Capítulo 5 · 2 min de lectura
Traducción por IA — pendiente de revisión
Actos de esperanza
¡Oh Dios mío! En todos mis peligros temporales y espirituales esperaré en ti, que eres poder todopoderoso, y por tanto capaz de socorrerme; que eres bondad infinita, y por tanto pronto y dispuesto a auxiliarme.
¡Oh preciosa sangre de mi amado Redentor! ¡Oh heridas abiertas de mi Salvador crucificado! ¿Quién puede contemplar los padecimientos de Dios encarnado, y no elevar su esperanza, y no poner en él su confianza? Aunque mi cuerpo se deshaga en polvo, y aquel polvo sea esparcido por la faz de la tierra, sé sin duda que mi Redentor vive, y me resucitará en el día postrero; ya sea que reciba consuelo o quede desolado; ya goce de paz o sea afligido con tentaciones; ya esté sano o enfermo, socorrido o abandonado de los bienes de esta vida, siempre esperaré en ti, oh mi soberano e infinito bien.
Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos; aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento; aunque las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Aunque aquí me duela y sea afligido, y suspire por un tiempo bajo las miserias de este mundo, tengo la certeza de que un día mis lágrimas se convertirán en gozo, y ese gozo nadie me lo quitará. Quien espera las grandes cosas de este mundo, se afana por alcanzarlas; ¿cómo podrán estar bien fundadas mis esperanzas de la vida eterna, si no lucho y trabajo por aquella herencia eterna? Nunca rehusaré las labores más humildes, mientras aguarde recibir tan glorioso salario; nunca me quejaré de ninguna pérdida temporal, mientras espere ganar tan eternos galardones. ¡Bendita esperanza! Sé tú mi principal delicia en la vida, y así estaré firme e inmóvil, creciendo siempre en la obra del Señor; sé tú mi consuelo y mi sostén en la hora de la muerte, y así dejaré este mundo contento, como un cautivo que es librado de su prisión.