La caña cascada
La gracia es pequeña al principio

Capítulo 5 · 3 min de lectura · 4 min de escucha

La gracia es pequeña al principio

EN cuanto a la segunda parte: Dios no apagará el pábilo que humea, o la mecha, sino que soplará sobre él hasta que arda en llama. En el pábilo que humea no hay sino un poco de luz, y esa débil, pues no es capaz de llamear, y aun ese poco mezclado con humo.

Las observaciones que de aquí se sacan son: primero, que en los hijos de Dios, especialmente en su primera conversión, no hay sino una pequeña medida de gracia, y ese poco mezclado con mucha corrupción, la cual, como el humo, es molesta. En segundo lugar, que Cristo no apagará este pábilo que humea.

En cuanto a lo primero: la gracia es pequeña al principio. Hay diversas edades entre los cristianos: unos son niños, otros jóvenes. La gracia es como un grano de mostaza, Mateo 17:20. Nada hay tan pequeño como la gracia al principio, y nada más glorioso después. Las cosas de mayor perfección son las que más tardan en llegar a su desarrollo. El hombre, la criatura más perfecta, llega a la perfección poco a poco; las cosas sin valor, como los hongos y semejantes, igual que la calabacera de Jonás, pronto brotan y pronto se desvanecen. La nueva criatura es la obra más excelente de todo el mundo; por eso crece por grados. Vemos en la naturaleza que un roble poderoso sale de una bellota. Sucede con el cristiano como sucedió con Cristo, que brotó del tronco muerto de Isaí, de la familia de David, Isaías 53:2, cuando esta se hallaba en lo más bajo; pero creció más alto que los cielos. No sucede con los árboles de justicia lo que con los árboles del Paraíso, que fueron creados del todo perfectos desde el principio. Las semillas de todas las criaturas de esta hermosa obra del mundo estaban escondidas en el caos, en aquella masa confusa del principio, de la cual Dios mandó que surgieran todas las criaturas. En las pequeñas semillas de las plantas están escondidos el tronco y las ramas, el brote y el fruto. En unos pocos principios están escondidas todas las consoladoras conclusiones de la santa verdad. Todos aquellos gloriosos fuegos de celo y santidad en los santos tuvieron su comienzo en unas pocas chispas.

No nos desanimemos, pues, por los pequeños comienzos de la gracia, sino mirémonos como escogidos para ser irreprensibles y sin mancha, Efesios 1:4. Miremos nuestro comienzo imperfecto solo para esforzarnos más hacia la perfección y para mantenernos en un concepto humilde de nosotros mismos. Por lo demás, en caso de desánimo, debemos considerarnos como nos considera Cristo, que nos mira como a quienes se propone preparar para sí. Cristo nos valora por lo que seremos y por aquello para lo cual somos escogidos. Llamamos árbol a una planta pequeña porque crece para llegar a serlo. ¿Quién ha menospreciado el día de las pequeñeces? Zacarías 4:10. Cristo no quiere que menospreciemos las cosas pequeñas.

Los gloriosos ángeles no desdeñan servir a los pequeños: pequeños a sus propios ojos y pequeños a los ojos del mundo.

La gracia, aunque pequeña en cantidad, es grande en vigor y en valor.

Es Cristo quien eleva el valor de los lugares y las personas pequeños y humildes. Belén, la más pequeña, Miqueas 5:2, Mateo 2:6, y sin embargo no la más pequeña: la más pequeña en sí misma, no la más pequeña por cuanto Cristo nació allí. El segundo templo, Hageo 2:9, quedó por debajo de la magnificencia exterior del primero; y sin embargo fue más glorioso que el primero, porque Cristo entró en él. El Señor del templo vino a su propio templo. La pupila del ojo es muy pequeña, y sin embargo ve de una vez gran parte del cielo. Una perla, aunque pequeña, es de mucha estima: nada hay en el mundo de tanto provecho como la más pequeña porción de gracia.

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