Capítulo 6 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
Conclusión
LA CONCLUSIÓN
1. De todas las tentaciones con que me he encontrado en mi vida, la de poner en duda la existencia de Dios y la verdad de su evangelio es la peor, y la más difícil de soportar; cuando viene esta tentación, me quita el cinto y remueve los cimientos de debajo de mí. ¡Oh, muchas veces he pensado en aquella palabra: «Ceñidos vuestros lomos de verdad»; y en aquella otra: «Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?»!
2. A veces, cuando después de haber cometido pecado he esperado un duro castigo de la mano de Dios, lo primero que he recibido de él ha sido el descubrimiento de su gracia. A veces, cuando he sido consolado, me he llamado necio por hundirme tanto bajo la tribulación. Y luego, otra vez, cuando he estado abatido, pensaba que no era sabio dar tanto lugar al consuelo. Con tal fuerza y tal peso han estado ambas cosas sobre mí.
3. Me he maravillado mucho de esta cosa: que, aunque Dios visite mi alma con un descubrimiento de sí mismo tan bendito como se quiera, después he hallado, sin embargo, que me han sobrevenido horas tales en que mi espíritu ha estado tan lleno de tinieblas que no podía concebir ni una sola vez qué era aquel Dios y aquel consuelo con que había sido refrigerado.
4. A veces he visto en una línea de la Biblia más de lo que sabía cómo sostener, y, sin embargo, en otro momento la Biblia entera me ha sido tan seca como un palo; o, mejor dicho, mi corazón ha estado tan muerto y seco para con ella que no podía concebir el menor dracma de refrigerio, aunque la había recorrido toda.
5. De todas las lágrimas, las mejores son las que produce la sangre de Cristo; y de todo gozo, el más dulce es el que va mezclado con el llanto por Cristo. ¡Oh, qué cosa tan hermosa es estar de rodillas, con Cristo en nuestros brazos, delante de Dios! Espero saber algo de estas cosas.
6. Hallo hasta el día de hoy siete abominaciones en mi corazón: (1) Inclinaciones a la incredulidad. (2) Olvidar de repente el amor y la misericordia que Cristo manifiesta. (3) Una propensión a las obras de la ley. (4) Distracciones y frialdad en la oración. (5) Olvidar velar por aquello que pido en oración. (6) Ser propenso a murmurar porque no tengo más, y, sin embargo, estar pronto a abusar de lo que tengo. (7) No puedo hacer ninguna de las cosas que Dios me manda sin que mis corrupciones se entrometan: «Queriendo yo hacer el bien, el mal está en mí».
7. Estas cosas las veo y las siento continuamente, y por ellas estoy afligido y oprimido; sin embargo, la sabiduría de Dios las ordena para mi bien. (1) Me hacen aborrecerme a mí mismo. (2) Me guardan de confiar en mi corazón. (3) Me convencen de la insuficiencia de toda justicia inherente. (4) Me muestran la necesidad de huir a Jesús. (5) Me impulsan a orar a Dios. (6) Me muestran la necesidad que tengo de velar y ser sobrio. (7) Y me mueven a mirar a Dios, por medio de Cristo, para que me ayude y me lleve a través de este mundo. Amén.
Capítulo 6 completado
Conclusión