Charlas al labrador (Para jóvenes)
El labrador

Capítulo 5 · 3 min de lectura · 4 min de escucha

El labrador

«El que ara para sembrar, ¿arará todo el día?» — Isaías 28:24

Es una pregunta sencilla de labrador, y Spurgeon muestra que corta en dos direcciones a la vez.

Primera respuesta: sí, el labrador de verdad ara todo el día. No traza tres surcos, se aburre y se mete a la casa. Trabaja el campo desde que sale el sol hasta que se pone, sube por una hilera y baja por la siguiente, una y otra vez. Y Spurgeon dice que esa es una imagen de lo paciente que es Dios con una persona. Dios trabajará algunos corazones durante años —en la niñez, en la adolescencia, hasta la vejez—, con la misma labranza firme y paciente, negándose a darse por vencido con una tierra que todavía no se ha abierto. Si llevas mucho tiempo sintiendo que Dios trabaja en ti en silencio y todavía no ha «pasado» nada, no es que Dios haya perdido el interés. Es el labrador que sigue arando al caer el sol.

Y también es una imagen para cualquiera que intenta alcanzar a otra persona. Spurgeon cuenta de una madre que le dijo a su hijo la misma verdad veinte veces, porque —según ella— diecinueve no bastaban. Esa es la paciencia del labrador. Sigues trabajando la hilera dura. No aras tres veces para luego rendirte.

Además, suelta una frase que vale la pena guardar. Un viejo predicador callejero solía decir que de nada sirve intentar coser con el hilo de seda del evangelio si primero no usas la aguja afilada de la verdad. La labranza que duele un poco —la parte que rompe tus excusas cómodas— no es que Dios sea duro contigo. Es la aguja que entra primero para que el hilo pueda seguirla.

Segunda respuesta: no, ni siquiera el labrador ara TODO el día. Eso sería absurdo. Todo el sentido de romper la tierra es sembrar en ella. Arar para siempre sin sembrar nunca sería un puro desperdicio. Y aquí Spurgeon se pone serio, porque mucha gente se queda atascada en la labranza y nunca pasa a la siembra. Se sienten mal por su pecado, se conmueven en un culto, saben que deberían hacer algo respecto a Dios… y se quedan justo ahí, conmovidos, durante años. Es un campo arado una y otra vez y nunca sembrado ni una sola vez. No da nada.

Así que tiene que haber un paso. Esa convicción que sientes está pensada para llevarte a alguna parte: a confiar de verdad en Jesús. La imagen de advertencia de Spurgeon es la de quien se queda a punto. Imagínate que corres para alcanzar un tren, tan cerca que lo ves, y llegas al andén justo cuando se cierran las puertas y arranca. No estabas lejos. Estabas a segundos. Y aun así lo perdiste por completo. Eso es ser «casi» cristiano: conmovido, serio, cerca, y sin subir nunca de verdad.

Cuenta de un joven que le dijo: «No logro dejarme caer en los brazos de Cristo». Y la respuesta de Spurgeon es maravillosa, porque te quita toda la presión de hacerlo perfecto: «Entonces tropieza y cae en ellos. Desplómate en ellos. Desmáyate en ellos. Incluso muere en ellos; solo llega allí.» No tienes que ejercer la fe con elegancia. Solo tienes que ejercerla de verdad. Deja de estar parado en el andén admirando el tren.

Así que las dos mitades de la pregunta caen en el mismo lugar. Dios ha estado arando con paciencia; qué bueno, esa es su bondad. Pero arar nunca fue la meta. La meta es la semilla en la tierra y la cosecha al final.

Una pregunta para hacerte con sinceridad: ¿te has quedado atascado en la labranza —sintiéndote conmovido, sintiéndote culpable, sintiendo que deberías— sin dar nunca el paso de confiar en Jesús? Si es así, no esperes el momento perfecto ni el sentimiento perfecto. Déjate caer en sus brazos. Pasar de «casi» a «sí» es justamente de lo que trata este capítulo.

Preguntas para pensar

Piénsalo primero; luego toca una pregunta para ver una forma de responderla.

¿Qué dos respuestas da Spurgeon a la pregunta «El que ara para sembrar, ¿arará todo el día?»?

Sí: ara con paciencia desde que sale el sol hasta que se pone, una imagen de la paciencia de Dios. Y no: no ara para siempre, porque todo el sentido de arar es sembrar.

¿Qué significa ser un campo que se ara una y otra vez pero nunca se siembra?

Es la persona que se siente culpable o conmovida una y otra vez pero nunca confía de verdad en Jesús, como quien corre para alcanzar un tren y llega justo cuando se cierran las puertas. Cerca, y aun así lo pierde.

¿Te has quedado atascado sintiéndote conmovido sin llegar nunca a confiar de verdad en Jesús?

El capítulo dice que no esperes el momento ni el sentimiento perfectos. Spurgeon le dijo a un joven que «tropezara y cayera» en los brazos de Cristo: no tienes que ejercer la fe con elegancia, solo llegar allí.

Capítulo 5 completado

El labrador

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