Capítulo 24 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 23 — Daniel siguió orando
«Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.»
Habían pasado muchos años desde que Daniel llegó por primera vez a Babilonia. Ahora era un anciano, y un nuevo rey llamado Darío ocupaba el trono. Daniel hacía tan buen trabajo que el rey pensaba ponerlo a cargo de todo el reino.
Pero algunos de los otros funcionarios tenían envidia. Querían deshacerse de Daniel. Lo vigilaban de cerca, buscando cualquier cosa que hiciera mal, pero no encontraban nada. Daniel era honrado y fiel en todo lo que hacía.
Así que se les ocurrió un plan tramposo. Dijeron: «La única manera de atraparlo será por su fidelidad a su Dios». Engañaron al rey Darío para que firmara una nueva ley: durante treinta días, nadie podía orar a ningún dios ni a ninguna persona, sino solo al rey. ¡El que desobedeciera sería echado en un foso de leones!
¿Qué hizo Daniel cuando se enteró de la ley? Mira el versículo. Se fue a su casa, se arrodilló junto a su ventana mirando hacia Jerusalén, y oró y dio gracias a Dios tres veces al día, «como lo solía hacer antes».
No se escondió. No dejó de orar ni un solo día. Ni siquiera cambió su horario. Siguió haciendo lo que siempre había hecho.
¿Por qué pudo Daniel ser tan valiente en ese momento? Porque llevaba años orando tres veces al día. Su hábito de orar había construido algo fuerte dentro de él. Cuando llegó la gran prueba, no tuvo que encontrar valor de repente. Su fe se había ido fortaleciendo día tras día, oración tras oración.
Los enemigos de Daniel lo atraparon, y lo echaron al foso de los leones. Pero Dios envió un ángel que cerró la boca de los leones. ¡A la mañana siguiente, Daniel salió sin un solo rasguño!
Esta es la lección: los hábitos que formas ahora te sostendrán más adelante. Si te acostumbras a orar y a leer la Palabra de Dios cada día, estarás preparado cuando lleguen los tiempos difíciles. El valor en los momentos grandes nace de la fidelidad en los pequeños.
Piénsalo: ¿Qué hábitos espirituales estás formando ahora mismo? ¿Son lo bastante fuertes para sostenerte en un tiempo difícil?
Inténtalo: Elige un momento fijo cada día para orar, por ejemplo al despertarte, después de la escuela y antes de dormir. Prueba el «tres veces al día» de Daniel durante la próxima semana.
Querido Dios, gracias por la fidelidad de Daniel. Ayúdame a formar ahora hábitos fuertes de oración y de lectura de tu Palabra, para estar preparado cuando lleguen los tiempos difíciles. Hazme fiel en las cosas pequeñas, para que pueda ser valiente en las grandes. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 24 completado
Día 23 — Daniel siguió orando