Capítulo 65 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
El amor propio es el mayor estorbo para el sumo bien
La voz de Cristo
HIJO, debes darlo todo por el todo y no pertenecerte en nada a ti mismo. Has de saber que el amor propio te daña más que cualquier otra cosa del mundo. Según el amor y el afecto que tengas a una cosa, así se te apegará más o menos. Si tu amor es puro, sencillo y bien ordenado, no serás esclavo de nada. No codicies lo que no te es lícito tener. No poseas nada que pueda estorbarte o robarte la libertad.
Es extraño que no te entregues a mí de todo corazón, junto con todo lo que puedes desear o poseer. ¿Por qué te consumes en vana tristeza? ¿Por qué te fatigas con cuidados innecesarios? Resígnate a mi voluntad y no sufrirás ninguna pérdida.
Si buscas esto o aquello, si quieres estar en este lugar o en aquel, para tener más comodidad y placer, nunca tendrás descanso ni estarás libre de cuidados, porque en todo se halla algún defecto y en todas partes habrá alguien que te moleste. Así pues, no te ayudará adquirir y multiplicar los bienes terrenos, sino despreciarlos y arrancarlos de raíz de tu corazón. Y entiende que esto vale no solo para el dinero y las riquezas, sino también para la ambición de honores y el deseo de alabanzas vanas, cosas todas que pasarán con este mundo.
Poco importa el lugar si falta el espíritu de fervor; ni será duradera la paz si se busca fuera; si tu corazón no tiene un verdadero fundamento, es decir, si no estás fundado en mí, podrás cambiar, pero no mejorarás. Porque cuando se presente la ocasión y la aceptes, hallarás aquello de lo que huiste, y aun algo peor.
Oración para purificar el corazón y alcanzar la sabiduría celestial
Fortaléceme, oh Dios, con la gracia de tu santo espíritu. Dame poder para ser fortalecido en el hombre interior y para vaciar mi corazón de todo cuidado vano y de toda inquietud, para que no me arrastren muchos deseos, ya sea de cosas preciosas o de cosas viles. Haz que mire todas las cosas como pasajeras, y a mí mismo como uno que pronto pasará con ellas, porque nada hay duradero debajo del sol, donde todo es vanidad y aflicción de espíritu. ¡Qué sabio es el que así piensa!
Dame, Señor, la sabiduría celestial, para que aprenda ante todo a buscarte y hallarte, a gozarte y amarte más que a ninguna otra cosa, y a considerar las demás cosas tal como son, como tu sabiduría las ha ordenado. Concédeme prudencia para apartarme del adulador y para soportar con paciencia al que me contradice. Porque es gran sabiduría no dejarse mover por el sonido de las palabras ni prestar oído a la perversa sirena que halaga. Así andaré seguro por el camino que he comenzado.
Capítulo 65 completado
El amor propio es el mayor estorbo para el sumo bien