Capítulo 11 · 21 min de lectura · 27 min de escucha
El campo se ensancha
1836-1837.
UN OBSTÁCULO INESPERADO—SUMISIÓN SIN RESERVAS—SE PROPONE UNA SEGUNDA CASA DE HUÉRFANOS—UN TEXTO ALENTADOR—SE ABRE LA NUEVA CASA DE HUÉRFANOS—RESPUESTA COMPLETA A LA ORACIÓN—PROGRESO DE LA OBRA DEL SEÑOR—EL CUIDADO DEL REBAÑO.
Con fecha del 18 de mayo de 1836, el señor M. escribe:—
En las páginas anteriores se ha dado cuenta del éxito con que el Señor ha tenido a bien coronar las oraciones de su siervo respecto a la fundación de una Casa de Huérfanos en esta ciudad. El objeto de mi oración era que él tuviera la bondad de proveer una casa, ya fuera en préstamo o como regalo, o que alguien fuera movido a pagar el alquiler de una; además, que me diera mil libras para este fin, y también personas idóneas para cuidar de los niños. Uno o dos días después, fui llevado a pedir, además de lo anterior, que pusiera en el corazón de su pueblo enviarme muebles y algo de ropa para los niños. En respuesta a estas peticiones se enviaron muchos muebles, ropa y alimentos; se hizo el ofrecimiento condicional de una casa como regalo; se ofrecieron personas para cuidar de los niños, y se dieron diversas sumas de dinero, desde cien libras hasta medio penique.
Conviene decir que todos estos resultados han venido en respuesta a la oración, sin que yo haya pedido a nadie una sola cosa; y me he abstenido de hacerlo, no por falta de confianza en los hermanos, ni porque dudara de su amor al Señor, sino para poder ver con mayor claridad la mano de Dios.
Hasta donde recuerdo, presenté al Señor en mis peticiones aun las circunstancias más pequeñas relacionadas con la Casa de Huérfanos, consciente de mi propia debilidad e ignorancia. Había, sin embargo, un punto por el que nunca había orado, a saber, que el Señor enviara niños; pues, como es natural, daba por sentado que habría muchas solicitudes. Llegó el día señalado, y no se presentó ni una sola solicitud. Esta circunstancia me llevó entonces a humillarme delante de mi Dios en oración y a examinar otra vez mi corazón en cuanto a todos los motivos que había en el asunto; y pudiendo decir, como antes, que su gloria era mi fin principal, es decir, que se viera que no es cosa vana confiar en el Dios vivo, y perseverando todavía en la oración, fui llevado por fin a tal estado que podía decir de corazón que me gozaría en que Dios fuera glorificado en este asunto, aunque fuera reduciéndolo todo a nada. Pero como, después de todo, me seguía pareciendo que redundaría más a la gloria de Dios fundar y prosperar la Casa de Huérfanos, pude entonces pedirle de corazón que enviara solicitudes. Gocé desde entonces de paz en el corazón en cuanto a este asunto, y estuve también más seguro que nunca de que Dios lo establecería. Al día siguiente mismo se presentó la primera solicitud, y en poco tiempo se habían presentado cuarenta y tres. Alquilé la casa número 6 de Wilson Street, que por su bajo precio y su amplitud resultaba muy apropiada.
He mencionado que nos proponíamos recibir a los niños de siete a doce años. Pero después de que se presentaron seis solicitudes para niños de entre cuatro y seis años, el asunto se convirtió en objeto de consideración seria y acompañada de oración: si, mientras hubiera plazas vacantes, no debían recibirse tales niños, aunque fueran tan pequeños. Llegué al fin a la conclusión de admitir a las niñas menores de siete años por quienes se había presentado solicitud. Además, se me ha hecho ver repetidas veces cuán deseable sería fundar también en esta ciudad una Casa de Huérfanos para niños varones, y hasta se enviaron prendas para niños huérfanos pequeños. En parte, pues, por estas razones; en parte porque la Institución ya abierta se llenó por completo en pocos días; y en parte porque el Señor ha hecho hasta ahora mucho más de lo que yo podía esperar, he llegado por fin, después de orar repetidamente, a la conclusión de proponer, en el nombre del Señor y dependiendo solo de él para su sostenimiento, la fundación de una Casa de Huérfanos para párvulos.
3 de junio. Desde el 16 de mayo hasta hoy he estado confinado en casa, y parte del tiempo en cama, a causa de una inflamación local que me impide caminar. Casi todos los días de este período he podido seguir escribiendo un relato de los tratos del Señor conmigo, que había vuelto a quedar a un lado después del 7 de mayo debido a numerosos compromisos urgentes. Es muy notable que la mayor objeción para escribirlo con vistas a la imprenta era la falta de tiempo. Ahora, por medio de esta aflicción, que me deja la mente libre y me da tiempo, ya que estoy confinado en casa, he podido escribir unas cien páginas en cuarto.
14 de junio. Esta mañana el hermano C——r y yo oramos juntos, sobre todo por las escuelas y la distribución de las Escrituras. Además de pedir bendición sobre la obra, hemos pedido también al Señor los medios que se necesitan; porque el 1 de julio vencerán diecisiete libras y diez chelines por el alquiler de las aulas, y, además de esto, necesitamos por lo menos cuarenta libras más para continuar con la distribución de las Escrituras, pagar los salarios de los maestros, etc. Para todo esto solo tenemos unas siete libras. Oré también por el resto de las mil libras para la Casa de Huérfanos.
21 de junio. Esta tarde el hermano C——r y yo comprobamos que el Señor no solo ha tenido a bien enviarnos, por medio de las ofrendas que han entrado durante la última semana, en respuesta a nuestras oraciones, las diecisiete libras y diez chelines que vencerán el 1 de julio por el alquiler de dos aulas, sino que tenemos cinco libras más de lo necesario. Así el Señor ha respondido una vez más a nuestras oraciones.
28 de julio. Desde hace algunas semanas no hemos podido pagar el salario de los maestros y maestras con un mes de anticipación, sino que nos hemos visto obligados a pagarlo semanalmente. El hermano C——r y yo hemos orado juntos repetidas veces en estos días acerca de los fondos, pero habíamos llegado ahora a tal escasez que no habríamos podido pagar ni siquiera este salario semanal de los maestros, si el Señor no nos hubiera ayudado hoy de nuevo de manera muy notable. Porque, además de una libra que se nos dio, esta tarde un hermano entregó ocho libras, suma que habían reunido varios de sus obreros pagando cada uno un penique a la semana, por iniciativa propia, para nuestros fondos. El dinero se había ido juntando durante muchos meses, y en esta necesidad nuestra Dios había puesto en el corazón de este hermano traerlo.
29 de julio. Esta tarde, de seis a nueve y media, tuvimos una reunión para personas interesadas en la salvación de su alma. Se nos presentaron doce casos nuevos.
1 de octubre. Hoy, dependiendo solo del Señor para los medios, contratamos a un hermano como maestro para una sexta escuela diurna. A causa de las muchas liberaciones que hemos tenido últimamente, no hemos dudado en ensanchar el campo, pues hacía mucha falta otra escuela para niños.
5 de octubre. Esta tarde se me dieron veinticinco libras para el Instituto de Conocimiento Bíblico. Así el Señor ya nos ha dado los medios para cubrir los gastos de la nueva escuela para niños durante algunos meses.
19 de octubre. Hoy, después de haber orado muchas veces sobre el asunto, he contratado por fin a una hermana como directora de la Casa de Huérfanos para párvulos, pues hasta este día no había podido dar con una persona que pareciera idónea, aunque desde hacía algún tiempo había dinero suficiente en caja para comenzar esta obra, y se habían presentado solicitudes para varios huérfanos pequeños.
25 de octubre. Hoy hemos obtenido sin ninguna dificultad, por la bondadosa mano de Dios, un local muy apropiado para la Casa de Huérfanos para párvulos.
5 de noviembre. Un hermano dio cien libras, cincuenta de las cuales había prometido anteriormente para garantizar el alquiler del local. Es un hecho notable, respecto a este donativo, que en diciembre del año pasado yo había pedido repetidas veces al Señor que inclinara el corazón de este hermano a dar estas cien libras, y anoté esta oración en mi diario el 12 de diciembre de 1835. El 25 de enero de 1836 él prometió cincuenta libras, y el 5 de noviembre dio otras cincuenta además de esa suma; pero no fue sino algunos días después cuando recordé que se me había dado exactamente la suma que había pedido al Señor. Cuando me vino a la memoria que esta oración estaba anotada en mi diario, y se la mostré al donante, nos regocijamos juntos: él, por haber sido el instrumento para dar, y yo, por haber visto concedida mi petición.
30 de noviembre. A causa de muchos compromisos urgentes, desde hacía algún tiempo no me había sentido llevado a orar por los fondos. Pero hallándome en gran necesidad, fui llevado ayer por la mañana a pedirlo con fervor al Señor; y en respuesta a esta petición un hermano me dio anoche diez libras. Desde hacía varios meses tenía en el corazón dar esta suma, pero hasta ahora no había podido hacerlo, porque no tenía los medios. Justo ahora, en esta gran necesidad nuestra, el Señor le proveyó los medios, y así fuimos ayudados. Además de estas diez libras, recibí anoche una carta con cinco libras de una hermana a quien nunca he visto, y a quien Dios ha usado varias veces como instrumento para suplir nuestras necesidades. Escribe así: «Últimamente he tenido tan presente en el ánimo enviarle algún dinero, que siento que debe de haber alguna necesidad que el Señor se propone honrarme haciéndome el instrumento para suplirla. Le adjunto, pues, cinco libras, todo lo que tengo en casa en este momento».
9 de diciembre. Una libra, con Marcos 9:36-37: «Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos», etc., un pasaje muy alentador para esta obra, cuya fuerza nunca antes había sentido.
15 de diciembre. Este día se apartó para oración y acción de gracias respecto a la Casa de Huérfanos para párvulos, que se abrió el 28 de noviembre. Por la mañana tuvimos una reunión de oración. Por la tarde, además de orar y dar gracias, hablé a los niños de nuestras escuelas diurnas y a los huérfanos, unos 350, sobre Eclesiastés 12:1.
Además de lo mencionado arriba, durante el año se recibieron donativos de dinero, alimentos, ropa, libros, cajas, cubos para el carbón, adornos (para venderlos), etc.; y también el ofrecimiento de atención médica y medicinas gratuitas. Hasta el final de 1836 se habían dado setecientas setenta libras y nueve peniques y medio, y se habían prometido cuarenta libras.
31 de diciembre. Esta tarde tuvimos una reunión de oración para alabar al Señor por su bondad durante el año pasado y pedirle que nos siga concediendo su favor.
Durante el año pasado se han recibido en la iglesia 52 personas; y el Señor ha tenido a bien darme, en lo que respecta a mi sustento temporal, £232 11s. 9d.
2 de enero de 1837. Esta tarde las dos iglesias tuvieron de nuevo una reunión especial de oración.
5 de enero. Hoy vino a verme una hermana y me contó la conversión de su padre, quien, a sus ochenta años, después de haber vivido muchos años abiertamente en pecado, ha sido llevado por fin al conocimiento del Señor. Esta hermana había orado mucho tiempo por la conversión de su padre, y al fin, aunque solo después de veinte años, el Señor le concedió el deseo de su corazón.
18 de mayo. Hay ahora sesenta y cuatro niños en las dos Casas de Huérfanos, y se esperan dos más, con lo cual se llenarán las dos casas.
28 de mayo. El Relato de algunos de los tratos del Señor conmigo está ya a punto de publicarse, y esto me ha llevado de nuevo, hoy hace una semana, y repetidas veces desde entonces, a pedir con el mayor fervor al Señor que tenga a bien darme lo que falta de las mil libras, suma que le he pedido a favor de los huérfanos; porque, aunque en mi propio ánimo la cosa está tan hecha como si ya lo estuviera, hasta tal punto que repetidas veces he podido dar gracias a Dios porque ciertamente me dará hasta el último chelín de esa suma, para otros esto no bastaría. Así pues, como todo el asunto de la Casa de Huérfanos se había comenzado para la gloria de Dios, a fin de que de este modo, ante el mundo y ante la iglesia, hubiera otra prueba visible de que el Señor se deleita en responder a la oración; y como faltaba todavía una parte de las mil libras; y como deseaba con fervor que el libro no saliera de la imprenta antes de que se hubiera dado hasta el último chelín de esa suma en respuesta a la oración, sin que yo hubiera pedido nada a una sola persona, para tener así el dulce privilegio de dar en este libro mi testimonio a favor de Dios;—por estas razones, digo, me he entregado con fervor a la oración sobre este asunto desde el 21 de mayo. El 22 de mayo entraron siete libras y diez chelines, y el 23 de mayo, tres libras. El 24 de mayo vino a verme una señora a quien nunca antes había visto, y me dio cuarenta libras. Esta circunstancia me ha alentado mucho; porque con ello el Señor me mostró de nuevo que está dispuesto a seguir enviándonos sumas grandes, y que estas pueden venir incluso de personas a quienes nunca antes hemos visto. El 25 de mayo se enviaron tres libras y seis chelines, desde dos lugares inesperados. El 27 de mayo se envió desde Londres, de forma anónima, un paquete de ropa usada y un soberano. Hoy (28 de mayo) he recibido otra vez cuatro libras, tres chelines y seis peniques; y también se envió, desde un lugar bastante lejano, un paquete que contenía siete pares de calcetines y las siguientes alhajas, para venderlas en beneficio de los huérfanos: un alfiler de oro con una perla irlandesa, quince perlas irlandesas, dos alfileres, dos broches, dos relicarios, un sello, dos gemelos, once anillos, una cadena y una pulsera, todo de oro.
15 de junio. Hoy me he entregado una vez más con fervor a la oración respecto al resto de las mil libras. Esta tarde se dieron cinco libras, de modo que ya está completa toda la suma. Durante dieciocho meses y diez días esta petición se ha presentado delante de Dios casi a diario. Desde el momento en que la pedí hasta que el Señor la concedió por completo, nunca se me permitió dudar de que él daría hasta el último chelín de esa suma. Muchas veces lo alabé de antemano, con la seguridad de que concedería mi petición. Lo que sobre todo hemos de procurar en la oración es creer que recibimos, conforme a Marcos 11:24: «todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.»
Puesto que el Señor se ha dignado escuchar mis oraciones de manera tan grande, y puesto que considero que uno de los talentos particulares que me ha confiado es ejercer fe en sus promesas en lo que respecta a mis propias necesidades temporales y a las de otros; y puesto que en esta ciudad parece hacer mucha falta una Casa de Huérfanos para varones mayores de siete años; y puesto que, además, sin ella no sabemos cómo proveer para los niños pequeños de la Casa de Huérfanos para párvulos cuando pasen de los siete años, me propongo fundar una Casa de Huérfanos para unos cuarenta niños mayores de siete años.
12 de julio. La misma amiga que el 24 de mayo de 1837 me dio cuarenta libras para los huérfanos, y a quien hasta entonces nunca había visto, me dio cuatrocientas sesenta libras más, lo que hace en total quinientas libras.
Hace ya tres años y cuatro meses que el hermano Craik y yo comenzamos, dependiendo del Señor para los fondos, a procurar ayudar a la difusión del evangelio por medio de escuelas, la distribución de las Santas Escrituras y el apoyo a la labor misionera. Desde entonces se han distribuido por nuestro medio 4,030 ejemplares de las Escrituras; hemos fundado cuatro escuelas diurnas para niños pobres; 1,119 niños han recibido instrucción en las seis escuelas diurnas, y hay ahora 353 niños en esas seis escuelas. Además, se ha provisto a una escuela dominical y a una escuela de adultos de todo lo que necesitaban, y se ha ayudado a la labor misionera en las Indias Orientales, en el Alto Canadá y en el continente europeo. A esto se añade que, en los dos últimos años, el hermano C——r ha predicado la palabra de Dios de casa en casa entre los pobres, en relación con el Instituto de Conocimiento Bíblico.
El 15 de agosto de 1837 se publicó la parte anterior de este relato.
17 de agosto. Hoy se recibieron dos niños más en la Casa de Huérfanos para párvulos, con lo cual se completa nuestro número: sesenta y seis en la Casa de Niñas y en la de Párvulos.
2 de septiembre. Estos tres últimos días he estado buscando una casa para los niños huérfanos. Todo lo demás ya está provisto. El Señor ha dado personas idóneas para cuidar de los niños, dinero, etc. A su debido tiempo dará también una casa.
19 de septiembre. Hoy se me grabó de manera especial en el corazón que debo buscar más retiro, aunque la obra aparentemente sufra por ello lo que sea; y que deben hacerse arreglos para que yo pueda visitar más a los hermanos, ya que una iglesia no visitada tarde o temprano llegará a ser una iglesia enferma. Nos hacen mucha falta pastores que trabajen con nosotros.
28 de septiembre. Desde hace mucho tiempo he estado demasiado ocupado en lo exterior. Ayer por la mañana pasé unas tres horas en la sacristía de Gideon, para poder tener más tiempo de retiro. Pensaba hacer lo mismo por la tarde, pero antes de poder salir de casa vinieron a verme, y así fue llegando una persona tras otra, hasta que tuve que salir. Lo mismo ha sucedido hoy.
16 de octubre. Desde hace mucho tiempo el hermano Craik y yo hemos sentido la importancia de visitar más a los creyentes como pastores, y ha sido una de nuestras mayores pruebas no haber podido dedicarle más tiempo. Esta tarde tuvimos expresamente una reunión de las dos iglesias, en la que el hermano Craik y yo, y un hermano de Devonshire, hablamos sobre: I. La importancia de la visita pastoral. II. Los obstáculos particulares que nos han impedido atenderla. III. La cuestión de si había alguna manera de quitar algunos de esos obstáculos.
I. En cuanto a la importancia de la visita pastoral, se mencionaron los siguientes puntos: 1. Velar sobre los santos visitándolos, para prevenir la frialdad o para recuperarlos de su apartamiento. 2. Aconsejarlos y orientarlos en los asuntos de familia, en sus negocios y en las cosas espirituales. 3. Mantener ese trato afectuoso y familiar que es tan deseable entre los santos y quienes tienen la supervisión de ellos. Estas visitas deberían ser, si es posible, frecuentes; pero en nuestro caso ha habido varios obstáculos.
II. Los obstáculos particulares en nuestro caso son: 1. Lo numeroso de los que están en comunión con nosotros. Cien serían tantos como tenemos fuerzas para visitar con regularidad y con la frecuencia deseable; pero son cerca de cuatrocientos los que están en comunión con nosotros. 2. La distancia entre las casas de los santos y nuestras propias viviendas, pues muchos viven a más de dos millas. 3. La bendición del Señor sobre nuestras labores. No ha pasado un solo año, desde que estamos en Bristol, sin que se hayan añadido a nuestro número más de cincuenta personas, y con cada una de ellas, por lo general, fue necesario conversar varias veces antes de admitirla a la comunión. 4. Que el hermano Craik y yo tenemos a nuestro cargo, cada uno, dos iglesias. A primera vista parece que así se divide el trabajo, pero el doble número de reuniones, etc., casi duplica el trabajo. 5. El mero gobierno y cuidado general de un cuerpo grande de creyentes, aparte del resto de la obra, requiere mucho más tiempo y mucha más fuerza que el cuidado de un cuerpo pequeño de creyentes, pues por la gracia deseamos no permitir entre nosotros ningún pecado conocido. 6. La posición que tenemos en la iglesia en general trae a nosotros a muchos hermanos que pasan por Bristol, que nos visitan o se alojan con nosotros, y a quienes, conforme a la voluntad del Señor, tenemos que dedicar algún tiempo. 7. En mi propio caso, una correspondencia extensa y necesaria. 8. La debilidad física de ambos. Cuando se ha terminado de predicar,—cuando se han ido los forasteros que se alojan con nosotros,—cuando han terminado las visitas a nuestra casa,—cuando se han escrito, aunque sea brevemente, las cartas necesarias,—cuando se han resuelto los asuntos necesarios de la iglesia,—muchas veces tenemos la mente tan agotada que nos alegra poder estar tranquilos. 9. Pero, suponiendo que aún nos quede fuerza física después de haber atendido todo lo anterior, el estado del ánimo no siempre es tal que uno pueda hacer visitas. Después de haber sido probado de manera particular por asuntos de la iglesia, cosa que en un cuerpo tan grande no ocurre raras veces, o estando abatido en su propia alma, uno puede estar en condiciones para el aposento de oración, pero no para visitar a los santos. 10. Por último, en mi propio caso, no poca parte de mi tiempo se va en atender los asuntos de las Casas de Huérfanos, las escuelas, la distribución de las Escrituras, el apoyo a la labor misionera y demás obras relacionadas con el Instituto de Conocimiento Bíblico.
III. ¿Qué se ha de hacer en estas circunstancias? 1. En los días de los apóstoles habría habido más hermanos para supervisar un cuerpo tan grande como el nuestro. El Señor no ha puesto sobre nosotros una carga demasiado pesada para nosotros; él no es un amo duro. Es evidente que no quiere que siquiera intentemos visitar a todos los santos tanto como es evidentemente necesario, y mucho menos con la frecuencia que sería deseable. Mencionamos esto para evitar sentimientos de incomodidad en los queridos santos que están bajo nuestro cuidado pastoral, que se ven menos visitados que cuando llegamos a Bristol, cuando no llegaban a setenta, mientras que ahora son unos cuatrocientos; cuando en muchos otros aspectos la obra que teníamos entre manos no era ni la mitad de lo que es ahora, y cuando teníamos mucha más fuerza física. 2. Es evidente, por tanto, que hacen falta otros pastores; no pastores de nombre, sino tales como el Señor haya llamado, a quienes haya dado un corazón de pastor y dones pastorales. 3. Puede que el Señor los levante de entre nosotros mismos, o puede que los envíe de otra parte. 4. Pero mientras tanto deberíamos al menos ver si no hay entre nosotros quienes puedan ayudar. 5. En cuanto a la obra misma, para ahorrar tiempo, parece conveniente que las dos iglesias, Bethesda y Gideon, se unan en una sola, que el partimiento del pan se celebre alternadamente y que se reduzca el número de reuniones semanales.
21 de octubre. Hoy el Señor me ha dado una casa para los niños huérfanos, en la misma calle donde están las otras dos Casas de Huérfanos.
Como la salud del señor Müller se había resentido a causa de sus preocupaciones, se le envió dinero de fuentes inesperadas para que lo usara en viajes y descanso.
RESUMEN DEL AÑO 1837.
1. Hay ahora ochenta y un niños en las tres Casas de Huérfanos, y nueve hermanos y hermanas que cuidan de ellos. Son noventa, pues, los que se sientan a la mesa cada día. ¡Señor, mira las necesidades de tu siervo!
2. Las escuelas requieren tanta ayuda como antes; más aún, sobre todo la escuela dominical, en la que hay actualmente unos 320 niños, y en las escuelas diurnas unos 350. Señor, tu siervo es un hombre pobre; pero ha confiado en ti y se ha gloriado en ti delante de los hijos de los hombres; ¡no sea, pues, confundido! ¡Que no se diga que todo esto fue fanatismo y que por eso ha venido a parar en nada!
3. Mi sustento temporal ha sido de £307 2s. 6½d.
Capítulo 11 completado
El campo se ensancha