Capítulo 30 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
La realidad de la resurrección probada por los hechos
§30. La realidad de la resurrección probada por los hechos: (1) la victoria sobre la muerte descrita arriba; (2) las maravillas de la gracia son obra de alguien que vive, de alguien que es Dios; (3) si los dioses son (como se afirma) reales y vivos, con mayor razón vive aquel que quebranta su poder.
Lo que hemos dicho hasta aquí, pues, no es pequeña prueba de que la muerte ha sido abolida y de que la cruz del Señor es señal de victoria sobre ella. Pero en cuanto a la resurrección del cuerpo a la inmortalidad, llevada a cabo a continuación por Cristo, el Salvador común y verdadera Vida de todos, la demostración por los hechos es más clara que los argumentos para aquellos cuya visión mental está sana. 2. Porque si, como mostró nuestro argumento, la muerte ha sido abolida, y a causa de Cristo todos la pisotean, mucho más la pisoteó él mismo primero con su propio cuerpo y la abolió. Pero, supuesto que la muerte fue muerta por él, ¿qué otra cosa podía haber sucedido sino la resurrección de su cuerpo y su exhibición como trofeo de victoria contra la muerte? O ¿cómo podría haberse mostrado que la muerte había sido abolida, si el cuerpo del Señor no hubiera resucitado? Pero si esta demostración de la resurrección le parece a alguno insuficiente, asegúrese de lo que se dice aun por lo que sucede ante sus ojos. 3. Porque, mientras que un hombre, una vez muerto, no puede ejercer poder alguno, sino que su influencia dura hasta la tumba y desde entonces cesa, y las acciones y el poder sobre los hombres pertenecen solo a los vivos, que vea quien quiera y juzgue, confesando la verdad a partir de lo que aparece a la vista. 4. Porque ahora que el Salvador obra tan grandes cosas entre los hombres, y día tras día persuade invisiblemente a tan gran multitud de todas partes, tanto de los que habitan en Grecia como en tierras extranjeras, a pasarse a su fe y a obedecer todos su enseñanza, ¿mantendrá alguien todavía su mente en duda sobre si el Salvador ha llevado a cabo una resurrección, y sobre si Cristo está vivo, o más bien es él mismo la Vida? 5. ¿O es propio de un muerto estar punzando las conciencias de los hombres, de modo que nieguen sus leyes heredadas y se inclinen ante la enseñanza de Cristo? O ¿cómo, si ya no está activo (pues esto es propio de un muerto), detiene en su actividad a los que están activos y vivos, de modo que el adúltero ya no comete adulterio, y el homicida ya no mata, ni el que hacía agravio es ya codicioso, y el profano es en adelante piadoso? O ¿cómo, si no ha resucitado sino que está muerto, ahuyenta, persigue y derriba a esos dioses falsos que los incrédulos dicen que están vivos, y a los demonios que ellos adoran? 6. Porque donde se nombra a Cristo, y su fe, allí es depuesta toda idolatría y queda al descubierto toda impostura de los malos espíritus, y ningún espíritu puede soportar siquiera el nombre, sino que con solo oírlo huye y desaparece. Pero esta obra no es la de un muerto, sino la de uno que vive, y especialmente la de Dios. 7. En particular, sería ridículo decir que, mientras que los espíritus expulsados por él y los ídolos abolidos están vivos, aquel que los ahuyenta, y con su poder les impide incluso aparecer, y que además es confesado por todos ellos como Hijo de Dios, está muerto.
Capítulo 30 completado
La realidad de la resurrección probada por los hechos