Cómo traer a los hombres a Cristo
Las condiciones generales del éxito en traer a los hombres a Cristo

Capítulo 1 · 6 min de lectura · 8 min de escucha

Las condiciones generales del éxito en traer a los hombres a Cristo

Hay ciertas condiciones generales cuyo cumplimiento es absolutamente esencial para tener verdadero éxito en traer a los hombres a Cristo. Por fortuna, estas condiciones son pocas y sencillas, y cualquiera puede cumplirlas.

1. Quien quiera tener verdadero éxito en traer a otros a Cristo debe ser él mismo UNA PERSONA COMPLETAMENTE CONVERTIDA. Jesús dijo a Pedro: «Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos». Pedro no estaba en condiciones de ayudar a sus hermanos hasta que él mismo, después de su cobarde negación, se hubiera vuelto de nuevo a su Señor de todo corazón. Si queremos traer a otros a Cristo, debemos apartarnos de todo pecado, de toda mundanalidad y de todo egoísmo con todo nuestro corazón, y entregar a Jesús el señorío absoluto sobre nuestros pensamientos, propósitos y acciones. Si hay algún aspecto en que procuramos salirnos con la nuestra y no le dejamos a Él hacer su voluntad en nuestra vida, nuestro poder quedará mutilado y se perderán hombres que podríamos haber salvado. En cuanto a aplicar este principio a las numerosas preguntas que surgen en la vida de todo cristiano joven sobre si debe hacer esto o aquello, cada cual puede resolverlas por sí mismo si lo que ocupa el primer lugar en su mente es la honra de Cristo y no su propio placer, y si acude sinceramente a Dios para que lo guíe.

2. Quien quiera tener verdadero éxito en traer a otros a Cristo debe tener AMOR POR LAS ALMAS, es decir, un anhelo por la salvación de los perdidos. Si no tenemos amor por las almas, nuestros esfuerzos serán mecánicos y sin poder. Puede que sepamos cómo acercarnos a los hombres y qué decirles, pero no habrá poder en lo que digamos y no llegará al corazón. Pero si, como Pablo, tenemos «gran tristeza y continuo dolor en nuestro corazón» por los que no son salvos, habrá en nuestro tono y en nuestra manera una seriedad que impresionará aun a los más descuidados. Además, si tenemos amor por las almas, estaremos siempre al acecho de oportunidades para hablar con los que no son salvos, y las hallaremos en la calle, en la tienda, en el hogar, en el tranvía y en todas partes, oportunidades que de otro modo habrían pasado por completo inadvertidas.

Pero ¿cómo puede uno llegar a tener amor por las almas? La pregunta tiene fácil respuesta. Ante todo, el amor por las almas, como toda otra gracia del carácter cristiano, es obra del Espíritu Santo. Así pues, si somos conscientes de que no tenemos el amor por las almas que deberíamos tener, lo primero que hay que hacer es ir a Dios, confesarle humildemente esta carencia en nuestra vida, pedirle que por su Espíritu Santo supla aquello que tan urgentemente necesitamos, y esperar que lo haga (1 Juan 5:14, 15; Filipenses 4:19). En segundo lugar, Jesucristo tenía un amor intenso por las almas (Mateo 23:37; Lucas 19:10), y la comunión íntima y constante con Él comunicará a nuestra vida esta gracia que fue tan destacada en la suya. En tercer lugar, los sentimientos son fruto de los pensamientos. Si deseamos tener en nuestra vida un sentimiento determinado, debemos detenernos en los pensamientos apropiados para producirlo. Si cualquier persona salva medita el tiempo suficiente en el peligro y la miseria de todo hombre que está fuera de Cristo, y en el valor de su alma a los ojos de Dios, tal como se ve en la muerte del Hijo de Dios para salvarlo, es casi seguro que le seguirá un intenso deseo de la salvación de ese hombre. En cuarto lugar, reflexionar sobre nuestra propia condición arruinada y desdichada sin Cristo, y sobre el gran sacrificio que Cristo hizo para salvarnos, con toda seguridad llenará nuestro corazón del deseo de traer a otros al Salvador que nosotros hemos hallado.

3. Quien quiera tener verdadero éxito en traer a los hombres a Cristo debe tener UN CONOCIMIENTO PRÁCTICO DE LA BIBLIA. La Palabra de Dios es la espada del Espíritu (Efesios 6:17). Es el instrumento que Dios usa para convencer de pecado, revelar a Cristo y regenerar a los hombres. Si queremos colaborar con Dios, la Biblia es el instrumento en que debemos confiar y que debemos usar para traer a los hombres a Cristo. Debemos saber usar la Biblia de modo que podamos: (1) mostrar a los hombres su necesidad de un Salvador; (2) mostrarles a Jesús como el Salvador que necesitan; (3) mostrarles cómo hacer de este Salvador su propio Salvador; (4) responder a las dificultades que les impiden aceptar a Cristo. Buena parte de las páginas que siguen se dedicará a impartir este conocimiento.

4. Quien quiera tener verdadero éxito en traer a los hombres a Cristo debe ORAR MUCHO. La obra sólida de ganar almas debe ir acompañada de oración a cada paso. (1). Debemos pedir a Dios que nos guíe a las personas a quienes conviene abordar. Dios no pretende que hablemos con todos los que encontramos. Si lo intentamos, perderemos mucho tiempo valioso hablando con quienes no podemos ayudar, tiempo que podríamos haber empleado en hablar con aquellos a quienes podríamos haber hecho mucho bien. Solo Dios sabe a quién quiere que hablemos, y debemos pedirle que nos lo señale, y esperar que lo haga (Hechos 8:29). (2). Debemos pedir a Dios que nos muestre exactamente qué decir a aquellos a quienes Él nos guía. Después de todo nuestro estudio de los pasajes que se han de usar al tratar con las diversas clases de hombres, necesitaremos la dirección de Dios en cada caso concreto. Todo obrero experimentado dará testimonio de las muchas ocasiones en que Dios lo ha llevado a usar algún texto de la Escritura que de otro modo no habría usado, pero que resultó ser precisamente el que hacía falta. (3). Debemos pedir a Dios que dé poder a lo que Él nos ha dado para decir. No solo necesitamos un mensaje de Dios, sino poder de Dios para que el mensaje llegue al blanco. La mayoría de los obreros tienen que aprender esta lección por medio de experiencias humillantes. Se sientan junto a un hombre que no es salvo, razonan, suplican y le presentan textos de la palabra de Dios, pero el hombre no acepta a Cristo. Al fin se dan cuenta de que están tratando de convertir a ese hombre con sus propias fuerzas; entonces elevan a Dios una oración humilde y ferviente pidiendo su fuerza, y Dios oye, y en poco tiempo este «caso tan difícil» ha resuelto el asunto y se regocija en Cristo. (4). Debemos pedir a Dios que continúe la obra después de que la nuestra haya terminado. Después de haber hecho lo que parece haber sido todo nuestro deber en un caso determinado, sea cual fuere el resultado aparente de nuestra labor, con éxito o sin él, debemos encomendar ese caso a Dios en oración de manera definida. Si hay algo que el obrero común de esta época apresurada necesita que se le grabe en el ánimo, es la necesidad de orar más. Por orar más no trabajaremos menos, y lograremos muchísimo más.

5. Quien quiera tener verdadero éxito en traer a los hombres a Cristo debe ser «BAUTIZADO CON EL ESPÍRITU SANTO». «Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo», dijo Jesús a sus discípulos después de haberles dado la gran comisión de salir a traer a los hombres a Él. La condición suprema del poder para ganar almas es la misma hoy: «cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo». Un capítulo posterior se dedicará a estudiar qué es «el bautismo del Espíritu Santo» y cómo cualquier cristiano puede recibirlo.

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