Capítulo 13 · 5 min de lectura

El corazón y el entendimiento

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no estribes en tu propia prudencia." Proverbios 3:5 El objeto principal del libro de Proverbios es enseñar conocimiento y discreción, y guiar por la senda de la sabiduría y del entendimiento. Entender la justicia, entender el temor del Señor, hallar buen entendimiento: a esto es a lo que los Proverbios se ofrecen a guiarnos. Pero, en la búsqueda de esto, dan la advertencia de distinguir entre confiar en nuestro propio entendimiento e intelecto, y buscar el entendimiento espiritual, aquel que Dios da, es decir, un corazón entendido, y no estribar en tu propia prudencia.

En toda nuestra búsqueda de conocimiento y sabiduría, en todo nuestro planear la vida o estudiar la Palabra, tenemos estas dos facultades: el entendimiento o intelecto, que conoce las cosas desde fuera, por naturaleza y por las concepciones que formamos; y el corazón, que las conoce por experiencia, al recibirlas en la voluntad y en el afecto.

Estoy profundamente persuadido de que una de las principales razones por las que tanta enseñanza bíblica y tanto conocimiento de la Biblia son comparativamente infructuosos, una de las principales causas de la falta de santidad, de devoción y de poder en la Iglesia, se halla aquí: en el confiar en nuestro propio entendimiento en la religión. Ruego a mis lectores que me presten aquí una escucha paciente.

Muchos arguyen: Pero sin duda Dios nos dio nuestro intelecto, y sin él no hay posibilidad alguna de conocer la Palabra de Dios. Muy cierto; pero escuchad. Por la caída, toda nuestra naturaleza humana quedó desordenada. La voluntad quedó esclavizada, los afectos fueron pervertidos y el entendimiento fue oscurecido. Todos admiten la ruina de la caída en las dos primeras, pero en la práctica la niegan en la última. Admiten que aun el creyente no tiene en sí mismo el poder de una voluntad santa, y necesita la renovación diaria de la gracia de Jesucristo.

Admiten que no tiene el poder del afecto santo, para amar a Dios y a su prójimo, sino en la medida en que el Espíritu Santo lo escribe en él sin cesar. Pero no reparan en que el intelecto está igualmente arruinado e impotente en lo espiritual, e incapaz de aprehender la verdad espiritual.

Fue especialmente el deseo de conocimiento, de una manera y en un tiempo en que Dios lo había prohibido, lo que descarrió a Eva, como fruto de la tentación. Pensar que podemos tomar el conocimiento de la verdad de Dios por nosotros mismos, de su Palabra, según nos plazca, sigue siendo nuestro mayor peligro.

Necesitamos una profunda convicción de la impotencia de nuestro entendimiento para conocer verdaderamente la verdad, y del terrible peligro de la confianza en nosotros mismos y del autoengaño al hacerlo, para ver la necesidad de la palabra: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no estribes en tu propia prudencia.» Proverbios 3:5 Con el corazón cree el hombre. Con todo el corazón hemos de buscar, servir y amar a Dios. Solo con el corazón cree el hombre. Con todo nuestro corazón hemos de buscar, servir y amar a Dios. Solo con el corazón podemos conocer a Dios, o adorar a Dios, en espíritu y en verdad. Es, por tanto, en el corazón donde la Palabra Divina hace su obra. Es a nuestro corazón adonde Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo. Es el corazón, la vida interior de deseo y amor y voluntad y entrega, lo que el Espíritu Santo guía a toda la verdad.

En el estudio de la Biblia: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no estribes en tu propia prudencia.» No confíes, desconfía por completo, de tu propio entendimiento. Solo puede darte pensamientos y concepciones de las cosas Divinas sin realidad. Te engañará con la idea de que la verdad, si es recibida en la mente, de algún modo entrará ciertamente en el corazón. Y así te cegará ante la terrible experiencia que es universal: que los hombres leen a diario, y cada domingo se deleitan en oír la Palabra de Dios, y sin embargo no se vuelven por ello ni más humildes, ni más santos, ni más celestiales en su mente.

En lugar de confiar en el entendimiento, ven con el corazón a la Biblia.

En lugar de confiar en el entendimiento, fíate de Jehová de todo tu corazón. Que no sea el entendimiento, sino todo el corazón puesto en el Dios vivo como Maestro, lo principal cuando entras en tu aposento. Entonces hallarás buen entendimiento. Dios te dará un corazón entendido, un entendimiento espiritual.

Quizá me preguntes, como a menudo se me ha preguntado: «Pero ¿qué he de hacer? ¿Cómo he de estudiar mi Biblia? No veo otra manera de hacerlo que usando el entendimiento.» Perfectamente cierto. Pero no lo uses para aquello que no puede hacer. Recuerda dos cosas. Una es que solo puede darte una imagen o un pensamiento de las cosas espirituales. En el momento en que lo ha hecho, ve con tu corazón al Señor para que haga de su Palabra vida y verdad en ti. La otra es: recuerda que el orgullo del intelecto, el peligro de estribar en tu propio entendimiento, es incesante, y que nada, ni siquiera el propósito más resuelto, puede librarte de esto, sino solo la continua dependencia del corazón en la enseñanza del Espíritu Santo. Solo mediante el Espíritu Santo, que vivifica la palabra en el corazón, en la disposición y en los afectos, puede Él guiar al intelecto. «Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.» Salmo 25:9 «El temor de Jehová» —una disposición— «es el principio de la sabiduría.» Proverbios 9:10 Con cada pensamiento que el entendimiento capte de la palabra, inclínate ante Dios en dependencia y confianza. Cree con todo tu corazón que Dios puede hacerlo y lo hará verdad. Pide al Espíritu Santo que lo haga obrar eficazmente en el corazón. Así la palabra llega a ser la fuerza de nuestra vida.

Persevera en esto, y llegará el tiempo en que el Espíritu Santo, morando en el corazón y en la vida, tendrá al entendimiento en sujeción, y dejará que su santa luz brille a través de él.

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