parte del dinero que él tuviera a bien enviarnos, aunque en aquel tiempo éramos muy pobres, y puedo añadir que en mayor pobreza que nunca antes; aun así, en esas circunstancias, fuimos capacitados, en la fuerza del Señor, para tomar esa decisión y cumplirla aquella misma mañana; y es inútil que intente describir la paz y el gozo que ambos sentimos. El Señor nos ha mantenido firmes desde entonces, y en lugar de tener menos para nuestro propio uso, hemos tenido aún más; así que, querido señor, esta suma es el fruto de seis meses de oraciones. Perdóneme por molestarle con un relato tan largo de una suma tan insignificante; pero quiero que bendiga a nuestro Padre celestial por su bondad para con nosotros, sus siervos indignos, y que nos recuerde en sus peticiones ante el trono de la gracia.
quedo, mi querido hermano,
muy afectuosa y respetuosamente suyo,
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Durante el año 1859-60 se han recibido para los huérfanos 3,542 sumas distintas. De ellas, 1,494 fueron de menos de 5s.; 560, de más de 5s. y no más de 10s.; 614, de más de 10s. y no más de £1; 288, de más de £1 y no más de £2; 411, de más de £2 y no más de £5; 93, de más de £5 y no más de £10; 49, de más de £10 y no más de £20; 10, de más de £20 y menos de £50; 11 de £50; 1 de £59, 19s. 9d.; 1 de £62, 17s.; 1 de £89, 4s.; 1 de £96, 12s. 3d.; 5 de £100; 2 de £500, y 1 de £1,500. Entre estos donativos hubo algunos de las Indias Orientales, Australia, el Cabo de Buena Esperanza, Sajonia, Holanda, Sudamérica, los Estados Unidos, de barcos en alta mar y de misioneros entre los paganos.
Durante el año del que tratamos, veintitrés escuelas de Inglaterra fueron sostenidas o ayudadas con los fondos del Instituto. En todas ellas los maestros son personas piadosas, y se imparte instrucción no solo en conocimientos seculares, sino en el camino de la salvación. Sin contar a los huérfanos, 13,124 almas han recibido instrucción habitual en las cosas de Dios en estas diversas escuelas; además de los muchos miles en las escuelas de diversas partes de Inglaterra, Irlanda, Escocia, la Guayana Británica, las Indias Occidentales, las Indias Orientales, etc., que han recibido ayuda en mayor o menor grado.
La cantidad total de medios gastada durante los últimos veintiséis años en relación con las escuelas sostenidas total o parcialmente con los fondos de este Instituto asciende a £9,275, 0s. 8½d.
El número de Biblias, Nuevos Testamentos y porciones de las Santas Escrituras distribuidos desde el 26 de mayo de 1859 es el siguiente: Biblias vendidas, 579. Biblias regaladas, 1,120. Nuevos Testamentos vendidos, 409. Nuevos Testamentos regalados, 725. Ejemplares de los Salmos vendidos, 63. Otras pequeñas porciones de las Santas Escrituras vendidas, 248.
Desde el 5 de marzo de 1834 se han distribuido, por medio de este Instituto, 24,768 Biblias, 15,100 Nuevos Testamentos, 719 ejemplares de los Salmos y 1,876 otras pequeñas porciones de las Santas Escrituras.
La cantidad de los fondos del Instituto gastada durante el año pasado en la distribución de las Santas Escrituras es de £398, 3s. 7d. La cantidad total gastada desde el 5 de marzo de 1834 es de £5,681, 13s. 3½d.
Durante el año pasado se ha gastado de los fondos del Instituto, en ayuda de esfuerzos misioneros en el país y en el extranjero, la suma de £5,019, 6s. 1d. Con esta suma se ha ayudado en mayor o menor grado a ciento un obreros en la palabra y la doctrina en diversas partes del mundo. Es un dato interesante que estos obreros se encuentran en Inglaterra, Escocia, Irlanda, Bélgica, Francia, Suiza, Cerdeña, Canadá, Nueva Escocia, las Indias Orientales, China y la Guayana Británica.
Los obreros ayudados por el Instituto fueron especialmente bendecidos durante el año 1859-60. Mientras que la predicación de los que trabajaban en tierras extranjeras fue muy provechosa, los hermanos que predicaban en Irlanda y Escocia fueron señaladamente favorecidos con éxito, y se les concedió ver en una medida maravillosa el fruto de sus oraciones y fatigas. Solo puede darse un extracto de la carta de un obrero de Escocia.
Un consagrado siervo de Cristo ha estado trabajando en una ciudad fabril de Escocia, donde, por medio de escuelas, clases bíblicas, visitas de casa en casa y la predicación del evangelio entre miles de los más miserables, los más degradados y los más ignorantes, procura ganar almas para el Señor. En este servicio ha perseverado año tras año. En cierta medida sus labores habían sido bendecidas hasta la fecha del último Informe, pero mucho más abundantemente desde entonces, como mostrará el siguiente relato que él mismo me dio en una carta fechada el 28 de octubre de 1859:—
«Este mes que acabamos de pasar me ha traído a un punto de mi historia que durante años he contemplado y esperado con un deseo más hondo e intenso que cualquier otro acontecimiento previsto en toda mi vida. Hace más de treinta años brotó en mi alma un anhelo y un ansia por el derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia y sobre el mundo, tal que se extendiera por toda Escocia. Por esto he trabajado, hablado y orado cada vez más. A medida que envejecía, el ansia de esta bendición se hacía más fuerte. Verla llegó a ser la pasión dominante de mi alma, y, conforme pasaban los años, mi esperanza de verla hecha realidad se fortalecía rápidamente. En esta época de bendición esperada parece que por fin hemos entrado. El movimiento religioso avanza sin pausa por todo el oeste de Escocia. No ha adquirido un impulso repentino ni muy poderoso. Estamos, hasta donde puedo juzgar, en la etapa inicial en todos los puntos donde la obra se ha asentado. Ha salido un sonido como de parte del Señor; el rumor avanza, y a su paso despierta a los descuidados, abre el oído, aviva la atención y en todas partes va preparando algo que viene. Esta nota de preparación está congregando al pueblo. Su oído está abierto para escuchar. En todo lugar este oír trae consigo la fe; los hombres se vuelven a Dios; se da intensidad a esos casos silenciosos de convicción en los que durante meses o años ha habido inquietud, que crecía y menguaba según las circunstancias. No pocos de ellos han salido a la luz porque su inquietud ha madurado de repente en una profunda angustia. Sacados a la fuerza de los viejos surcos por los que se movían, se ven obligados a arriesgarlo todo en las manos de Jesús, y son puestos en libertad. Tal ha sido el proceso que ha obrado aquí. Continuamente me encuentro con casos aislados, y varios de ellos han hallado la paz. Me llevaría mucho más tiempo del que puedo dedicar consignar su historia y cómo obtuvieron la liberación».
La cantidad total de los fondos del Instituto gastada en operaciones misioneras desde el 5 de marzo de 1834 es de £34,495, 3s. 4d.
Del 26 de mayo de 1859 al 26 de mayo de 1860 se ha invertido en tratados y libros la suma de £1,650, 11s. 4¾d.; y en el último año se han distribuido 2,562,001 tratados y libros. La suma total gastada en este objeto desde el 19 de noviembre de 1840 asciende a £8,064, 12s. 6½d. El número total de todos los tratados y libros distribuidos desde el 19 de noviembre de 1840 es de 11,493,174.
Durante el año pasado se distribuyeron otra vez 676,600 tratados y libros más que el año anterior. El gran número de obreros para Dios que han sido levantados para el servicio en los dos últimos años en diversas partes del mundo, y la poderosa obra del Espíritu de Dios, que ha creado en multitudes el deseo de recibir con gusto tratados y libros, explican esto. Y en estos dos puntos no hay disminución, sino un continuo aumento. Tan grande ha sido la demanda de tratados que últimamente hemos enviado repetidas veces 100,000 en una semana para su distribución gratuita, y a veces aún más. Cuando comenzó en Irlanda la poderosa obra del Espíritu de Dios, procuré desde el principio enviar grandísimas cantidades de tratados a Belfast y a otros lugares, para que así se avivara, por decirlo así, la santa llama, y para que desde el mismo comienzo se presentara a los jóvenes convertidos la sencillez del evangelio. Unos dos millones de los tratados y libros distribuidos durante el año pasado se regalaron gratuitamente. Cientos de creyentes se han ocupado en difundirlos, no solo en muchas partes de Inglaterra, Escocia e Irlanda, sino en otras diversas partes del mundo.
Al comienzo del último período había 672 huérfanos en las nuevas Casas de Huérfanos n.º 1 y n.º 2. Durante el año pasado se admitieron en las dos casas 70 huérfanos. El 26 de mayo de 1860 había exactamente 700 huérfanos a nuestro cuidado, nuestro número completo en las dos casas, es decir, en la n.º 1, 300, y en la n.º 2, 400. El número total de huérfanos que han estado a nuestro cuidado desde el 11 de abril de 1836 es de 1,153.
Sin que yo haya pedido personalmente nada a nadie, se me ha dado para los huérfanos, desde el comienzo de la obra, la suma de £133,528, 14s., como resultado de la oración a Dios, suma que incluye lo recibido para el fondo de construcción de las casas ya edificadas y de la que está por edificarse. Quizá también interese al lector saber que la cantidad total que se ha dado para los otros objetos desde el comienzo de la obra asciende a £51,777, 14s. 11d.; que lo ingresado por la venta de Biblias desde el comienzo asciende a £2,530, 4s. 5½d.; por la venta de tratados, £3,546, 19s. 1¼d.; y por los pagos de los niños en las escuelas diurnas, desde el comienzo, £2,304, 18s. 9d. Además de esto, se ha dado también una gran variedad y cantidad de artículos de ropa, muebles, provisiones, etc., para uso de los huérfanos.
Día tras día, y año tras año, con la ayuda de Dios, trabajamos en oración por el bien espiritual de los huérfanos a nuestro cuidado. Estas súplicas nuestras, que durante veinticuatro años se han presentado al Señor por ellos, han sido abundantemente contestadas en años anteriores con la conversión de cientos de ellos. También hemos tenido repetidas épocas en las que, en poco tiempo, o incluso de una vez, se convirtieron muchos de los huérfanos. Una época así tuvimos hace unos tres años, cuando en pocos días unos sesenta fueron llevados a creer en el Señor Jesús; y épocas así hemos tenido otra vez dos veces durante el año pasado. La primera fue en julio de 1859, cuando el Espíritu de Dios obró tan poderosamente en una escuela de 120 niñas que muchísimas, sí, más de la mitad, fueron llevadas a una honda inquietud por la salvación de sus almas. Esta obra, además, no fue una mera excitación momentánea; sino que, transcurridos más de once meses, hay 31 de quienes se tiene plena confianza en cuanto a su conversión, y 32 de quienes también se tiene una buena medida de confianza, aunque no en el mismo grado que respecto de las 31. Hay, por tanto, 63 de las 120 huérfanas de aquella sola escuela que se considera que se convirtieron en julio de 1859. Esta bendita y poderosa obra del Espíritu Santo no puede atribuirse a ninguna causa particular. Fue, sin embargo, una preciosísima respuesta a la oración. Como tal la consideramos, y nos anima a seguir esperando en Dios. La segunda época de la poderosa obra del Espíritu Santo entre los huérfanos, durante el año pasado, fue a finales de enero y principios de febrero de 1860. Sus pormenores son del más hondo interés. Podría escribirse un folleto muy provechoso sobre el tema. He orado una y otra vez pidiendo dirección sobre cómo obrar, y por fin he llegado a la decisión de no contar los detalles, no sea que los queridos niños, que se reconocerían en la descripción, salgan perjudicados; porque mi experiencia de veintiséis años trabajando entre niños, y de haber tenido que tratar con tantos creyentes muy jóvenes, me ha llevado al pleno convencimiento de que es perjudicial ponerlos en evidencia. Si Dios los pone en evidencia, usándolos como evidentemente está usando a los niños en estos días, no nos queda sino admirar y alabar; pero esto es muy distinto de que seamos nosotros quienes los pongamos en evidencia. Por tanto, debo contentarme con decir que esta gran obra del Espíritu de Dios en enero y febrero de 1860 comenzó entre la clase más pequeña de los niños a nuestro cuidado, niñas de unos seis, siete, ocho y nueve años; luego se extendió a las niñas mayores, y después a los niños; de modo que en unos diez días más de 200 de los huérfanos fueron movidos a inquietarse por sus almas, y en muchos casos hallaron la paz inmediatamente, por la fe en nuestro Señor Jesús. En seguida pidieron que se les permitiera celebrar reuniones de oración entre ellos mismos, y han tenido estas reuniones desde entonces. Muchos de ellos mostraron también preocupación por la salvación de sus compañeros y parientes, y les hablaron o escribieron acerca del camino de la salvación. Si el lector creyente desea saber cómo les ha ido a estos niños desde finales de enero y principios de febrero, nuestra respuesta es que, en la mayoría de los casos, tenemos motivo de gratitud. El estado espiritual actual de los 700 huérfanos es que hay 118 a nuestro cuidado de cuya conversión tenemos plena confianza; 89 de quienes también tenemos confianza, aunque no en tan pleno grado como respecto de los 118; y 53 a quienes consideramos en un estado esperanzador. A estos 260 hay que añadir los 14 que salieron como creyentes y los tres que murieron en la fe durante el año pasado. Hay que recordar que muchísimos de los niños de las Casas de Huérfanos son muy pequeños, pues los hemos recibido desde los cuatro meses de edad en adelante. En ningún año hemos tenido mayor motivo de acción de gracias por la bendición espiritual entre los niños que durante el último; y, sin embargo, esperamos una bendición todavía mayor.
Capítulo 27 completado
Conclusión