Capítulo 85 · 3 min de lectura · 3 min de escucha
El último gran día
DESPUÉS DE las dos parábolas de «las damas de honor» y de «los talentos», Jesús, todavía con sus discípulos en el monte de los Olivos, les contó una parábola más: un cuadro de «el último gran día». Dijo:
«Cuando el Hijo del hombre vuelva otra vez a la tierra, con toda su gloria de Rey, y con él todos los ángeles de Dios, entonces se sentará sobre su trono real; y delante de él serán reunidos todos los pueblos del mundo para ser juzgados. En aquel tiempo enviará a sus ángeles, y ellos dividirán la gran multitud en dos partes, como un pastor aparta su rebaño, poniendo las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha:
«“Venid, benditos de mi Padre. Venid y recibid el reino que está preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque cuando tuve hambre, me disteis de comer; cuando tuve sed, me disteis de beber; cuando era forastero, me abristeis vuestras puertas y me recibisteis en vuestras casas; cuando no tenía ropa, me vestisteis; cuando estuve enfermo, me cuidasteis; cuando estuve en la cárcel, vinisteis a visitarme”.
«Entonces los buenos le responderán: “¿Cuándo te encontramos hambriento y te dimos de comer? ¿O sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te recibimos en nuestras casas? ¿O sin ropa, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a visitarte?”.
«Y el Rey les responderá: “Os digo que cada vez que hicisteis alguna de estas cosas a uno de estos mis hermanos que creen en mí, aunque fuera al más pequeño de ellos, a mí me lo hicisteis”.
«Entonces el Rey se volverá a los que estén a su izquierda, y les dirá:
«“Apartaos de mí, vosotros a quienes Dios ha maldecido, al fuego eterno que ha sido encendido para el diablo y sus ángeles, los espíritus malvados. ¡Allí será vuestra morada para siempre! Porque tuve hambre, y nunca me disteis de comer; tuve sed, y nunca me disteis de beber; fui forastero, y nunca me abristeis vuestras puertas; necesitaba ropa, y nunca me disteis nada; estuve enfermo y en la cárcel, y nunca os preocupasteis por mí”.
«Entonces estos le responderán:
«“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o sin ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?”.
«Y él les responderá: “En verdad os digo que cada vez que no ayudasteis en su necesidad a estos mis hermanos que creen en mí, aunque fuera al más pequeño de ellos, a mí no me ayudasteis”. Así que estos irán al castigo eterno; pero los que han hecho el bien irán a la vida eterna».
Era ya tarde aquel martes cuando Jesús bajó con sus discípulos del monte de los Olivos hacia Betania. Por el camino les dijo:
«Sabéis que dentro de dos días es la fiesta de la Pascua. Ese día el Hijo del hombre será entregado a sus enemigos, y lo matarán en la cruz».
Pero, aunque él les había hablado de esto muchas veces, ni siquiera ahora podían creerlo. Fueron juntos a Betania, a la casa de Marta, María y Lázaro.
Capítulo 85 completado
El último gran día