Capítulo 11 · 8 min de lectura
Sara
“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó ser fiel el que lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar” (Hebreos 11:11-12).
El relato de Sara se encuentra en Génesis 18:9-15 y en Génesis 21:1-7.
Al leer el relato del Génesis, nos sorprende la aparente falta de fe que muestra Sara, y por cierto no la consideraríamos candidata a ser una gran heroína de la fe, si tal cosa hubiera de equipararse con creer. En efecto, Sara revela continuamente su naturaleza humana mientras planea y trama junto con su marido.
Dios le había dicho a Abraham que tendría un heredero y que sería el padre de una gran nación, pero Sara es estéril, y la razón declararía que la promesa de Dios es vana. Ella, sin embargo, tendrá un hijo, aunque para ello deba entregar a su criada, Agar, como compañera sexual de Abraham. El hijo ha de pertenecer a Sara, pero, cuando la ve con el niño, se levanta en su pecho un celo humano y Agar es expulsada del hogar.
De este hijo, Ismael, han de proceder las grandes naciones árabes, y el mundo sigue cosechando su torbellino. Nótese que es Dios mismo quien ha levantado estas naciones, pero su pacto permanece con los hijos de la promesa (Génesis 18:19). No te sorprendas de la continua enemistad entre las naciones árabes y los hijos de Israel; siempre habrá antagonismo entre el fruto de la humanidad carnal y el fruto de la promesa de Dios. Por ejemplo, Jesús mandó a sus discípulos que permanecieran en Jerusalén esperando (otra) promesa de su Padre: el bautismo con el Espíritu Santo (Hechos 1:4,5).
¿No es asombroso que la manifestación carnal de esta promesa sea tan a menudo discordia y antagonismo entre el pueblo de Dios, en lugar del gran poder que debería ser para capacitarnos a ser los testigos que Cristo nos ha llamado a ser? Ismael nació de planes y tramas humanas, mientras que Isaac nació ‘por la fe.’ Todas las religiones del mundo se fundan sobre las enseñanzas y los principios del ingenio carnal, pero la iglesia de Jesucristo está compuesta por un pueblo justificado por la fe.
Vemos luego a Sara y Abraham tramando engañar a Abimelec, rey de Gerar, fingiendo que eran hermanos. Abraham temía que los de Gerar lo mataran por ser el marido de Sara, para que Abimelec pudiera tomarla por mujer. Si el rey pensaba que eran hermanos, podría de todos modos tomar a Sara pero, al menos, ¡la vida de Abraham sería perdonada! ¿Te parece esto propio de personas que tienen una gran fe en Dios?
Es decir, si ha de equipararse con la confianza. ¡Cuán llamativo que el rey pagano, Abimelec, tuviera más integridad de corazón y temor de Dios que el hombre de fe! Él restituyó a Sara a su marido, sin haber violado la santidad de su matrimonio, y les dio muchos regalos como vindicación ante todo el pueblo.
Dios honró a Abimelec y a su casa, pero su mano seguía sobre Abraham y Sara para guiarlos en las obras de la fe.
Por la fe (la acción o el don de Dios), Sara pudo concebir.
Aunque tenía más de 90 años de edad, nació el hijo de la promesa, Isaac. La pareja se unió en intimidad y Dios vivificó tanto el espermatozoide como el óvulo, de modo que ocurrió la concepción. Cuando Sara aceptó que las náuseas matutinas eran evidencia de la fidelidad de Dios, aquello fue la evidencia de su fe. No luchó contra lo que sucedía dentro de ella, a pesar de que era contrario a todo lo que ella, o cualquiera que conociera, había experimentado a esa edad. Su cuerpo no rechazaría, ni ella abortaría, lo que Dios estaba engendrando dentro de ella.
¡A menudo rechazamos las obras del Espíritu Santo en nuestras vidas porque no las entendemos! ¡Cuántas veces abortamos ese don o ministerio que Dios engendraría dentro de nosotros porque tenemos miedo de pagar el precio! No así Sara.
Lecciones que aprender de la fe de Sara. En primer lugar, Dios es fiel a sus promesas aun cuando parece imposible. En verdad, ¡para Él nada es imposible!
En segundo lugar, Dios busca un pueblo de fe que pueda ser guiado por Él antes que por la política o las tramas. La iglesia de hoy está tan llena de los planes y la organización del hombre que no queda lugar para que el Espíritu Santo se mueva.
Sara produjo un hijo por medio de la maquinación. El resultado ha sido gran dolor para el pueblo de Dios a lo largo de los siglos desde entonces. Su otro hijo fue ‘por la fe,’ el hijo de la promesa. De él Dios ha establecido su pueblo del pacto, por medio del cual todas las naciones de la tierra serán bendecidas. Ellos habrían de ser la nación que nos trajo la Biblia y al Mesías, nuestro Salvador, Jesús.
La obra de Dios a la manera de Dios. Recuerdo la ocasión en que el rey David quiso traer de regreso a Jerusalén el arca del pacto. La historia se nos relata en 1 Crónicas 13 y 15. Para los hebreos, el arca representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo, pero había estado fuera de la tierra durante 20 años, después de que los filisteos la tomaran en batalla durante el sacerdocio carnal de Elí. Durante siete meses los filisteos habían sufrido grandemente mientras el arca estaba en su tierra, así que la habían colocado sobre un carro nuevo tirado por vacas lecheras que nunca antes habían sido unidas al yugo.
Dios les permitió traer el arca de regreso, a salvo, cruzando las fronteras de Israel sin enfermedad ni daño; sin embargo, cuando David intentó usar el mismo método para traer de regreso ‘la presencia de Dios’ a Jerusalén, sus bueyes adiestrados resbalaron, y sobrevino la muerte.
David se enojó mucho con Dios, pero pronto tuvo que arrepentirse al leer el método de Dios para transportar el arca, registrado en Números 4. Dios había traído juicio sobre su pueblo “por cuanto no le buscasteis según el rito” (1 Crónicas 15:13).
Es mi parecer que la unción de la presencia y el poder de Dios está tristemente ausente de gran parte de lo que llamamos iglesia.
¿Será esto porque intentamos edificar su iglesia a nuestra manera y no a la manera que Él ha ordenado? En verdad, ¿podría ser que no estemos edificando su iglesia en absoluto, sino la nuestra? Él nunca ha prometido poner su unción sobre nada que se haga con la fuerza o la sabiduría del hombre, pero sí ha dicho: “Yo edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Además, edificará su iglesia sobre la roca, ¡como se ejemplifica en Pedro! ¿A cuál característica de Pedro se refiere el Maestro? ¡Seguramente no a su conducta impetuosa y carnal! Sugiero que la roca es una fe como la que el apóstol demostró en su confesión de Jesús como el Cristo. “Bienaventurado eres, Pedro. Mi Padre te lo ha revelado,” dijo Jesús (Mateo 16:17). La fe se ve aquí en la revelación seguida de la confesión; la iniciativa de Dios seguida de la respuesta del hombre.
¿No es ya hora de que volvamos a hacer la obra de Dios a la manera de Dios?
Es tiempo de que volvamos a ser un pueblo del libro, fundando nuestra obra y nuestro andar en sus principios y preceptos. Estoy convencido de que cuando hagamos la obra de Dios a la manera de Dios, recibiremos la unción de su vivificación sobre nuestros esfuerzos. Por ejemplo, tenemos muchos planes y estrategias para evangelizar a la gente que nos rodea. Usamos las ‘Cuatro Leyes Espirituales’ o ‘El Camino Romano.’ Aprendemos tácticas de A-B-C como vendedores y planeamos ‘cultos sensibles al buscador.’ Escribimos muchos folletos y montamos programas evangelísticos. Todo esto es bueno, pero ¿es a la manera de Dios?
Te desafío a que saques una sola hoja de tu Biblia para regalarla como folleto evangelístico. ¿Puedes hallar una sola estrategia que la iglesia primitiva desarrollara y que pudiéramos imitar hoy?
Seguramente el Espíritu Santo podría haber movido a otro de los discípulos, digamos Andrés o Felipe, quien habría podido producir un libro compuesto de “Folletos Seguros de Triunfar,” o “Cincuenta Maneras de Ganar a Tus Amigos para Jesús,” ¡si tal hubiera sido el plan de Salvación del Espíritu! Podríamos haberlo impreso como el último libro de la Biblia, con hojas ‘desprendibles’ para mayor comodidad.
Estoy convencido de que la Biblia sí contiene el plan de Dios para la salvación; sin embargo, aunque no podemos arrancar una sola página para regalarla como folleto evangelístico, sí podemos extraer libros enteros que subrayan su método. ¡Es la unidad de su pueblo!
“Padre, ruego que sean uno, para que el mundo crea que tú me enviaste; para que el mundo conozca que tú los amaste, así como me amaste a mí” (Juan 17).
Todos nuestros planes y estrategias producirán algo de fruto, porque Él es un Dios de gracia, pero jamás vendrá una cosecha plena hasta que lo hagamos a la manera de Dios. Él quiere edificar su iglesia y darnos las naciones, pero solo lo hará a su manera.
Su manera es la manera de la fe y, una forma en que esto se demuestra es por nuestra unidad en el Espíritu.
Resumen. El ejemplo de Sara, la maquinadora que se rió de Dios, se nos da para enseñarnos los siguientes principios: 1. Para Dios todo es posible.
2. El razonamiento humano y la fe son contradictorios.
3. El destino que Dios tiene para nosotros solo se alcanzará por la fe.
4. ¡Debemos hacer la obra de Dios a la manera de Dios!