Las enseñanzas clave de Gareth Evans
Un festín a la mesa

Capítulo 10 · 7 min de lectura · 10 min de escucha

Un festín a la mesa

Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo. EFESIOS 1:3

Efesios es el libro de la Biblia preferido de Evans. Su breve libro Un festín a la mesa nació de unas conferencias sobre esta carta impartidas en un curso de verano de una escuela bíblica en Australia, y en sus sermones vuelve una y otra vez a las oraciones de Pablo en Efesios. El título resume su enfoque. Efesios es una mesa servida con alimentos abundantes, y la mayoría de los cristianos, cree él, apenas han empezado a comer.

En él

La expresión que llena los primeros capítulos de Efesios es «en él», o «en Cristo». Evans la presenta con la historia de Noé. Noé trabajó durante años en la construcción del arca, pero su salvación dependía de una sola cosa: entrar en ella. No había liberación para el hombre que se quedara fuera admirando su obra. Lo mismo ocurre con Cristo. Dios ha provisto un único camino para escapar del juicio, y nosotros debemos entrar en él por la fe.

Una vez que estamos en él, Dios nos ve allí. Cuando el Padre mira al creyente, dice Evans, ve a su Hijo en lugar de nuestro pecado; nuestra culpa y nuestra vergüenza quedan envueltas en Cristo. Después recorre las bendiciones que enumera Pablo. En él somos escogidos para ser santos y sin mancha; adoptados como hijos, con todos los derechos de un hijo natural y, señala, con una seguridad que el hijo natural no siempre tenía; aceptos en el Amado; redimidos y perdonados; se nos da a conocer el misterio de la voluntad de Dios; recibimos una herencia; y somos sellados con el Espíritu Santo de la promesa.

Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. EFESIOS 1:6

Todo esto es nuestro, insiste Evans, sencillamente porque estamos en Cristo, no por nuestra madurez ni por nuestro esfuerzo. Y, sin embargo, hay que apropiárselo. Son verdades teológicas que, para muchos creyentes, nunca se han convertido en verdades vividas.

Quién eres

Esto le importa muchísimo a Evans, porque ha pasado gran parte de su ministerio con creyentes que no saben quiénes son. En La llave en mi mano ofrece dos largas listas: lo que el creyente es en Cristo y lo que el creyente tiene en Cristo. Un hijo de Dios, un amigo de Jesús, coheredero con Cristo, una nueva criatura, un santo, ciudadano del cielo, hechura de Dios; completamente perdonado, sellado por el Espíritu, sentado en los lugares celestiales, libre de condenación, con acceso directo al Padre. Con una sonrisa, receta a sus lectores lo siguiente: toma dos de estas verdades cada día y medita en ellas, y los dardos de fuego del enemigo perderán su poder.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. ROMANOS 8:1

En Remontarse como el águila lo relaciona con la humildad. La humildad, dice, no consiste en pensar mal de uno mismo; eso es falsa humildad, y es una enfermedad tan grave como el orgullo. La verdadera humildad es verte como Dios te ve, sin inflar ni empequeñecer lo que él ha hecho. Los creyentes que saben quiénes son en Cristo son libres para servir, porque no tienen nada que demostrar. Señala el momento de Juan 13 en que Jesús, sabiendo que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó y lavó los pies de sus discípulos. La seguridad es la raíz del servicio.

Sentados, andando, firmes

Como Watchman Nee, cuyo librito sobre Efesios leyó Evans cuando era un joven líder de jóvenes en Gales, ve que la carta avanza en tres etapas. Primero, estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales. Después, somos llamados a andar como es digno de esa vocación. Por último, somos llamados a estar firmes contra el enemigo.

Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. EFESIOS 2:6

Estar sentados, dice Evans, significa haber cesado de nuestros esfuerzos por agradar a Dios y haber entrado en su reposo. Andar significa vivir de acuerdo con esa posición: en amor, en la luz, con sabiduría y llenos del Espíritu. Estar firmes significa vestirse de toda la armadura de Dios y no ceder terreno, no frente a las personas, sino frente a poderes espirituales que fueron despojados en la cruz.

Egipto, el desierto y Canaán

Evans suele usar el viaje de Israel como imagen de la vida cristiana. Egipto es la vida sin Cristo. El cruce del mar Rojo, donde los antiguos capataces quedaron eliminados para siempre, es la conversión, sellada en el bautismo. El desierto es la vida del creyente que ha salido de Egipto pero todavía no ha entrado en las promesas de Dios. Canaán es la vida de la promesa, la de estar sellados con el Espíritu y sentados con Cristo.

Insiste en que Canaán no es una imagen del cielo. Los viejos himnos sobre cruzar el Jordán hacia la tierra de Beulah han enseñado a muchos a leerlo así, pero Canaán era una tierra de gigantes y de batallas, de Jericó y de la derrota en Hai, además de leche y miel. Es una imagen de la vida que Dios quiere para su pueblo ahora. Cree que muchos en la iglesia de hoy viven en el desierto, alimentados fielmente por Dios con maná y codornices, y bastante satisfechos. Dios sigue siendo bondadoso con ellos. Pero sacó a Israel de Egipto para hacerlo entrar.

Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. HEBREOS 4:9

Conocerlo a él

La meta de todo esto, para Evans, no son las bendiciones, sino Dios mismo. La oración de Pablo es que lo conozcamos a él, y Evans entiende ese conocer en el pleno sentido bíblico de una intimidad personal y vivida, no de una mera información acerca de Dios.

Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. EFESIOS 1:17

Extrae una lección que escudriña el corazón de la petición de Moisés de ver la gloria de Dios. Dios respondió que conocía a Moisés por su nombre, y luego le proclamó su propio nombre, su carácter. En la Escritura, señala Evans, un nombre habla del carácter. Dios se revela, sugiere, conforme a lo que conoce de nosotros. Pregunta a sus lectores qué nombre les daría Dios: Dudoso o Temeroso, como en la alegoría de Bunyan, o Fiel, Vencedor. No enseña que nos ganemos la revelación. Lo que dice es que Dios confía más de sí mismo a quienes han sido probados y han vencido, como un padre confía más cosas al hijo que ya ha crecido.

Y el Señor dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. ÉXODO 33:17

Una palabra de equilibrio

El esquema de etapas de Evans, en la carta de Juan y en el viaje de Israel, es un recurso didáctico muy gráfico, y ha animado a muchos a seguir adelante. Conviene recordar que todo creyente está plenamente en Cristo desde el primer día, y que las riquezas de Efesios 1 pertenecen al santo más débil con la misma certeza que al más fuerte. Evans estaría de acuerdo. Su propósito no es dividir a los cristianos en clases, sino llamarlos a disfrutar de lo que ya es suyo.

PARA REFLEXIONAR Y ACTUAR

1. Lee Efesios 1:3–14 y subraya cada vez que aparezca «en él», «en quien» o «en Cristo». Da gracias a Dios por cada bendición, nombrándola.

2. Escoge dos verdades sobre quién eres en Cristo y medita en ellas cada día de esta semana, sobre todo cuando te sientas acusado.

3. Pregúntate si has estado viviendo en el desierto, satisfecho con el maná. ¿Qué promesa de Dios no has llegado a poseer nunca?

4. Piensa si tu servicio brota de la seguridad o de la necesidad de demostrar algo. Lee Juan 13:3–5 y pide al Señor que te dé seguridad.

5. Ora cada día de esta semana la oración de Pablo de Efesios 1:17–19 por ti y por otra persona, mencionándola por su nombre.

UNA ORACIÓN
Padre de gloria, tú me has bendecido con toda bendición espiritual en Cristo, y yo he vivido como un mendigo a la mesa de un rico. Perdóname.
Abre los ojos de mi corazón para que conozca quién soy en tu Hijo: escogido, adoptado, acepto, perdonado, sellado y sentado con él.
Sácame del desierto y llévame a la tierra de la promesa, y dame valor para enfrentarme a sus gigantes con tu fuerza.
Sobre todo, permíteme conocerte, y hazme la clase de hijo a quien te agrada revelarte. Amén.
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