Capítulo 67 · 1 min de lectura · 1 min de escucha
Cómo debemos invocar y bendecir al Señor cuando aprieta la tribulación
El discípulo
BENDITO sea tu nombre para siempre, Señor, que has querido que viniera sobre mí esta tentación y esta tribulación. No puedo huir de ella; pero tengo que acogerme a ti para que me ayudes y la conviertas en mi bien. Ahora estoy atribulado, Señor, y mi corazón no tiene reposo, porque me aflige mucho este padecimiento presente.
Padre amado, ¿qué diré? Me veo cercado de angustias. Sálvame de esta hora, a la cual, sin embargo, he venido para que tú seas glorificado cuando yo sea profundamente humillado y librado por ti. Plázcate, pues, Señor, librarme, porque ¿qué puedo hacer yo, pobre miserable, o adónde iré sin ti? Dame paciencia, Señor, también ahora. Ayúdame, Dios mío, y no temeré por mucho que me vea angustiado.
Pero ahora, en medio de estas tribulaciones, ¿qué diré? Hágase tu voluntad, Señor. Bien he merecido ser atribulado y angustiado. Pero tengo que soportarlo. ¡Ojalá pudiera hacerlo con paciencia, hasta que pase la tempestad y vuelva la calma! Sin embargo, tu mano omnipotente puede quitarme esta tentación o mitigar su asalto, para que no sucumba del todo bajo ella, como tú, Dios mío, misericordia mía, lo has hecho muchas veces conmigo. Y cuanto más difícil es mi situación, tanto más fácil es para ti este cambio de la diestra del Altísimo.
Capítulo 67 completado
Cómo debemos invocar y bendecir al Señor cuando aprieta la tribulación