Capítulo 11 · 6 min de lectura · 8 min de escucha
Cómo tratar con los obstinados y los engañados
1. Los obstinados
Hay varias clases de obstinados. Están, por ejemplo, los que dicen: «No quiero que me hables». En tal caso, por lo general lo mejor es darle algún pasaje certero de la Escritura, dejar que hable por sí mismo y luego dejar sola a la persona para que reflexione sobre él. Romanos 6:23; Hebreos 10:28, 29; Hebreos 12:25; Marcos 16:16; Proverbios 29:1 y Proverbios 1:24‒33 son pasajes buenos para este propósito.
Luego están los que dicen: «No puedo perdonar». Mateo 6:15 y 18:23‒35 son buenos para usar, pues muestran que tienen que perdonar o se perderán. Filipenses 4:13 y Ezequiel 36:26 les mostrarán cómo pueden perdonar. Hay muchísimas personas a quienes un espíritu rencoroso mantiene alejadas de Cristo. A veces esta dificultad puede quitarse logrando que la persona se arrodille en oración y pida a Dios que le quite ese espíritu que no perdona. Una vez razoné largo rato con una inquirente que estaba bajo profunda convicción, pero a quien retenía de aceptar a Cristo el odio que guardaba en su corazón hacia alguien que la había agraviado. Insistía una y otra vez en que no podía perdonar. Finalmente le dije: «Arrodillémonos y hablemos con Dios de este asunto». Ella consintió, y apenas nos habíamos arrodillado cuando rompió a llorar a raudales; la dificultad desapareció y aceptó a Cristo inmediatamente.
Están también los que dicen: «Amo demasiado al mundo». Marcos 8:36 es el gran texto para usar con esta clase. Lucas 14:33 mostrará la absoluta necesidad de renunciar al mundo. Lucas 12:16‒20 y 1 Juan 2:15, 16, 17 mostrarán la necedad de aferrarse al mundo, y Salmos 84:11 y Romanos 8:32 mostrarán que el Señor no les negará ninguna cosa buena.
Hay quienes dicen: «No puedo reconocer un mal que he hecho». Proverbios 28:13 mostrará la desdicha y el ay que con toda seguridad vendrán si no se reconoce el mal. Otros dirán: «No quiero hacer una confesión pública». Romanos 10:10 y Mateo 10:32, 33 mostrarán que Dios no aceptará ninguna otra cosa. Marcos 8:38, Juan 12:42, 43 y Proverbios 29:25 mostrarán el peligro de no hacerla. Hay quienes dicen: «Quiero hacer las cosas a mi manera». Isaías 55:8‒9 mostrará cuánto mejor es el camino de Dios, y Proverbios 14:12 muestra las consecuencias de seguir nuestro propio camino. Finalmente, están los que dicen: «Ni acepto a Cristo ni lo rechazo». Mateo 12:30 les mostrará que tienen que hacer una cosa o la otra. Este versículo ha servido para traer convicción a muchísimas personas.
2. Los engañados
a. Bajo este encabezado entran los católicos romanos. Una buena manera de tratar con un católico romano es mostrarle la necesidad del nuevo nacimiento y lo que es el nuevo nacimiento. Juan 3:3, 5, 7 muestra la necesidad del nuevo nacimiento. Lo que es el nuevo nacimiento se muestra en Ezequiel 36:25‒27; 2 Corintios 5:17; 2 Pedro 1:4. Muchos católicos romanos entienden que el nuevo nacimiento significa el bautismo, pero se les puede mostrar fácilmente que el lenguaje empleado no corresponde al bautismo. Además, en 1 Corintios 4:15 Pablo dice a los cristianos corintios que él los había engendrado por medio del evangelio. Si el nuevo nacimiento significara el bautismo, él tendría que haberlos bautizado; pero en 1 Corintios 1:14 declara que no los había bautizado. Hechos 8:13, 21, 23 muestra que un hombre puede estar bautizado y, sin embargo, que su corazón no sea «recto delante de Dios», de modo que «no tiene parte ni suerte en este asunto». Conviene dar un paso más y mostrar al inquirente cuáles son las evidencias del nuevo nacimiento. 1 Juan 2:29; 3:9, 14‒17; 5:1, 4 dan las evidencias bíblicas del nuevo nacimiento. La siguiente pregunta que surgirá es: «¿Cómo nacer de nuevo?». Esta pregunta se responde en Juan 1:12; 1 Pedro 1:23; Santiago 1:18.
Hechos 3:19 es un buen texto para usar con los católicos romanos, pues muestra la necesidad del arrepentimiento y la conversión. Lo que es el arrepentimiento lo mostrarán Isaías 55:7 y Jonás 3:10. Otra manera más de tratar con los católicos romanos es mostrarles que es privilegio del creyente saber que tiene vida eterna. Los católicos romanos casi siempre carecen de seguridad. No saben que están perdonados, sino que esperan ser perdonados algún día. Si puedes mostrarles que podemos saber que estamos perdonados y que tenemos vida eterna, despertará en muchísimos de ellos el deseo de esta seguridad. 1 Juan 5:13 muestra que es privilegio del creyente saberlo. Hechos 13:38, 39; 10:43 y Juan 3:36 son muy útiles para llevarlos a esta seguridad. Otra manera más de tratar con ellos (aunque no conviene usarla hasta que ya hayas hecho algún progreso con ellos) es mostrarles el provecho del estudio de la Biblia. Buenos textos para este propósito son Juan 5:39; 1 Pedro 2:1, 2; 2 Timoteo 3:13‒17; Santiago 1:21, 22; Salmos 1:1, 2; Josué 1:8; Marcos 7:7, 8, 13; Mateo 22:29. Estos textos, con excepción del de 1 Pedro 2:1, 2, son prácticamente iguales en la Biblia «de Douay», o Biblia católica romana, que en la Biblia protestante, y muchas veces conviene, al tratar con un católico, usar la Biblia católica.
Otra manera más de tratar con un católico romano es usar el mismo método que usarías al tratar con un pecador impenitente, es decir, despertar en él la conciencia de que es pecador y necesita a Cristo. Para este propósito usa Mateo 22:37, 38; Gálatas 3:10, 13; Isaías 53:6.
Muchos piensan que no sirve de nada hablar con los católicos romanos, que no se les puede traer a Cristo. Este es un gran error. Muchos de ellos anhelan algo que no encuentran en la iglesia católica romana, y si puedes mostrarles por la palabra de Dios cómo hallarlo, vienen con mucha facilidad y llegan a ser cristianos muy fervientes. No ataques a la iglesia católica romana. Dales la verdad, y con el tiempo los errores se resolverán por sí solos. Muchas veces nuestros ataques solo ponen al descubierto nuestra ignorancia.
Hay un punto en el que siempre tenemos ventaja al tratar con un católico romano: que en el cristianismo tal como nosotros lo conocemos hay una paz y un poder que no hay en el cristianismo tal como ellos lo conocen, y ellos aprecian la diferencia.
b. Los judíos. La mejor manera de tratar con un judío es mostrarle que su propia Biblia señala a Cristo. Los pasajes más útiles son Isaías 53; Daniel 9:26; Zacarías 12:10. También hay pasajes útiles en el Nuevo Testamento: todo el libro de Hebreos, especialmente los capítulos noveno y décimo y el capítulo séptimo, versículos 25 a 28, y todo el Evangelio de Mateo. Muchísimos judíos están hoy examinando las afirmaciones de Jesús de Nazaret y están dispuestos a que se les hable sobre este tema. La gran dificultad que impide al judío declararse cristiano es la terrible persecución que tiene que soportar si lo hace. Esta dificultad puede enfrentarse con los pasajes ya dados bajo el encabezado «Los que temen la persecución».
(Nota. Hay varios buenos tratados para judíos que pueden obtenerse de la Mildmay Mission to the Jews, 79 Mildmay Road, Londres.)
c. Los espiritistas. Levítico 19:31; 20:6; Deuteronomio 18:10‒12; 2 Reyes 21:1, 2, 6; 1 Crónicas 10:13; Isaías 8:19, 20; 1 Juan 4:1‒3; 2 Tesalonicenses 2:9‒12 son pasajes para usar con esta clase.
Al tratar con toda clase de personas engañadas, conviene comenzar usando Juan 7:17 y llevarlas al punto en que deseen de corazón conocer la verdad. No hay esperanza de sacar a un hombre de su engaño a menos que desee conocer la verdad.
Capítulo 11 completado
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