La imitación de Cristo
La ofrenda de Cristo en la cruz y nuestra ofrenda

Capítulo 105 · 1 min de lectura · 2 min de escucha

La ofrenda de Cristo en la cruz y nuestra ofrenda

La voz de Cristo

ASÍ como yo me ofrecí voluntariamente a Dios Padre por tus pecados, con las manos extendidas y el cuerpo desnudo en la cruz, de modo que nada quedó en mí que no se hubiera convertido en sacrificio completo para aplacar la ira divina, así debes tú ofrecerte voluntariamente a mí cada día en la Misa como oblación pura y santa, junto con todas tus facultades y afectos, con toda la devoción interior de que seas capaz.

¿Qué más te pido sino que te entregues enteramente a mí? No me importa nada de lo demás que puedas darme, porque no busco tu don, sino a ti. Así como no te bastaría tenerlo todo si no me tuvieras a mí, así nada de lo que me des puede agradarme si no te das a ti mismo.

Ofrécete, pues, a mí, y entrégate por entero por Dios, y tu ofrenda será aceptada. He aquí que yo me ofrecí todo entero al Padre por ti; aun te di todo mi Cuerpo y mi Sangre como alimento, para ser todo tuyo, y que tú fueras mío para siempre.

Pero si te apoyas en ti mismo y no ofreces tu libre voluntad a la mía, tu ofrenda será incompleta y la unión entre nosotros imperfecta. Por eso, si deseas alcanzar la gracia y la libertad del corazón, que la libre ofrenda de ti mismo en manos de Dios preceda a cada una de tus obras. Por esta razón tan pocos son interiormente libres e iluminados: porque no saben renunciar del todo a sí mismos.

Mi palabra permanece firme: «Cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo».

Si quieres, pues, ser mi discípulo, ofrécete a mí con todo tu corazón.

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