Capítulo 25 · 3 min de lectura · 3 min de escucha
Día 24 — No me avergüenzo
«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.»
— Romanos 1:16
Ester era una joven judía que llegó a ser reina de Persia. Pero nadie en el palacio sabía que era judía. Lo había mantenido en secreto.
Entonces un hombre malvado llamado Amán convenció al rey de firmar una ley para destruir a todo el pueblo judío del reino. Mardoqueo, el primo de Ester, le rogó que fuera a ver al rey y le suplicara por su pueblo. Pero había un problema: ¡cualquiera que se presentara ante el rey sin ser invitado podía ser condenado a muerte!
Ester tenía que decidir. Podía quedarse callada y estar a salvo. O podía dar la cara, decirle al rey quién era en realidad y arriesgarlo todo.
Pidió a todos los judíos que oraran y ayunaran por ella durante tres días. Luego dijo: «Entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca» (Ester 4:16).
Ester fue a ver al rey. Él la recibió con agrado, y Dios usó su valentía para salvar a su pueblo.
A veces, que la gente sepa que sigues a Jesús también puede dar un poco de miedo. Tal vez temes que los chicos de la escuela se rían si descubren que vas a la iglesia. Tal vez te sientes incómodo orando antes de comer en el comedor. Tal vez alguien dice algo malo de Dios, y no sabes si deberías hablar.
Pablo se enfrentó a gente que se burló de él, lo golpeó y lo metió en la cárcel por hablar de Jesús. Pero él dijo: «No me avergüenzo del evangelio». ¿Por qué? Porque «es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree». La buena noticia de Jesús no es algo que dé vergüenza. ¡Es el mensaje más poderoso del mundo, el que cambia vidas!
No avergonzarte del evangelio no significa que tengas que predicar en el patio de recreo ni discutir con todo el mundo. Significa que no escondes a quién perteneces. Podrías:
- Decir: «Sí, soy cristiano», cuando alguien te pregunte.
- Orar antes de comer, aunque otros te vean.
- Invitar a un amigo a la iglesia o al grupo de jóvenes.
- Decir con amabilidad: «Yo eso no lo hago», cuando otros estén haciendo algo malo.
Jesús dijo que a cualquiera que lo confiese delante de los hombres, él también lo confesará delante de su Padre que está en los cielos (Mateo 10:32). Él nunca se avergüenza de ti.
Piénsalo: ¿Cuándo te cuesta más que la gente sepa que sigues a Jesús? ¿Por qué?
Inténtalo: Haz hoy algo pequeño que muestre que no te avergüenzas de Jesús, como orar antes del almuerzo, ponerte algo que muestre tu fe o invitar a un amigo a la iglesia.
Querido Jesús, tú nunca te avergüenzas de mí. Ayúdame a no avergonzarme de ti. Dame la valentía que tuvo Ester, para defender lo que es correcto y que todos sepan que te sigo. Gracias porque la buena noticia acerca de ti es poder de Dios. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 25 completado
Día 24 — No me avergüenzo