Cómo triunfar en la vida cristiana ·La membresía en la iglesia

Capítulo 6 · 5 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

La membresía en la iglesia

Ningún cristiano, joven o viejo, puede alcanzar verdadero éxito en la vida cristiana sin la comunión de otros creyentes. La iglesia es una institución divina, edificada por el mismo Jesucristo. Es la única institución que permanece. Otras instituciones vienen y van; cumplen su obra para su época y desaparecen, pero la iglesia continuará hasta el fin. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16: 18). La iglesia se compone de hombres y mujeres, hombres y mujeres imperfectos, y por consiguiente es una institución imperfecta; pero no por ello deja de ser de origen divino, y Dios la ama; y todo creyente debe darse cuenta de que pertenece a ella, y debe ocupar abiertamente su lugar en ella y llevar sus responsabilidades para con ella.

La iglesia verdadera se compone de todos los verdaderos creyentes, de todos los que están unidos a Jesucristo por una fe viva en él mismo. En su organización externa, en el tiempo presente, está dividida en innumerables sectas y congregaciones locales; pero, a pesar de estas divisiones, la iglesia verdadera es una sola. Tiene un solo Señor, Jesucristo. Tiene una sola fe: la fe en él como Salvador, Señor divino y único Rey; un solo bautismo, el bautismo en un mismo Espíritu para formar un mismo cuerpo (Ef. 4: 4, 5; 1 Cor. 12: 13). Pero cada cristiano en particular necesita la comunión de otros creyentes en particular. La expresión externa de esta comunión está en la membresía en algún cuerpo organizado de creyentes. Si nos mantenemos apartados de todas las iglesias organizadas, esperando tener así una comunión más amplia con todos los creyentes de todas las iglesias, nos engañamos a nosotros mismos. Perderemos la ayuda que proviene de la unión íntima con alguna congregación local. He conocido a muchas personas bien intencionadas que se han mantenido apartadas de la membresía en cualquier organización específica, y jamás he conocido a una sola persona que haya obrado así sin que su propia vida espiritual haya sufrido por ello. En el día de Pentecostés, los tres mil que fueron convertidos fueron bautizados en seguida y añadidos a la iglesia (Hechos 2: 41, 47), y “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.” Su ejemplo es el que se ha de seguir. Si de veras has recibido a Jesucristo, busca cuanto antes alguna compañía de otros que hayan recibido a Jesucristo, y únete a ellos.

En muchas comunidades quizá no haya posibilidad de escoger entre iglesias, pues no hay más que una. En otras comunidades uno se verá frente a la pregunta: “¿Con qué cuerpo de creyentes he de unirme?” No malgastes tu tiempo buscando una iglesia perfecta. No existe iglesia perfecta. Si esperas hasta encontrar una iglesia perfecta antes de unirte a alguna, no te unirás a ninguna, y así pertenecerás a una iglesia en la que tú eres el único miembro, y esa es la más imperfecta de todas las iglesias. Preferiría pertenecer a la iglesia cristiana más imperfecta que jamás haya conocido antes que no pertenecer a ninguna. Las iglesias locales en tiempos de Pablo eran instituciones muy imperfectas. Lea uno las epístolas a los corintios y vea cuán imperfecta era la iglesia en Corinto, vea cuánto había de malo en ella, y con todo Pablo jamás pensó en aconsejar a ningún creyente de Corinto que saliera de esta iglesia imperfecta. Sí les dijo que salieran del paganismo, que salieran de la comunión con los incrédulos (2 Cor. 6: 14-18), pero ni una palabra sobre salir de la iglesia imperfecta en Corinto. Sí le dijo a la iglesia en Corinto que apartara de su membresía a ciertas personas cuya vida era mala (1 Cor. 5: 11, 12), pero no les dijo a los miembros individuales de la iglesia en Corinto que salieran de la iglesia porque esas personas no habían sido aún apartadas de su comunión.

Puesto que no puedes encontrar una iglesia perfecta, encuentra la mejor iglesia que puedas. Únete a una iglesia donde crean en la Biblia y donde prediquen la Biblia. Evita las iglesias donde se pronuncien palabras, abiertas o veladas, que tiendan a socavar tu fe en la Biblia como revelación fidedigna de Dios mismo, la regla todo-suficiente de fe y práctica. Únete a una iglesia donde haya espíritu de oración, donde las reuniones de oración se sostengan fielmente. Únete a una iglesia que tenga un interés real y activo en la salvación de los perdidos, donde se cuide y se ayude a los cristianos jóvenes, donde el ministro y el pueblo tengan amor por los pobres y los marginados; una iglesia que considere que su misión en este mundo es la misma que la misión de Cristo: “a buscar y a salvar lo perdido.” En cuanto a las diferencias denominacionales, siendo iguales las demás cosas, únete a aquella denominación cuyas ideas acerca de la doctrina, del gobierno y de las ordenanzas sean más afines a las tuyas. Pero es mejor unirse a una iglesia viva de otra denominación que unirse a una iglesia muerta de la propia. Vivimos en días en que las diferencias denominacionales son cada vez menores, y muchas veces no tienen consecuencia práctica alguna; y a menudo uno se sentirá más a gusto en una iglesia de otra denominación que en cualquier iglesia accesible de la suya propia. Las cosas que dividen a las denominaciones son insignificantes comparadas con las grandes verdades fundamentales, los propósitos y la fe que las unen.

Si no puedes encontrar la iglesia que concuerde con el modelo antes expuesto, encuentra la iglesia que más se le acerque. Entra en esa iglesia y, por medio de la oración y del trabajo, procura llevar esa iglesia lo más cerca que puedas del modelo de lo que tú crees que una iglesia de Cristo debe ser. Pero no malgastes tus fuerzas en críticas contra la iglesia o contra el ministro. Busca lo que hay de bueno en la iglesia y en el ministro, y haz cuanto puedas por fortalecerlo. Mantente firme, aunque discretamente, apartado de lo que está mal, y procura corregirlo. No te desanimes si no puedes corregirlo en un día, ni en una semana, ni en un mes, ni en un año. El amor paciente, la oración y el esfuerzo darán fruto con el tiempo. Retraerte a solas, gruñendo y refunfuñando, no servirá de nada. Solo lograrás hacerte repulsivo a ti mismo y a las verdades que defiendes.


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Cómo triunfar en la vida cristiana R. A. Torrey

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