La caña cascada
Cristo no quebrará la caña cascada

Capítulo 3 · 5 min de lectura · 7 min de escucha

Cristo no quebrará la caña cascada

EL segundo punto es que Cristo no quebrará la caña cascada. Los médicos, aunque causen mucho dolor a sus pacientes, no destruyen la naturaleza, sino que la levantan poco a poco. Los cirujanos sajan y cortan, pero no mutilan. Una madre que tiene un hijo enfermo y rebelde no por eso lo echa de sí; ¿y habrá más misericordia en el arroyo que en la fuente? ¿Pensaremos que hay más misericordia en nosotros que en Dios, que planta en nosotros el afecto de la misericordia? Pero, para declarar más la misericordia de Cristo hacia todas las cañas cascadas, considera los consoladores vínculos que ha tomado sobre sí, de esposo, pastor, hermano, etc., los cuales cumplirá hasta lo sumo; porque ¿habrán de cumplir otros, por su gracia, aquello a que él los llama, y no lo hará él, que por amor ha tomado sobre sí estos vínculos, tan firmemente fundados en la designación de su Padre y en su propio compromiso voluntario? Considera los nombres que toma prestados de las criaturas más mansas, como el cordero, la gallina, etc., para mostrar su tierno cuidado. Considera su mismo nombre, Jesús, Salvador, que Dios mismo le dio. Considera su oficio, que responde a su nombre, el cual es vendar a los quebrantados de corazón, Isaías 61:1. En su bautismo el Espíritu Santo se posó sobre él en forma de paloma, para mostrar que había de ser un mediador manso como la paloma. Mira la manera llena de gracia con que ejerce sus oficios. Como profeta, vino con la bendición en la boca: Bienaventurados los pobres en espíritu, etc., Mateo 5; e invitó a venir a él a aquellos cuyos corazones les sugerían más objeciones contra sí mismos: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, Mateo 11:28. ¡Cómo se conmovieron sus entrañas cuando vio a la gente como ovejas que no tienen pastor!, Mateo 9:36. Nunca rechazó a nadie que viniera a él, aunque algunos se fueron por sí mismos. Vino a morir como sacerdote por sus enemigos; en los días de su carne dictó a sus discípulos una forma de oración, y puso en sus bocas peticiones a Dios, y su Espíritu para interceder en sus corazones; y ahora intercede en el cielo por los cristianos débiles, interponiéndose entre la ira de Dios y ellos; y derramó lágrimas por los que derramaron su sangre. Así es también un rey manso: admite en su presencia a los que lloran; es rey de los pobres y afligidos; así como tiene rayos de majestad, tiene también entrañas de misericordia y de compasión; es Príncipe de paz, Isaías 9:6. ¿Por qué fue tentado, sino para socorrer a los que son tentados?, Hebreos 2:18. ¿Qué misericordia no podemos esperar de tan bondadoso mediador, 1 Timoteo 2:5, que tomó nuestra naturaleza sobre sí para poder ser misericordioso? Es un médico hábil en todas las enfermedades, especialmente en vendar un corazón quebrantado. Murió para sanar nuestras almas con un emplasto de su propia sangre, y para salvarnos por esa muerte de la cual nosotros mismos fuimos causa por nuestros pecados. ¿Y no tiene en el cielo las mismas entrañas? Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?, Hechos 9:4, clamó la cabeza desde el cielo cuando el pie era pisoteado en la tierra. Su exaltación no le ha hecho olvidar su propia carne; aunque lo ha librado del padecer, no lo ha librado de la compasión hacia nosotros. El león de la tribu de Judá solo despedazará a los que no quieren que él reine sobre ellos, Lucas 19:17. No mostrará su fuerza contra los que se postran delante de él.

¿Qué hemos de aprender de esto, sino a acercarnos confiadamente al trono de la gracia en todas nuestras aflicciones? ¿Nos desanimarán nuestros pecados, cuando él se presenta allí solo por los pecadores? ¿Estás quebrantado? Ten buen ánimo: él te llama. No ocultes tus heridas; descúbrelo todo delante de él; no guardes el secreto de Satanás. Ve a Cristo, aunque sea temblando; como la pobre mujer, si tan solo podemos tocar el borde de su manto, Mateo 9:20, seremos sanados y recibiremos una respuesta llena de gracia. Vayamos confiadamente a Dios en nuestra carne; para este fin, para que fuésemos confiadamente a él, es carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos. Nunca temas acercarte a Dios, pues tenemos ante él un mediador tal, que no solo es nuestro amigo, sino nuestro hermano y esposo. Bien pudieron los ángeles proclamar desde el cielo: He aquí os doy nuevas de gran gozo, Lucas 2:10. Bien pudo el apóstol exhortarnos a regocijarnos en el Señor una y otra vez, Filipenses 4:4; bien sabía sobre qué fundamentos lo hacía: la paz y el gozo son dos frutos principales de su reino. Sea el mundo como fuere, si no podemos regocijarnos en el mundo, podemos regocijarnos en el Señor. Su presencia hace llevadera cualquier condición. No tengáis miedo, dice a sus discípulos cuando estaban asustados como si hubieran visto un fantasma; yo soy, Mateo 14:27; como si no hubiera motivo de temor donde él está presente.

Que esto nos sostenga cuando nos sentimos quebrantados: el proceder de Cristo es primero herir y luego sanar; ninguna alma sana y entera entrará jamás en el cielo. Piensa en la tentación: Cristo fue tentado por mí; conforme a mis pruebas serán mis gracias y mis consuelos. Si Cristo es tan misericordioso que no me quiebra, no me quebraré yo mismo por la desesperación, ni me entregaré al león rugiente, Satanás, para que me despedace.

En tercer lugar, mira la disposición contraria de Cristo y de Satanás y sus instrumentos. Satanás nos acomete cuando estamos más débiles, como Simeón y Leví a los siquemitas cuando sentían el mayor dolor, Génesis 34:25; pero Cristo reparará en nosotros todas las brechas que el pecado y Satanás han abierto: él venda a los quebrantados de corazón. Y así como una madre cuida con más ternura al hijo más enfermo y más débil, así Cristo se inclina con más misericordia hacia los más débiles; y asimismo pone en las cosas más débiles un instinto de apoyarse en algo más fuerte que ellas para sostenerse. La vid se apoya en el olmo, y las criaturas más débiles tienen a menudo los refugios más fuertes. La conciencia que la Iglesia tiene de su debilidad la hace dispuesta a recostarse sobre su Amado y a esconderse bajo sus alas.

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