Capítulo 10 · 1 min de lectura · 1 min de escucha
La obediencia y la sujeción
ES COSA muy grande obedecer, vivir bajo un superior y no ser dueño de sí mismo, porque es mucho más seguro estar sujeto que mandar. Muchos viven en obediencia más por necesidad que por amor. Estos se descontentan y se abaten por el menor pretexto; y nunca alcanzarán la paz del alma si no se sujetan de todo corazón por amor de Dios.
Ve a donde quieras: no hallarás descanso sino en la humilde obediencia a la regla de la autoridad. Los sueños de felicidad puestos en los cambios y en otros lugares han engañado a muchos.
Es verdad que cada uno desea obrar a su gusto y se inclina hacia quienes piensan como él. Pero si Dios está entre nosotros, es necesario renunciar a veces a nuestro parecer por el bien de la paz.
Además, ¿quién es tan sabio que pueda saberlo todo plenamente? No confíes demasiado en tu propio parecer; está dispuesto a escuchar también el de los demás. Si, siendo bueno el tuyo, aceptas el ajeno por amor de Dios, ganarás mucho más mérito; porque muchas veces he oído decir que es más seguro escuchar y tomar consejo que darlo. Puede suceder también que, aun siendo bueno el propio parecer, negarse a ceder ante los demás cuando la razón y la ocasión lo piden sea señal de soberbia y obstinación.
Capítulo 10 completado
La obediencia y la sujeción